Una tarde
brillante de sol del mes de abril bajé
del tren de cercanías en Landskrona,
con la intención de conocer de
cerca una ciudad que a menudo aparecía
en los titulares de los medios con hechos
dramáticos, que hacían pensar
en un lugar donde la xenofobia, la delincuencia
y la intolerancia se habían desbordado
y nadie era capaz de controlar la situación.
Qué había ocurrido allí
para que los ánimos estuvieran
tan caldeados y se reflejara tan claramente
en la vida política, dándole
al partido xenofóbo Sverigedemokraterna,
una cuarta parte de los puestos en la
Alcaldía? La socialdemocracia que
había gobernado desde la década
de los ´20 del siglo pasado, con
un sólo paréntesis a principio
de los ´90, había perdido
una vez más el poder en la comuna
en septiembre pasado, y la Alianza de
centro-derecha lograba formar un gobierno
de minoría. Hacia dónde
iba Landskrona, una ciudad que perdió
su alma cuando el astillero Öresund
cerró sus puertas en los ´80
dejando a más de 4000 obreros sin
trabajo, y borró de golpe la identidad
de la ciudad?
 |
| Niklas
Karlsson, concejal por el partido
Social democratat |
- Es cierto, todavía la estamos
buscando- reconoce Niklas Karlsson, concejal
por el partido socialdemócrata
y líder de la oposición.
La comuna de Landskrona tiene unos 40
000 habitantes y está ubicada estratégicamente
en el centro del corredor Malmö-Helsingborg
con la capital danesa Copenague al otro
lado del estrecho de Öresund. Una
región privilegiada y de alto crecimiento
económico desde que el puente sobre
el estrecho unió el continente
europeo con Escandinavia. Pero ese lugar
de privilegio se contradecía con
lo que ocurría en la ciudad: alta
tasa de desempleo y delincuencia, una
creciente xenofobia y confrontación
entre grupos étnicos, conflictos
repetidos y cada vez más graves
en la escuela primaria Gustaf Adolf ,
donde las autoridades se vieron obligadas
a cerrarla para poner orden y realizar
las clases con normalidad. Y un centro
comercial, el pulso viviente de cada ciudad,
desgastado y triste con locales vacíos
de clientes.
El puerto donde antes atracaban
los aliscafos que hacían el recorrido
a Copenague, están ahora ocupados
por un par de embarcaciones que unen
la ciudad con la isla de Ven, donde
se encuentra el museo
de Tycho Brahe. Esta mañana
no hay actividad por lo que un pescador
solitario y las gaviotas son los únicos
que se destacan en los muelles donde
la nueva urbanización comienza
a ocupar los espacios vacíos.
A las ocho me había citado Sergio
Garay, el director de la Comuna, el
cargo administrativo más alto
en la jerarquía. Desde hace dos
años ocupa el puesto luego de
haber pasado por misiones para la Cruz
Roja en Afganistán y Kosovo.
De origen chileno, Sergio Garay es un
hombre jovial y lleno de ideas y proyectos.
Su misión como director comunal
es implementar lo que los políticos
deciden. Y Garay no oculta que su ambición
es cambiarle la cara a la ciudad, y
sacarla del pozo donde estaba hundida.
 |
| Sergio
Garay director de la comuna |
Con entusiasmo me describe las estadísticas
del último año donde las
cifras de la economía, es decir
crecimiento económico, empleo,
creación de empresas, construcción
de viviendas, inversión, comercio
y nuevos centros de enseñanza técnica
apuntan hacia arriba. Mientras que los
delitos y las tensiones sociales apuntan
hacia abajo.
- La imagen negativa de Landskrona todavía
predomina en la cabeza de muchos de sus
habitantes, pero la realidad es que la
ciudad está cambiando aceleradamente.
Ahora cuando Malmö y Lund baten récords
en el precio de los terrenos y locales
comerciales, las empresas ponen sus ojos
en Landskrona. Hasta un ruso a través
de una firma que administra centros comerciales,
ha invertido y se compró la mitad
del centro comercial. Ahora vamos a tener
a Hennes&Mauritz y otras conocidas
marcas en pleno centro, cuenta con entusiasmo
Garay. Y agrega que se están construyendo
nuevas viviendas y renovando las manzanas
del centro, donde habitan muchos inmigrantes.
Un paseo por el centro de la ciudad
muestra inmediatamente una de las causas
de porqué la xenofobia se ha
expandido por este lugar como un reguero
de pólvora. El sector oriental
del centro está habitado mayoritariamente
por bosnios y albano-kosovares que llegaron
como refugiados después de la
guerra de los Balcanes a comienzos de
la década pasada. La ciudad estaba
en plena crisis y con viviendas de alquiler
vacías. La gente huía
de una ciudad fantasma, y la comuna
junto con los propietarios de las viviendas
decidieron acoger a unos 3000 refugiados
entre bosnios y albano-kosovares, que
se instalaron en los apartamentos vacíos.
El estado financiaba los costos para
los nuevos habitantes, y la comuna podía
tapar algunos agujeros en la maltrecha
economía. Pero la falta de oportunidades
de trabajo, la marginación lenta
pero segura, y el bajo poder adquisitivo
de los nuevos habitantes fueron alimentando
los prejuicios y el rechazo de los suecos
que de un día para el otro vieron
cómo el centro de la ciudad se
llenaba de “gente extraña”.
La nueva generación de inmigrantes
creció bajo esa realidad de marginación
con padres sin trabajo, marcados por
las guerra y la frustración que
la nueva realidad les obligaba a aceptar.
Un nuevo idioma y costumbres muy diferentes,
fueron creando una atmósfera
negativa entre ellos, y la alegría
del principio por haber salvado la vida
se fue transformando en una amarga experiencia.
En algunos jóvenes se expresaba
esa frustración y agresividad
contenida, en la creación de
patotas que asolaban los fines de semana
y por las noches el centro de la ciudad.
Los robos y la violencia desbordaban
a una policía local que no tenía
ni los elementos ni la capacidad para
poner fin a esos delitos, ya que las
causas de ese desafío al orden
establecido estaban más allá
de su poder. La ciudad llegó
a tener más de 7000 denuncias
por robos a principios de esta década,
y los hechos violentos también
superaban la media del país.
La plaza del Ayuntamiento reúne
todos los miércoles a los feriantes
que llegan con sus ropas y objetos usados,
artesanías y productos del campo,
por lo que me pareció oportuno
visitarla y charlar con la gente que
concurría a la plaza. Por un
lado sondearía que tan abiertos
eran estos habitantes de esta localidad
de Skåne, y cómo reaccionaban
ante un forastero que hacía preguntas
sobre el estado de la ciudad. Y no demoré
mucho en entrar en contacto con un par
de señoras que conversaban a
viva voz en el centro de la plaza. Al
principio me miraron con recelo, pero
cuando les expliqué la misión
que me llevaba a la ciudad comenzaron
a hablar en coro sobre el tema que les
preocupaba: la inseguridad.
Esta corta pero intensa charla con
Maja e Inger resumieron en forma precisa
cómo muchos suecos viven la situación
de la ciudad. Como en una película
desfilaron ante mis ojos las imágenes
descritas por ambas damas que relataban
cómo Landskrona había
caído a pique después
del cierre del astillero, y la delincuencia
se había adueñado del
centro cuando llegaron los inmigrantes.
| No se puede salir
de noche, porque te asaltan. Nada
se puede dejar en los patios porque
te lo roban. Las pandillas de jóvenes
inmigrantes se pasean por el centro
descaradamente. Sin ir más
lejos el otro día fuí
al hospital a visitar una amiga
y me crucé con una de estas
pandillas, cuenta Maja. Era horrible,
cómo gritaban y brincaban.
Espantoso! |
Inger asentía y agregaba que ella
se había horrorizado también
cuando fue a la piscina cerrada de la
ciudad y se encontró con mujeres
musulmanas que se bañaban con ropa
que les cubría todo el cuerpo.
- No hay derecho!
Decía con énfasis
mientras recordaba cómo le
habían robado la bicicleta
de su nieto en la cocina de su propia
casa.
- Ustedes me cuentan que se sienten
inseguras ante la presencia de extranjeros,
es decir gente como yo que no tengo
los rasgos de un sueco típico,
les dije para provocarlas.
- Ah! No, no! – protestaron. No
es lo mismo, no podemos poner a
todos en el mismo bando, respondieron
al unísono.
- Esta fue la razón principal
por la que perdimos las elecciones,
reconoce Niklas Karlsson (s) cuando
le pregunté sobre las causas
de la derrota de la socialdemocracia.
- No supimos valorar ni comprender
la dimensión de ese sentimiento,
mientras que los xenófobos
y racistas la aprovecharon al máximo,
reconoce. |
La prensa local, representada
por Landskronaposten ha reflejado
con cientos de artículos y cartas
de los lectores la atmósfera
que vive la ciudad. Fatmir Azemi, un
albano-kosovar que vive en la ciudad
desde hace quince años, me cuenta
que la forma en cómo el periódicos
ha cubierto la información ha
contribuído a polarizar los sentimientos
negativos entre los grupos étnicos.
- Las cosas
que escriben sobre nosotros a veces
son tan exageradas que no podemos
creer que alguien sea tan ignorante,
expresa con amargura. Fatmir es
empleado de banco y es un ejemplo
típico del inmigrante que
ha logrado romper la barrera de
los prejuicios y crearse un lugar
en la sociedad. Respetado por todos,
atiende con natural simpatía
a los clientes hasta que hace una
pausa para charlar conmigo.
- La gran mayoría de nuestros
hijos quiere lograr lo mismo que
los hijos de los suecos. Así
como los padres. Estudiar, tener
un trabajo y realizarse en aquéllo
que les gusta hacer. Pero debemos
luchar contra muchos molinos de
viento. Pero lo vamos a lograr,
estoy seguro, afirma mientras compartimos
una taza de café frente al
teatro de la ciudad. |
Esa noche demostrarían las asociaciones
de residentes de bosnios y albano-kosovares
que trabajan para mantener su identidad
y desarrollar las actividades con niños
y jóvenes con la finalidad de aportar
culturalmente al medio y darle a los jóvenes
un espacio para expresar su creatividad
y talento. En la Folkets Hus reunieron
más de 100 chicos de todas las
edades, y ensayaron varios números
de danzas típicas propias y modernas
con un entusiasmo que me hizp recordar
las que hacíamos los latinoamericanos
cuando llegamos en la década de
los ´70.
La pregunta que quedaba en
el aire era para mí
que pasaba con Sverigedemokraterna una
vez que habían logrado el éxito
electoral más importante de Suecia.
Qué ocurría en las sesiones
dela Ayuntamiento al convertirse en
el partido visagra, el fiel de la balanza
con sus 12 ediles en la asamblea.
- Businnes as
usual, resume otro habitante de
la ciudad. En realidad el gobierno
de la Alianza decidió no
hacer acuerdos de ningún
tipo con este partido y presentar
sus propuestas en el seno de la
asamblea. Y como en el orden de
los temas económicos y sociales
hay muchas coincidencias, las propuestas
reciben los votos suficientes para
ser aprobadas sin necesidad de negociar
con los xenófobos.
|
La socialdemocracia a falta prácticamente
de los aliados más lógicos,
el partido de izquierda (v) y los Verdes
(mp), ya que el primero tiene sólo
dos ediles y el segundo sólo uno,
le propuso no obstante a la Alianza discutir
la posibilidad de cerrar a acuerdos para
evitar que Sverigedemokraterna usara sus
doce votos para lograr sus objetivos,
pero la propuesta fue rechazada.
-
No tenemos ningún punto de
contacto con Sverigedemokraterna.
Nosotros seguimos nuestros principios
y no queremos saber nada con ese
partido de xenófobos – nos
dice Marko Huttunen, edil por el
partido moderado (m). Ni tampoco
con la socialdemocracia. Hasta ahora
todo ha marchado bien, nuestra política
es devolver la seguridad a la población
de Landskrona y fomentar el crecimiento
económico y el empleo, expresa
el joven edil que destaca además
que para lograr el primer objetivo
se van a instalar cámaras
en el centro de la ciudad y en las
escuelas donde hay problemas de
disciplina.
- Van a transformar a Landskrona
en una Londres en miniatura?
- Hace tempo que no visito Londres,
me respondió. Pero la ciudad
necesita ese control y vamos a instalar
una nueva iluminación en
el centro. Necesitamos más
policías que vigilen las
calles, pero esto tal vez no podamos
lograrlo inmediatamente. |
La comuna de Landskrona ha dispuesto
además la creación de
un grupo de vigilantes de diverso origen
étnico para que patrullen la
ciudad durante el día y parte
de la noche. Blåjackorna, las
chaquetas azules, se desplazan por el
centro y conversan con los jóvenes
y adultos, interpelan a los que rompen
con la tranquilidad de la ciudad, calman
a los exaltados y tratan de mediar si
hay algún conflicto que puede
desembocar en violencia.
| -
Aquí nos conocen todos, y
los nueve que trabajamos en esta
misión, tenemos muy buen
contacto con la gente, cuenta Mahid,
un libanés que se siente
orgulloso de su misión. –
Los muchachos aquí son un
poco bulliciosos, y es natural que
los suecos reaccionen porque no
están acostumbrados. Por
eso tratamos de decirle a los chicos
que aprendan a comportarse y a los
mayore les explicamos que no hay
nada malo a pesar que hacen tanto
ruido, dice Mahid con una sonrisa.
-
Regresa en un par de años
y no reconocerás ni la
ciudad ni la gente de Landskrona,
me invita Sergio Garay al final
de nuestra conversación.
|
Tal vez tenga razón, pero muchas
cosas deben coincidir para romper con
las murallas que se han levantado entre
los distintos sectores de la sociedad
de Landskrona. Si la xenofobia y el
éxito de Sverigedemokraterna
es un hecho pasajero, y las oportunidades
de trabajo y estudio integran a los
marginados, la ciudad cuenta con un
futuro de bienestar indudable. Pero
si las políticas implementadas
sólo tienen un efecto marginal,
y ese es el temor de muchos, la ciudad
puede vivir una polarización
aun más intensa en lo étnico
y social, con consecuencias aún
más graves que las vividas. Y
entonces Landskrona seguirá deambulando
por los llanos de Skåne buscando
la identidad perdida y una nueva generación
frustrada.