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Propuesta
del Partido Radical Social Demócrata
Etica y Justicia para el mejor futuro de Chile.
Reparación y Acuerdo Nacional de Reconciliación.
Santiago, 26 de junio de 2003.
El Partido Radical Social Demócrata,
PRSD, inspirado en los principios del humanismo
laico y en los fundamentos políticos
de la socialdemocracia, propugna la construcción
de una sociedad democrática y profundamente
humanista, que reconoce en el consenso afectivo
y racional las bases de la cohesión nacional,
razón por la cual no podemos dejar pasar
inadvertido el momento histórico que
vive nuestro país, donde el debate sobre
los derechos humanos nos sitúa en el
interés de la paz y la justicia.
Nuestro carácter profundamente chileno,
comprometido con la historia y el futuro de
la patria, nos permite observar con preocupación
el sentido de la propuesta de la Unión
Demócrata Independiente (UDI), que evade
su responsabilidad en los luctuosos sucesos
que acompañaron el periodo del gobierno
militar, donde se atropellaron los derechos
de las personas y se cometieron los más
atroces crímenes de la historia republicana.
Como Partido convencido que la realización
integral del ser humano sólo puede alcanzarse
en un sistema democrático, con real vigencia
de las libertades públicas y la observancia
al Estado de Derecho, resulta inaceptable aquella
proposición que intenta con subterfugios
establecer un Punto Final a los casos de Derechos
Humanos, que se prolongan ya por treinta años.
El compromiso con la verdad y la justicia,
nos llevan a sostener que la condena a los crímenes
de lesa humanidad no puede tener excepción.
Ningún actor político puede ocultar
sus responsabilidades en el proceso de polarización
que vivió nuestra sociedad y que generó
un clima de beligerancia extrema. Nosotros no
somos la excepción, cometimos errores
y de ellos surgen poderosas lecciones para ser
más eficaces en los caminos del entendimiento
nacional y en la construcción de una
sociedad basada en el crecimiento y el desarrollo
con acento en los más pobres y desamparados.
No obstante, en ejercicio de la tolerancia
y la libertad, conforme a nuestra naturaleza
racionalista y laíca, nos manifestamos
a favor de encontrar una solución civilizada
respecto de las violaciones a los Derechos Humanos,
concediendo el espacio del proceso justo a quienes
han cometido tan atroces crímenes, que
hoy pese a los años siguen estando presente
en la conciencia nacional y mundial como un
recuerdo de lo que humanidad ha tipificado como
los acontecimientos del “nunca más”.
Así, ajenos a todo espíritu revanchista,
rechazamos, junto a las otras voces que se alzan
en estos días, legar a las futuras generaciones
la impunidad y la ausencia de reparación
a las víctimas de los crímenes
de lesa humanidad cometidos durante el régimen
militar.
Somos firmes partidarios que el Estado de Chile
entregue a los familiares de las víctimas
una reparación económica destinada
a mitigar en parte los efectos patrimoniales
causados por el brutal desaparecimiento de sus
deudos, sin que ello implique de modo alguno
que dicha reparación pueda tener el carácter
de indemnización compensatoria por el
daño moral y el dolor sufrido por ellos.
El humanismo, en su más alta expresión
proclama que la vida humana y su integridad
física y espiritual no pueden tener equivalencia
material o financiera.
También, damos nuestro total respaldo
a la necesaria designación de un mayor
número de jueces con dedicación
exclusiva y que en el desarrollo de los procesos
judiciales la figura jurídica de muerte
presunta no puede detener ni menos aún
poner término a las investigaciones judiciales
tendientes a esclarecer la causa real del desaparecimiento
y la identidad de sus autores materiales e intelectuales.
La tragedia de Chile, sólo podrá
ser resuelta a través de un vasto e histórico
Acuerdo Nacional, que con la serenidad del presente,
fije la condena al terrorismo de Estado y mantenga
a perpetuidad la sanción moral a quienes
arrastraron a la institucionalidad republicana
al ejercicio de la violencia para construir
un modelo de sociedad autoritaria en nuestro
país.
La subordinación de las Fuerzas Armadas
al poder civil sigue siendo una necesidad de
coherencia democrática, que debe ser
corregida a fin de garantizar la certeza de
un futuro desarrollo pacífico, en donde
las diferencias políticas y sociales
se resuelvan civilizadamente procurando establecer
la armonía social a que aspiran todas
las naciones.
Porque estamos convencidos que el golpe de
Estado se pudo haber evitado, el establecer
las distinciones éticas en la interpretación
de los hechos históricos para la sana
convivencia, pasa por el justo reconocimiento
de las responsabilidades no sólo personales
sino colectivas, en tal sentido no contribuye
en nada la parcialidad informativa de la red
privada de medios masivos de comunicación
que con sus emisiones respecto del sentir nacional
provocan una suerte de esquizofrenia social.
Asimismo, los partidos de la Concertación
y el Gobierno deben revisar en detalle cuánto
hemos dejado de hacer a favor de los Derechos
Humanos, ya en la reparación a los familiares
de las víctimas de la dictadura, sean
estos detenidos desaparecidos o torturados o
ex prisioneros políticos y de conciencia,
como respecto a su promoción e incorporación
en la formación de las nuevas generaciones
de chilenos.
Por lo anterior, respaldamos plenamente la
solicitud de dar continuidad a la labor de los
jueces especiales que buscan dar con el paradero
de los detenidos desaparecidos, cuya figura
del secuestro, sin perjuicio de la declaración
de la muerte presunta, debe ser una jurisprudencia
penal inalterable que marcará el rumbo
ético de la nación, sobre todo
cuando se continúan haciendo avances
que consolidan el proceso de más justicia
en Chile.
Nuestra trágica historia nacional reciente,
nos lleva a ratificar que seguiremos abogando
por la paz y el desarme, defendiendo y respetando
la soberanía y la autodeterminación
de los pueblos, como la solución pacífica
de las controversias, el respeto de los tratados,
la integración latinoamericana y la cooperación
entre las naciones, en lo que destacamos el
valor del reconocimiento al Tribunal Penal Internacional
que sanciona el genocidio y los crímenes
de guerra como a la Convención Interamericana
sobre desaparición forzosa.
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