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Suecia
LA CIUDAD QUE PERDIÓ SU ALMA
Alberico Lecchini
Estocolmo, 2007-05-06
albelecchi@gmail.com
Tal vez tenga razón, pero muchas cosas deben coincidir para romper con las murallas que se han levantado entre los distintos sectores de la sociedad de Landskrona. Si la xenofobia y el éxito de Sverigedemokraterna es un hecho pasajero, y las oportunidades de trabajo y estudio integran a los marginados, la ciudad cuenta con un futuro de bienestar indudable.
 
Foto:Arbetarrörelsens Arkiv i Landskrona
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Una tarde brillante de sol del mes de abril bajé del tren de cercanías en Landskrona, con la intención de conocer de cerca una ciudad que a menudo aparecía en los titulares de los medios con hechos dramáticos, que hacían pensar en un lugar donde la xenofobia, la delincuencia y la intolerancia se habían desbordado y nadie era capaz de controlar la situación. Qué había ocurrido allí para que los ánimos estuvieran tan caldeados y se reflejara tan claramente en la vida política, dándole al partido xenofóbo Sverigedemokraterna, una cuarta parte de los puestos en la Alcaldía? La socialdemocracia que había gobernado desde la década de los ´20 del siglo pasado, con un sólo paréntesis a principio de los ´90, había perdido una vez más el poder en la comuna en septiembre pasado, y la Alianza de centro-derecha lograba formar un gobierno de minoría. Hacia dónde iba Landskrona, una ciudad que perdió su alma cuando el astillero Öresund cerró sus puertas en los ´80 dejando a más de 4000 obreros sin trabajo, y borró de golpe la identidad de la ciudad?

Niklas Karlsson, concejal por el partido Social democratat
- Es cierto, todavía la estamos buscando- reconoce Niklas Karlsson, concejal por el partido socialdemócrata y líder de la oposición.
La comuna de Landskrona tiene unos 40 000 habitantes y está ubicada estratégicamente en el centro del corredor Malmö-Helsingborg con la capital danesa Copenague al otro lado del estrecho de Öresund. Una región privilegiada y de alto crecimiento económico desde que el puente sobre el estrecho unió el continente europeo con Escandinavia. Pero ese lugar de privilegio se contradecía con lo que ocurría en la ciudad: alta tasa de desempleo y delincuencia, una creciente xenofobia y confrontación entre grupos étnicos, conflictos repetidos y cada vez más graves en la escuela primaria Gustaf Adolf , donde las autoridades se vieron obligadas a cerrarla para poner orden y realizar las clases con normalidad. Y un centro comercial, el pulso viviente de cada ciudad, desgastado y triste con locales vacíos de clientes.

El puerto donde antes atracaban los aliscafos que hacían el recorrido a Copenague, están ahora ocupados por un par de embarcaciones que unen la ciudad con la isla de Ven, donde se encuentra el museo de Tycho Brahe. Esta mañana no hay actividad por lo que un pescador solitario y las gaviotas son los únicos que se destacan en los muelles donde la nueva urbanización comienza a ocupar los espacios vacíos. A las ocho me había citado Sergio Garay, el director de la Comuna, el cargo administrativo más alto en la jerarquía. Desde hace dos años ocupa el puesto luego de haber pasado por misiones para la Cruz Roja en Afganistán y Kosovo. De origen chileno, Sergio Garay es un hombre jovial y lleno de ideas y proyectos. Su misión como director comunal es implementar lo que los políticos deciden. Y Garay no oculta que su ambición es cambiarle la cara a la ciudad, y sacarla del pozo donde estaba hundida.

Sergio Garay director de la comuna
Con entusiasmo me describe las estadísticas del último año donde las cifras de la economía, es decir crecimiento económico, empleo, creación de empresas, construcción de viviendas, inversión, comercio y nuevos centros de enseñanza técnica apuntan hacia arriba. Mientras que los delitos y las tensiones sociales apuntan hacia abajo.
- La imagen negativa de Landskrona todavía predomina en la cabeza de muchos de sus habitantes, pero la realidad es que la ciudad está cambiando aceleradamente. Ahora cuando Malmö y Lund baten récords en el precio de los terrenos y locales comerciales, las empresas ponen sus ojos en Landskrona. Hasta un ruso a través de una firma que administra centros comerciales, ha invertido y se compró la mitad del centro comercial. Ahora vamos a tener a Hennes&Mauritz y otras conocidas marcas en pleno centro, cuenta con entusiasmo Garay. Y agrega que se están construyendo nuevas viviendas y renovando las manzanas del centro, donde habitan muchos inmigrantes.

Un paseo por el centro de la ciudad muestra inmediatamente una de las causas de porqué la xenofobia se ha expandido por este lugar como un reguero de pólvora. El sector oriental del centro está habitado mayoritariamente por bosnios y albano-kosovares que llegaron como refugiados después de la guerra de los Balcanes a comienzos de la década pasada. La ciudad estaba en plena crisis y con viviendas de alquiler vacías. La gente huía de una ciudad fantasma, y la comuna junto con los propietarios de las viviendas decidieron acoger a unos 3000 refugiados entre bosnios y albano-kosovares, que se instalaron en los apartamentos vacíos. El estado financiaba los costos para los nuevos habitantes, y la comuna podía tapar algunos agujeros en la maltrecha economía. Pero la falta de oportunidades de trabajo, la marginación lenta pero segura, y el bajo poder adquisitivo de los nuevos habitantes fueron alimentando los prejuicios y el rechazo de los suecos que de un día para el otro vieron cómo el centro de la ciudad se llenaba de “gente extraña”.

La nueva generación de inmigrantes creció bajo esa realidad de marginación con padres sin trabajo, marcados por las guerra y la frustración que la nueva realidad les obligaba a aceptar. Un nuevo idioma y costumbres muy diferentes, fueron creando una atmósfera negativa entre ellos, y la alegría del principio por haber salvado la vida se fue transformando en una amarga experiencia. En algunos jóvenes se expresaba esa frustración y agresividad contenida, en la creación de patotas que asolaban los fines de semana y por las noches el centro de la ciudad. Los robos y la violencia desbordaban a una policía local que no tenía ni los elementos ni la capacidad para poner fin a esos delitos, ya que las causas de ese desafío al orden establecido estaban más allá de su poder. La ciudad llegó a tener más de 7000 denuncias por robos a principios de esta década, y los hechos violentos también superaban la media del país.

La plaza del Ayuntamiento
reúne todos los miércoles a los feriantes que llegan con sus ropas y objetos usados, artesanías y productos del campo, por lo que me pareció oportuno visitarla y charlar con la gente que concurría a la plaza. Por un lado sondearía que tan abiertos eran estos habitantes de esta localidad de Skåne, y cómo reaccionaban ante un forastero que hacía preguntas sobre el estado de la ciudad. Y no demoré mucho en entrar en contacto con un par de señoras que conversaban a viva voz en el centro de la plaza. Al principio me miraron con recelo, pero cuando les expliqué la misión que me llevaba a la ciudad comenzaron a hablar en coro sobre el tema que les preocupaba: la inseguridad.

Esta corta pero intensa charla con Maja e Inger resumieron en forma precisa cómo muchos suecos viven la situación de la ciudad. Como en una película desfilaron ante mis ojos las imágenes descritas por ambas damas que relataban cómo Landskrona había caído a pique después del cierre del astillero, y la delincuencia se había adueñado del centro cuando llegaron los inmigrantes.

No se puede salir de noche, porque te asaltan. Nada se puede dejar en los patios porque te lo roban. Las pandillas de jóvenes inmigrantes se pasean por el centro descaradamente. Sin ir más lejos el otro día fuí al hospital a visitar una amiga y me crucé con una de estas pandillas, cuenta Maja. Era horrible, cómo gritaban y brincaban. Espantoso!


Inger asentía y agregaba que ella se había horrorizado también cuando fue a la piscina cerrada de la ciudad y se encontró con mujeres musulmanas que se bañaban con ropa que les cubría todo el cuerpo.

- No hay derecho! Decía con énfasis mientras recordaba cómo le habían robado la bicicleta de su nieto en la cocina de su propia casa.
- Ustedes me cuentan que se sienten inseguras ante la presencia de extranjeros, es decir gente como yo que no tengo los rasgos de un sueco típico, les dije para provocarlas.
- Ah! No, no! – protestaron. No es lo mismo, no podemos poner a todos en el mismo bando, respondieron al unísono.
- Esta fue la razón principal por la que perdimos las elecciones, reconoce Niklas Karlsson (s) cuando le pregunté sobre las causas de la derrota de la socialdemocracia. - No supimos valorar ni comprender la dimensión de ese sentimiento, mientras que los xenófobos y racistas la aprovecharon al máximo, reconoce.

La prensa local, representada por Landskronaposten ha reflejado con cientos de artículos y cartas de los lectores la atmósfera que vive la ciudad. Fatmir Azemi, un albano-kosovar que vive en la ciudad desde hace quince años, me cuenta que la forma en cómo el periódicos ha cubierto la información ha contribuído a polarizar los sentimientos negativos entre los grupos étnicos.

- Las cosas que escriben sobre nosotros a veces son tan exageradas que no podemos creer que alguien sea tan ignorante, expresa con amargura. Fatmir es empleado de banco y es un ejemplo típico del inmigrante que ha logrado romper la barrera de los prejuicios y crearse un lugar en la sociedad. Respetado por todos, atiende con natural simpatía a los clientes hasta que hace una pausa para charlar conmigo.
- La gran mayoría de nuestros hijos quiere lograr lo mismo que los hijos de los suecos. Así como los padres. Estudiar, tener un trabajo y realizarse en aquéllo que les gusta hacer. Pero debemos luchar contra muchos molinos de viento. Pero lo vamos a lograr, estoy seguro, afirma mientras compartimos una taza de café frente al teatro de la ciudad.


Esa noche demostrarían las asociaciones de residentes de bosnios y albano-kosovares que trabajan para mantener su identidad y desarrollar las actividades con niños y jóvenes con la finalidad de aportar culturalmente al medio y darle a los jóvenes un espacio para expresar su creatividad y talento. En la Folkets Hus reunieron más de 100 chicos de todas las edades, y ensayaron varios números de danzas típicas propias y modernas con un entusiasmo que me hizp recordar las que hacíamos los latinoamericanos cuando llegamos en la década de los ´70.

La pregunta que quedaba en el aire era para mí que pasaba con Sverigedemokraterna una vez que habían logrado el éxito electoral más importante de Suecia. Qué ocurría en las sesiones dela Ayuntamiento al convertirse en el partido visagra, el fiel de la balanza con sus 12 ediles en la asamblea.

- Businnes as usual, resume otro habitante de la ciudad. En realidad el gobierno de la Alianza decidió no hacer acuerdos de ningún tipo con este partido y presentar sus propuestas en el seno de la asamblea. Y como en el orden de los temas económicos y sociales hay muchas coincidencias, las propuestas reciben los votos suficientes para ser aprobadas sin necesidad de negociar con los xenófobos.

La socialdemocracia a falta prácticamente de los aliados más lógicos, el partido de izquierda (v) y los Verdes (mp), ya que el primero tiene sólo dos ediles y el segundo sólo uno, le propuso no obstante a la Alianza discutir la posibilidad de cerrar a acuerdos para evitar que Sverigedemokraterna usara sus doce votos para lograr sus objetivos, pero la propuesta fue rechazada.

- No tenemos ningún punto de contacto con Sverigedemokraterna. Nosotros seguimos nuestros principios y no queremos saber nada con ese partido de xenófobos – nos dice Marko Huttunen, edil por el partido moderado (m). Ni tampoco con la socialdemocracia. Hasta ahora todo ha marchado bien, nuestra política es devolver la seguridad a la población de Landskrona y fomentar el crecimiento económico y el empleo, expresa el joven edil que destaca además que para lograr el primer objetivo se van a instalar cámaras en el centro de la ciudad y en las escuelas donde hay problemas de disciplina.
- Van a transformar a Landskrona en una Londres en miniatura?
- Hace tempo que no visito Londres, me respondió. Pero la ciudad necesita ese control y vamos a instalar una nueva iluminación en el centro. Necesitamos más policías que vigilen las calles, pero esto tal vez no podamos lograrlo inmediatamente.

La comuna de Landskrona ha dispuesto además la creación de un grupo de vigilantes de diverso origen étnico para que patrullen la ciudad durante el día y parte de la noche. Blåjackorna, las chaquetas azules, se desplazan por el centro y conversan con los jóvenes y adultos, interpelan a los que rompen con la tranquilidad de la ciudad, calman a los exaltados y tratan de mediar si hay algún conflicto que puede desembocar en violencia.
- Aquí nos conocen todos, y los nueve que trabajamos en esta misión, tenemos muy buen contacto con la gente, cuenta Mahid, un libanés que se siente orgulloso de su misión. – Los muchachos aquí son un poco bulliciosos, y es natural que los suecos reaccionen porque no están acostumbrados. Por eso tratamos de decirle a los chicos que aprendan a comportarse y a los mayore les explicamos que no hay nada malo a pesar que hacen tanto ruido, dice Mahid con una sonrisa.

- Regresa en un par de años y no reconocerás ni la ciudad ni la gente de Landskrona, me invita Sergio Garay al final de nuestra conversación.

Tal vez tenga razón, pero muchas cosas deben coincidir para romper con las murallas que se han levantado entre los distintos sectores de la sociedad de Landskrona. Si la xenofobia y el éxito de Sverigedemokraterna es un hecho pasajero, y las oportunidades de trabajo y estudio integran a los marginados, la ciudad cuenta con un futuro de bienestar indudable. Pero si las políticas implementadas sólo tienen un efecto marginal, y ese es el temor de muchos, la ciudad puede vivir una polarización aun más intensa en lo étnico y social, con consecuencias aún más graves que las vividas. Y entonces Landskrona seguirá deambulando por los llanos de Skåne buscando la identidad perdida y una nueva generación frustrada.

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