Las
organizaciones suecas no gubernamentales
han dirigido una carta a la ministra Gunilla
Carlsson (m) donde muestran su seria preocupación
por el cambio de rumbo que con toda seguridad
tomará la política de ayuda
bilateral al desarrollo del gobierno de
la Alianza. En los planes que ya se discuten
públicamente está reducir
dramáticamente el número de
países que reciben la ayuda sueca,
y las ONGs temen que países como
Bolivia y Guatemala no reciban en el futuro
los recursos que hoy se emplean para fortalecer
los procesos democráticos y el respeto
a los DDHH.
En la colmada sala de conferencias del
Museo Mediterráneo, frente al
Palacio de Relaciones Exteriores, un
grupo de ONGs suecas ( entre otras Röda
Korset, Diakonia, Forum Syd, y Svenska
FN Förbundet que organizó
el encuentro) debatieron hace unos días
con la ministra Gunilla Carlsson el
cambio de orientación en la asistencia
al desaroollo que el gobierno de la
Alianza pretende poner en práctica.
La asistencia bilateral al desarrollo
alcanza hoy día al 1 por ciento
del PBI, unos 27 mil millones de coronas.
El camino definido tiene como objetivo
concentrar esa ayuda en los países
más necesitados y hacerla más
efectiva.
El temor de las ONGs es que parte de
esa ayuda que hoy está orientada
a apoyar las organizaciones que trabajan
por democratizar sus sociedades y defender
los DDHH pueden perder parte o todos
los recursos que ayudan a financiar
esas actividades.
Las organizaciones piden por eso que
se apliquen nuevos métodos que
aseguren la continuidad de ese trabajo
en los países que pueden dejar
de recibir la asistencia bilateral.
El gobierno de todas formas ha logrado
un consenso bastante amplio a su nueva
política, no sólo en el
parlamento, sino también dentro
de las ONGs que con las reservas mencionadas,
apoyan el nuevo paradigma. Y es que
en muchos casos la ayuda bilateral no
llegaba a quienes realmente lo necesitaban,
sino a gobiernos y autoridades que empleaban
esos fondos no para ayudar a salir de
la miseria a sus ciudadanos, sino para
fortalecer los aparatos de control y
vigilancia a través de incluir
en su presupuesto los recursos llegados
desde Suecia. O para beneficio de propio
de gobernantes y funcionarios.
El cambio de orientación se
establece luego de la llamada Declaración
de París, donde los países
ricos con políticas de asistencia
al desarrollo prometieron coordinar
y armonizar esas ayudas, lo cual constituye
un paso adelante en ese esfuerzo por
erradicar la pobreza para el 2015, la
Meta del Milenio como se la ha denominado,
han expresado las ONGs en una carta
abierta a la ministra Carlsson.
Una meta que cada vez se hace más
inalcanzable a pesar de algunos avances
en ciertas regiones del planeta, ya
que las guerras y conflictos en vez
de disminuir, por el contrario crecen
en número, y donde los fondos
de los países ricos tienen la
tendencia de regresar por arte de magia
a esos mismos países a través
de contratos y acuerdos que atan las
manos a las naciones que reciben esa
“ayuda”.
La intención es que los países
ricos en realidad abandonen la idea
de favorecer sus propias prioridades
y la elección de sus proyectos
favoritos, los cuales deberían
adaptarse a las prioridades que los
propios países receptores de
la ayuda hacen en sus estrategias para
combatir la pobreza y el subdesarrollo.
Sin embargo esa estrategia tiene también
sus riesgos si no se fortalece el apoyo
a medios de prensa independientes y
a la sociedad civil y sus organizaciones,
esto es los partidos políticos,
sindicatos, ONGs locales, etc. La advertencia
se justifica según las ONGs suecas,
en la medida en que a pesar de la reducción
del número de países,
los fondos de ayuda sólo se orienten
a financiar a las autoridades y gobiernos
de esos países con sociedades
civiles débiles y donde los DDHH
no se respetan. El riesgo de que aumente
la corrupción se multiplica,
y una vez más se fortalezca al
actual modelo que existe en tantos países
y que se pretende cambiar.
Entre los ejemplos que se nombraron
en el debate sobre cómo los movimientos
y organizaciones civiles luchan por
democratizar sus sociedades gobernadas
por élites enriquecidas a costa
de la pobreza de la población
o por partidos políticos únicos,
estuvieron Vietnam, Kambodja en Asia,
y Guatemala, El Slavador y Bolivía
en las Américas y diversos países
en el continente africano.
La ministra Carlsson salió al
paso sin embargo al pedido que hizo
Svenska FN Förbundet de que las
ONGs suecas pudieran participar en el
diseño de la estrategia de ayuda
al desarrollo , indicando que le corresponde
solamente al gobierno definirla, aunque
matizó estar dispuesta a considerar
nuevas iniciativas para desarrollar
las políticas de DDHH y democratización.
Otro aspecto que las ONGs criticaron
es que en la futura definición
de cuáles países serán
los beneficiados por la ayuda sueca,
es que para establecerla se tenía
en cuenta casi sin excepciones, los
informes de las embajadas y representaciones
diplomáticas en los respectivos
países, mientras que los propios
informes de las ONGs en la mayoría
de los casos no se tenían en
cuenta. Las organizaciones temen que
el conocimiento acumulados sobre esas
sociedades durante décadas, sea
desperdiciada.
Esta actitud está en plena contradicción
además con la decisión
del Parlamento cuando definió
su Política para el Desarrollo
Global (PGU) donde se remarcaba que
la cooperación entre las organizaciones
suecas y las internacionales debían
fortalecerse y ampliarse tanto en la
coordinación del trabajo concreto
por el desarrollo como en la elaboración
de esas políticas, escriben en
la carta a la ministra estas ONGs. Esa
estrategia debe formularse y aplicarse
en diálogo con las organizaciones
voluntarias, establece el comité
parlamentario responsable de esta área
(UU dic. 2003)
Las organizaciones piden a la ministra
Gunilla Carlsson que se tomen en cuenta
la experiencia y conocimientos que se
tienen sobre los países comprendidos
en la política de la ayuda sueca;
también se le pide a la ministra
que se asegure la asistencia a los proyectos
de para fortalecer el trabajo por los
DDHH y democratización, y que
los mismos continúen a partir
de nuevas formas y métodos a
pesar que el país en sí
deje de recibir los fondos de asistencia
el desarrollo.