Neltume en la memoria 1973

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La reconstitución del enfrentamiento que hizo el juez Guzmán en el retén Como en un recurso del cine, 30 años después, canosos y envejecidos los protagonistas de aquella madrugada, civiles y carabineros ya retirados, volvieron la semana pasada tras sus pasos para reconstituir minuto a minuto los sucesos. La Nación Domingo siguió cada minuto de la extensa jornada que duró cuatro días. Jorge Escalante Nacion Domingo

José Liendo, el comandante Pepe, llamó por teléfono al juez de Panguipulli Juan Guzmán. "Le comunico juez que vamos a ocupar otro fundo pero, como siempre, todo será pacífico", le dijo. Recibida la información el magistrado habló con Carabineros y partió aperado a caballo bajo la lluvia con un piquete, a encontrarse con los hombres de Liendo en el lugar señalado. Ambos bandos permanecieron unas horas mirándose frente a frente, casi sin palabras, y sin acciones de fuerza. Luego el juez y el piquete se retiraron. El joven juez Guzmán sabía que no era posible impedir la nueva ocupación, a no ser con el inicio de una verdadera guerra en el área. El Complejo Maderero y Forestal Panguipulli había crecido ese día en otras decenas de miles de hectáreas. Corrían los meses de 1972 en los alrededores de Neltume, en la precordillera de la X Región, 170 kilómetros de Valdivia al este.

Ese año el Presidente Salvador Allende había llegado por primera vez hasta la zona de Neltume para conocer la experiencia del Complejo, que ya se extendía en una amplísima zona precordillerana de la provincia de Valdivia. La mítica y temida leyenda estaba instalada. Allí, el poder popular se olía, vivía y crecía.

Desde fines de la década de los años 60 un fortalecido movimiento campesino de la zona inició una lucha de ocupación de fundos o "recuperación de tierras" como la entendían. El Movimiento de Izquierda Revolucionario (MIR) instaló allí algunos cuadros que pronto cosecharon la formación del Movimiento Campesino Revolucionaria (MCR). La lucha estaba en su apogeo.

El trabajo y la férrea organización del Complejo también. Por primera vez los campesinos no tenían patrones, sino la organización y ordenada estructura del Complejo. El liderazgo de Liendo era indiscutido. El comandante Pepe era un hombre instruido, con cuarto año de Ingeniería en Agronomía. De carácter muy firme. Pero quienes lo conocían apreciaban en él su gran humanidad e ideales en la lucha junto a los que siempre habían sido explotados y empobrecidos.

EL ONCE

El golpe del 11 de septiembre de 1973 tomó por sorpresa al movimiento campesino, columna vertebral del Complejo Maderero. En una asamblea de mediodía en la sede del Complejo en Neltume, las recriminaciones de unas y otras corrientes políticas del movimiento -MIR, comunistas y socialistas- se entrecruzaron en agitadas intervenciones. Sin embargo, al final reinó la unidad para defender al gobierno de Allende, pero sobre todo su propia organización. Al final de cuentas, era la nueva vida que se habían ganado para ellos y sus hijos. El plan quedó trazado. Había que tomarse el retén de Carabineros de Neltume, lograr la rendición de sus ocupantes y su paso al bando de los campesinos, y apoderarse de las armas que allí existieran. Por la tarde se preparó la acción. Se fabricaron decenas de cócteles molotov, algunas granadas caseras, y se recolectaron tres o cuatro rifles de calibre 22 y algunas escopetas. Pasada la medianoche del día 11 estaba convocada una nueva reunión en la sede de la Asociación Deportiva de Neltume, Asoden. Allí se planificaría el curso de la acción. A las dos de la madrugada del día miércoles 12, unas 60 a 80 personas iniciaron la acción divididas en cuatro o cinco grupos que se desplazaron por distintos sectores.

Menos de un mes después, entre los días 3 y 4 de octubre de 1973, por ese ataque fueron ejecutados en Valdivia el comandante Pepe y otros once dirigentes y militantes del MIR, o miembros del MCR o del Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR), también creado por el MIR.

El general Sergio Arellano Stark con su Caravana de la Muerte asistirían en masa al anochecer del 3 de octubre al campo de tiro de Llancahue, para presenciar la ejecución de José Gregorio Liendo Vera.

El mayor Carlos López Tapia, integrante de la Caravana en su recorrido por el sur y primo del juez Juan Guzmán, también vería caer al comandante Pepe esa noche bajo las balas.

La semana pasada, treinta años después, canosos, envejecidos, pero hasta emocionados y con la memoria clara como el cielo limpio del sur, los protagonistas de aquella madrugada en torno al todavía existente retén Neltume, civiles y carabineros ya retirados, volvían a reconstituir los hechos. También volvía el juez Juan Guzmán. Fue él quien ordenó esa reconstitución de escena, ahora como magistrado de la Corte de Apelaciones de Santiago y juez instructor de la causa Valdivia. La Nación Domingo siguió cada minuto de la extensa jornada que duró cuatro días entre el 8 y el 11 de abril, con interrogatorios en el tribunal de Panguipulli y dos días de recreación del enfrentamiento en Neltume.

Leer: Asalto al reten

LOS RECUERDOS

"Armas hubo, intercambiamos disparos, no lo vamos a ocultar, fue una acción directa de resistencia. El objetivo era que los carabineros se rindieran y ocupar el cuartel, tomar las armas, y sumarlos a nuestra lucha", rememora el ex militante del MIR Jorge Durán Delgado, frente al antiguo retén de madera. El integró el grupo que logró llegar más cerca de la frágil construcción, a unos 40 metros frontalmente. En 1973 tenía 19 años.

Cuenta que Liendo estaba a unos metros suyo, en otro grupo por el flanco izquierdo. "El Pepe les gritaba a los pacos que se rindieran, que no temieran por sus vidas. Que pelearan junto a nosotros para defender el gobierno de Allende", dice.

Pero desde el retén de madera el sargento Benito Carrasco Riffo, entonces jefe del cuartel, recuerda que gritaba "¡no nos rendimos, Carabineros no se rinde mierda!". Con dos fusiles automáticos SIG y dos carabinas, los cuatro policías de Neltume repelían desde ambos pisos con fuego nutrido a los trabajadores del Complejo, impidiéndoles el avance. La noche era oscura y caía una tupida llovizna. Los atacantes instalados en los flancos y el frente se parapetaban en el terreno que los favorecía porque tenía la forma de quebrada. Los escasos disparos de los trabajadores no alcanzaban a impactar con fuerza la dura madera nativa del rústico cuartel. Por la distancia, las molotov no daban en el objetivo y se apagaban con la llovizna. Una que otra granada casera tampoco daba en el blanco.

"Eran unas balitas no más las que ellos disparaban", le dijo Carrasco frente al retén al fiscal militar, mayor de Ejército de Justicia Mauricio Scheuch, autoridad de Valdivia necesaria en la diligencia por tratarse de un recinto militar.

"¡Manden la caballería aérea!", gritaba turbado en la radio el cabo Juan Campos pidiendo refuerzos al retén de Choshuenco, 20 kilómetros al oeste. Las balas de grueso calibre de los policías retumbaban sin cesar. Las esposas de los carabineros con sus hijos temían lo peor. Ellas estaban dentro del mismo retén y en casas adyacentes.

En uno de los grupos que intentaba avanzar para sorprender por la retaguardia, estaba Jorge Lleufumán, el segundo testigo que participó en la diligencia. Recuerda que no pudieron seguir avanzado. El fuego de Carabineros era intenso. "Habremos disparado unos cien tiros", comentaba Carrasco en su relato.

Cerca de las tres de la madrugada llegaron los refuerzos. "Veníamos cuatro en una camioneta, incluso los carabineros nos dispararon pensando que éramos atacantes", recordó el carabinero Carlos Godoy en terreno. Los cuatro refuerzos coincidieron en que cuando ellos llegaron, casi todo ya había terminado.

SIN RASTROS

Los peritos no encontraron huellas de bala disparada hacia el retén. No hubo muertos. No hubo heridos. No hubo incendio ni daño de consideración al retén. Pero en Valdivia fusilaron a Liendo, a Fernando Krauss, René Barrientos, Pedro Barría, Luis Pezo, Santiago García, Víctor Saavedra, Sergio Bravo, Rudemir Saavedra, Enrique Guzmán, Víctor Rudolph y Luis Valenzuela. Krauss y Barrientos, dirigentes del MIR, estaban en Valdivia la noche del enfrentamiento. Igual los mataron como "autores intelectuales".

El entonces comandante de la IV División de Ejército en Valdivia, general (R) Héctor Bravo, declaró en el proceso que hubo dos Consejos de Guerra por los que se condenó a los 12 fusilados. Y dijo que Arellano firmó las sentencias de muerte junto a él en Valdivia. Hasta hoy los expedientes de esos consejos y las sentencias no aparecen. La eventual comisión de ilícitos en este amplio espectro de hechos es lo que indaga el juez Guzmán.

Guzmán es cauto a la hora de hacer declaraciones sobre los hechos reconstituidos en Neltume, e interrogados por él y sus dos actuarias, Millaray Durán y Malvina Pinto, a todos los testigos previamente en el Juzgado de Panguipulli.

"En mi concepto no podía existir un enfrentamiento verdadero", afirma el juez, destacando la diferencia de las armas utilizadas por unos y otros, que no hubo bajas ni heridos, y relevando "la respuesta profesional de Carabineros, disparando al aire o sobre las cabezas, y porque está claro que lo que se pretendía por la otra parte era plegar a la fuerza policial para apoyar al gobierno que defendían".

Pero en Valdivia un mes después de las 12 ejecuciones, el 3 de noviembre de 1973 los jóvenes Víctor Romero, Cosme Chávez y Víctor Gatica, eran ejecutados por otro Consejo de Guerra, acusados de asaltar el cuartel de Carabineros de Gil de Castro en esa ciudad. "Creo que el asalto fue prefabricado. Es terrible, porque se condenó a tres jóvenes p or un supuesto asalto", declaró al respecto el general Bravo reservadamente a la Comisión Rettig en 1990.

Ejecutados

Los días 3 y 4 de octubre de 1973, fueron ejecutados en cumplimiento de una sentencia del Consejo de Guerra de Valdivia, las siguientes personas, en su mayoría militantes del MIR-MCR (Movimiento Campesino Revolucionario), todos acusados de asaltar el Retén de Carabineros de Neltume el día 12 de septiembre de 1973:

José Gregorio LIENDO VERA, 28 años, ex-estudiante de agronomía, militante del MIR y líder del Movimiento Campesino Revolucionario (MCR) del Complejo Maderero y Forestal Panguipulli, también conocido como "Comandante Pepe";

Pedro Purísimo BARRIA ORDOÑEZ, 22 años, estudiante;

José René BARRIENTOS WARNER, 29 años, estudiante de Filosofía, músico de la Orquesta de Cámara de la Universidad Austral;

Sergio Jaime BRAVO AGUILERA, 21 años, obrero maderero;

Santiago Segundo GARCIA MORALES, 26 años, obrero maderero;

Luis Enrique del Carmen GUZMAN SOTO, 21 años, obrero maderero;

Fernando KRAUSS ITURRA, 24 años, estudiante universitario, Secretario Regional del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR);

Luis Hernán PEZO JARA, 29 años, obrero maderero,

Víctor Eugenio RUDOLF REYES, 32 años, obrero maderero;

Rudemir SAAVEDRA BAHAMONDES, obrero maderero;

Víctor Segundo SAAVEDRA MUÑOZ, 19 años, obrero maderero; y

Luis Mario VALENZUELA FERRADA, 20 años, obrero maderero.

Múltiples versiones de prensa de la época hacen referencia a la tramitación de este Consejo de Guerra. Una comunicación oficial de sus ejecuciones señala que se les habría acusado de varios delitos, entre ellos, el asalto al Retén de Neltume.

La Comisión no pudo tener acceso a ninguna pieza del proceso, a pesar de haber sido solicitadas a las autoridades militares correspondientes, sin perjuicio de lo cual pudo llegar a la convicción que los ejecutados fueron víctimas de violación de derechos humanos cometida por agentes del Estado.

Sustenta esa convicción los antecedentes comunes a todos los juicios de guerra del período expuesto en la parte general del Informe, y las siguientes consideraciones específicas:

No se ha podido determinar si las víctimas tuvieron algún tipo de asistencia legal, aunque es un hecho cierto que los familiares nunca supieron de la existencia de un abogado.

En cuanto a la tramitación misma, se ignora si se cumplió con el procedimiento legal, dado que no se tuvo acceso a la causa.

Los malos tratos recibidos por los prisioneros invalidan cualquier confesión que éstos hubieren podido prestar en el eventual juicio, en cuanto privan de libertad y voluntariedad a sus declaraciones.

La irregularidad que significa el que la sentencia de muerte, se haya cumplido de un modo distinto para José Gregorio Liendo Vera, quien fue fusilado el día 3 de octubre de 1973, y para el resto de los condenados, que lo fueron el día 4 de octubre de 1973, tratándose de un solo proceso, con una misma sentencia para todos los condenados, todo ello en desconocimiento de las autoridades militares vinculadas al proceso.

Se aplicó a los reos un procedimiento y una penalidad de tiempo de guerra, que a la época del ataque del que se les acusó, el 12 de septiembre de 1973, no se encontraba decretado en el país, que lo fue por el DL Nº 5, publicado el 22 de ese mes.

 

 

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