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La sociedad
moderna nos ha dado el instrumento
para poder vigilar desde ya hace
décadas las áreas
públicas en las ciudades
y en comercios, instituciones
financieras, escuelas y en las
viviendas privadas. Alarmas de
todo tipo completan también
esas precauciones de una sociedad
que se encuentra cada vez más
amenazada, sea real o ficticio
ese sentimiento. Ahora se abre
un nuevo posible capítulo
en nuestras vidas, la vigilancia
del tráfico de conversaciones
telefónicas por cable con
el exterior, SMS, tráfico
de datos entre computadoras como
el correo-e, propuesto por el
Ministro de Defensa Mikael Odenberg
y aprobado finalmente por el Consejo
Legislativo (Lågrådet)
luego que sufriera algunas modificaciones
- y que probablemente será
aprobado por el parlamento sin
mayores modificaciones.
Marisa
sale de su casa, y la cámara
oculta en algún lugar de
la fachada zooma su rostro y la
sigue hasta el taxi que la espera.
Al subir al coche una cámara
ubicada en el techo del taxi la
fotografía y envía
la imagen a una computadora central.
Al bajarse frente el colegio,
otra cámara instalada en
el techo del edificio registra
su presencia y la sigue hasta
que entra en él. Allí
la esperan varias cámaras
más hasta que llega a la
clase, donde también la
dirección ha aprobado que
se instalen cámaras para
controlar la disciplina de los
alumnos y la labor del profesor.
Ficción o realidad? Pues
la mayor parte de esa secuencia
pertenece a la realidad –salvo
la última- de miles de
personas, adultos y niños
que se desplazan por sitios donde
sus movimientos son registrados
y guardados “por las dudas”. Un
almacenamiento donde el que vigila
generalmente no tiene quien lo
controle, por lo que información
delicada personal teóricamente
podría ser usada y/o manipulada
por otras personas con interés
directo de hacer daño al
fotografiado/filmado. Quien vigila
al vigilante? Es una cuestión
que muchos se plantean.
En cuanto a las escuchas telefónicas
por cable existen hoy las posibilidades
de hacerlo, pero debe haber aprobación
judicial para que la policía
pueda llevarlas a cabo, y la información
se destruye una vez que las mismas
no agregan nada a la investigación
de un delito. La propuesta actual
busca poder realizar escuchas
de señales de radio por
cable que atraviesan las fronteras
suecas.
En el mar de críticas y
protestas que se levantan contra
la propuesta del gobierno de multiplicar
el control sobre los ciudadanos
a través de escuchar las
conversaciones telefónicas
al exterior, puede por ejemplo
leerse el siguiente texto:
buscar información útil
a través de este sistema
es como buscar una aguja en un
pajar. La
propuesta lo único que
producirá será eso:
mucha paja.
El Gran Hermano recarga las baterías
de cámaras y micrófonos
para vigilar qué relaciones
hay entre los ciudadanos, qué
conversan entre ellos, qué
escriben en internet y con quien
se encuentran en el mundo cibernético.
El síndrome del 11 S ha
llegado por oleadas a Europa,
y a Suecia en particular. Claro
que España e Inglaterra
tienen sus propias fechas de tragedias,
pero existen razones objetivas
para extender aún más
el control que ya se ejerce sobre
los ciudadanos en este país?
Muchos piensan que no. Pero en
las escuelas las nuevas generaciones
comienzan a acostumbrarse a ser
vigilados, seguidos por los objetivos
de las cámaras estratégicamente
ubicadas. Cada paso es registrado
para prevenir que se cometa algún
tipo de delito como hurtos o agresiones
físicas, algo que viene
aumentando en algunos colegios
donde los profesores y la dirección
han perdido el control.
Estaciones de trenes, metro, autobuses,
bancos, supermercados llenan sus
rincones con cámaras que
siguen nuestros pasos y movimientos.
Por ahora las iglesias y el bosque
son tal vez los lugares públicos
libres de objetivos curiosos.
En el futuro tal vez veamos carteles
con una cámara cruzada
por una línea negra, para
decirnos que justo en ese lugar
no hay cámaras que vigilen.
Y por supuesto que en algunas
ocasiones es necesario este tipo
de control . Por ejemplo en sitios
donde las mujeres pueden ser agredidas
y violadas, parques o túneles
donde ocurren este tipo de delitos.
O los pasos niveles, donde gente
que ya no tiene razón para
vivir se tira delante de un tren
de alta velocidad. Pero que controlen
nuestras conversaciones con los
padres, hermanos, primos o la
tía vieja de Montevideo
puede ser un paso muy extremo
contra la integridad personal,
si tenemos la mala suerte que
una de las búsquedas realizadas
coincidan con alguna palabra o
concepto vertido en nuestras charlas
telefónicas.
Las autoridades señalan
sin embargo que la actividad estará
dirigida a neutralizar cualquier
amenaza a la seguridad del estado
y las garantías personales
están aseguradas y se respetarán
los derechos constitucionales
y la Convención Europea.
Como ejemplo de esa garantía
FRA (Centro de Radiocomunicaciones
de la Defensa Nacional - Försvarets
Radioanstalt) - una organización
civil que está bajo la
autoridad del gobierno y administrativamente
depende al ministerio de Defensa-
indica que el objetivo de esta
actividad de inteligencia será
decidida por el parlamento y la
orientación la dará
el gobierno. La autorización
deberá ocurrir anticipadamente
y habrá un órgano
especial que la decida. La recolección
de información se hará
automáticamente con ayuda
de búsquedas estimativas
que se controlarán a posteriori
por un organismo independiente.
Un consejo de protección
a la integridad tendrá
acceso continuo sobre esta actividad,
según FRA.
Sin
embargo esto no tranquiliza, por
razones diferentes, ni a la propia
policía de seguridad (SÄPO)
que hasta ahora cuenta con el
monopolio de la vigilancia sobre
los que conspiran contra la seguridad
del estado, ni a la presidenta
del Colegio de abogados Anne Ramberg,
quien sotiene que la propuesta
está rodeada de demasiadas
reservaciones, principalmente
las que tienen que ver con las
reglas de seguridad, y cuestiona
que el organismo de control estará
bajo el mando del gobierno, en
lugar del Parlamento.
Así lo entienden otros
muchos juristas, políticos
y polemistas que ven amenazada
la libertad del individuo. El
1984 de Orwell parece no estar
muy lejos afirman los más
pesimistas. Claro que también
está el conformista, que
piensa que “si somos buenos ciudadanos
y no abandonamos el lado claro
de la luna, ninguna autoridad
nos va a crear problemas”, lo
que despierta la crítica
de los que advierten sobre peligro
del conformismo que lleva a la
resignación y a la apatía.
Desfilarán nuestras vidas
registradas en discos duros digitales
ante los ojos y oídos de
los que “vigilan las vidas de
los otros”? Con toda certeza que
sí, y así habremos
perdido un espacio más
de nuestra integridad personal.
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