Existe
un capítulo oscuro en la historia
de los países escandinavos que
pocos conocen, y algunos prefieren ignorar.
Esto es el comercio de esclavos, que enriqueció
a importantes hombres de negocios y a
los reyes que lo alentaron. Suecia no
fue una excepción, e irónicamente,
el padre del milagro industrial sueco,
Louis de Geer, fue la persona que inició
el negocio que se extendió entre
los siglos XVII y XVIII.
Hace 200 años Gran Bretaña
prohibía el comercio de esclavos
a sus súbditos. Sin embargo ese
ejemplo no sería seguido por
otros países, sino que la ausencia
de los buques de bandera británica
incentivó el comercio de esclavos
a manos de otros países, entre
ellos los escandinavos. Dinamarca y
Suecia aumentaron su comercio que recién
cesó cuatro décadas después
de la decisión tomada por la
corona británica. Si bien la
dimensión de ese comercio con
seres humanos no tuvo el volumen que
la realizada por los gigantes de ese
tráfico, es decir Gran Bretaña,
Portugal, Francia y Holanda, el fenómeno
no puede ignorarse ni tratar de ocultarlo.
Los documentos y testimonios de la
época están en los archivos
de las viejas compañías
navieras y públicos, y sólo
faltaban los historiadores que se atrevieran
a estudiarlos. Uno de ellos es Dick
Harrison, de la Universidad de Lund,
quien ha publicado su primer volumen
de una trilogía sobre la esclavitud.
El primero se extiende desde la Antigüedad
al Renacimiento, y prepara el segundo
que será publicado en julio próximo,
y que cubrirá el período
desde el Renacimiento hasta la Revolución
Industrial.
Es en este período en que el
tráfico de esclavos se convierte
en un ingreso importante para los mercaderes
y las compañías marítimas
transatlánticas que comerciaban
además con oro, marfil, armas,
tabaco y azúcar entre otros productos.
De esa forma se cerraba un triángulo
que comenzaba en los puertos europeos,
donde se cargaban las bodegas con armas
de fuego, textiles y otras mercancías
que se vendían en los enclaves
europeos en África Occidental
(Nigeria, Costa de Marfil, Guinea, Angola,
Congo) para después llenar las
bodegas con oro, marfil y esclavos,
para continuar hacia las Américas,
ya sea Brasil, las islas del Caribe
y la costa sur de EEUU. Allí
se descargaban las bodegas y se vendían
los esclavos a los propietarios de fincas
y plantaciones de azúcar y tabaco,
y nuevamente se llenaban con esos productos
y los comprados en África, para
descargarlos en los puertos europeos.
La Academia Sueca lo condecoró
con una medalla, y en la historia oficial
se lo describe al holandés Louis
de Geer como un hombre de bien, a quien
la corona sueca debió agradecerle
por el financiamiento de la campaña
naval de 1644, que liberó al
puerto de Gotemburgo del bloqueo danés,
y contribuir a continuación con
la victoria naval sobre Dinamarca en
el Báltico. Pero en realidad
Louis de Geer se había convertido
ya mucho antes en un héroe nacional,
porque sus inversiones en la industria
del cobre y del hierro, así como
la producción de armas, fusiles
y cañones, le dieron la dirección
de los negocios de la corona y que le
otorgó además título
nobiliario. Con el capital obtenido
con la producción de sus fábricas
y comercio, Louis de Geer se lanzó
de lleno a su próximo proyecto,
la creación de Svenska Afrikakompaniet.
Con dos buques de carga, el Christina
y Stockholms Slott, inició su
negocio con las estaciones comerciales
enclavadas en la costa de Oro de África
y las colonias europeas en América.
Un comercio sobre el cual la sociedad
sueca de la época no tuvo problemas
ni morales ni éticos para aceptarla
y sacar ganacias de ello. Incluso la
iglesia consideraba la esclavitud como
parte natural del orden mundial de esa
época, nos comenta el profesor
Dick Harrison.
La compañía sueca compró
y vendió todos los africanos
que pudo, según escribe Dick
Harrison en su próximo libro,
del cual pudimos leer por adelantado
el capítulo referente al tráfico
de esclavos realizados por los países
nórdicos por gentileza del autor.
Esta microvariante de lo que fue el
comercio escandinavo de esclavos, estuvo
rodeada de un escenario donde se integraban
las compañías comerciales,
las estaciones fortificadas en la costa
africana, el contrabando, los acuerdos
con los caudillos locales y la permanente
competencia con otros actores europeos.
El comercio de esclavos estaba en su
pleno apogeo cuando los europeos se
establecieron en la costa occidental
africana. Ya los árabes habían
iniciado un fuerte comercio, y las tribus
que guerreaban entre ellas tenían
como fin no apoderarse de las tierras,
sino de los hombres, mujeres y niños
más fuertes, para venderlos.
Un ejemplo del redituable triángulo
comercial que Svenska Afrikakompaniet
realizó es el arribo al puerto
de Estocolmo del buque Stockholm Stad
en 1650, el cual descargó en
el muelle 166 colmillos de elefante,
varios quilos de oro y algunas toneladas
de azúcar. En Barbados habían
quedado todavía varias toneladas
más de azúcar y otros
cuantos quilos de oro, que el capitán
no se había atrevido a cargar
por temor a los piratas que podía
encontrarse por el camino. Después
de este éxito comercial, la corona
sueca apoyó abiertamente este
proyecto, junto a otros hombres de negocios
que contribuyeron a acrecentar el capital
de la compañía, pero cuyo
principal inversor seguía siendo
de Geer con casi el 85 por ciento de
las participaciones, según las
investigaciones del profesor Dick Harrison.
La ausencia de colonias y plantaciones
en el Caribe y América por parte
la corona sueca, eran un obstáculo
bastante serio para iniciar el comercio
de esclavos. La razón era que
cada país controlaba severamente
ese comercio con sus propias colonias.
Pero en aquél mundo de tráfico
de seres humanos se abrió una
puerta en el Caribe para los buques
suecos, el puerto de São Tomé,
la isla de producción azucarera
portuguesa. Según Dick Harrison
Portugal estaba muy debilitado como
potencia comercial y militar a mediados
del 1600, por lo que no podía
impedir a otras naciones que comerciaran
con esa isla, que demandaba fuerza de
trabajo esclava para sus plantaciones
de caña de azúcar. Los
buques suecos pagaban el precio del
azúcar que traían a Europa
con esclavos y oro. Más tarde
la corona sueca intentaría llegar
a un acuerdo con España para
vender esclavos a sus colonias americanas,
pero la corona española rechazó
la oferta. En cambio en Holanda, un
grupo de comerciantes, entre ellos Laurens
de Geer, hijo de Louis, sí aceptaron
cerrar el trato. En el registro se documenta
que se transportaron unos 600 esclavos
a Curacão.
Sin embargo ese comercio era manejado
por tiburones de mayor tamaño,
y el naciente y exitoso negocio sueco
fue abortado por la corona danesa, rival
enconado en aquélla época
del reino de Suecia. Las estaciones
comerciales suecas en Guinea cayeron
como piezas de dominó, entre
ellas la más importante, Carolusburg,
luego que holandeses y daneses se unieran
para desterrar el comercio sueco de
esclavos y otras mercancías en
esa región durante más
de un siglo.
El tráfico danés de esclavos
con algunos altibajos según las
rivalidades con los ingleses y tribus
africanas, se calcula en unos 85 000
esclavos vendidos en América
y 15 000 directamente a buques de otras
naciones europeas. Según los
cálculos hechos por los historiadores,
ese comercio significó apenas
un 1 por ciento del total en un período
de casi un siglo y medio (1670-1807).
En 1784 el rey sueco Gustav III compró
la isla Saint-Barthélemy a los
franceses. Esta fue la única
colonia que la corona sueca pudo mantener
por varias décadas. Un segundo
período comercial importante
comenzaría entonces para Suecia,
donde la venta de esclavos se convertiría
nuevamente en un negocio muy rentable.
Según Dick Harrison, cuando la
corona sueca inició su actividad
allí, había unos 800 habitantes.
Cuatro décadas más tarde
la población se había
multiplicado por seis, convirtiéndose
la isla en un centro de tráfico
de esclavos. Saint Barthélemy
era una estación intermedia para
los esclavos que iban con destino a
otras regiones. Era un negocio floreciente
ya que varias naciones europeas se encontraban
en guerra. El fantasma de Napoleón
recorría Europa, obligando a
Gran Bretaña y a otros países
a concentrar sus esfuerzos en ese frente.
Además es en este período
que el tráfico de esclavos se
prohibe por los británicos, por
lo que aumenta la ganancia del negocio
para los que continuaban transportando
africanos hacia América. El contrabando
de fuerza de trabajo esclava sube de
precio al escasear el número
de esclavos por la prohibición
británica y de otros países.
Cuántos esclavos pasaron por
la isla sueca caribeña todavía
nadie ha podido saberlo con certeza.
Pocos o muchos miles dividen los cálculos
de los historiadores. Pero la certeza
de que había una demanda importante,
hace pensar que si bien las cifras no
llegarían a las alcanzadas por
los daneses, el comercio de esclavos
puede haber llegado a varias decenas
de miles de africanos transportados
en las bodegas de los buques suecos.
En 1845 el parlamento sueco decidió
prohibir la esclavitud en Saint Barthélemy,
y por ende el tráfico de esclavos,
aunque el desmantelamiento del régimen
esclavista llevó hasta 1848 cuando
se liberaron los últimos esclavos.
Una interrogante que aún queda
en el aire es porqué los países
escandinavos no importaron esclavos,
ya que disponían de ellos en
buena cantidad. Una explicación
es el modo de producción de una
sociedad mucho más compleja que
la predominante en la región
occidental de África, y en las
plantaciones americanas. Además
los países nórdicos contaban
con una clase campesina y trabajadora
muy numerosa y barata, adaptada desde
hacía siglos a la sumisión
y obediencia. Si bien la idea de traficar
con esclavos era aceptada, el hecho
que trabajaran en el servicio doméstico
sueco, sin mayores posibilidades de
comunicarse y adaptarse a un modo tan
distinto de vida, probablemente desanimó
a los que alguna vez se tentaron con
la idea.
Otra es el clima. Según un episodio
recogido por el periodista y escritor
Göran Skytte, en su obra Det kungliga
svenska slaveriet (1986), Fredrik Adolf
Lönner, un pastor protestante que
se casó con una dama muy rica
en Saint Barthélemy, decidió
traer a Suecia dos niños africanos,
un chico de 10 y una chica de 14 años
que arribaron junto a la pareja a Hälsingland,
donde seguramente despertaron la curiosidad
de toda la sociedad local. Pero muy
pronto el clima frío les socavó
a los chicos la salud, por lo que Lönner
se vió obligado a enviarlos de
nuevo al Caribe, pero demasiado tarde
porque al poco tiempo ambos murieron.
En 1878 se vendió la isla Saint
Berthélemy a Francia, cerrando
así un oscuro capítulo
en la historia sueca que pocos dicen
conocer, o sobre la que apenas se escribe.
El profesor Dick Harrison decidió
romper ese silencio, y en el segundo
libro dedicado a la historia de la esclavitud,
describe y comenta algunos de los pasajes
de un período que impactó
al continente africano, ya que el resultado
final de ese trafficking a vela europeo,
alcanzó nada menos que el escalofriante
traslado forzado de unos 13 millones
de africanos hacia el continente americano.