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Suecia
UN DRAMA DE NUESTRO TIEMPO
Alberico Lecchini
Estocolmo, 2007-02-11
 
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Una tarde, clara y fría como un cuchillo de este mes de febrero, enderecé mis pasos hacia el viejo hospital de Vårberg, a las afueras de Estocolmo. Rodeado de un amplio parque que lo une con Vårby Gård, el hospital es un monumento a la arquitectura de los 60, es decir funcional y feo. Me acerqué al edificio con la nieve crujiendo bajos mis botas, y en vez de entrar por la puerta principal, rodeé el edificio pensando que encontraría fácilmente la puerta de entrada de Vårljus, una empresa comunal del ayuntamiento de Solna. Vårljus alquila un local anexo al hospital, y allí se alojan unos 50 jóvenes entre 15 y 17 años, adolescentes que llegaron a Suecia a pedir asilo de Irak, Somalia y otros países de Medio Oriente y de los Balcanes.

La cuestión que me llevaba allí era la denuncia de que estos jóvenes que habían llegado solos a Suecia a pedir asilo, estaban obligados a esperar semanas y algunos de ellos meses en estos centros de acogida que sólo era temporales, para que luego una comuna de Suecia les diera el alojamiento transitorio mientras esperan la decisión si se les otorga el asilo o no por parte de la Dirección General de Migración (DGM) . Habían sido enviados por sus familias en un intento de salvarlos de la creciente violencia y caos en que se encuentran inmersos muchos países como Irak y Somalia. Una última esperanza de salvar a la última generación de esa pesadilla diaria que viven millones de personas en estas regiones.

Desde julio de 2006 son la comunas del país las encargadas de darle alojamiento a estos muchachos y muchachas, luego que el gobierno y el parlamento pasados tomaran esa resolución. La intención era que mejoraran las condiciones administrativas y humanitarias, ya que los campamentos ofrecían poco estímulo y condiciones para ellos. Para agilizar las cosas estos chicos una vez llegados a Suecia, pasarían a alojarse durante 2-4 días en centros de acogida, para luego ser reubicados en las comunas que les ofrecieran un nuevo alojamiento mientras esperaban la decisión de asilo de la DGM.

Sin embargo el fracaso ha sido total. A tan extremo ha llegado la inoperancia del nuevo sistema que Arion Chrissafis, presidente del comité de asuntos sociales de la comuna de Solna, demandó en octubre pasado ante el Procurador General de Justicia (JK) a Migración, por no cumplir con lo estipulado en la legislación.

El hecho que sean cada vez más los chicos los que están obligados a pasar semanas o meses en los centros de acogida transitorios, obliga a las cuatro comunas que los alojan (Mölndal, Malmö, Sigtuna y Solna) a buscar soluciones cada vez más improvisadas, nos comentaba Chrissafis.

Las cuatro comunas mencionadas han contactado a su vez al Ministro de Migración Tobías Billström para que estudie una propuesta de reforma de las normas actuales sobre la hospitalidad que deben ofrecer las autoridades comunales a estas chicas y chicos que además se encuentran en un estado psíquico muy delicado. No son raros los cuadros de ataques de angustia, depresiones y agresiones en algunos de ellos.

Una de las cosas que se le critican a la DGM es el deficitario control de la edad de esos chicos y la demora en realizar esas averiguaciones. Uno de los problemas prácticos que se enfrentan estos funcionarios, es que algunos de los jóvenes llegan sin documentos. Y comprobar la identidad con los datos que aportan puede demorar mucho tiempo. Además nunca falta quien quiera aprovecharse de esa demora y dificultades. Recientemente se denunció la presencia de un hombre de 30 años que decía tener 17 en un local de acogida de Solna.

En los locales de Vårljus encontramos en la puerta a dos chicos eritreanos que jugaban al pingpong, y a pesar de las dificultades en la comunicación, pronto llamaron al encargado del local, Tobías Kronqvist, vicedirector del centro.
En nuestra conversación con Kronqvist nos confirmó lo que se venía denunciando en algunos medios sobre los retrasos en darles alojamiento a estos chicos. En su centro el que más tiempo lleva esperando es un chico que hace 4 meses llegó de Medio Oriente. Y es que del total de las 289 comunas del país, sólo 13 hasta ahora han ofrecido darle alojamiento a los chicos en busca de asilo, pero la cantidad de plazas son escasas..

Como las estadías han ido alargándose han tenido que colaborar con los centros de acogida entre otros Rädda Barnen, Cruz Roja, la iglesia sueca y otras organizaciones humanitarias. De esta forma se trata de darle una estructura a la vida de los chicos mientras esperan. Además todos los días reciben clases de sueco, a cargo de los profesores de una escuela vecina.

Los locales de Vårljus son espaciosos y recién renovados, y en cada habitación duermen 3 o 4 chicos o chicas. El comedor sirve también como salón de reuniones y para dictar las clases de sueco.

Todo parece tranquilo esa tarde de mi visita, pero es una tranquilidad engañosa. Detrás de cada sonrisa o gesto, hay una tensión difícil de ocultar. La espera de una respuesta que se espera sea positiva, la lejanía de la familia y la inseguridad que probablemente muchas de ellas viven, son probablemente un ácido en el alma de estos chicos, que les corroe la confianza y la esperanza.

Un elemento positivo en este nuevo mundo de las relaciones que se van creando, es la presencia de voluntarios (gode man) que los ayudan a orientarse en la sociedad, acompañándoles a realizar distintos trámites y diligencias fuera del centro de acogida. Muchos de estos voluntarios son personas que pasaron por experiencias similares y hablan el idioma de los chicos.

Sin embargo no todos han podido recibir esa ayuda ya que la creciente demanda de voluntarios ha sobrepasado la posibilidad de poder atender a todos los muchachos. Además, para algunos de ellos, la imposibilidad de ir a la escuela todos los días, encontrarse con otros chicos de su edad y con aspiraciones fuera de la rutina que ellos tienen en el centro, es un gran vacío, nos dice Ahmed, un chico somalí.

Tobías Kronqvist nos confirma que la mayoría de estos jóvenes tienen aspiraciones de poder estudiar, algunos para médicos, o para trabajar en distintos oficios. Una ilusión que puede ir apagándose a medida que pasan las semanas y los meses, advierte.

Actualmente hay 820 chicos en estas condiciones en Suecia, y el número crece cada día. La comuna de Solna ya da alojamiento transitorio a casi 100 de ellos. Esta es sólo una muestra de la posible crisis que se avecina si se cumplen los pronósticos de que este año pueden llegar hasta 40 000 solicitantes de asilo, la mayoría de ellos iraquíes. Si las comunas que tienen mejores posibilidades económicas no cooperan, tal es el caso de por ejemplo Täby y Svedala, por sólo nombrar dos, las consecuencias serán aún más dramáticas para esos miles de refugiados que ya están esperando un lugar de acogida.

Mientras el ministro de Migración aspira a que sean los propios asilados los que busquen su radicación en alguna de las comunas que puedan ofrecerles trabajo y vivienda, la realidad muestra que el hacinamiento en barrios como Rosengård en Malmö o Rinkeby en Estocolmo es cada vez más insostenible, ya que plantea problemas como la inseguridad, la alta delincuencia, el desempleo y la desesperanza en muchos de sus habitantes. En cada barrio hay fuerzas que luchan denodadamente contra esas tendencias, pero no pueden contrarrestar las tendencias negativas que se acumulan en su entorno si no hay políticas de apoyo de parte de las autoridades y más participación local de los residentes.

Una de las grandes paradojas de este país, reconociendo que le ha dado refugio a decenas de miles de personas de todo el mundo, es que mientras se está dispuesto a reunir millones de coronas en programas de Tv mastodónicos para ayudar a los niños que están bien lejos, sin embargo cierra cada vez más las puertas para los que están muy cerca. Una tendencia que hace pensar que la xenofobia y los prejuicios en vez de reducirse, por el contrario van en aumento.

Y si la clase política no da una respuesta rápida, veremos crecer con casi toda seguridad partidos ultraderechistas como Sverigedemokraterna, que ya ocupa en decenas de comunas posiciones claves para ejercer su influencia en temas relacionados directamente con inmigrantes y refugiados. El ejemplo de Landskrona debería ser la campana de aviso. La cuestión final es si verdaderamente se está dispuesto a cumplir con las convenciones y tratados internacionales que Suecia dice apoyar con tanto entusiasmo. O si por el contrario, es sólo un discurso de los labios para afuera. Mientras tanto los chicos siguen esperando a Godot detrás de un frío vidrio en un lugar llamado Vårberg.

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20 de junio dia del refugiado
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“Nuestros días de juventud fueron nuestros días de gloria”. Así escribió Byron, el poeta. Sin embargo, la tragedia para 20 millones de jóvenes en todo el mundo es que los días de su juventud lejos de ser días de gloria son, a menudo, días de tristeza sin esperanza alguna, crueldad indescriptible y explotación descorazonada.
Los jóvenes refugiados son parte de estos 20 millones de jóvenes, cuyo único crimen fue estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, y ahora son las víctimas de desplazamiento ocasionado por las guerras y los conflictos de otras personas. Enfrentan las mismas carencias que los refugiados, pero para ellos los retos se magnifican debido a que su corta edad los hace mucho más vulnerables.

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