“No comparto eso de que si soy de
izquierda o derecha. Es ser de izquierda
luchar por el medioambiente o luchar
por más integración
europea? “ expresaba Mona Sahlin
en una entrevista el mismo día
que fue nominada como única
candidata a liderar al partido socialdemócrata.
Con algunos pocos sectores sindicales
que gruñen detrás
de las bambalinas por su nombramiento,
otros que muestran cara de póker,
pero que por el momento no se atreven
por disciplina partidaria a rechazar
abiertamente su candidatura, Mona
Sahlin logró lo que para
muchos era improbable hace sólo
unos pocos meses, es decir quedar
como única candidata a liderar
al PSD.
La comisión electoral
del partido al final descartó
los otros candidatos/candidatas
que tenían serias posibilidades
de tomar el timón después
de Göran Persson. Margot
Wallström, Carin Jämtin
y Ulrika Messing dentro del grupo
femenino, Per Nuder y Thomas Östros
en el masculino, quedaron en el
camino por propia elección
o por decisión de la comisión
electoral liderada por Lena Hjelm
Wallén. Los hechos se precipitaron
esta semana pasada y Sahlin, como
un Ave Fénix, ensayó
nuevamente su mejor sonrisa y
desempolvó su melosa y
efectiva retórica. “Esa
nujer es un molino de hablar”,
murmuraba un colega.
Ahora le queda una ardua tarea
por delante antes del congreso
de marzo: convencer a los sectores
más reacios del partido
de que está dispuesta a
escucharlos, dialogar y - por
supuesto - derrotarlos o neutralizarlos
políticamente si es que
cuenta con el apoyo de la mayoría
del partido. Neutralizados esos
grupos el camino está libre
para su definitivo nombramiento.
La provincia de Skåne será
la primera que Sahlin visitará,
donde todavía quedan fuertes
resentimientos y resabios de años
pasados cuando Mona Sahlin era
ministra de Trabajo. Y es que
para sanear la economía
del país después
de las crisis de los 90, el PSD
utilizó al mejor de sus
cuadros para explicar porqué
había que apretarse el
cinturón y salir de la
crisis haciéndole pagar
a los trabajadores el costo de
la misma.
Y Mona Sahlin, leal con la dirección
del partido como lo fue siempre,
puso la cara y la firma a las
medidas restrictivas al gasto
público. La pérdida
de puestos de trabajo y la congelación
de salarios durante el período
de recesión dolió
mucho a una clase trabajadora
donde se creía que un gobierno
de marca (s) no se atrevería
a tomar tales medidas. En su libro
publicado algo después,
recordaría Mona Sahlin
que de esas duras políticas
que fueron aprobadas por todos
los miembros del gobierno, quedó
grabado en la memoria colectiva
sólo su nombre como única
responsable. Indirectamente quiso
decir que los hombres del partido
se escondieron detrás de
sus faldas. Y vaya que sí,
hasta ahora nadie de aquél
gabinete se ha rasgado las vestiduras
por Mona, con la excepción
del ex-primer ministro Ingvar
Carlsson, quien fue el único
que la defendió y la defiende
todavía.
Qué deparará su
política? Se preguntan
muchos. Más pragmatismo
me animaría a apostar.
Más política de
centro y flexibilidad en temas
económicos, pero sin renunciar
a ciertos principios sobre los
que ya venía trabajando.
Temas de integración, igualdad
entre los géneros y mayor
justicia y trabajo para los sectores
sociales que todavía siguen
marginados, serán algunos
de sus caballitos de batalla.
Irónicamente la marginación
(utanförskap) con las que
machacan los moderados antes y
después de las elecciones
ya había sido denunciada
por Sahlin en su libro hace diez
años. Pero en esa época
sus compañeros de ruta
ya estaban sordos y ciegos.A principios
de este milenio tuvo la oportunidad
de trabajar como ministra de Integración,
pero su gestión originó
miles de documentos y estudios,
que en la práctica algunos
piensan que tuvo poco resultado.
Otros sin embargo opinan que esos
estudios originaron la base para
nuevas leyes antidiscriminatorias
y de apoyo a la mujer en la sociedad.
La defensa de la pequeña
empresa será probablemente
otro de sus esfuerzos por ganar
los sectores de clase media que
votan liberal o conservador. En
la medida que Los Nuevos Moderados
continúen dominando esos
grupos, la lucha por el centro
se hará más ardua.
Mona Sahlin sabe que este sector
es clave para crear empleo, innovar
y exportar. Ciertos sindicatos
no ven con buenos ojos ese coqueteo
con las empresas ya que temen
que Mona Sahlin tome medidas que
por un lado faciliten la gestión
del empresariado en detrimento
de los trabajadores, por ejemplo
en el tema del derecho laboral.
Sin embargo es el actual gobierno
el que se está preparando
para lanzar un paquete de reformas,
algunas tímidas, otras
más contundentes, para
ir debilitando el poder sindical.
Pequeñas empresas cuyos
dueños se niegan a firmar
el convenio colectivo comienzan
a surgir con más frecuencia,
con la intención de probar
el pulso de los sindicatos. Por
un lado pagan un salario más
alto a sus trabajadores de lo
que establece el convenio, y de
esa forman los desaniman a afiliarse
al sindicato. Por otro lado ganan
en capacidad de maniobra, porque
sin convenio colectivo pueden
deshacerse de cuanto personal
deseen sin necesidad de negociar
con nadie.
El objetivo final, sea cual fuere,
no es nada: el movimiento lo es
todo, estampaba Bernstein en su
famosa síntesis de lo que
ha sido la socialdemocracia. Y
Mona Sahlin es una fiel intérprete
de esos principios, e intentará
seguir asfaltando el camino con
reformas en base al afán
de justicia que desea alcanzar
dentro de las reglas del juego
parlamentario y de las posibilidades
que tenga según la relación
de fuerzas en el mismo. Por lo
tanto está por verse con
quien se aliará en el futuro.
Será la misma constelación
con los verdes y el partido de
izquierda? O buscará atraerse
por lo menos a uno de los partidos
que hoy gobiernan para debilitar
el frente enemigo? Integrará
a su gabinete miembros de los
Verdes y del Partido de Izquierda
o seguirá con la vieja
táctica de dejarlos afuera,
como lo ha hecho siempre el PSD?
Seguramente que inferirá
un nuevo estilo de liderazgo muy
distinto al que Persson establecía.
Sahlin no es “una dama de hierro”,
juega en equipo y veremos más
que nunca un protagonismo femenista
en el PSD. Tal vez es hora que
Gudrun Schyman y sus feministas
se suban a ese tren? Si hacemos
caso a las últimas encuestas
de opinión estas muestran
que son las mujeres que han abandonado
a la Alianza para apoyar mayoritariamente
al PSD al asumir Sahlin. Ella
es un imán para otras mujeres
por su gran cualidad de comunicar,
expresar sentimientos y llegar
a la gente.
La Alianza ha puesto las barbas
en remojo. Uno de los portavoces
de su política, el Svenska
Dagbladet, publicaba hace unos
días en su página
editorial, de que era hora de
iniciar una nueva campaña
para contrarrestar el “efecto
Sahlin”. Si bien todavía
quedan casi cuatro años
para las próximas elecciones,
el gobierno de Reinfeldt tiene
que demostrar que la política
que está implementando
es para beneficio de las grandes
mayorías como prometió.
Sin embargo cumplidos los 100
primeros días, y con las
medidas ya implementadas o a implementar,
y que atacan a vastos sectores
laborales, es decir privatizaciones
de empresas del estado y el cierre
de fuentes de trabajo, así
como un programa de ahorros en
los servicios públicos
y reformas al seguro de paro entre
otras, ponen en duda que realmente
ese sea su verdadero objetivo.
Cuando esa política se
decante en los próximos
años, tendrá la
oposición con Sahlin en
el timón, la oportunidad
de recuperar a los sectores que
votaron por el centroderecha.
Si esa pragmática estrategia
que muchos se esperan aplicará
la lleva al gobierno en el 2010,
su retorno será aún
más “histórico”.
Pero si pierde esa elección
su futuro es muy dudoso y la renuncia
la puede esperar a la vuelta de
la esquina, y se la recordará
como un paréntisis en la
historia del partido. El movimiento
adora a los triunfadores, pero
no perdona a los perdedores. Aunque
con Mona, como hemos visto, nunca
se sabe.
Alberico Lecchini
albelecchi@gmail.com
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