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Texto completo
de la declaración del Partido Socialista
"NUNCA MAS"
DECLARACION DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE
1. Los países no pueden proyectar de
manera apropiada su presente hacia el futuro
si carecen de interpretaciones serenas sobre
su pasado. Un pasado ignorado o mal asumido
colectivamente, especialmente cuando se trata
de episodios históricos traumáticos
y dolorosos, tiene efectos paralizantes porque
prolonga desconfianzas profundas en la sociedad
y no permite establecer bases éticas
comunes para la vida colectiva.
Construir una sana memoria histórica,
que permita una adecuada transmisión
del pasado a las nuevas generaciones, no es
sólo tarea de historiadores sino de la
sociedad en su conjunto, y en su seno también
de los actores políticos.
Una sana memoria histórica supone admitir
la diversidad de interpretaciones, y valorar
dicha diversidad como necesaria, pero es más
importante dejar establecidas distinciones éticas
fundamentales en beneficio de una vida en común
civilizada.
2. Es nuestro deber como sociedad, y especialmente
de los que hoy tenemos responsabilidades públicas,
legar a las nuevas generaciones de chilenas
y chilenos que fuimos capaces de asumir la realidad
de los crímenes cometidos por la dictadura
que se instauró en Chile el 11 de septiembre
de 1973, condenarlos y establecer las responsabilidades
correspondientes.
Esto debe hacerse mediante el método
civilizado de conocer la verdad judicialmente
y ejercer justicia mediante los procedimientos
del Estado de derecho, incluyendo los tratados
internacionales que Chile ha suscrito y que
está obligado a respetar según
el artículo 5 de la Constitución
aprobado en 1989.
Legar la impunidad y la ausencia de reparación
frente a acciones tan atroces e injustificadas
sería una irresponsabilidad histórica
frente al futuro de Chile. Hemos dado pruebas
hasta la saciedad de que no nos anima un espíritu
de revancha ni de venganza, sino de búsqueda
de la verdad completa, de la justicia necesaria
y de la reparación indispensable.
La responsabilidad ante la historia es el fundamento
de la postura del Partido Socialista de considerar
inamnistiables e imprescriptibles los crímenes
atroces cometidos, que no sólo afectaron
a las víctimas sino fueron crímenes
contra los valores más fundamentales
de la sociedad chilena y en definitiva crímenes
contra la humanidad.
Esta postura procura no sólo cerrar
en lo que sea posible mediante el ejercicio
de la justicia las heridas individuales y colectivas
que se arrastran por décadas, sino también
dejar consagradas en la sociedad chilena las
bases para que nunca más hechos de esta
naturaleza vuelvan a ocurrir.
Es una postura que busca preservar un futuro
de paz y convivencia civilizada para nuestros
hijos.
3. El Partido Socialista mantiene su profunda
convicción de que el golpe de Estado
de 1973 no fue un hecho inevitable fruto de
una espiral de violencia. Quienes afirman lo
contrario son precisamente los que lo promovieron
y lo realizaron y de ese modo tratan de excusar
su responsabilidad histórica y muy en
especial muchos de quienes hoy se agrupan en
la UDI.
Está plenamente documentado que la derecha
chilena, y el gobierno de Estados Unidos, hicieron
todo lo posible para impedir que asumiera su
cargo el Presidente Allende, procurando que
el Congreso Pleno no ratificara en 1970 la mayoría
relativa obtenida limpiamente en las urnas por
Salvador Allende.
Estimularon además que grupos conspirativos
actuaran con violencia, incluyendo el intento
de secuestro con resultado de muerte del Comandante
en Jefe del Ejército René Schneider,
para interrumpir la normalidad institucional,
todo lo cual ocurrió antes de que la
Unidad Popular asumiera siquiera el gobierno.
Esos mismos actores promovieron una oposición
multifacética que incluyó el uso
abundante de actos violentos, la que apuntaba
a un único objetivo: derrocar por la
fuerza al gobierno constitucional del Presidente
Salvador Allende e impedir la realización
de su proyecto de progreso social en democracia.
Así quedó en evidencia al prestarle
pleno apoyo al golpe de Estado de 1973 y al
régimen de dictadura militar que se instaló
por casi 17 años en Chile, en cuyo centro
y periferia se encontraban también los
más connotados líderes actuales
de la UDI.
4. Las fuerzas que nos proponíamos mantener
el régimen democrático en Chile
nos dividimos y no fuimos capaces de mantener
una política consistente de defensa de
la democracia y de llegar a los acuerdos que
hubieran impedido el golpe de Estado.
Está fuera de toda duda que el Presidente
Allende mantuvo al respecto una actitud invariable
e intachable. Su gobierno respetó, en
medio de circunstancias muy difíciles,
todas las libertades y derechos de las personas.
Es conocido que el 21 de mayo de 1971 invitó
a los chilenos a realizar un proceso de construcción
del socialismo en democracia y con pleno respeto
de las libertades y que el 11 de septiembre
de 1973 pronunciaría un discurso al país
convocando a un plebiscito, que hubiera permitido
encauzar democráticamente el profundo
conflicto que vivía el país. El
golpe de Estado fue adelantado por los que habían
tomado con mucha antelación la decisión
de terminar con la democracia.
5. No obstante, los socialistas hemos señalado,
y lo reiteramos, que no hicimos lo suficiente
por defender el régimen democrático.
Nos propusimos llevar a cabo un programa de
cambios que no contaba con las mayorías
parlamentarias y sociales necesarias, mantuvimos
intransigencia en la materia y no prestamos
al Presidente Allende el apoyo que necesitaba
de su partido para conducir el gobierno por
los derroteros que había definido.
Nuestra percepción de que la derecha
y el gobierno de Estados Unidos harían
todo lo posible por interrumpir la democracia
y el proceso de cambios sociales, adquirida
con especial fuerza desde los años sesenta
y validada a la postre por los hechos históricos,
nos llevó a radicalizar nuestras posiciones.
Si las conductas intransigentes hubieran sido
evitadas y las mutuas percepciones de amenaza
hubieran sido despejadas, se pudo haber superado
la profunda división de las fuerzas democráticas,
contenido la acción de los promotores
del golpe de Estado y con ello encaminado al
país a un proceso de superación
de la crisis por medios democráticos,
por avanzada que estuviera la polarización
política.
Nuestra conclusión, consolidada hace
ya mucho tiempo fruto de largos y múltiples
debates, es que la lucha contra los enemigos
de la democracia debe hacerse con los medios
de la democracia. Su pérdida se tradujo,
como sabemos, en una gran tragedia histórica.
6. Durante la dictadura militar de 1973-1990,
según los informes de la Comisión
Nacional de Verdad y Reconciliación y
de la Corporación Nacional de Reparación
y Reconciliación, se produjeron 1 983
muertes en manos de agentes del Estado y otras
mil 102 personas fueron objeto de detención
y posterior desaparición por los organismos
estatales de represión.
Otras mil 500 denuncias no pudieron ser aclaradas
y permanece además una incógnita
sobre la magnitud de casos de asesinatos que
no han sido denunciados y que de modo verosímil
se agregan a las cuatro mil 680 situaciones
mencionadas.
Miles de chilenos fueron apresados y torturados
y muchos más sufrieron un largo exilio.
Del orden de 500 militantes socialistas perdieron
su vida en este terrible episodio de la historia
nacional.
No puede ser sino chocante para el Partido
Socialista que la responsabilidad de semejante
situación le sea atribuida, como ocurre
de modo intolerable por los defensores del golpe
de Estado y de la dictadura militar, y en especial
por muchos de quienes hoy se agrupan en la UDI,
y nuevamente es sugerido en el documento que
ese partido ha dado recientemente a conocer.
Atribuir a las víctimas la responsabilidad
de los crímenes cometidos por sus victimarios
constituye una postura éticamente inaceptable.
Cabe recalcar que la dictadura militar logró
el completo control del país en 48 horas,
de acuerdo a la Comisión Rettig: la supuesta
capacidad militar de la izquierda era marginal.
En cambio, se propuso extirpar el cáncer
marxista mediante un operativo frío,
planificado y persistente de identificación,
detención y exterminio mediante torturas
atroces, asesinatos y desaparición de
dirigentes y militantes sin defensa de los partidos
de izquierda y en ocasiones de otras fuerzas
políticas, así como simples ciudadanos.
Estos hechos no tienen justificación
política y ética ninguna.
7. A los que consideran que los crímenes
cometidos eran necesarios para imponer un modelo
liberal de mercado, cabe señalarles que
son muchos los ejemplos de reformas pro mercado
realizadas en democracia y muchos los ejemplos
de restablecimiento del orden en el marco del
derecho. Los propios hechos de la guerra tienen
su regulación en el derecho humanitario,
el que excluye expresamente la tortura y asesinato
de prisioneros.
Los que defienden o morigeran los crímenes
cometidos en Chile tendrán que cargar
históricamente con su cobardía
moral y su distorsión ética. Sin
embargo, creemos que los esfuerzos sistemáticos
desplegados por los socialistas y todos los
defensores de los derechos humanos han permitido
el retroceso de la lógica de la impunidad
a la que asistimos hoy en la sociedad chilena
y permitido la afirmación colectiva cada
vez más consolidada de que los hechos
de represión no tuvieron justificación
y menos pueden repetirse en el futuro. Este
avance constituye una victoria de la consistencia
y la perseverancia.
8. La UDI ha hecho un planteamiento sobre el
tema de derechos humanos. En él se hace
una interpretación histórica en
la que no asume sus responsabilidades como grupo
que participó en plenitud en el régimen
de dictadura y fue cómplice y defensor
de sus crímenes. Lo que es más
grave, no condena el golpe militar ni tampoco
de manera inequívoca las violaciones
a los derechos humanos.
Sus propuestas en materia de acción
de la justicia plantean de manera velada lo
que los socialistas siempre hemos rechazado:
un cierre de los procesos para dar paso a la
impunidad.
9. La UDI, más allá de un lenguaje
ambiguo, no se pronuncia tampoco sobre un hecho
esencial: su apoyo a las legislaciones pendientes
en el Congreso, como el Tribunal Penal Internacional
y la Convención sobre Desaparición
Forzada de Personas, que están llamadas
a consagrar el reclamo de la sociedad chilena
de cara al siglo 21: nunca más golpes
de Estado ni violaciones a los derechos humanos.
10. Sobre los mecanismos reparatorios, reiteramos
nuestros planteamientos realizados con anterioridad
y nos pronunciaremos en su momento sobre la
propuesta que hará el gobierno
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