Suecia - Estocolmo


Bruno Kampel
Pornografía verbal
Por Bruno Kampel
bkampel@home.se
Estocolmo/ Suecia

Era sábado. Una noche mallorquina excepcionalmente calurosa que no me ayudaba a dormir, aunque finalmente la convencí, y así pude intentar soñar con los angelitos, o en buen castellano, a dormir las merecidas 8 horas que tengo asignadas en la libreta del Tiempo.

Como ven, nada digno de ser contado, no fuera por el hecho de que caí víctima de un extraño y hermosísimo sueño erótico, y como de egoísta no tengo ni un pelo, se los cuento en pocas y simples palabras para que capten el sentido del sinsentido que se esconde bajo la superficie de las letras y de las frases.

Estaba solo en mi cama, como de costumbre en los últimos meses. Mejor dicho, casi solo, porque de repente el calor me miró de reojo y de un guiño me invitó a desnudarme, y acepté sin chistar. Esclavo amaestrado de una soledad vitalicia que me acompaña día y noche, opté por encender la tele para que las voces y figuras que ella fabrica a destajo me permitieran hacer de cuenta que estaba acompañado.

Fui cambiando automáticamente de canal sin mirar fijamente ni escuchar atentamente. El calor me humedecía de punta a punta y me pegaba a la sábana como si fuera mi propia piel.

La oscuridad de la habitación era violada por el reflejo de luz que la tele escupía, y yo, sin quererlo ni pedirlo, sintonicé un canal que mostraba escenas bastante, como decir… inauditas e interesantes.

Como quien no quiere la cosa aumenté el volumen para tratar de entender las palabras que pronunciaban mientras hacían lo que hacían.

Y bueno, qué más puedo contarles… Eran dos hombres, pero poco a poco las imágenes que mostraban esos gestos que decían todo, me iban atrapando, y las palabras que acariciaban mis oídos me hacían sudar de emoción. Para que sepan y se rían o me envidien, en el momento en que los dos se abrazaron como si no quisieran separarse jamás, yo alcancé el clímax y el orgasmo solitario más intenso e interminable de toda mi vida.

Ahora que escribo y lo recuerdo, otra vez me siento activado. Lástima que todo no pasó de ser un sueño erótico, aunque se tratara de una ceremonia protocolar. Sí, para que sepan hasta el último detalle, el sueño reflejaba el encuentro en el que el primer ministro de Israel y el líder palestino firmaban la paz definitiva entre ambos pueblos.

Como dije antes, un sueño verdaderamente erótico. La primera vez que dos hombres me arrastraron hasta la mismísima puerta del Nirvana.

Cuando desperté, lo primero que hice fue leer los titulares de la prensa, que sin importarles un rábano mi sueño erótico, me avisaban que mientras yo tocaba el cielo, un suicida palestino se explotó en una fiesta infantil en Tel Aviv, y que el ejército de Israel bombardeó dos escuelas primarias en Yenín o viceversa cuando yo me despertaba.

Bueno, contado está. El que no me crea no sabe lo que significa la Paz para los pueblos de Palestina e Israel.

Espero que ésta y todas las noches, sueñen sueños que al despertar sean una dulce y palpable realidad, y no un traicionero pinchazo en el globo de la esperanza, como fue el anticlímax que cabo de contarles.

Bruno Kampel – Suecia


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