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Suecia
COMO EL SUEÑO DE LA CENICIENTA
Alberico Lecchini
Estocolmo, 2007-06-05
albelecchi@gmail.com
Tal vez Sverigeparaden nos una realmente a todos por un momento, con su música y bailes, discursos y vibraciones, y se viva la ilusión de que por fin pertenecemos a algo más concreto que una bandera y un himno que muchos ni siquiera hemos aprendido de memoria. Falta de patriotismo? Bueno, digamos que las barreras impiden ver a veces más allá de nuestras narices, y el entusiasmo por ser parte de ese espíritu colectivo se esfuma ya que nos acostumbramos casi a ignorarlo, porque no hay que olvidarlo, esta celebración es de “última generación”.
 
 
 
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- Amor y solidaridad es lo que esperamos expresar el 6 de junio, cuando se celebre el día nacional, nos dice Miguel Bonett, un joven de Orminge, responsable de la organización del desfile bajo el nombre Sverigeparaden que tendrá lugar entre Skeppholmsbrunn y Gärdet en Estocolmo.

Una loable meta si se piensa que paralelamente van a marchar miembros de la extrema derecha en otro sector de la ciudad, con la finalidad de resaltar la pureza y superioridad de la raza nórdica, en contraste con el resto de las otras celebraciones que tendrán lugar en la capital. Por otro lado organizaciones de la izquierda radical tratarán de impedírselo, con el riesgo de una confrontación violenta y con un alto precio en daños humanos y materiales. La policía por lo menos cree que puede ocurrir, y ha enviado señales de que están preparados para tal eventualidad. Sin embargo aquí también la experiencia muestra que nunca es suficiente.

Fuera de este aspecto que puede ensombrecer el día nacional, existe una dura realidad, más terca que los deseos de los gobernantes y funcionarios públicos que buscan darle a la celebración un fuerte aire de patriotismo, orgullo y unidad.
El Día de la Bandera se ha transformado así en una especie de catalizador para todos aquéllos que independientemente de la realidad que viven, buscan alegrarse por el hecho subjetivo de pertenecer a un colectivo que en la vida diaria no muestra siempre a los que vienen de otros continentes y culturas la mejor de sus sonrisas.

Y es que por más que se lo proponga esta sociedad tiene a menudo mensajes dobles que hablan dos lenguajes distintos. Por un lado el humanista y solidario, y por otro el de los hechos crudos y sin apelación.

Basta hechar un vistazo sobre cómo las comunas abren (mejor dicho cierran) sus puertas a los que llegan como refugiados. El nuevo director general de Migración Dan Danielsson ha tenido que amenazar con denunciar públicamente a las comunas que no acepten recibir refugiados a pesar que cuentan con los recursos para hacerlo. Por el contrario se sigue permitiendo que se hacinen en los suburbios de algunas ciudades junto a familiares y/o amigos que no pueden decir que no a quienes llegan perseguidos, o bajo los efectos de un trauma sufrido por la guerra y la violencia. Si miramos a otro rincón de este patio escandinavo, veremos como por efecto de esa marginación, algunos grupos étnicos, ya sea por la religión que profesan o el color de la piel, están cada vez más lejos de obtener un trabajo remunerado.

Tal vez Sverigeparaden nos una realmente a todos por un momento, con su música y bailes, discursos y vibraciones, y se viva la ilusión de que por fin pertenecemos a algo más concreto que una bandera y un himno que muchos ni siquiera hemos aprendido de memoria. Falta de patriotismo? Bueno, digamos que las barreras impiden ver a veces más allá de nuestras narices, y el entusiasmo por ser parte de ese espíritu colectivo se esfuma ya que nos acostumbramos casi a ignorarlo, porque no hay que olvidarlo, esta celebración es de “última generación”. Los noruegos y daneses agitan banderas y se inflan de orgullo desde hace siglos, mientras que aquí los suecos se la habían tomado con calma, y sin mayores aspavientos festejaban con más entusiasmo el middsommar que el día de la bandera.

Esta fiebre por los festejos patrios habla mucho del complejo que arrastra el país frente a sus vecinos. En todo caso la fiesta será para muchos una ocasión para divertirse junto a sus seres más queridos, y vivir como la Cenicienta el sueño de lo que puede ser. A lo mejor como en esta leyenda, algún día el príncipe descubre dónde estaban los verdaderos dueños del zapatito perdido. Pero claro, hay que verlo para creerlo.

Alberico Lecchini



+ sobre el tema
A comienzos del siglo XX La reivindicación de un día de la bandera nacional sueca suena fuerte y en 1915, se nombró una comisión encargada de estudiar cuál sería el día más adecuado para ello.
La comisión, integrada por un comerciante mayorista y tres militares, puso manos a la obra y, al cabo de cierto tiempo, decidió que el 6 de junio era el día correcto. Precisamente en esa fecha del año 1523 fue coronado el monarca que unió el reino: Gustavo Vasa. Además, ese mismo día del año 1809 se aprobó la primera Constitución moderna de Suecia.
Los primeros que plantearon la reivindicación de que el 6 de junio fuera declarado oficialmente día festivo, para hacer posible su celebración general por el pueblo sueco, fueron los partidos parlamentarios de centro-derecha.
Desde el 6 de junio de 2005, Suecia cuenta con un día oficialmente festivo como dia nacional.
Calendario de celebracion en Estocolmo

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