En plena semana de Almedalen en julio
pasado, el ministro de Finanzas Anders
Borg (m) dejaba caer una bomba en Visby,
al comentar que la ambición del
gobierno de la Alianza era ahorrar entre
3 y 4 mil millones de coronas en los próximos
tres años en gastos de Defensa.
A pocos metros de allí el entonces
ministro de la cartera Mikael Odenberg
(m) decía ignorar de qué
estaba hablando Anders Borg. En todo caso
el presupuesto se discutiría a
la entrada del otoño entre los
miembros de la Alianza, afirmabaOdenberg,
entre sorprendido e irritado. Pero si
bien la primera decisión fue relativamente
a su favor – es decir la decisión
acordada sería ahorrar “sólo”
900 millones de coronas en lugar de la
suma antes mencionada- las perspectivas
no eran mejores para el horizonte de la
Defensa después de 2010.
Al
mediodía del 5 de septiembre fue
el turno del ministro de Defensa Mikael
Odenberg de dejar estallar la bomba, esta
vez en Estocolmo, al renunciar a su cargo
y dejar por tercera vez al gobierno del
Primer Ministro Fredrik Reinfeldt tambaleándose,
a pesar que Reinfeldt manejó el
tema con su conocido aplomo horas después
de conocida la renuncia, y llevando de
la mano al reemplazante de Odenberg, el
hasta ese momento ministro de Comercio
Sten Tolgfors (m). Así se dirimía
una ácida disputa entre compañeros
de partido que se llevó a cabo
bajo la superficie entre dos ministros
con propósitos bien diferentes
en las últimas semanas.
Y es que mientras Mikael Odenberg se alineaba
con el llamado “complejo militar-industrial”
sueco, Anders Borg, más pragmático
y menos atado a las tradicionales políticas
de defensa de este país, se mostraba
como una paloma ante el halcón
Odenberg que quedó sólo
en el gobierno defendiendo lo que entendía
como una política que mínimamente
cumplía con las metasy promesas
que se había fijado la Alianza
en la campaña electoral pasada.
El presupuesto de la Defensa se ha mantenido
relativamente invariable en unos 40 mil
millones de coronas en estos últimos
años, lo que se considera por el
ministro de Finanzas Anders Borg como
una suma plausible de modificar – es decir
recortar- en la lucha por mantener la
principal política de la Alianza:
equilibrio en el presupuesto y creación
de empleo.
Odenberg no cree que esa política
presupuestal le permita a las FFAA del
país mantener una defensa adecuada
del territorio y arriesga que las mismas
no puedan cumplir en el futuro las misiones
internacionales a las que se ha comprometido.
No obstante lo que siempre parece estar
en el transfondo del asunto, es si el
gobierno seguirá comprando el material
bélico que se fabrica en Suecia,
que le cuesta al ciudadano una buena parte
de lo que paga a la Dirección Nacional
Impositiva.
Uno
de los argumentos para seguir con esta
tradición es lo que advierten algunos
expertos de defensa, la nueva carrera
armamentista que vuelven a entablar Rusia
y EEUU. Las declaraciones y decisiones
tomadas al otro lado del Báltico
comienzan a inquietar a los que ven a
Rusia como una nueva amenaza a la seguridad
de la región, si el presidente
Putin sigue empeñado en convertir
al viejo Kremlin una vez más en
un factor de poder al que los países
vecinos deben someterse con la ayuda de
una arma todavía más efectiva:
el gas y el petróleo.
Ahí
está el punto de inflección
donde las aguas del río se separan
por el momento, y donde Odenberg terminó
quedando varado, ya que su ambición
de seguir apoyando la compra de material
bélico nacional, no parece tener
un apoyo ciego del gobierno. Por el contrario,
ya hay expresiones que apuntan a que “es
más barato comprar afuera”, es
decir mantener el nivel tecnológico
del sistema armamentista a más
bajo precio.
En definitiva, el gobierno sigue una línea
ideológica que está de acuerdo
con los principios que mantiene, es decir
el mercado es el que decide dónde
es más barato comprar tanques,
submarinos y aviones. Este ramo de la
industria no se difierencia del resto
que actúa en la economía.
Si los hospitales pueden venderse y el
servicio queda en manos privadas, para
competir con el sector público
y otros privados que aparecen en el escenario,
porqué no hacer lo mismo con la
industria bélica? La misma es privada
pero es subvencionada por el estado con
miles de millones de coronas para mantener
una independencia de suministros en caso
de un grave enfrentamiento que teóricamente
podría producirse en el futuro.
Y no olvidemos que la economías
de decenas de miles de familias depende
de esas fuentes de trabajo. Suecia perdió
hace unas décadas dos símbolos
de su orgullo nacional, Volvo y Saab.
Ahora pertenecen a los grandes consorcios
internacionales de la industria automovilística.
Hoy nadie reflexiona sobre el asunto.
Tal vez en unos años más
la industria bélica sueca ya no
tenga razón de existir o simplemente
cambie de dueño como lo hicieron
los vehículos antes mencionados.
Una
especulación aún más
atrevida es la que manifiestan los que
creen que si pasara eso Suecia se acercaría
aún más a un sistema de
defensa internacional integrado por la
UE y EEUU. Su dependencia en la compra
de material bélico fuera de fronteras
se haría tan importante que el
país se vería obligado a
coordinar con otros la compra de esas
armas, y para eso hay que pertenecer a
un sistema integrado que negocia con los
fabricantes de bombas y torpedos. Será
la OTAN u otra organización que
todavía no conocemos?
Es
arriesgado leer el futuro con todavía
tan pocos elementos. Pero la sociedad
sueca vive cambios profundos en un corto
período. Y hasta los “halcones”
comienzan a dudar hacia dónde va
el guardacostas del primer ministro Fredrik
Reifeldt.