La dinámica de los hechos
consumados tiene un enorme poder
hipnótico.
En el caso del conflicto sempiterno
entre el Estado de Israel y
sus alrededores – o viceversa
- esa dinámica hipnotizadora
alcanza niveles rayanos con
la anestesia general.
Que si Israel se queda con
un pedazo más o un pedazo
menos, y que si los palestinos
consiguen que el muro se aleje
de sus casas diez o cien metros
más o menos, o si Hammas
nos reconoce o nos ignora, o
si bombardeos colectivos o selectivos,
o si retirada unilateral o transfer
multilateral, o si Kazzam o
cóctel Molotov, o si
un atentado por aquí
y una venganza por allá,
o si la mar en coche, y así
olvidamos la esencia, el epicentro,
el leitmotiv, la sustancia vital
del conflicto.
Los datos son pocos pero definitivos:
1.- Israel ocupó – como
consecuencia del desarrollo
de la guerra de los seis días,
territorio no suyo, y se comprometió
por boca de sus líderes
a devolverlos a cambio de un
acuerdo de paz. Esta promesa
jamás se cumplió,
aunque los acuerdos sí
se firmaron.
2.- La definición de
territorio ocupado está
muy clara en los Convenios internacionales
y en la Carta de las Naciones
Unidas, y, principalmente, en
los tratados y convenciones
de Ginebra, y todos ellos han
sido ratificados por Israel,
y la moraleja de todas esas
leyes, tratados y cartas fundacionales,
es una y clara: quien ocupa,
desocupa. Las guerras de conquista
están proscritas desde
mucho antes de 1967.
3.- Esos territorios ocupados
no pertenecen ni a nuestro dios
ni al de ellos, ni al Estado
de Israel, ni a los palestinos
como personas físicas
o grupos afines. Son – desde
un punto de vista jurídico
y reconocido en todas las instancias
internacionales y hasta el día
de la fecha - parte integrante
e inseparable del territorio
del reino de Jordania, ya que
de su soberanía jamás
abrió mano.
4.- ¿Lo habían
olvidado?... Bueno, entonces
lucubremos un poco...
Si en Jordania no mandara hoy
un rey hereditario que poco
y nada conoce de su país,
educado en occidente, amante
de las uñas bien cuidadas
y de los trajes londinenses
y de los bancos estadounidenses,
y fuera tan pragmático
como la ocasión lo requiere
y no se acobardara ante la magnitud
del desafío - como ocurrió
con su padre cuando esa posibilidad
era no solo real sino querida
por un par de gobiernos israelíes-
¿le bastaría primeramente
recordarle al mundo ese pequeño
detalle (Cisjordania es Jordania),
y después, llamar por
un lado a Israel a la mesa de
negociaciones y poner las cartas
sobre la mesa, y por el otro
llamar a Hammas y OLP y Yihad
y demás y decirles en
su propio idioma que a partir
de ahora él se suma a
la negociación como titular
de derecho, y que luego de conseguido
un acuerdo que ha de ser aprobado
por los líderes de las
facciones que componen la población
residente en los territorios
ocupados por Israel, Jordania
comunicará a las Naciones
Unidas su renuncia definitiva
e irrevocable a la soberanía
sobre dichos territorios, y
se la otorgará al pueblo
palestino que los ocupa desde
hace siglos, depositándola
en manos de las autoridades
legítimamente elegidas
por esa población? O
sea, el problema con Hammas
y la Yihad y demás –
si continuara existiendo - ¿lo
tendría Jordania y no
Israel, y así se podría
llegar a una bienvenida retirada
casi total de Israel de dichos
territorios, porque no hay duda
que USA no actuaría con
su también aliada Jordania
con el desprecio y parcialidad
con que lo hace en sus contactos
con los palestinos?
5.- Y entonces ¿sí
que todos podríamos respirar
aliviados y felizmente decir…
colorin colorado, este drama
se ha terminado, y el pueblo
judío asentado en Sión
– como en los cuentos de hadas
- vivirá feliz para siempre,
cumpliendo su destino dentro
del pequeño pero seguro
Estado de Israel, sin sobrecargar
la mochila de su Historia con
el peso trágico de la
desvergüenza de la ocupación?
6.- Como dije, pura hipnosis.