Suecia - Estocolmo


Europa
CARICATURA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Por © Bruno Kampel

Permítanme discordar una discordancia irreconciliable de todos aquellos que le atribuyen a la libertad de expresión el derecho inalienable que tienen los diarios de publicar las caricaturas de Mahoma.

Em primer lugar – y de acuerdo a mi ver, saber y entender – tal publicación no se ampara en la libertad de expresión, sino muy por el contrario, la degrada, pues se vale de ella para crear opinión pública antagónica al Islam, y no contra alguno de sus líderes locales o contra pequeños grupos de exaltados fundamentalistas que anidan en su seno. La bomba en el turbante de Mahoma deja de ser una simple caricatura y se transforma en una aberrante, injusta y subliminal acusación contra toda la religión musulmana. Y eso no es libertad, sino política, digna de un Le Pen o de un Goebbels, pero no de un diario cuya función es informar sin deformar y publicar sin denegrir.

La libertad de expresión no es ni puede ser un salvoconducto con el cual se pueda viajar desde la verdad hacia la calumnia, transitando por la mentira y la difamación, sino que es y deberá seguir siendo una conquista que protege nuestro derecho de decir lo que pensamos, atacando ideas sin miedo a ser castigados; combatiendo ideologías sin el riesgo de ser preso; cuestionando dogmas religiosos sin temer la reacción de los creyentes de esos dogmas cuestionados, pero nunca, jamás, valerse de ella para generalizar conductas individuales, criminalizando el todo y no la parte, como en el caso en disputa.

No es ningún secreto que a la sombra de las religiones fructificaron guerras; florecieron cruzadas; germinaron inquisiciones y holocaustos que hoy – a posteriori - el mundo civilizado condena con vigor, pero mientras que esas aberraciones fueron incubadas, paridas y amamantadas por la generalidad de las gentes y/o tuvieron el beneplácito de las máximas autoridades eclesiásticas y/o políticas, el terrorismo islámico del presente es absolutamente minoritario dentro del universo de más de mil millones de fieles de ese credo.

Tampoco es ningún secreto el hecho de que está en fase adelantada de orquestación una feroz campaña contra esa religión, organizada por los sectores más fundamentalistas del cristianismo y del judaísmo, con el apoyo de la extrema derecha laica, todos tan intolerantes y fanáticos como los grupos de fanáticos que usan el nombre de Alá, del profeta Mahoma y de la lectura manipulada de sus libros sagrados, para cometer y justificar sus barbaries asesinas. Sí, es la famosa guerra de civilizaciones iniciando los trabajos de parto.

Nada a objetar cuanto a la afirmación de que el racismo y la xenofobia que imperan em Dinamarca y Holanda (si comparamos su fuerza y penetración con los mismos sentimientos existentes por ejemplo en Suecia y Suiza, estos dos últimos países sería considerados un modelo de tolerancia y convivencia pacífica, aunque sepamos que están muy pero muy lejos de serlo) fueron la mecha que encendió la hoguera y la razón principal por la cual tal asunto no desapareció de la actualidad informativa, como casi todos los asuntos parecidos. Y fue ese racismo y esa intolerancia, bien plantados en la Europa comunitaria, que sirvieron de caja de Pandora y de leitmotiv, y no la libertad de expresión. En este caso, esa libertad de expresión está siendo usada y manoseada para alcanzar fines racistas y de hegemonía de la cultura occidental y cristiana sobre la cultura islámica.

Lluis Foix, un periodista catalán de La Vanguardia de Barcelona, escribía hace un par de dias, que el problema es que Europa vive como si dios no existiera, y los musulmanes viven como si dios existiera. Ese abismo no es transponible. Ni Europa volverá a arrodillarse ante un altar, ni los musulmanes dejarán de hacerlo.

Como todo judío con memoria, me niego a olvidar que el nazismo empezó con algunas caricaturas. Y mucho me temo que en este conflicto haya una escalada brutal, aunque progresiva y selectiva.

Pienso que en este caso en particular, los que apoyan la publicación de las caricaturas por un lado, como los que la condenamos por el otro, estamos defendiendo la libertad de expresión, aunque la entendamos de forma diversa y hayamos elegido caminos y armas diferentes.

Solo sabremos a quién le cupo la razón, cuando podamos analizar fríamente los destrozos que tales caricaturas dejaron sobre el tenue entramado de las relaciones entre las sociedades hoy enfrentadas en este pandemónium en que se transformó el asunto.

(Tomado de www.argentina.co.il)
Fuente: Bruno Kampel/
El portal de los argentinos en Israel
02/06/2006

bruno kampel >>
 
 
Estación de radio de tango de la Argentina
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