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Un
informe del neozelandés
Paul Hunt, relator la ONU para
el derecho a la Salud, desnuda
una de las carencias más
notorias de la sociedad sueca,
esto es el reconocimiento de que
los solicitantes de asilo y los
“sin papeles” - carecen del derecho
de recibir una atención
médica subvencionada en
iguales condiciones que el resto
de la población.
Un informe
del neozelandés Paul Hunt,
relator la ONU para el derecho
a la Salud, desnuda una de las
carencias más notorias
de la sociedad sueca, esto es
el reconocimiento de que los solicitantes
de asilo y los “sin papeles” -
personas que por distintas razones
hoy se encuentran viviendo ilegalmente
en el país- carecen del
derecho de recibir una atención
médica subvencionada en
iguales condiciones que el resto
de la población. La
Cruz Roja sueca, en un comunicado
de prensa exige que el gobierno
modifique la ley inmediatamente
para cumplir con las convenciones
internacionales que ha firmado.
El informe de Paul Hunt no es
en realidad inesperado. Durante
años las organizaciones
humanitarias vienen denunciando
una clara violación de
ese derecho, y algunas de ellas
han montado redes de médicos
que gratuitamente atienden a estos
pacientes. Médicos sin
Fronteras, FARR, Cruz Roja y otras
organizaciones han logrado paliar
esa grave carencia con este tipo
de medidas solidarias, pero de
alto riesgo para el paciente.
No siempre los médicos
pueden dar ese servicio de atención
en las condiciones ideales.
La Cruz Roja desde hace un año
ha creado una red de servicio
“clandestino” que es la continuación
del que ofrecía hasta hace
un año Médicos sin
Fronteras. El presidente de la
Cruz Roja, Bengt Westerberg es
crítico a la actual legislación
que según él, viola
los acuerdos internacionales firmados
por Suecia. Westerberg señala
que no es un problema por falta
de recursos que se aplica esta
política de salud, sino
que “tiene como finalidad desanimar
a los sin papeles y solicitantes
de asilo en su persistencia de
quedarse en Suecia. Se los quiere
obligar a que abandonen el país”,
nos dijo en una entrevista el
presidente de la Cruz Roja. Las
autoridades suecas deberían
tomar otras medidas para convencerlos
de que se marchen, y no negándoles
un derecho elemental, agrega Bengt
Westerberg. El presidente de la
Cruz Roja señala así
mismo que tanto los gobiernos
pasados social demócratas
como el actual, y el parlamento,
son responsables de lo que ocurre.
La enfermera Charlotta Arwidsson,
encargada del servicio de recepción
de la Cruz Roja en Estocolmo,
nos relata que ya se han montado
en la capital y en otras ciudades,
el mismo tipo de servicio para
los solicitantes de asilo y los
sin papeles. Arwidson resalta
el esfuerzo solidario que hace
el personal de la salud pública
para dar atención a estos
pacientes en forma gratuita. La
capacidad de atención varía
según la capacidad de cada
red, señalando que en la
región de Estocolmo la
misma es de unos 30 pacientes
por semana, con variaciones importantes.
En caso de necesidad de operación,
“rogamos a los cirujanos que escuchen
a su conciencia y les pedimos
de todo corazón que nos
ayuden. A veces fracasamos, porque
los costos son muy altos, pero
tarde o temprano surge un alma
caritativa y soluciona el problema”,
nos cuenta la enfermera.
También la atención
psiquiátrica está
restringida o no existe para este
grupo de personas. Luis Ramos
Ruggiero, psicólogo y director
del instituto Kris –och Traumacentrum,
adjunto al hospital de Danderyd,
nos confirma que según
las actuales reglas, no pueden
impartir esa atención a
solicitantes de asilo que carecen
del permiso de residencia y que
se encuentran en una difícil
situación luego de haber
sobrevivido y escapado de situaciones
límites que han dejado
profundas huellas. “Hacemos a
veces alguna excepción,
pero no tenemos el personal suficiente,
ya que el contrato que este centro
tiene con el Landsting (Gobierno
Provincial) es de 600 pacientes
por año, 300 de los cuales
son refugiados que han obtenido
permiso de residencia”, nos cuenta
Ramos Ruggiero.
El informe del relator de la
ONU pide al gobierno sueco que
es necesario revisar su política
ya que viola los DDHH, y le ofrezca
las mismas garantías a
los solicitantes de asilo y a
los sin papeles.
El ministro de Asuntos Sociales
Göran Hägglund – que
se encontraba de viaje oficial
por Asia- reconoció que
este problema debe solucionarse,
y prometió estudiar la
actual legislación y tomar
medidas, en una entrevista hecha
por la agencia sueca de noticias
TT. Bengt Westerberg nos recordó
que el pasado gobierno tenía
preparado un proyecto de ley que
limitaba aún más
las posibilidades de atención
médica para estos dos grupos,
pero la resistencia y dudas creadas
dentro de las filas del propio
gobierno socialdemócrata,
obligó a la entonces ministra
de Migración Barbro Holmberg
a guardar en un cajón de
su escritorio el proyecto.
A pesar de las dificultades y
las limitaciones del servicio
de salud en Suecia, las personas
afectadas por esa limitación
luchan por sobrevivir y superar
sus problemas.
- Es una paradoja, pero hay que
pensar que a pesar de que ellas
tienen una experiencia tan dolorosa
han logrado llegar hasta aquí
luego de haber sobrevivido situaciones
límites. No se rinden,
luchan a su manera, se ocultan,
buscan ayuda allí donde
saben que pueden encontrarla,.Y
si pudieron llegar hasta Suecia,
y vivir bajo esas limitadas condiciones,
demuestran la increíble
energía que les ayuda a
superarlas. Es fantástico
- nos dijo el psicólogo
Luis Ramos Ruggiero.
Paul Hunt señala en su
informe que actualmente habría
unos 15 000 sin papeles en Suecia.
A pesar que pueden visitar los
centros de salud pública,
por carecer del llamado Número
Personal que se obtiene una vez
concedido el permiso de residencia,
deben pagar el coste completo
de la visita que cuesta unas 1400
coronas (unos 150€). Un parto
cuesta entre 15 000 y 20 000 coronas.
“Un derecho humano básico,
el derecho a la salud, debe ser
un privilegio de todos los habitantes,
sin discriminación” señala
el relator sobre derecho a la
salud de la ONU.
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