| Por
Alberico Lecchini
albelecchi@yahoo.com.ar
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Los barrios suburbanos de la capital
están en plena actividad desde
que la nueva administración de
centro-derecha (m+fp+kd+c) anunció
que hará realidad en el menor tiempo
posible la oportunidad de transformar
las viviendas de alquiler de la comuna,
en propiedad privada compartida (bostadsrätt).
De esta forma se da continuidad a la política
que se llevó con éxito en
el centro de la ciudad entre 1998-2002,
y que fue detenida transitoriamente por
el siguiente gobierno comunal rojiverde
(s+v+mp).
La batalla ideológica y política
está planteada ya que con aquélla
ley especial el anterior gobierno nacional
socialdemócrata logró en
el parlamento que se detuviera ese proceso
de enajenación de lo que se denomina
propiedad colectiva de la vivienda. Suecia
ha sido sin dudas uno de los pocos ejemplos
en Europa occidental donde la vivienda
de alquiler ocupa un importante espacio
en el espectro del mercado de la vivienda,
dándole la oportunidad al aspirante
de acceder a ellas de elegir de alquilar
o comprar su vivienda.
Ahora, se está elaborando un nuevo
plan que dirige la nueva subalcaldesa
Kristina Alvendal (m), responsable del
departamento de Vivienda e Integración,
para que los inquilinos de los barrios
suburbanos también puedan comprar
su vivienda si así lo desean. La
Asociación de inquilinos (Hyresgästreningen)
advierte que una decisión de este
tipo primero expropia del mercado de la
vivienda lo que el colectivo de la sociedad
construyó durante décadas
para que todos pudieran acceder a una
vivienda decorosa. Segundo, la movilidad
que una sociedad moderna necesita debido
a lo volátil del mercado laboral
se ralentiza al achicarse dramáticamente
el número de vivienda de alquiler.
Tercero, la política impositiva
a la construcción de viviendas
le quitará subvenciones importantes
al sector, lo que dará menos beneficios
a las empresa para construir vivienda
de alquiler. Por el contrario será
más beneficioso construir pisos
para los que deseen comprarla. Cuarto,
los alquileres subirán dramáticamente
tanto en las antiguas como nuevas viviendas,
quitándoles a los jóvenes
la posibilidad de mudarse de la casa de
sus padres, obligándoles a permanecer
en ellas más tiempo.
En
barrios como Östberga los vecinos
están organizándose en asociaciones
para aspirar a la compra de sus viviendas.
En este barrio el proceso estaba avanzado
cuando la mencionada ley puso freno al
intento hace unos años. Ahora bajo
el asesoramiento de una oficina especializada
en las leyes y reglas que rigen el sector,
se comienzan a dar los primeros pasos
para estar preparados cuando el proyecto
se haga realidad. En conversaciones telefónicas
con algunos vecinos del lugar, me expresaron
que la gente está muy entusiasmada,
pero que no todos quieren participar.
Hay personas que todavía tienen
sus dudas y no están convencidos
que comprar una vivienda del llamado "millón
de viviendas" sea un buen negocio.
Muchos de estos barrios no han sido renovados
y apenas reciben un servicio satisfactorio
de mantenimiento. Cuánto costará
remozar una vivienda construida en general
con materiales de baja calidad?
Así es como han surgido grupos
que activamente se oponen a que ocurra
un cambio en ese sentido. En Husby se
revitaliza la asociación Husby
Unite que critica la propuesta, y exige
que los apartamentos sean renovados para
que los inquilinos puedan disfrutar de
una vivienda moderna y un entorno que
estimule el encuentro y reunión
de vecinos. Algunas consignas cuelgan
ya en las fachadas, y se advierte de la
trampa en que puede caerse, si el préstamo
que los bancos deben otorgar para la compra
del apartamento supera las posibilidades
de pago para quienes tienen ingresos insuficientes,
o trabajos inestables.
La subalcaldesa Kristina Alveldal cree
que no habrá problemas para los
que son todavía renuentes a comprar
el piso. En estos momentos está
preparando un sistema que regirá
los pasos a seguir en la adquisición
de la propiedad, y donde el actual alquiler
juega una parte importante, nos dijo.
Alrededor del 50 por ciento de ese alquiler
podrá ir a un fondo de ahorro para
que el inquilino cuente con una suma importantes
después de dos-tres años
para pagar la primera suma que es rutina
entregar como primer paso en la compra.
Y agregó que entre los ciudadanos
de origen extranjero es muy común
la propiedad del piso o de la casa, por
lo que en este caso se satisface esa demanda.
Y ayuda a la integración ya que
el extranjero propietario de su vivienda
hecha raíces, expresa con entusiasmo.
La pregunta que quedó sin respuesta
es cómo podrán afrontar
sus gastos las empresas comunales como
Svenska Bostäder, Stockholmhem y
Familjebostäder en caso de que se
reduzcan sus ingresos de una forma tan
radical. De dónde saldrán
los fondos para mantenimiento, reparación
y otros servicios?
Todo parece mostrar que no hay retroceso
en este proceso a pesar de las protestas.
Como en otros campos en el que el nuevo
gobierno está incursionando con
el acelerador a fondo, se levantan dudas
y críticas por lo rápido
que se quiere transformar un sistema que
viene funcionando - con sus carencias-
relativamente bien. Es decir, el acceso
a la vivienda está garantizado
para la gran mayoría, y una privatización
acelerada del sector llevará sin
dudas a una reducción aún
más crítica de la vivienda
de alquiler. En otras comunas como la
de Gotemburgo, ya suenan las alarmas en
el centro donde el proceso se acelera.En
un ambiente como el de la capital del
país, donde los precios en el sector
privado vienen subiendo sin descanso desde
hace años, la segregación
social es cada vez más palpable.
La vivienda ha dejado de ser un "valor
de uso", sino que se está
transformando en forma acelerada en "valor
de compraventa", lo que abre a la
especulación, lavado de dinero
y otros negociados que perjudican a grandes
sectores de la sociedad.
Esta será una realidad para la
que hay que ir preparándose los
que vivimos en la capital y en otras comunas.
En todo caso los inquilinos que no puedan
o no quieran comprar su piso, podrán
seguir alquilando a la asociación
comunitaria que compró el edificio.
Pero la pregunta es si el servicio que
antes recibía de las grandes empresas
comunales administradoras será
de la misma calidad. Muchos lo dudan,
y con toda razón.
Datos
adjuntos: Según la oficina
de análisis y estadísticas
(Utrednings- och statistikkontoret)
de la ciudad de Estocolmo, alrededor
de 31 000 apartamentos de alquiler
han sido vendidos a las asociaciones
de propiedad compartida en la ciudad
entre 1990 y 2000.
El 85 por ciento eran edificios de
propiedad particular y el 15 por ciento
pertenecían a las empresas
comunales que administran viviendas.
Durante los últimos cuatro
años otros 28 0000 apartamentos
han cambiado de estatus, de ellos
una tercera parte pertenecían
a las empresas comunales. El cambio
cualitativo podría darse al
iniciarse la segunda etapa del proceso,
ya que en los barrios suburbanos de
la capital es donde estas empresas
comunales poseen la mayor parte de
su infraestructura de vivienda.
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