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Alberico Lecchini
Estocolmo 26/11/06
albelecchi@yahoo.com.ar
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Göran
Persson (archivo estocolmo)
Foto:Ramón Maldonado |
El alejamiento
de Göran Persson como líder
del PSD sueco anunciado la misma
noche que la socialdemocracia perdía
las elecciones en septiembre pasado,
y los sondeos que la comisión
interna electoral realiza entre
las/los posibles candidatas/os,
ha desatado una serie de especulaciones
y movidas políticas de los
sectores que apoyan a una u otro
de los más renombrados aspirantes
a la jefatura del partido, así
como en los medios de prensa. Que
esta vez las candidatas femeninas
llevan ventaja sobre los masculinos
no deja ningún lugar a dudas;
la cuestión es quién
de ellas logrará el apoyo
mayoritario cuando la elección
se defina en marzo próximo.
La cultura del PSD en
cuanto a las normas que rigen
la sustitución del líder
que se retira son bastantes peculiares.
Hasta exóticas dirían
los que provienen de otras culturas
políticas. Incluso para
algunos miembros este partido
las mismas son ya obsoletas en
un tiempo donde el individuo y
sus cualidades, así como
sus aspiraciones, son resaltadas
y valoradas. Pero la socialdemocracia
sigue la tradición en que
los más serios aspirantes
al puesto de presidente del partido
siguen negando que están
interesados en asumir la responsabilidad
de ese liderazgo.
El caso más claro en esta
ocasión es la de Margot
Wallström, actualmente vicepresidenta
primera de la Comisión
Europea, que a pesar de tener
un apoyo mayoritario hasta ahora
de las organizaciones y distritos
locales del partido, sigue diciendo
que no está interesada.
Por experiencia se sabe que ese
NO generalmente se pronuncia de
los labios para afuera. Göran
Persson se cansó de repetir
que no se sería candidato
para asumir la presidencia del
partido cuando Ingvar Carlsson
anunció su retiro a mediados
de la década del 80, para
luego rendirse como una doncella
ante el pedido de mano de una
mayoría en el partido.
Los que conocen a fondo la cultura
del PSD en estos temas lo relacionan
en parte con la tradición
de la llamada jante lagen, es
decir con una actitud donde la
persona en vez de destacarse y
salir abiertamente a declarar
su interés por obtener
una meta concreta, se refugia
en una negativa que le impide
destacarse sobre el colectivo.
Así cuando la presión
y el reconocimiento de los diversos
sectores del partido (Sindicatos,
Juventud, Femenino, Hermandad
Cristiana, Estudiantes, Distritos
locales, etc) dan a conocer oficialmente
su apoyo a una u otro aspirante,
entonces llega el momento de reconocer
por parte de éste que se
lo ha pensado dos (o tres) veces,
y que en realidad sí, realmente
esta interesada/do.
Fuera de la ya nombrada Margot
Wallstöm está en carrera
Carin Jämntin, quien si bien
no ha dicho que sí, ha
sido lanzada por el distrito de
Estocolmo y de Skåne como
candidata. Carin Jämntin
fue ministra de Asistencia al
Desarrollo Internacional y representaría
según algunos, los valores
más tradicionales de la
socialdemocracia. Mientras que
Margot Wallström se la ubicaría
dentro de los sectores renovadores
y pragmáticos.
El nombre de Wania Lundby Wedin,
presidenta de la Central Nacional
de Trabajadores (LO) sonó
en algún momento como posible
aspirante, pero si bien todavía
está en carrera y representa
sin dudas a los sectores sindicales
de la industria y servicios básicos,
no parece tener más respaldo
que en sus propias filas. Mona
Sahlin, una antigua aspirante
al puesto hace diez años,
pero que cayó en la línea
de llegada por una zancadilla
que le hicieron por usar la tarjeta
de crédito del Parlamento
para pagar unos insignificantes
artículos de consumo, espera
su segunda oportunidad. Sahlin
sigue aspirando al puesto y si
bien mantiene un perfil bajo,
nadie duda que asumiría
el liderazgo del partido si cuenta
con el respaldo suficiente.
Y cuando la batalla por elegir
una candidata femenina parece
ya decidida, porque los candidatos
varones más nombrados (Tomas
Bodström y Per Nuder) no
tienen un apoyo importante hasta
ahora, entonces la cuestión
a decidir es cuál de ellas
representa con mejores posibilidades
la política futura del
partido, la política económica
y social, las posibles alianzas
con otros partidos, el compromiso
internacional, con Europa y otros
continentes- entre otros temas.
La socialdemocracia tuvo en Göran
Persson un líder carismático
que dirigió al partido
con mano dura; sus ministros a
veces daban la impresión
de no tomar decisiones hasta que
Persson no dijera la última
palabra; su caracter a veces arrogante
aunque matizado de humor e ironías,
dejaba poco espacio para actuar
con independencia para el resto
del equipo. Ahora parece haber
un consenso en que la figura de
la líder debe ser completamente
distinta. Y en el caso de Jämntin
y Wallström no podría
haber más distancia con
su antecesor. Ambas tienen un
tono mucho menos dominante y se
les conoce por sus cualidades
de jugar en equipo, es decir delegar
responsabilidades entre la gente
que les rodea, dialogar de igual
a igual, y estar abiertas a ideas
y perspectivas de sus colaboradores.
Sin embargo Carin Jämntin
estaría más embanderada
con los principios fundacionales
del PSD, es decir más cercana
a una línea política
donde el sector público
juega un papel importante en la
economía del país,
y la alianza con los sindicatos
es una piedra angular, un soporte
que regula la tranquilidad y el
equilibrio social. Su flanco débil
es que no tiene una larga experiencia
en la arena política.
A Margot Wallströn se la
reconoce como más pragmática
y abierta a soluciones menos ortodoxas,
tanto en decisiones relativas
a la vida económica como
política, y con mucho más
años de trajinar en el
campo de la política nacional
e internacional.
El flanco débil para algunos
es que ha estado bastante tiempo
fuera del país y no tiene
actividad parlamentaria.
Mona Sahlin tiene cualidades
parecidas a las de Wallström,
y cuenta con la ventaja de haber
seguido siendo miembro del Comité
ejecutivo del PSD y haber cumplido
con diversos cargos ministeriales
en el gabinete, lo que le han
dado oportunidad de conocer de
cerca a diversos sectores de la
vida social y económica
del país. El lado débil
de su candidatura sea tal vez
un cierto desgaste, después
que tuviera que soportar la humillación
del llamado escándalo "Toblerone".
En definitiva el PSD se encuentra,
después de su derrota electoral,
en una encrucijada. Por eso no
es extraño que los sectores
dentro del partido se vayan definiendo
a favor de una u otro candidata
alineándose con la/el aspirante
que reúne las condiciones
que respaldan o bien una línea
tradicional o una renovadora.
Para algunos fue la alianza parlamentaria
con los verdes y el partido de
izquierda lo que inmovilizó
al PSD y no le ha permitido renovarse.
Con esto se pretende decir que
no se asumieron a tiempo las reformas
que el estado de bienestar necesitaba,
lo que significa - según
ese análisis- una carga
cada vez más costosa de
financiar. Se argumenta que se
debió permitir al mercado
que asumiera más funciones
que hoy realiza el sector público.
Tal vez una de las expresiones
más claras de esta forma
de pensar la plasma Jan Nygren
(SvD 25/11/2006) antiguo ministro
del gobierno socialdemócrata
en el período 1994-96.
Hoy Nygren es un francotirador,
sin funciones dentro del partido,
pero no por eso deja de participar
en los debates. Nygren afirma
que hay temas tabú dentro
del PSD, ya que cualquier mención
a ellos, se identifican como giros
a la derecha.
Leyes como la rigen el seguro
de salud que hacen a las empresas
responsables de costear las dos
primeras semanas de enfermedad
del trabajador, perjudica a las
pequeñas empresas que deben
afrontar gastos que muchas veces
arriesgan llevarlas a la quiebra.
La idea de hacerle pagar al patrón
era buena, argumenta Nygren, pero
la realidad demuestra que las
pequeñas empresas tienen
grandes dificultades para afrontar
esa responsabilidad, por lo que
debería ser el estado quien
financiara esas dos primeras semanas
- y distribuir así de una
manera más solidaria el
costo de ese seguro. Es esto política
de derechas? - se pregunta retóricamente
Nygren.
El ex-ministro no duda que la
flexibilización de las
leyes laborales a la danesa, es
decir menos protección
al trabajador para permitir mayor
movilidad en el mercado laboral,
hubiese producido un efecto positivo
en la creación de empleo,
superando la inmovilidad en que
se encontraba este sector a pesar
de las medidas que tomaba el gobierno
de Göran Persson. Lo mismo
en cuanto al servicio de salud.
Porqué es política
de derechas permitir más
actores privados en el sector
de la salud si al enfermo le cuesta
lo mismo que si recurriera a un
hospital público, siempre
que se la garantice la calidad
del servicio? Algo que además
ocurre desde hace años
y por lo que nadie parece ya alarmarse,
razona Jan Nygren.
No hay dudas que este es un matiz
dentro de un abanico de opiniones,
pero los que piensan como Nygren
ven posibles alianzas con partidos
del centro-derecha, donde el crecimiento
económico está por
delante de aspectos como el medio
ambiente y la seguridad en el
mercado laboral.
En el sector opuesto se mantiene
una línea donde el mercado
en general debe estar subordinado
al estado y sus poderes. Göran
Persson repetía a menudo
"el mercado es un buen servidor,
pero es un mal patrón",
dando a entender que había
que mantenerlo a raya para que
las desigualdades sociales no
se dispararan.
A pesar de que en este momento
en el PSD hay una falta de liderazgo
por el mutis de Göran Persson,
las últimas encuestas muestran
que hoy ganaría las elecciones
junto a sus dos aliados, luego
que el nuevo gobierno hiciera
realidad las promesas electorales
que en ese momento no parecían
tan corrosivas para vastos grupos
sociales. Hoy cuando se empiezan
a ver las consecuencias de esa
política, vuelven muchos
a apoyar a los partidos que garantizaban
lo que en general el ciudadano
medio de este país más
aprecia: estabilidad en el trabajo
y seguridad social.
Los cambios que se están
gestando muestran sin embargo
hacia adónde apuntan las
políticas laborales y sociales
del nuevo gobierno. La tarea ahora
más ardua para el PSD es
por un lado mantener unido al
partido, llevar una política
de oposición efectiva y
al mismo tiempo encontrar una
vía de diálogo con
la clase trabajadora y los sectores
más afectados por las políticas
propias del pasado reciente, y
las que se implementan actualmente
por el gobierno de centro-derecha;
y por otro lado atender las demandas
de los sectores más pragmáticos
que desean realizar cambios que
hagan recuperar la confianza en
el cada vez más amplio
sector de la llamada clase media.
Muchos votos de esos dos sectores
se fueron en parte al ultraderechista
Sverigedemokraterna - antiinmigrante
y populista- y al partido conservador
(moderaterna) como una forma de
protesta. A la futura líder
del partido - ya sea Margot Wallström
Carin Jämntin o Mona Sahlin
- le espera una ardua tarea por
delante. La mejor equilibrista
de todas ellas se quedará
probablemente con la dirección
del partido e intentará
quitarle al primer ministro Fredrik
Reinfeldt el protagonismo que
hoy tiene en la arena política
sueca.
Un desafío que está
muy lejos de ser sencillo, aunque
los vientos hoy soplen de popa.
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