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Alberico Lecchini
Estocolmo 30/11/06
albelecchi@yahoo.com.ar
La
vigilancia militar calienta aún
más los ánimos por
las pasteras
La
orden del presidente Tabaré
Vázquez de vigilar la planta
Orión de Botnia con efectivos
militares, fuera de los policiales
que ya la vigilan, eleva el nivel
de irritación entre los
dos países. La medida fue
precedida por las amenazas de
algunos civiles entrerrianos que
habrían afirmado a los
medios de su país estar
dispuestos a realizar atentados
contra la planta de Botnia.
Para
los que no lo saben Uruguay
significa en guaraní Río
de los Pájaros Pintados,
un bello nombre que en este período
bien podría adquir temporalmente
el nombre del título de
este artículo.
La historia argentina cuenta
con episodios de fe y de mística
que no pocas veces causan estupor
en la gente que no comparte o
no ha vivido esa experiencia.
La adoración por Juan Domingo
Perón y sobretodo por Evita,
son dos ejemplos de esa fe y mística
en la reciente historia del país.
Maradona que aún está
vivito y coleando, es otro ejemplo
de santidad, con capilla y todo,
a pesar de sus pecados terrenales
reconocidos y comprobados. Ahora
crece en la provincia de Entre
Ríos otra mística.
Pero no es adoración sino
un odio descarrilado y cada vez
más agresivo hacia la planta
de celulosa de Botnia, odio que
ha ido aumentando a medida que
el gobierno uruguayo ha ido acumulando
respaldo internacional y la construcción
de la planta sigue avanzando.
Los reportajes de estas últimas
semanas publicados por medios
uruguayos y argentinos (ver Rodelú
que publica varios de ellos) muestran
un grado de exacerbación
en la gente de Gualeguaychú
pocas veces vista entre argentinos
y uruguayos. Siendo el fútbol
una pasión que nos une
y nos separa entre otras tantas
cosas, nunca fue causa de odios
ni rencores como los que se están
acumulando en muchos entrerrianos.
Pero desde que se autorizó
la construcción de las
plantas de la finlandesa Botnia
y la española Ence, la
atmósfera de amistad ha
ido cambiando, sobre todo en la
zona del conflicto.
Los protagonistas son de diverso
origen, medioambientalistas que
han visto por fin un respaldo
masivo a una protesta, pequeños
comerciantes y gente de todos
los oficios y profesiones que
han ido uniéndose en la
lucha contra el símbolo
más despreciado de la globalización:
una multinacional que se afirma
depredará el medio ambiente
y arruinará la reservas
naturales de la región.
Los bloqueos a los puentes, preferentemente
el que une Fray Bentos con Puerto
Unzué (que ahora es permanente)
y las manifestaciones por la carretera
internacional 135 que une a los
tres países del Atlántico
sur, marcan el compromiso creciente
con “la causa” con la que están
embanderados los más activos
dentro de ese movimiento. Un movimiento
que tiene todo el derecho de existir,
pero que con su actitud ha quemado
todas las naves, desviando así
la atención sobre verdadero
problema, que es si esas fábricas
de celulosa contaminan o no.
Los argumentos del lado uruguayo
han sido rechazados de frente
y la voluntad de la empresa de
informar sobre la tecnología
y su impacto, como una gran mentira
que sólo a podido embaucar
a los inocentes o corruptos políticos
uruguayos, siendo el presidente
Tabaré Vázquez el
embanderado de esa mentira. Vázquez
que además representa a
un gobierno de izquierda y que
debería ser el primero
en enfrentarse a los intereses
de esas multinacionales, ha renunciado
a ello. Todo por unos 300 puestos
de trabajo, afirman en Entre Ríos
los más decepcionados y
resentidos.
Esos furibundos ataques fueron
protagonizados en los inicios
por el propio gobernador de Entre
Ríos Jorge Busti, y puso
en alerta a los sectores de comerciantes
que vieron sus negocios en peligro,
propietarios de chalés
en la zona balnearia y otros con
instalaciones turísticas
de Gualeguaychú. Las “fuerzas
vivas” de ciudad y muchos de sus
pobladores se sienten amenazados
por la “irremediable catástrofe
ecológica que causará
la planta”, como se afirma allí.
Lo interesante es que el propio
Busti habría negociado
anteriormente una posible instalación
en su provincia de una planta
similar, pero que fracasó
porque la “mordida” que pedía
fue desmesurada, según
revelaciones periodísticas
publicadas en Argentina. Será
cierto o es parte de la guerra
de desinformación? No hubo
más certeza que lo publicado
y nunca hubo un juicio o revelaciones
que comprobaran si esto fue así.
La tensión
que se vive de todas formas
en la ciudad de Gualeguaychú
ha sido tan grande que algunas
personas están evolucionando
hacia un estado mental de agresividad
cada vez más áspera
y abierta, si damos crédito
a lo que los medios publican sobre
la población del lugar.
Amenazas abiertas de realizar
atentados contra el puente o contra
la planta de Botnia por parte
de vecinos con ánimo de
mártires nos recuerdan
otras regiones del mundo. Si bien
no hay que tomárselas muy
en serio, marcan sin embargo un
punto de inflexión donde
los argumentos ya no muerden por
ningún lado. Por eso la
medida del gobierno uruguayo de
vigilar con el ejército
las zonas aledañas de la
planta se pueden justuficar como
una medida preventiva ante tanta
chifladura.
Lo más llamativo de esta
escalada es que en el principio
de este proceso se decía
que las dos plantas que iban a
construirse muy cerca una de otras
iban a contaminar al río
por un efecto “acumulativo”. Sin
embargo la empresa española
Ence decidió renunciar
a dicha localización, para
salir al encuentro de esas críticas
y bajarle la presión a
la situación creada. Un
triunfo para el movimiento de
vecinos y ecologistas de Gualeguaychú,
ya que la multinacional española
se hizo eco de las protestas,
y como no había comenzado
a construir la planta, la decisión
no fue probablemente muy difícil
de tomar.
No debería este gesto
haber calmado los ánimos
y volver al diálogo y encaminar
la polémica a los términos
científicos ahora que el
“efecto acumulativo” había
desaparecido?
Pues no ha sido así. Desde
el presidente Néstor Kirchner
que habla ahora de “contaminación
visual” ( caramba, cómo
hace para sobrevivir en Buenos
Aires me pregunto, cerrará
los ojos y se tapará la
nariz cuando pasa delante de las
villas miserias o por el puente
del Riachuelo?) hasta el pescador
más humilde ( este sí
que debería tener temores
fundados de que se le puede arruinar
su fuente de trabajo, pero por
un problema más cercano),
siguen con la idea inamovible
de que el dragón de Botnia
aplastará la región
con sus efluentes y emisiones
contaminantes y su aliento pestilente,
y se devorará el “mundo
ideal” que los rodea.
Pues ese no es ningún
mundo ideal. La propia ciudad
que dicen defender de Botnia tiene
un parque industrial con empresas
que sí contaminan su entorno
con efluentes químicos
como el cloro elemental y el plomo.
Empresas como RPB SA, laboratorios
PYAM, UNIONBAT SA, depuran sus
efluentes por acción aeróbica
y luego los vierten en una cañada,
que desemboca en el arroyo Gualeyán
que a su vez vierte sus aguas
en el río Gualeguaychú.
Y por si esto fuera poco, las
aguas servidas de la ciudad durante
décadas fueron vertidas
a ese río sin depurar,
aguas que desembocan en el río
Uruguay y cuyas olas lamían
la playa Ñandubisal, en
donde los felices bañistas
no tenían ni idea en donde
se estaban bañando, y que
ahora afirman serán contaminadas
por Botnia. Ante este escenario
las “fuerzas vivas” no han reaccionado
ni con un pío, porque son
cómplices directa o indirectamente
de esa contaminación. Así
lo documenta el Dr Mario R. Féliz
de la Universidad la Plata en
varios artículos publicados
en la página web de ese
centro de estudios. http://www.exactas.unlp.edu.ar/novedades/exactas.htm#
El gobierno
uruguayo que juega sus
cartas hasta ahora con perfil
bajo, pero con firmeza y recurriendo
a todas las instancias legales
a nivel internacional, y donde
ha ganado siempre hasta ahora
- ha ofrecido a su par argentino
monitorear conjuntamente la actividad
de la planta, para que en caso
de que exista la contaminación
pronosticada por el lado argentino,
se detenga la producción
y se corrijan los problemas. No,
el gobierno de Kirchner no quiere
saber nada de esto, porque sigue
aferrado a que el presidente Vázquez
y su gobierno violaron el Tratado
del río Uruguay al permitir
la localización de la planta
sin consulta previa con Argentina.
Esta parte jurídica del
conflicto se dirime actualmente
en la Corte de la Haya donde Argentina
llevó el pleito y lo perdió
en la primera ronda. Uruguay argumenta
por su lado que estaban establecidas
todas las garantías para
realizar el proyecto que no amenaza
al vecino país porque la
tecnología de la planta
permite una producción
cuyas emisiones están por
debajo de los niveles regulados
por las normas de protección
al río establecidas por
ambos dos países. Además
de afirmar su derecho soberano
de decidir sobre su propio territorio
qué inversiones y actividad
productiva se pueden desarrollar.
El Tribunal decidirá en
el futuro quién tiene razón.
Sin embargo es bueno preguntarse
si alguien recuerda si el gobierno
del presidente Kirchner consultó
con su vecino Uruguay la decisión
de reactivar el plan de energía
nuclear y la puesta en marcha
de producción de agua pesada
y uranio enriquecido. Dónde
están los cortes de rutas
y bloqueos de los activistas y
ecologistas argentinos ante un
riesgo potencial muchísimo
más grave ante los planes
concretos oficializados en agosto
pasado, y que tiene como meta
prolongar la vida de Atucha I
y Embalse, así como finalizar
Atucha II para 2010? Por qué
esa conciencia militante nacida
en Gualeguaychú no dirige
sus miradas y demandas también
contra ese proyecto o contra las
plantas de celulosa a orillas
del Paraná, construidas
con tecnología que sí
se sabe es obsoleta y altamente
contaminante?
El presidente argentino sigue
apostando sin embargo por un camino
ciego en este asunto, así
lo creen también muchos
argentinos que hoy ven a su país
en un callejón sin salida,
recurriendo por ejemplo al rey
de España en este asunto,
al mismo tiempo que la ministra
de Medio Ambiente Romina Picolitti
hacía los imposible ( junto
a su marido que manifestaba en
la calle) en Washington para impedir
que el Banco Mundial no otorgara
el préstamo de 170 millones
de dólares que le permitirían
a Botnia continuar con las obras.
Otro round perdido para el gobierno
de Kirchner, a pesar que la demora
de cuatro días en que se
tomara la decisión, algunos
lo vivieron como un gran triunfo.
Luego propusieron que el ex-presidente
soviético Mijail Gorbachov
tratara de influir sobre el gobierno
finlandés, cuando ese gobierno
se ha cansado de repetir que no
interviene en este tipo de asuntos
que tienen que ver con empresas
privadas y sus inversiones, pero
sí pueden asegurar que
la tecnología de Botnia
garantiza la no contaminación
de las aguas. Cuesta creerlo,
pero esa iniciativa es una más
de esas movidas grotescas que
se les ocurre a los que oficialmente
o extraoficialmente manejan los
hilos de la diplomacia argentina.
Quién será el próximo
“facilitador”? Recurrieron a un
borbón que poco o nada
sabe de este tema. Argentina siempre
tuvo buenas relaciones con el
Vaticano, incluso durante la dictadura,
por qué no se les ocurrió
antes usar al Papa Benedicto XVI
de “facilitador”? Realmente, creíamos
que desde que la belleza de Entre
Ríos había mostrado
sus famosos glúteos que
también han contaminado
las aguas de su ciudad, habían
cesado esas expresiones planeadas
por quién sabe qué
creativos cerebros de la cancillería
argentina.
Las plantas
de celulosa son sin dudas
un peligro potencial aunque su
tecnología permita controlar
y neutralizar sus efluentes y
emisiones, las que están
por debajo de las normas establecidas
tanto en Uruguay como en la UE.
En Escandinavia la gente se acostumbró
a convivir con estas plantas incluso
en el peor momento en que sus
emisiones contaminaban agua y
aire sin remedio. Hay casos de
serios daños al medio ambiente
en el Báltico. Cuando tuve
oportunidad de entrevistar al
profesor Mats Olsson de la Universidad
de Estocolmo hace un año
por la presencia de dioxina que
descubrió en el fondo marino
del Báltico, y la amenaza
para la salud que esto representa,
la respuesta fue que todavía
se estaba investigando. Una teoría
es que los sedimentos removidos
frente a algunas ciudades del
litoral sueco para profundizar
sus puertos, hayan liberado restos
acumulados de otros tiempos cuando
se blanqueaba con cloro. La sospecha
que los aserraderos puedan contribuir
con ese fenómeno no pudo
ser estudiada más a fondo
porque el grupo que el profesor
Olsson dirige no tenía
suficientes recursos. Sin embargo
me ha expresado que para el próximo
año su equipo publicará
un nuevo informe sobre las dioxinas
y su origen.
Otra
experiencia que me acercó
al fenómenos de las plantas
de celulosa fue la decisión
de visitar la planta de Joutseno
en Finlandia. La presencia de
un numeroso grupo de ingenieros
uruguayos que estaban diseñando
la planta de Fray Bentos con sus
colegas finlandeses me pareció
una buena oportunidad para conocer
de cerca qué había
de cierto sobre estos “dragones
pestilentes”. Yo mismo tenía
una gran desconfianza sobre la
“buena voluntad” de Botnia, y
recordaba mis viajes en tren a
fines de los 70, y la circunstancia
de que en determinado momento
el vagón se inundara de
olor pestilente, que hacía
desconfiar de los pasajeros más
cercanos. Luego me enteraría
que la vía pasaba muy cerca
de una fábrica de celulosa.
A pesar que me ofrecieron pagarme
el viaje, no lo acepté
por una cuestión ética
ya que un periodista debe evitar
en lo posible que la nota o reportaje
que va a escribir, tenga como
antecedente ese tipo de invitaciones
pagadas por el interesado. Además
ya estaba enterado de que los
ambientalistas condenaba como
traidores a los que aceptaban
esos viajes, y no quería
que el resultado de mi trabajo
fuera condenado a la hoguera de
antemano. El viaje lo hice en
cambio con financiación
de mi empleador, Radio Suecia
,en una misión para Panorama,
la antigua redacción en
español de la radio pública
sueca. Allí en Joutseno
también pude comprobar
varias cosas, llevado de la mano
de los jóvenes ingenieros
que diseñan la planta de
Fray Bentos.
Primero,
que la planta de Joutseno se encuentra
a orillas del lago Saimaa, sí
de un lago cuyas aguas por lo
general están bastante
quietas, con instalaciones de
recreación y pesca muy
cercanas, y la ciudad de Joutseno
que tiene unos 11000 habitantes
y está ubicada muy cerca
de la planta. Si Finlandia fuera
un régimen totalitario
podría creer que todo estaba
montado para las visitas, pero
por supuesto que no es así.
Segundo,
la tecnología de blanqueo
ECF que usará la planta
no está totalmente libre
de cloro y de otras sustancias
químicas como se sabe,
pero la estructura del sistema
de producción asegura que
las sustancias químicas
unidas al agua usada - y que pueden
contaminar- sean tratadas en un
circuito cerrado reciclándose
permanentemente. El agua vertida
al lago ha sido depurada luego
de pasar por varias piscinas enormes
que la filtran, hasta que el nivel
de sustancias nocivas baja a los
establecidos.
Tercero.
El olor nauseabundo del azufre
no se sentía en los alrededores
de la planta, aunque sí
un olor algo dulzón que
me recordaba al de la melaza de
los ingenios que procesan la caña
de azúcar en el norte argentino,
y era apenas perceptible. Según
los ingenieros uruguayos el fuerte
olor del azufre se siente por
unas pocas horas cuando la planta
se detiene o se pone en marcha
por motivos de reparación
o de mantenimiento, lo que ocurre
unas pocas veces al año,
según ellos.
Cuarto.
El ruido que producen las máquinas
que muelen la madera por ejemplo,
se escuchaba débilmente
fuera de los recintos donde ocurre
ese proceso. Todas las secciones
están aisladas de tal manera
que el sonido que producen las
diferentes máquinas no
molestan a los que se encuentran
fuera de esos locales. Lo que
trabajan allí dentro sí
deben usar protectores en sus
oídos ya que el ruido es
muy intenso en varios lugares
de la planta.
Quinto.
La actitud de la empresa fue siempre
abierta y pusieron toda la información
delante mío. No soy un
experto en el tema ni mucho menos,
pero por qué iban a mentir
descaradamente si se puede comprobar
en Finlandia los efectos de esa
actividad consultando los grupos
ecologistas. Está encadenados
los activistas de Greenpeace a
las chimeneas de alguna de ellas?
Escriben en sus publicaciones
sobre la muerte de la fauna y
la flora a causa de las emisiones
y vertidos? Y por qué Botnia
iba a mentirme a mí y a
otros tantos que pasan por allí
si no estuvieran seguros que su
proyecto cumple con las normas
más severas que hoy existen
en Finlandia y la UE? Que gana
Botnia con mentirnos a todos,
periodistas, políticos
y a los ciudadanos uruguayos y
argentinos, si apenas comience
a funcionar la planta en Fray
Bentos se demuestra que todo era
una farsa? Una inversión
de 1000 millones de dólares
basada en una mentira es algo
que desprestigiaría para
siempre a Botnia y a la industria
de la celulosa. Acaso el gobierno
uruguayo no cuenta con un convenio
donde la actividad será
detenida apenas viole alguna de
las cláusulas establecidas
sobre seguridad y medio ambiente?
Serán tan corruptos o ingenuos
esos políticos uruguayos
que ignorarán el daño
que causa la producción
de celulosa a la gente y al medio
ambiente de su propio país?
Sexto.
La impresión que tuve de
los jóvenes ingenieros
uruguayos que manejarán
la planta fue un compromiso irrenunciable
con la seguridad y el medio ambiente,
algo que estaba muy claro en nuestras
conversaciones y en la explicación
de cómo funcionaba la planta
a través de técnicas
audiovisuales.. Es difícil
pensar que también ellos
han sido engañados por
Botnia, cuando están planeando
los mínimos detalles de
esa tecnología. Queda otra
hipótesis: que me engañaron
a mí y a otros sabiendo
que la fábrica contaminará.
Tengo sus nombres y su apellidos,
y las grabaciones donde afirmaban
lo contrario. Mi mentalidad conspirativa
no me permite ver de todas maneras
ese escenario, y no creo que exista.
Pero tampoco puedo ignorar que
son humanos y que toda actividad
industrial de este u otro tipo
tienen sus riesgos.
Por último,
la industria forestal en Uruguay
como en otros lugares del mundo
fue una apuesta hecha por gobiernos
anteriores y que el actual aceptó
convencido que traía beneficios
para el país. No creo en
la explicación que el gobierno
de Vázquez haya aceptado
el desafío como “una herencia
maldita”. Por el contrario han
buscado establecer todas las garantías
posibles para que esta iniciativa
esté respaldada por decisiones
que resulten en beneficio para
la empresa y para el país.
Sin dudas que el debate continuará
porque en Uruguay también
existe un movimiento muy conciente
sobre los riesgos que esa política
depara. El modelo de forestación
y sus planes de desarrollo elaborados
están bajo la lupa y no
son pocos los argumentos que se
manejan para cuestionarlos. Las
interrogantes que plantean son
por ejemplo las siguientes: La
plantación de eucaliptos
y pinos para proveer de materia
prima a las plantas provocarán
daños irreparables en los
suelos? Se agotarán las
napas de aguas subterráneas
ya que el eucalipto es una árbol
con una sed insaciable? Los suelos
quedarán estropeados por
décadas después
de cada cosecha?
La ley de forestación
que existe en el país pone
límites a su expansión
y enmarca la actividad a zonas
donde no podría producirse
otra cosa que madera por las características
del suelo. Hasta ahora sabemos
que se respeta en la mayoría
de sus términos, aunque
habrá siempre intereses
que quieran expandir esos límites,
y quizá lo hayan hecho.
Pero Uruguay no tiene muchas alternativas
en cuanto al sector productivo
en el campo, y esta ha sido la
inversión más grande
de la historia del país.
Lo que no quiere decir que la
sociedad y su gobierno se queden
cruzados de brazos; por el contrario
el cuestionamiento y la movilización
influyen en los planes y programas
de los que buscan ganancias fáciles.
O cambian esos planes o simplemente
se marchan.
El conflicto con Entre Ríos
y el gobierno argentino no debería
haberse descarrilado. Sin embargo
el tono que está adquiriendo
el lenguaje entre algunos grupos
entrerrianos y del propio presidente
del país, hace pensar que
está en camino de agravarse
si es que no sucede un cambio
de actitud, y nada hace pensar
que esto ocurra. Y mientras eso
no pase los argumentos y el diálogo
no prevalecerán ante los
actos de fe y rechazo ciego que
se hacen del lado argentino ante
un desarrollo que sólo
con una política inteligente
puede ser provechoso.
La cuestión es entonces
si se cierran los ojos y se trata
con golpes de ciego detenerlo
como lo están haciendo
las “fuerzas vivas” de Gualeguaychú;
o con los ojos bien abiertos se
planta cara y se saca el mejor
provecho de ese proceso, para
que su impacto no termine siendo
una hojarasca más en este
planeta amenazado. Si hay reservas
morales en la sociedad para evitarlo,
la misión no es imposible.
La experiencia en Argentina en
ese aspecto, ha sido como sabemos
decepcionante. Los hechos dirán
si los entrerrianos tenían
razón, o si el gobierno
uruguayo con su apuesta ha creado
las bases para un desarrollo sustentable
con una actividad que tiene sus
riesgos, pero que también
puede ser beneficiosa en muchos
aspectos, incluso para la vecina
provincia argentina. Porque esa
también ha sido la idea.
Así lo ven aquellos argentinos
que se han atrevido a levantar
la voz ante el manipuleo, la demagogia
y la mentira.
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