Buscando información estadística sobre presupuestos de Sud América me encuentro con un dato más que interesante: Chile lidera el gasto militar por habitante en la región.
El gasto militar ascendió a 290 dólares por habitante en 2008. Comparativamente, Brasil, que es la potencia de la zona lo hizo solo en 80.
¿ Podrán nuestros misiles y nuestras ametralladoras defendernos de nuestros sismos, y tsunamis?... quizás con menos ironía podríamos preguntar ¿ Enseñaran a leer a nuestros niños analfabetos las balas de nuestros fusibles? Aquí va la respuesta.
La fuente del financiamiento del gasto chileno es por medio de la Ley Reservada del Cobre (N° 13.196) que otorga el 10% de las ventas al extranjero y subproductos de Codelco (Corporación del Cobre) a las Fuerzas Armadas. Más sorprendente es que esta ley perdura desde épocas de la dictadura militar.
En este sentido la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) elaboró un informe en el año 2004, titulado “Budgeting in Chile” (“Presupuesto en Chile”), en el que destaca las virtudes de la administración financiera del Estado chileno, haciendo una salvedad al calificar como “altamente inapropiado” al régimen presupuestario militar, en lo que respecta al ámbito de las finanzas públicas.
Cabe recodar que en un hito histórico, la Presidenta Michelle Bachelet firmó a comienzos de septiembre del año pasado una iniciativa legal (Nº 13.196) para modificar la Ley Reservada del Cobre, estableciendo nuevos mecanismos de financiamiento para las fuerzas armadas. En la oportunidad, el presidente ejecutivo de Codelco, José Pablo Arellano, celebró la iniciativa emprendida por la autoridad, enfatizando que la derogación del estatuto “libera a Codelco de la carga que ha significado hasta ahora el impuesto que establece la ley, el que ha afectado muchas veces la valorización de la compañía y su clasificación de riesgo”.
El continente escala, en una carrera armamentista liderada por Brasil en defensa, Colombia con sus preocupaciones internas y limítrofes y con un Chile armando con tecnología de punta a sus fuerzas.
Si observamos el gasto militar en porcentaje del producto bruto interno tenemos a una Colombia con un 4% y Chile con un 3,4%, seguidos por un Ecuador 2,9%. Bolivia 1,7 y Brasil 1,5 ( el PBI de Brasil es el más grande de la región). El resto de los países están muy por debajo de ese nivel según el instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo.
Parece ser que en Sud América tiene su mente ocupada en la escalada del gasto militar, que en prepararse para desastres naturales o palear situaciones sanitarias. Eso sin adentrarnos en el desempleo estructural, la delincuencia y la pobreza que afecta a nuestras regiones junto la aniquilada seguridad social.
Habría que replantear las prioridades para la región de una manera conjunta y coherente. Y eso se logra a través del habla y no de la pólvora. El gasto en armamentos no es más que es, un gasto. La salud, la educación y el medio ambiente son una inversión.