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Agitado está el espectáculo
circense de las candidaturas presidenciales
en nuestra “democracia representativa”.
Los prospectos –todos varones, todos misóginos,
todos machistas por acción u omisión-
bailan en la cárcel, cuentan chistes
de doble sentido, intentan sandunguear con
la gracia de un hipopótamo en el
día de la madre, mueven la colita
frente a la prensa. Sin pudor, hacen sus
mejores gracias, se comportan como perritos
amaestrados y frivolizan el espacio electoral
al mismo tiempo que se las dan de profundos
y serios. Así vamos olvidando que
ninguno de ellos se opone al sistema neoliberal,
que Arrate, Frei, Ominami, Navarro y Piñera
son la misma torta con distintas moscas,
que todos ellos son declarados partidarios
de la continuidad del concertacionismo-
aliancista, que se proponen mantener el
modelo que nos heredó la dictadura
y seguir rigiendo al país por la
constitución Lagos-Pinochet, que
ninguno de ellos tiene el menor interés
en los que sobran, los excluidos, los marginados,
es decir, se sientan en la enorme mayoría
del país.
Un somero repaso de las acciones de los
aspirantes al sillón presidencial
en las últimas semanas, dan cuenta
del lamentable nivel de la política
chilena.
Piñera es la mierda que supura
el cadáver putrefacto del tirano,
un fascista con piel de oveja, pero la
Alianza al menos ha sabido aglutinarse
en torno a un candidato que la mayoría
de ellos detesta. Como el factor femenino
se vuelve crucial en política,
Evelyn Matthei debió instalarse
de fondo de pantalla del hombre del pinochetismo.
Sebastián Piñera, es considerado
un piojo resucitado, un arribista de última
categoría, un medio pelo insufrible
por la derecha tradicional. No obstante
los fachos tienen claro que la unidad
entre la Udi y Rn es el único camino
posible para su proyecto y dedican sus
energías a mantenerse pegados con
moco.
La Concertación en cambio, dividida,
desgastada y hegemonizada por su ala más
derechista, pone en escena cuatro candidatos
que fueron cinco hasta el retiro de José
Antonio Gómez, el galán
del radicalismo. Por ahora, el abanderado
oficial sigue siendo Eduardo Frei que
-chasconeado o no- es el hombre que donaba
su sueldo a los golpistas para que torturaran.
El mismo individuo que hizo un gobierno
de derecha, servil a los empresarios y
a los ricos, en el que dejó en
libertad a un peligroso narcotraficante
entre otros numeritos.
Alejandro Navarro, el regalón
de Hugo Chávez -con una envidiable
cantidad de plata para hacer campaña-
es probablemente el más interesante
de los candidatos concertacionistas. Sobre
él escribiré en algunas
semanas más.
El show de Marquito -el payaso más
estertóreo de este circo- está
en su apogeo. Es el tema del momento,
impulsado por una campaña mediática
sin parangón que entró en
curso hace dos semanas cuando los fachos
decidieron anotarlo en sus encuestas fachas
y hacerlo aparecer acercándose
a los dos dígitos. Con el alto
auspicio de Sebastián Piñera
y la derecha en pleno, el marido de Karen
es promovido como la renovación
del progresismo. Es el candidato de Rodrigo
Danús, de Karen, de su mamá,
de su padrastro, pero sin duda su heroico
padre, Miguel, jamás habría
votado por él. Pero seguramente
ese es un detalle para Marquito porque
el eje “Mercurio-Tercera” -que es lo que
interesa en esos lados- lo pone en portada,
le dedica páginas y páginas
de alabanzas sin fin, le regala horas
de televisión, particularmente
en la estación de Piñera
que parece ser su canal promocional. Los
poderosos se vuelcan por completo y sin
ningún disimulo a hacer crecer
las expectativas del hijo de Ominami.
Y el muchachón –cada vez más
sedentario y ancho de caderas- devuelve
el gesto avalando la chuecura sin nombre
de Fernando Flores, esa morsa indecente,
esa vergüenza nacional. (ver
articulo completo)
Pamela Jiles
Candidata Presidencial
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