Biocombustibles... cada día
vemos la palabra alcanzar mayor presencia
en los medios masivos y una rápida
búsqueda en Internet informa que
aparece en varios millones de sitios de
la red de redes.
Biodiesel y gasohol, van saliendo de
las revistas científico-técnicas
especializadas para pasar a un uso común
en las publicaciones masivas diarias,
la radio, TV y por supuesto en la red
de redes, Internet.
Las razones para esta súbita presencia
de los biocombustibles en la prensa mundial,
no es otra que la acelerada disminución
de las reservas de hidrocarburos, así
como también, como es de suponer,
la tensa situación política
internacional, especialmente en áreas
grandes productoras y exportadoras de
petróleo y gas natural.
El mundo está al borde de que
se produzca un dramático incremento
en la producción de biocombustibles,
los cuales se definen por los expertos
en temas energéticos como "combustibles
líquidos derivados de las plantas
u otros elementos de la biomasa".
La razón básica para que
esta producción aumente esta, directamente
relacionada al incremento en espiral de
los precios del petróleo y el gas
natural, seguidos también de cerca
por el de otras fuentes de energía
tambien no renovables como el carbón
mineral.
Las dos variantes más conocidas
de los biocombustibles son los alcoholes
producidos a partir de procesos de fermentación
y destilación de vegetales ricos
en azúcares y/o almidones, que
es la más extendida, y más
recientemente la fabricación de
un sustituto del combustible para motores
Diesel a partir de aceites vegetales,
entre los que naturalmente se destacan
los que se obtienen de las leguminosas,
tema del cual nos ocuparemos también
próximamente.
Masa vegetal + fermentación =
biocombustible
Procesos tecnológicos más
que conocidos, pero que han sido recientemente
optimizados a partir de la explosión
de conocimientos en los campos de la biotecnología
y la informática asociada a la
automatización industrial, son
ahora utilizados por las industrias que
producen metanol o etanol por la vía
de la fermentación de masa vegetal.
En el caso del etanol, la industria de
los derivados del azúcar lo ha
venido produciendo desde hace siglos,
pero no es hasta el último cuarto
del pasado Siglo XX que la fabricación
de etanol, para emplearlo directamente
como combustible en vehículos automotores
realmente entró en auge,destacándose
el caso de Brasil.
Fue precisamente uno de los fabricantes
de automóviles radicado en Brasil,
la transnacional alemana Volkswagen quien
empezó a producir en serie una
versión del sedan de dos puertas
VW Bettle o Escarabajo, cuyo motor se
adaptó para consumir directa y
totalmente alcohol etílico, en
sustitución de la llamada "gasolina
motor" o gasolina regular de relativamente
bajo número de octano.
Los centrales azucareros de Brasil con
destilerías de alcohol instaladas,
iniciaron una "nueva cosecha",
para producir etanol a partir de la biomasa,
logrando así un combustible totalmente
renovable, pues en dependencia del ciclo
vegetativo de las plantaciones, la industria
productora de alcohol por la vía
de la fermentación, puede contar
con materia prima fresca procedente de
un campo cosechado, en un plazo de entre
un mínimo de nueve meses a un máximo
de 20 a 24 meses.
Hoy en día Brasil asegura el 40
por ciento de su consumo de los llamados
combustibles líquidos ligeros,
mediante la producción nacional
de alcohol.
La experiencia de Brasil en la utilización
directa del alcohol para llenar los tanques
de automóviles de pasajeros, ha
ofrecido una muy útil información
sobre esta tecnología, e incluso
ha servido para promover variantes productivas
de gran interés, como la obtención
del alcohol directamente de los jugos
salidos de la planta moledora, en lugar
de producirlo mediante el proceso clásico
de fermentación de las mieles finales,
un subproducto de la fabricación
del azúcar crudo.
Pero la dulce gramínea azucarera
no es la única fuente de biomasa
que se puede emplear para producir biocombustibles.
Granos como el maíz, la avena,
el mijo y la soya, cuyos contenidos de
azúcares y almidones son altos,
tambien se utilizan para producir alcoholes
con destino a los motores de combustión
interna.
Para gasolina SÍ, y para los hambrientos
del mundo NO
En los Estados Unidos de América,
la producción de metanol o alcohol
metílico, está en expansión,
al igual que la de etanol o alcohol etilíco,
empleando como materia prima excedentes
de la producciÓn de maíz
que el Departamento de Agriculura retiene
fuera del mercado mundial de alimentos,
para que no disminuyan los precios.
Esta retenciÓn de los mal llamados
excedentes agrícolas de EE.UU.
es un verdadero crimen de lesa humanidad
cuando más de 800 millones de seres
humanos padecen hambre cronica, algo que
ha sido denunciado reiteradamente y a
lo que las sucesivas administraciones
de ese país no han hecho el más
mínimo caso.
Sin embargo y he aqui una demostración
más de lo que es la esencia de
la llamada "sociedad de consumo",
ahora que el zapato aprieta, ahora que
los automovilistas de los países
altamente desarrollados tienen que pagar
el galón (equivalente a 3.79 litros)
a precios que sobrepasan ya los 3 y 4
dólares y pueden seguir subiendo,
entonces se "liberan" por el
Departamento de Agricultura, decenas de
miles de toneladas de maíz, para
que sean convertidas en biocombustibles.
Hay que destacar que los intentos por
emplear los biocombustibles en América
del Norte (EE.UU. y Canadá, ambos
grandes productores de cereales y granos)
no van dirigidos a la fabricación
de un combustible que sirva para sustituir
a la gasolina, sino que se encaminan básicamente
a producir ahora cantidades significativas
de etanol (alcohol etílico) para
mezclarlo con gasolina en una proporción
ya estudiada que resulta no solo en un
ahorro de hasta un 25 por ciento de la
gasolina destilada a partir del petróleo
crudo, sino que también constituye
un importante aporte a la reducción
de la contaminación ambiental,
toda vez que la mezcla conocida por el
nombre de GASOHOL, quema mucho mejor que
la gasolina y los gases de escape que
se generan tienen una composición
química mucho menos agresiva al
medio ambiente.
El camino hacia la producción
de los llamados biocombustibles transita
por una ruta, que ya está teniendo
nefastos efectos en los precios de muchos
alimentos, pues si los granos se destinan
a fabricar alcoholes metílico y
etílico para mover los motores
de combustión interna, los precios
de estos productos agrícolas van
a incrementarse, sacando del juego a los
compradores que los destinan a la alimentación
animal para producir carnes de ave, cerdo
o vacunos y leche, o para su empleo directo
en la alimentación humana.
Hay que cuestionar muy seriamente la
ética de la producción de
biocombustibles por los países
altamente desarrollados, sobre todo teniendo
en cuenta que son esas economías
nacionales las principales derrochadoras
de los hidrocarburos que pretenden sustituir
para continuar el desenfrenado ritmo del
despilfarro actual.