En estas semanas anteriores al
27 de mayo, día en que se celebran
las elecciones municipales en España,
hierve la campaña electoral a través
de los mítines y medios de prensa,
con reproches, acusaciones y falsedades
que se reproducen además sin mayor
investigación ni rigor periodístico.
España vive una polarización
en el plano de la retórica impulsada
por el Partido Popular y sus líderes
políticos, principalmente por el
candidato a la presidencia Mariano Rajoy,
donde ETA, Batasuna y la amenaza terrorista
se han convertido en el garrote con que
se machaca la cabeza de los electores,
pasando incluso por encima de los fallos
que la Justicia establece en base a las
leyes vigentes.
El hecho de mirar de afuera la política
española es una ventaja para
quien está interesado en ver
cómo mueven las fichas los partidos
que están envueltos en una lucha
sin cuartel por lograr sus objetivos
en estas elecciones municipales, que
también son un barómetro
para medir lo que ocurrirá en
las presidenciales en el próximo
otoño. Pero no hay dudas que
desde la derrota pasada donde el PP
perdió el gobierno, su táctica
ha sido debilitar el gobierno del PSOE
y de Rodríguez Zapatero sirviéndose
del mimso tema que le posibilitó
la victoria a Zapatero, es decir el
terrorismo. Más no el islamista,
sino el etarra.
Primero insisitiendo en que en el atentado
del 11M también estuvo involucrada
ETA, por medio de afirmaciones y rumores
que los policías, fiscales y
jueces han desechado luego que se investigaran
minuciosamente todas las pruebas e indicios
posibles. Sin embargo, los medios de
prensa adeptos al PP y a la derecha
más recalcitrante de este país,
donde la Iglesia también juega
su papel a favor de los conservadores
debido a que ha perdido influencia bajo
el gobierno del PSOE, reproducen una
imagen que se basa en dos pilares.
Una es la atribuída debilidad
de Zapatero frente a ETA, que se refleja
en la falta de coherencia y firmeza
ante lo que todos aquí llaman
la “banda terrorista ETA” y su brazo
político Batasuna. Para el PP
y sus organizaciones satélites
como la organización de familiares
de víctimas del terrorismo, al
gobienro le falta convicción
política y firmeza mral para
combatir a la organización separatista
vasca. Lo que sus líderes proponen
es una persecución implacable
hasta que acabe con el último
miembro de ETA. Su mensaje es de una
retórica que recuerda la época
del franquismo donde los medios para
alcanzar ese fin no parecen tener límites
como si la policía, guardia civil
y servicios de seguridad no estuvieran
avocados a tal cacería que casi
a a diario demuestran que la organización
vasca es golpeada tanto en España
como en Francia. Cuando uno escucha
el discurso de los líderes pepeístas
no puede dejar de percibir una descarnada
estrategia por cuestionar la política
de diálogo y mano dura del gobierno
de Zapatero. El PP que con José
María Aznar como presidente también
propició el diálogo y
la negociación en la década
pasada, parece haberse olvidado que
sin negociación la crisis vasca
jamás podrá solucionarse
si la alternativa es sólo la
represión.
El segundo pilar de los ataques está
en la supuesta corrupción de
miembros del PSOE con jugarretas que
tratan de desprestigiar a líderes
socialistas en un intento de desviar
la atención frente a los propios
miembros del PP enjuiciados o imputados
por corrupción. Los alcaldes
y políticos acusados y enjuiciados
en diversos escándalos por haberse
implicado en negocios con terrenos y
urbanizaciones ilegales son cuantiosas
en la costa mediterránea, donde
la Comunidad Valenciana está
a la cabeza, la región donde
el PP domina desde hace doce años
y donde gobierna en la gran mayoría
de los municipios. Aquí algunos
de esos alcaldes se comportan como señores
feudales, con un caudillismo basado
en el reparto de prebendas y beneficios
que han ido soldando las lealtades de
subalternos y votantes. Los consorcios
de la construcción juegan asímismo
un rol muy importante para sostener
a tales alcaldes, ya que se aseguran
de esa forma la posibilidad de seguir
construyendo complejos turísticos,
canchas de golf, hoteles y urbanizaciones
sobre terrenos y sitios reservados como
parques nacionales o lugares protegidos.
Tampoco es raro ver investidos a las
mismas personas en ambos roles, es decir
director de empresa constructora y alcalde
al mismo tiempo. Esa fiebre por establecer
la llamada “economía del ladrillo”
como motor del desarrollo local sin
importarle las consecuencias, también
ha salpicado a alcaldes socialistas
que han transgredido los límites
de la ley, al igual que sus pares del
PP.
En Alicante el alcalde del PP Luis Díaz
Alperi está imputado junto a
dos concejales por haber otorgado violando
las reglas de licitación al constructor
más importante de la ciudad,
Enrique Ortiz e Hijos, la construcción
de tres aparcamientos subterráneos
para coches por un valor de más
de cien millones de euros.
El negocio de la construcción
en España se ha convertido en
una maravillosa forma de lavar dinero
del narcotráfico, el tráfico
de armas y la prostitución entre
otros negocios de las mafias y grupos
económicos que dominan por el
momento la escena internacional. El
caso más resonante ha sido la
llamada Operación Malaya, donde
el alcalde de Marbella junto a otros
políticos y empresarios han ido
a la cárcel por los millonarios
negociados con terrenos y urbanización
en ese famoso balneario de la Costa
de Oro. En la trama está imputada
además la estrella nacional del
cancionero andaluz Isabel Pantoja.
.
Una ley del suelo propuesta por el gobierno
de Zapatero pretende frenar ahora ese
desarrollo, ya que hasta la UE ha denunciado
la falta total de planificación
urbana en muchos sitios de la costa,
donde uno de los peligros que se avecinan
-o ya están presentes- es la
escasez de agua y el riesgo de que esas
urbanizaciones y la propia agricultura
queden en el futuro abandonadas a falta
de ese vital elemento. La política
del gobierno es establecer desaladoras
en la costa para proporcionar agua potable
a la región, mientras que la
solución del PP es el trasvace
el Ebro hacia la Comunidad Valenciana,
una medida que fue abortada por el gobierno
de Zapatero y la crítica de los
grupos ecologistas. Sin embargo el PP
insiste en esta comunidad que de ganar
el gobierno en las próximas elecciones,
desempolvará tal plan para seguir
con su proyecto de convertir a la Costa
Blanca en el centro turístico
más importante de España.
Un proyecto que ya está en camino
sin dudas al conocerse las últimas
estadísticas que muestran que
el turismo en la ciudad de Valencia
creció un 60 por ciento en el
último quinquenio, por encima
de cualquier otra ciudad española.
Pero si un episodio ha provocado que
la polémica levante aún
más polvareda fueron las declaraciones
de Bernier Ecclestone, el padrino de
la Fórmula 1, quien afirmó
sin ningún empacho que aceptaría
que la ciudad deValencia recibiera la
competencia de los bólidos si
el PP gobernaba la comunidad después
de las próximas elecciones. El
hecho protagonizado por el director
del consorcio que maneja miles de millones
de euros para realizar esa competencia
en diversos lugares del mundo, cayó
como una bomba ya que la solidez y blindaje
del sistema democrático valenciano
a menudo bajo sospecha, se resquebrajó
aún más junto con los
rostros sonrientes de sus dirigentes,
que a pesar de su euforia por dicho
apoyo no pudieron ocultar que ese espaldarazo
los deja ante un electorado que se preguntará
probablemente quién elige realmente
a los gobernantes de la Comunidad.
Este modelo de desarrollo basado en
el turismo y el ladrillo adoptado por
el PP en Valencia, ha originado hasta
ahora un déficit de 22 mil millones
de euros en el presupuesto de la Comunidad,
según la oposición socialista.
Esta propone en cambio un modelo de
desarrollo alternativo fomentando la
producción con más valor
agregado, al mismo tiempo que se quiere
crear nuevos centros de educación
para elevar la calidad de los profesionales
valencianos. Sin embargo las encuestas
sobre la intención de voto siguen
mostrando que la mayoría de los
ciudadanos en Valencia siguen prefiriendo
al PP y su programa. Qué nos
dice esa realidad sobre la sociedad
valenciana que sigue apoyando por un
modelo de desarrollo que nadie duda
va a desembocar en un callejón
sin salida, permite muchas interpretaciones.
La más aceptada es que los ciudadanos
que votan al PP ven el el líder
regional Francisco Camps como una garantía
para proponer políticas más
efectivas contra la inmigración
y la inseguridad, dos fantasmas que
recorren Europa de norte a sur.
La misma está azuzada por un
lado por el crecimiento de los delitos
como robos y asaltos a viviendas y lugares
públicos, donde la popular Torrevieja
visitada y habitada por miles de ciudadanos
nórdicos, está a la cabeza
de todo el país. El año
pasado se denunciaron ante la guradiacivil
27 000 casos por aquéllos delitos,
prácticamente el mismo número
que Madrid, con una población
diez veces mayor. El desembarco en Canarias
y Andalucía de miles de inmigrantes
africanos del Magreb y de la costa Occidental
en frágiles cayucos que no pocas
veces naufragan aumenta la xenofobia
y el rechazo en muchos sectores del
país. Por último, los
beneficios económicos y materiales
que a corto plazo ha originado para
muchos valencianos la política
del PP, aseguran una probable continuidad
de esta alternativa a pesar de los escándalos
que a diario afectan a sus dirigentes.
Para el PSOE tal vez sea el momento
si se cumplen las predicciones, de revisar
su estrategia y la elección de
sus propios líderes, cuyo carisma
y programas no alcanzan a convencer
a los valencianos que han preferido
en cambio votar por las políticas
del PP. A Izquierda Unida y a los Verdes
les queda mucho por remar para lograr
superar índices que los dejan
muy atrás en la intención
de voto. Los llamados “progres” en España,
no logran convencer a la opinión
pública de que sus políticas
son visionarias, y las únicas
que probablemente puedan asegurar un
desarrollo sostenido en una región
que según los pronósticos
científicos puede convertirse
en una prolongación del Sahara
dentro de 70 a100 años.