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Suecia
¿O DEMOCRACIA O EL INFIERNO?
Por Bruno Kampel
Suecia,Estocolmo - 2007
La democracia no se impone por las armas ni por decreto presidencial, porque ella existe como consecuencia de un acuerdo entre las diferentes tendencias e ideologías que componen la sociedad, por el cual todos se comprometen a renunciar a cualquier poder que emane de cualquier instancia que no sea el gobierno legalmente constituido.
 
 
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¿A alguien con dos dedos de frente se le podría ocurrir proponer que el judaísmo fuera la nueva religión del Vaticano?...

¿A alguien con dos dedos de frente se le podría ocurrir proponer que el pueblo judío asumiera a Cristo como su Mesías?...

¿A alguien con dos dedos de frente se le podría ocurrir proponer que los muertos resucitaran por decreto?...

¿A alguien con dos dedos de frente se le podría ocurrir proponer que la hoz y el martillo se transformaran en los símbolos del capitalismo?...

Entretanto, no son pocos los que proponen como condición sine qua non, que países - la mayoría de las naciones árabes y el pueblo palestino - adopten el sistema democrático como forma de gobierno, a pesar de que tanto los pueblos de esos países en general como el pueblo palestino en particular estén "gobernados" por un poder religioso situado más "arriba" de todos los sistemas de gobierno (a excepción de las dictaduras militares).

La democracia no se impone por las armas ni por decreto presidencial, porque ella existe como consecuencia de un acuerdo entre las diferentes tendencias e ideologías que componen la sociedad, por el cual todos se comprometen a renunciar a cualquier poder que emane de cualquier instancia que no sea el gobierno legalmente constituido.

Es por eso que en todos los países, reinos, emiratos y principados donde la religión desempeña un papel preponderante, la democracia no existe, o donde "existe", no pasa de ser un simple adorno sobre la heladera del fundamentalismo religioso.

La libertad individual es indispensable para que la democracia representativa pueda echar raíces que penetren en el suelo de la sociedad, y en todos los lugares en los cuales la religión es la última palabra, la democracia no logra fructificar como sería deseable, ya que "la palabra de dios", invocada con destreza profesional por los voceros oficiales del "más allá", es tan indiscutible cuan definitiva. Podemos encontrar ejemplos que ratifican lo dicho en la mismísima América profunda, donde el evangelismo televisivo determinó para millones de personas quién era el candidato de dios (Bush) y quién del diablo (Kerry).

Los fundamentalismos religiosos de todos los colores (principalmente el judío, el cristiano y el musulmán) impiden el pleno ejercicio del libre albedrío, que es el combustible que hace funcionar el motor de la democracia.

Por eso es que muchos de los países considerados "democráticos" no lo son de hecho, porque una parte muy considerable del pueblo no aprendió a comparar para poder elegir, y eso porque a la mayoría de los gobiernos de la mayoría de los países "democráticos" no le interesa educar y enseñar a elegir. Pero bueno, ese es otro tema.

Pienso que colocar la instauración de la democracia como precondición para la creación de un estado palestino libre y soberano es lo mismo que intentar imponer a países no desarrollados soluciones macroeconómicas aplicables a los estados ricos, como por ejemplo las recetas del FMI: un seguro y rotundo fracaso.

Imponer una democracia formal a pueblos que no están ni organizados ni preparados para recibirla y ejercerla es abortar ab initio un proceso que de otra forma menos impositiva podría llegar a convencer a esos mismos pueblos que la democracia representativa es la forma de gobierno que más les conviene, ya que la jerarquía religiosa - amenazada por la pérdida de poder que tal cambio representaría para ella -instigaría a los fieles con sermones apocalípticos y homilías amenazadoras a oponerse al derecho de poder elegir, acusando a quienes lo propongan de ser ni más ni menos que terribles enemigos de la "voluntad divina".

Solamente el tiempo puede administrar las pequeñas dosis de cambio que deben ser inyectadas progresivamente en las venas de los pueblos para que estos no caigan víctimas de una sobredosis letal.

Cuanto más anclado esté el pueblo en fetichismos o dogmas de fe, menor será la dosis y mayor el tiempo requerido para la adecuación a la libertad de pensar por cuenta propia.

Por lo tanto, el sistema "tribal" que impera en muchos pueblos y países del mundo no puede ser considerado como un obstáculo obligatoriamente insalvable, ya que tal tipo de "administración" de la ciudadanía no exige el uso de la fuerza bruta, sino tan solo la aceptación implícita y explícita de los ciudadanos, lo que deja una puerta abierta al cambio pacífico hacia un sistema menos opresor.

La no-democracia del pueblo palestino no debe servir como pretexto para postergar la creación de un Estado propio, ya que se trata de una enfermedad benigna que buenos gobiernos curan para siempre. Cualquier intento de imponer la democracia (como en vano se pretende en Irak) resultará en una de dos: o una democracia tutelada (que no es democracia) o una dictadura disfrazada , que viene a ser lo mismo.

No hace mucho Europa vivía bajo regímenes feudales. No hace mucho el continente americano era un amontonado de colonias. No hace mucho China y Japón eran propiedad de dinastías omnipotentes. No hace mucho la Unión Soviética imponía por la fuerza sus deseos a no pocos países periféricos en los cuales los políticos locales reinaban pero no gobernaban.

No veo por qué el Medio Oriente no pueda transformarse a mediano plazo en un espacio democrático donde la voluntad popular sea el verdadero gestor del interés popular. Es solo una cuestión de tiempo y de paciencia, porque en ese juego del todo o nada que se desarrolla en Oriente Próximo, o se paga para ver las cartas del adversario, o se pierde por no arriesgar.

Bastan unas pocas horas para que un golpe militar incruento transforme una democracia en una dictadura, porque dichos golpes se dan en pequeños escenarios y con muy pocos actores, pero los efectos de una dictadura - militar o religiosa - requieren una generación o más para desaparecer y transformarse en una democracia, porque sus metástasis malignas enferman a casi todo el cuerpo social.

No hay tres, porque una de dos: O le damos tiempo al tiempo, o estaremos perdiendo el tiempo, porque cada día que se desperdicia cuesta años recuperarlo.

bruno kampel >>
 
 
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Bruno Kampel


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