|
Hace años que Suecia tiene
una situación muy particular
en referencia a las personas que
reciben asilo político en
el país. Dentro de los miles
de solicitantes de asilo que llegan
se cuelan personas que han sido
responsables de graves violaciones
a los DDHH, es decir genocidio,
crímenes de guerra y otros
delitos contemplados dentro del
Estatuto del Tribunal de Roma (1998).
Ex-militares y policías,
civiles con tarjeta de torturadores
y otros delincuentes responsables
de graves delitos contra lesa humanidad
han logrado pasar la fina malla
de controles, ya sea con identidad
falsa o no, y hoy viven en Suecia
creyéndose impunes. Pero
si se hace realidad la propuesta
de un grupo de trabajo integrado
por miembros de la Fiscalía,
la Policía y Migraciones,
a lo mejor los días en libertad
pueden estar contados para muchos
de ellos.
El informe y propuesta elaborado
por los cuatro integrantes del
grupo tiene como meta la creación
de una unidad central compuesta
por integrantes de las tres autoridades
mencionadas. La necesidad se hace
cada vez más urgente ya
que el consejo de ministros de
la UE decidió en 2003 emplazar
a los países miembros a
organizar tales unidades, debido
a que el intento de refugiarse
en territorio europeo de tales
individuos era cada vez más
notorio.
Este coordinación entre
distintas autoridades la inició
Holanda ya en 1998, siguiendo
el ejemplo algo más tarde
Noruega (2002) y Dinamarca (2003).
Suecia sin embargo ha seguido
hasta ahora con su antiguo modelo.
Cada distrito policial –son 21-
investiga por su cuenta las denuncias
que puedan presentarse. Hoy son
24 los casos investigados en todo
el país, pero el resultado
es bien magro, ninguno de ellos
ha llegado a los tribunales.
La razón, nos explica
el fiscal Magnus Elving de la
Cámara Fiscal Internacional
con sede en Linköping, es
que esta tarea está tan
dividida en esos 21 distritos
que los mismos funcionan como
compatimentos estancos, y la coordinación
se ha hecho prácticamente
imposible por las barreras burocráticas.
Además cada caso investigado
es seguido sólo por un
investigador y un fiscal, los
cuales no tienen la preparación
ni el tiempo suficiente para seguir
estos casos tan complejos, enfatiza
Elving.
Otro problema es la búsqueda
de testigos y la tarea de persuasión
para que puedan atreverse a declarar
contra el/los imputados. Para
muchos es una vivencia muy traumática
tener que enfrentar a su verdugo
y revivir los instantes más
difíciles y duros de su
existencia.
En Suecia existen personas que
se han atrevido a denunciar algunos
casos, pero como señalábamos
antes, la faltad de coordinación
y de personal con conocimienos
suficientes, han hecho imposible
hasta ahora sentar en el banquillo
a los sospechosos.
Una anécdota sobre cómo
estos casos pueden manejarse por
la policía y fiscalía
sueca nos la cuenta Naser procedente
de Bosnia Hercegovina. Hace unos
años unos diez testigos
reconocieron a un guardia de un
campo de concentración
establecido por los serbios en
Bosnia. El guardia se había
convertido en un implacable torturador,
asesino y violador en ese lugar
donde habían alojado a
los bosnios musulmanes. A pesar
de los testigos y de sus declaraciones,
el individuo quedó libre
cuando la policía austríaca
envió un mensaje a sus
colegas suecos afirmando que habían
detenido y procesado a una persona
que tenía el mismo nombre
que el serbio detenido en Suecia.
El testimonio de los bosnios radicados
aquí quedó entonces
hecho añicos y el presunto
violador y asesino quedó
en libertad, y según Naser
todavía vive en Suecia.
En lugar de seguir con la investigación
para descartar todo tipo de dudas,
se archivó el caso, y hasta
hoy esos testigos se quedaron
sin la posibilidad de saber si
su testimonio realmente tenía
validez.
La actuales normas que en el
momento de establecerlas no se
pensaba en estos tipos de delitos,
le impide a la unidad policial
de la provincia que investiga
el caso, seguir adelante en caso
que el sujeto se mude de provincia.
Si el fiscal no tiene una buena
red de contactos con otras fiscalías,
los sospechosos pueden seguir
mudándose con cierta regularidad
para evitar ser procesados, admite
Elving.
La propuesta del grupo de trabajo
constará de tres puntos
a destacar: la policía
creará una unidad central
en el departamento de la Policía
de Investigaciones Criminales
(Rikskriminalpolisen) para identificar
e investigar los posibles delitos
de lesa humanidad cometidos y
cuidará de los contactos
internacionales; la Fiscalía
nombrará un grupo de fiscales
que trabajarán con esa
unidad, y si se comprueba que
el sospechoso cometió algunos
de los delitos mencionados se
le aplicaría una condena
de no menos de cuatro años
de penintenciería; Migraciones
nombrará una persona de
contacto que cumplirá la
función de enlace entre
las tres autoridades implicadas.
En el horizonte existe una seria
amenaza advierten las autoridades
de Migración. Y es que
entre los miles de nuevos refugiados
iraquíes que con toda seguridad
llegarán a Suecia en los
próximos meses (se calcula
para el año 2007 entre
30 000 y 40 000) hayan individuos
que son responsables de graves
delitos, y que aprovechando el
caos y la desesperación
en ese país de Medio Oriente,
aprovechen para huir y mantenerse
impunes en Suecia o en cualquier
otro país que le de asilo.
Para hacer posible la participación
de posibles testigos en los futuros
procesos que puedan abrirse, es
necesario un programa bien definido
de protección a esas personas
que arriegan mucho por participar
en los juicios, nos comenta el
fiscal Magnus Elving.
Suecia cuenta con un solo procesado
por crímenes de guerra.
Se trata de Jackie Arklöv,
un mercenario sueco que participó
del lado de los irregulares croatas
que lucharon contra los bosnios.
Arklöv fue condenado por
esos delitos luego que varios
testigos lo reconocieran como
torturador en un campo de concentración
establecido por los croatas. Sin
embargo la dimensión de
esos delitos quedan empalidecidos
comparados con las atrocidades
que se cometen en otras partes
del mundo.
La decisión final ahora
está en manos de las tres
autoridades antes mencionadas.
Con toda probabilidad se aprobará
el informe según fuentes
de la fiscalía, y se creará
la unidad central de investigación.
Después de tantos años
de fracasos en lograr que esos
criminales de guerra sean procesados,
tal vez muchas personas vean que
la impunidad de sus verdugos fue
un paréntesis en esa pesadilla
de saber que se mueven libremente
por las ciudades donde ellos mismos
habitan.
Alberico Lecchini
albelecchi@gmail.com
|