|
Propuesta
del Partido Comunista
MANIFIESTO AL PUEBLO DE CHILE
LA VERDAD Y LA JUSTICIA
NO ESTAN EN VENTA
EL FIN DE LA CONSTITUCION
DE 1980 Y DEL MILITARISMO SON EL UNICO CAMINO
Estamos próximos
a que se cumplan 30 años del sangriento
Golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet
y la Junta Militar, que tronchó la vida
y los sueños de un Chile mejor de Salvador
Allende y millones de chilenas y chilenos que
lucharon junto a él por un mejor destino
para nuestra patria.
La agresión fue el
resultado de una confabulación que comenzó
al día siguiente de la victoria democrática
del 4 de Septiembre de 1970 y en esa fase culminó
con el asesinato del Comandante en Jefe del
Ejército, General René Schneider.
El Gobierno de los EE.UU.,
con Nixon y Kissinger a la cabeza, con la participación
activa de la derecha y la complicidad de sectores
del centro político, pusieron en marcha
planes para frustrar el proceso revolucionario,
derrocar el poder popular y someter al pueblo
con el empleo desenfrenado de formas de terrorismo
de estado y la ejecución de crímenes
de lesa humanidad.
Los mandos de las FF.AA.
que encabezaron el golpe no solo se alzaron
contra la Constitución y la soberanía
popular sino que cometieron un acto de traición
a la Patria al conspirar con una potencia extranjera.
El conjunto de la ciudadanía
y la comunidad internacional, que denunció
y condenó 16 veces en la ONU al régimen
militarista, fueron testigos de la "violación
grave, masiva y sistemática de los derechos
humanos" durante la tiranía. Desplazado
Pinochet del ejercicio del Poder Ejecutivo,
el Estado de Chile estableció, a través
de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación,
esta verdad indiscutible, aunque sus conclusiones
se limitaran solo a los casos de violaciones
con resultado de muerte.
La verdad histórica
es ésta y no la que algunos han querido
y quieren imponer pretendiendo poner en un mismo
nivel a víctimas y victimarios o afirmando
que habría iguales responsabilidades
de todos los actores. Responsables son los que
promovieron el golpe y ejercieron represión
brutal contra el pueblo.
El pueblo todo, como sujeto
político y depositario de la soberanía,
fue hecho víctima de las violaciones
a los derechos humanos. Esto es lo que se pretende
encubrir con la tergiversación de la
historia y la legitimación del golpe
fascista.
Es un hecho vergonzoso y
tremendo que hayan transcurrido decenios y no
se conozca el destino de miles de esas víctimas
y se haya negado verdad y justicia y una adecuada
e integral reparación a sus familiares
y a otros cientos de miles de chilenas y chilenos,
y también de extranjeros, torturados,
presos, exiliados, exonerados.
Es indecente que los principales
sostenedores de la tiranía propongan
hoy medidas de reparación con la pretensión
de dividir a las organizaciones de derechos
humanos y tratar de pavimentar un camino a un
Punto Final. Esto ocurre cuando la tenaz lucha
por verdad y justicia, en la que la querella
contra Pinochet presentada por nuestro Partido
fue un hito decisivo, logra avances significativos.
La detención y posterior
desafuero del dictador permitió desentrabar
procesos retenidos por años y proceder
a condenas. Suman hoy 300 los responsables encausados
en uno u otro grado y deberán ser muchos
más.
Esta maniobra, por tanto,
es producto del temor y del afán de eludir
su responsabilidad de parte de los civiles que
participaron en la promoción del golpe
de estado. Personeros como los señores
Jarpa, Fernández, Cardemil, Bombal, Novoa,
Diez, Cuadra, entre muchos otros, deben asumir
sus responsabilidades, informar sobre lo que
conocieron de los crímenes que avalaron
con su actitud.
La propuesta de la UDI significa
impunidad y la exigencia de indultos a priori
es, lisa y llanamente, obstrucción a
la justicia y de ello debieran responder ante
los tribunales.
Es hora de dar pasos coherentes
y serios para cerrar las heridas provocadas
por esta tragedia. Mientras persista la impunidad
y las condiciones que la han hecho posible,
la sociedad chilena no superará las secuelas
del desastre vivido. Por ello valoramos y respaldamos
las demandas y proposiciones hechas al Presidente
de la República por las Agrupaciones
de Familiares de Detenidos Desaparecidos y de
Ejecutados Políticos.
NUESTRA POSICION DE PRINCIPIOS
FRENTE A LOS CRIMENES CONTRA LA HUMANIDAD. LA
VERDAD Y LA JUSTICIA UN DERECHO Y UNA OBLIGACION
DEL ESTADO
Durante estos doce años,
los gobiernos de la Concertación, en
acuerdo con la derecha y el militarismo, han
promovido reiteradamente leyes de punto final
en materia de violaciones de derechos humanos
e iniciativas como la Mesa de Diálogo,
todas las que terminaron en el más absoluto
fracaso. Ese es un camino ciego.
Hacer prevalecer la verdad
de lo ocurrido en Chile continua siendo una
necesidad imperiosa no sólo para los
familiares de las víctimas sino para
la sociedad toda. Un país que no sea
capaz de dar cuenta de su verdadera historia
será incapaz de construir su futuro.
Por ello es imperativo poner en marcha medidas
que se hacen impostergables.
Para ello, es necesario
remover los mecanismos de la impunidad. Una
democracia efectivamente representativa y participativa
es el único espacio donde se puede reivindicar
y realizar los derechos humanos.
Para avanzar hacia ella
se requieren cambios profundos que hagan posible
una nueva institucionalidad.
En primer lugar, es indispensable
poner fin a la Constitución de 1980 y
sus enclaves dictatoriales, como los senadores
designados e institucionales, la inamovilidad
de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas,
el Tribunal Constitucional, el antidemocrático
sistema electoral binominal. La Constitución
vigente es producto de la tiranía y por
ello es ilegítima e insanablemente antidemocrática.
En tanto fundamento de la
tiranía es el principal obstáculo
para la verdad y la justicia.
Diversos convenios y tratados
internacionales han tipificado y consagrado
el deber de sancionar actos que constituyen
crímenes contra la humanidad. Chile es
signatario de estos instrumentos internacionales
y, como tal, ha reconocido que los crímenes
señalados en esos instrumentos son inamnistiables
e imprescriptibles. En ellos está establecida
la prohibición expresa de los Estados
de exonerar a sus agentes por actos de este
carácter.
Hasta el actual derecho
chileno así lo reconoce en el artículo
5º inciso 2º y 19º de la Constitución.
Por lo tanto, se debe anular
el DL 2191, mal llamado Ley de Amnistía,
y sus efectos. Al aplicar amnistía, prescripción
o usar cualquier otro mecanismo para exonerar
de culpa al responsable, se agrega al acto violatorio
de los derechos humanos una segunda violación:
la Impunidad.
La impunidad transgrede
las bases mismas de una convivencia justa y
pacífica entre los Estados y al interior
de las sociedades. El Estado que consagra y
prohija la impunidad es un Estado transgresor
del Orden Jurídico Internacional. Así
ha sido establecido por la Corte Interamericana
de Justicia en los casos de Uruguay y Argentina.
Eso impone la necesidad
de la inmediata ratificación por el Parlamento
chileno de los tratados internacionales que
se encuentran pendientes, entre éstos
la Convención Americana sobre la desaparición
forzada, la Convención sobre imprescriptibilidad
de los crímenes de guerra y el delito
de genocidio y el Tribunal Penal internacional
La competencia de la justicia
militar, producto de las sucesivas modificaciones
legales que realizó la dictadura, ha
sido otro claro impedimento para la verdad y
justicia: a todos los procesos traspasados a
la justicia militar se les aplicó la
amnistía.
Deben modificarse sin dilación
esas competencias y limitarla exclusivamente
a los delitos militares poniendo término
de la competencia de la justicia militar para
juzgar a civiles y decidiendo la salida de la
Corte Suprema del Auditor General del Ejército.
HAY QUE PONER FIN AL FLAGELO
DEL MILITARISMO
Se requiere un profundo
cambio de las instituciones armadas y ello comienza
con el reconocimiento de su responsabilidad
institucional en lo ocurrido. Asumiéndola
podrán actuar para resolver definitivamente
el problema dramático de la ubicación
de los cuerpos de los Detenidos Desaparecidos
y de los Ejecutados Políticos que no
han sido entregados a sus familiares, contribuir
al conocimiento de la verdad que debe ser total
respecto a los hechos acontecidos, las características
de estos crímenes y, muy especialmente,
los responsables de ellos.
Los actuales mandos tienen
la posibilidad real de contribuir a esa verdad
y deben actuar en consecuencia recabando toda
la información existente, rompiendo el
pacto de silencio que los amarra y terminando
con la vasta red de protección de los
responsables, particularmente de Pinochet.
El pleno esclarecimiento
de las exhumaciones ilegales que se llevaron
a cabo durante y aún después de
la dictadura es ineludible. Este delito es continuidad
directa de un crimen contra la humanidad y por
tanto adquiere ese carácter y es indudablemente
producto de una asociación ilícita.
Es inaceptable y falto de toda base jurídica
pretender que la confirmación judicial
de estas exhumaciones pueda ser esgrimida para
obtener la impunidad de los asesinos puesto
que no alteran en nada la ocurrencia hasta hoy
del delito de secuestro permanente que no terminará
mientras se niegue la entrega de los cuerpos.
La investigación
plena de esos hechos es una obligación
de las autoridades militares y llevarla adelante
sería una prueba de la voluntad de repudiar
los métodos empleados por la dictadura.
Las formulaciones del general
Cheyre sobre el "nunca más"
deben concretarse en una cuestión clave:
"Nunca más un Ejército que
desconozca y se confronte con la voluntad popular
y democrática del pueblo". Eso no
estará garantizado por declaraciones
sino por cambios radicales de doctrina y de
relaciones con la sociedad de todas las ramas
de las FF.AA.
La asignación a éstas
del rol de garantes de la institucionalidad
expresa la permanencia de una Doctrina de Seguridad
Nacional que degenera su papel y que mantiene
el militarismo, concepción reaccionaria
no solo ni tanto de los militares sino de los
sectores dominantes, que asignan a los uniformados
un papel protagónico en el ejercicio
de un poder que sirva a sus intereses. Esto
convierte a los mandos militares en una casta
que se yergue como real o potencial opresora
del pueblo.
Lo que se precisa es una
formación de los militares en una doctrina
de defensa democrática, que renuncie
a las concepciones de enemigo interno, que proscriba
la inteligencia militar en cuestiones políticas,
que permita y promueva el pluralismo ideológico
en su seno, que acepte someterse al escrutinio
democrático de su quehacer.
De la dramática experiencia
vivida por los chilenos se debe concluir que
las lecciones aún no han sido asimiladas.
Aún hay sectores sociales, pueblos originarios
y partidos perseguidos y excluidos, como el
nuestro y, sin embargo, los golpistas de ayer
siguen disfrutando del poder y el beneplácito
de los que están en el gobierno y en
los mandos. Es una paradoja inaudita que los
opresores de ayer gocen de privilegios y que
una gran mayoría de los que luchamos
por la libertad sigamos siendo discriminados
y excluidos de la vida política y social.
LA REPARACIÓN UN
DEBER DE ESTADO PERO JAMAS A COSTA DE LA IMPUNIDAD
El Estado tiene la obligación,
emanada de diversos instrumentos internacionales
en materia de derechos humanos, de reparar a
las víctimas y sus familias. La principal
forma, es la verdad total y la justicia plena.
La reparación es
un concepto amplio que comprende la reparación
jurídica, política, moral, social
y económica.
La reparación moral
demanda que el país rinda el merecido
reconocimiento a quienes fueron víctimas
del terrorismo de Estado y vele por el establecimiento
de la verdad histórica. Se debe honrar
la memoria de cada una de las víctimas:
las calles de nuestras ciudades deben llevar
su nombres, los recintos de detención
y tortura de la dictadura deben ser declarados
monumentos nacionales, deben levantarse monumentos
a los caídos, reinstalar la puerta presidencial
de Morandé 80.
La reparación económica
justa es una obligación. Ayudaría
a mitigar en alguna medida las graves secuelas
sobre las víctimas y sus familiares.
Esta debe comprender aspectos como salud, educación
, vivienda y garantías de una vida digna.
La pérdida de un familiar es algo irreparable
pero el Estado tiene el deber de mitigar el
daño causado.
Esta reparación debe
comprender a todas las víctimas de violaciones
a los derechos humanos, detenidos desaparecidos,
ejecutados, torturados, exiliados, presos políticos,
exonerados, pueblos originarios.
La reparación social
pasa porque el conjunto de la sociedad asuma
que en Chile se violaron los derechos humanos,
que la tortura, crimen de lesa humanidad se
convirtió en recurso corriente. Esto
nunca más debe repetirse en nuestro país.
Ello debe comprender a lo
menos:
- Normalización de
la situación de los presos políticos
de la dictadura militar, que tienen órdenes
de detención pendiente y limpieza de
sus antecedentes.
- Rehabilitación
de la ciudadanía para todos aquellos
que han perdido sus derechos ciudadanos.
- Indemnización por
los períodos de detención y encarcelamiento.
- Reparación del
daño causado a los exonerados políticos
- Reposición de todos
sus derechos a los militares democráticos
que resistieron el golpe fascista
- Derogación de las
leyes represivas o restrictivas de los derechos
fundamentales heredadas
de la dictadura
- Reconocimiento y restitución
plena de los derechos económicos sociales
y culturales de los pueblos originarios
- Libertad de todos los
presos políticos y término de
las Cárceles de Alta Seguridad
NO AL PUNTO FINAL
La reparación no
puede ser a costa de la impunidad, esto constituye
un chantaje inaceptable. Es lo que ha propuesto
la UDI explotando las carencias de tantos de
los agredidos como resultado de la indolencia
de las autoridades en esta transición
pactada interminable.
Rechazamos enfáticamente
las maniobras para imponer una solución
de Punto Final, con ese u otro nombre, recurriendo
a amnistías, indultos, término
de la figura jurídica de desaparición
forzada como secuestro permanente u otros procedimientos
igualmente deleznables.
Ello tiene un sentido ético
y jurídico que se fundamenta en la Doctrina
Internacional de los derechos humanos y en nuestra
propia experiencia de ser un partido perseguido
y cuyos miembros fueron víctimas de la
crueldad represiva.
El derecho a la verdad y
la justicia, es una necesidad política
e histórica y un derecho inalienable
no sólo para los familiares de las víctimas
sino para el conjunto de la sociedad chilena.
Para lograrlas, los procesos
judiciales deben seguir desarrollándose
en máxima independencia, sin presiones,
ni aplicación de mecanismos de impunidad.
El Poder Judicial debe asumir
su deber constitucional de respetar y promover
los derechos humanos, en lo que falló
groseramente en el pasado. Debe garantizar la
preeminencia constitucional de los Pactos Internacionales
de Derechos Humanos ratificados por Chile. No
hacerlo sería incurrir en notable abandono
de deberes, como asimismo, exponer el honor
del Estado de Chile en el campo internacional.
Precisamente porque la solución
no puede seguir dilatándose sin daño
creciente para el país, planteamos que
debe aumentarse sustancialmente el número
de jueces especiales.
Se debe dar pasos sin tardanza
para cumplir con el compromiso de años
del establecimiento de una autoridad colegiada
de carácter autónomo elegida por
votación popular en calidad de defensores
del pueblo para velar por el respeto y promoción
de los derechos humanos.
Es también necesaria
la creación de una entidad estatal que
vele por el esclarecimiento de las violaciones
a los derechos humanos y sea una ayuda permanente
para las víctimas y sus familiares que
debe permanecer en el tiempo como un órgano
de promoción de los derechos humanos
en nuestra patria.
En síntesis, una
efectiva solución del drama que pesa
sobre la sociedad chilena en su conjunto solo
puede avanzar a su solución si:
- Se garantizan verdad y
justicia plenas como objetivo irrenunciable
· Se pone fin al
Constitución de 1980
· Se anula la Ley
de Amnistía y sus efectos
· Se ratifican y
aplican los tratados internacionales sobre crímenes
contra la humanidad
- Se cambia radicalmente
la competencia de la justicia militar
- Se adoptan todas la medidas
para erradicar el militarismo de nuestras instituciones
armadas
Sostener la exigencia de
verdad y justicia plenas y honrar a las víctimas
es mantener en alto los valores éticos
que guiaron a todos aquellos que lucharon por
una sociedad más justa y en primer término
al Presidente Salvador Allende, quien sostuvo
con coraje su fidelidad a los principios.
JUSTICIA, NADA MAS PERO
NADA MENOS
PARTIDO COMUNISTA
DE CHILE
|