Para Stig como para el resto de los
empleados la decisión de clausurar
IV tomada por el gobierno fue apresurada,
así como el corto período
para implementarla. En Marzo anunció
la decisión la ministra de Integración
Nyamko Sabuni, y el 1 de Julio se cumplió.
Por otro lado se decidió estudiar
las consecuencias de tal cierrre después
que se aprobara la medida, en otras
palabras, la carreta delante de los
bueyes. La promesa de la ministra fue
que la competencia del personal sería
aprovechada en la mayor medida posible,
integrándolos a otras autoridades
que necesitaran de esos conocimientos.
Pero con el facit en la mano, de los
casi 90 empleados, sólo 16 han
obtenido otro puesto de trabajo, 11
en Migrationsverket y 5 en el Consejo
nacional de la Juventud. 17 se jubilaron
ya que estaban muy cerca de la edad
para pensionarse, y más de 50
se quedaron sin trabajo.
Esta situación ha originado
un inocultable malestar, no sólo
porque no se reconoce la competencia
y experiencia que ese personal ha acumulado
durante esos años de trabajo,
sino porque el mismo cese de actividades
estuvo signado por una dura negociación
con el sindicato Statjänstemannaförbundet
(ST). En lugar de despido como es frecuente
en estos casos, la direccción
de IV ofreció 6 meses de sueldo
pago a la mayoría y con algunas
excepciones 12 meses al resto.
Las condiciones vistas en un contexto
sueco, fueron mucho menos generosas
que lo que acostumbra a ser en el mercado
laboral, sobre todo cuando se observa
con la generosidad con que se fijan
los salarios los propios políticos
que luego toman tales determinaciones.
Las Direcciones Provinciales (Länsstyrelser)
y la ya nombrada Migrationsverket se
harían cargo de la misión
que tuvo IV. En cierto momento se alentó
por parte del personal que lo anunciado
por la Alianza en la declaración
de gobierno, es decir la creación
de un ministerio de integración
e igualdad de oportunidades, se haría
realidad y les daría la oportunidad
de proseguir con su trabajo. Pero la
idea murió apenas la tinta se
secó en el papel del discurso,
y las direcciones provinciales entonces
acaparon la atención. Las mismas
no tenían ninguna especialidad
ni competencia en el tema, y por lo
tanto necesitarían de ese personal
que quedaba cesante. Pero una vez más
las gestiones de ciertas personalidades
dentro de la política nacional,
hicieron naufragar la idea. Según
Omar Nur, delegado sindical de ST, las
Direcciones Provinciales primero recibieron
los fondos del estado dirigidos a crear
la actividad y pagar al personal, y
luego decidieron que era imposible darles
empleo. Una calificada especulación
es que en la mayoría de estas
organizaciones provinciales hay funcionarios
que están sin actividad alguna,
y son una carga para el presupuesto
ya que no tienen misión alguna.
Ahora surge la oportunidad de darles
un trabajo concreto y con fondos del
estado. Que el personal no tuviera las
calificaciones ni la competencia no
era importante, ya que los mismos aprenderían
en la marcha.
Recientemente una encuesta realizada
por Sveriges Radio entre los directores
de las Direcciones Provinciales demostró
que no están preparados para
realizar estudios sobre discriminación,
seguimientos de proyectos específicos,
tendencias en la sociedad sobre conductas
y opiniones acerca de la inmigración
y los inmigrantes. También carecen
de conocimientos suficientes para enfrentar
a las comunas para convencerlas que
den lugar a los refugiados que han recibido
el permiso de residencia.
Las consecuencias es que esos refugiados
deberán pasar con toda probabilidad
períodos aún más
largos en los campamentos mientras esos
funcionarios aprenden las tácticas
y estrategias que finalmente lleven
a las direcciones comunales a aceptar
abrir las puertas de sus viviendas desocupadas
a los recién llegados. Y a nivel
de estudios sobre las tendencias en
la sociedad sobre estos temas, probablemente
quedarán librados a algún
investigador universitario que no contará
con los mismos recursos que una organización
del tipo de IV.
Y es que cuando se publicaban los informes
de IV caía un velo más
que mostraba las llagas abiertas que
cubren el cuerpo de esta sociedad que
pretende ver en el espejo una imagen
embellecida de sí misma. Racismo,
discriminación, segregación
son algunos de los aspectos que se desean
mantener escondidos en el guardarropa,
pero la capacidad del mismo al final
ha terminado de rebosar y ahí
están esos informes como ejemplo
de la intolerancia que se disfraza de
mil maneras. Nadie desea ver esas manchas
cuando la imagen que se vende es que
vivimos en una de las sociedades más
democráticas del planeta.
El gobierno de la alianza no tiene
política de integración,
escribe en el matutino Svenska Dagbladet
del sábado 30 de junio el conocido
jurista Paul Lappalainen, y agrega que
en la retórica diaria se repite
el mantra de que la creación
de empleo solucionará todos los
problemas antes mencionados.
Parodiando podría simplificarse
la situación de la siguiente
manera: Trabaja y tus desdichas y preocupaciones
desaparecerán, ya que el racista
dejará de ser racista, el ghetto
se tranformará en barrio atractivo,
podrás hacer carrera en la vivienda
comprándote la casa de tus sueños,
las comunas abrirán sus brazos
para darte la bienvenida, el empresario
ya está pensando en tu promoción.
Buena fortuna!