• En el
año de Barbaria se comenzaron los
viajes anuales al año treinta y tres.
Se eligió ese año porque,
según las encuestas, la crucifixión
de Cristo llamaba la atención de
más gente en Occidente, y se pensó
en este sector social por razones económicas,
ya que los viajes al pasado no habían
sido dirigidos ni mucho menos financiados
por el gobierno de ningún país,
como alguna vez ocurrió con los primeros
viajes al espacio, sino por una empresa
privada. El grupo financiero que hizo posible
la maravilla de viajar por el tiempo fue
Axa, a instancias de el Ordenador mayor
de Tecnologías Blue, que sugirió
infinitas ganancias por prestación
de "servicios turísticos",
como en su momento se llamó. Desde
entonces, varios grupos de treinta personas
han viajado al año treinta y tres
para presenciar la muerte del Nazareno,
como antiguamente hacían los turistas
comunes cuando en cada equinoccio se concentraban
al pie de la pirámide de Chitchen-Itzá,
para presenciar la formación de la
serpiente con las sombras que la pirámide
arrojaba sobre sí misma.
El mayor inconveniente que encontró
Axa fue el reducido número de turistas
que podían asistir al evento por
vez, lo que generaba ganancias que no
estaban acordes con las expectativas millonarias
de la inversión, por lo que de
a poco se fue llevando ese número
hasta la cifra de cuarenta y cinco, a
riesgo de llamar la atención de
los antiguos pobladores de Jerusalén.
Luego la cifra fue conservada sin alteraciones,
a instancia de uno de los principales
accionistas de la empresa que arguyó,
razonablemente, que la conservación
de ese hecho histórico en estado
original era la base que justificaba los
viajes, y que si cada grupo producía
alteraciones en los hechos, ello repercutiría
en un abandono del interés general
por realizar ese tipo de viajes.
Con el tiempo se comprobó que
cada alteración histórica
de los hechos, por mínima que fuera,
era casi imposible de reparar. Lo que
ocurría cuando alguno de los viajantes
no respetaba las reglas de juego y pretendía
llevarse algún recuerdo del lugar.
Como fue el caso más conocido de
Adam Parcker que, con increíble
destreza, logró recortar un trozo
triangular de la túnica roja del
Nazareno, probablemente en el momento
en que éste cae rendido por el
cansancio. El hurto no significó
alguna alteración en las Sagradas
Escrituras, pero le sirvió a Parcker
para hacerse rico y famoso, ya que el
diminuto trozo de lienzo pasó a
costar una fortuna y no pocos de los viajeros
que se tomaron la molestia y el gasto
de retroceder miles de años lo
hicieron para ver dónde le falta
al Nazareno el "Triángulo
de Parcker".
Algunos pocos han puesto objeciones a
este tipo de viajes que, aseguran, terminarán
por destruir la historia sin que podamos
advertirlo. En efecto, es así:
por cada cambio que se introduce en un
día cualquiera, infinitos cambios
se derivan de él, siglo tras siglo,
diluyéndose de a poco o multiplicándose
en sus efectos. Para advertir un mínimo
cambio en el año treinta y tres
sería inútil recurrir a
las Sagradas Escrituras, porque todas
las ediciones, por igual, acusarían
el golpe olvidando completamente el hecho
original. Cabría una posibilidad
de rastrear cada cambio proyectando otros
viajes a años anteriores al año
de Barbaria, pero a nadie le importaría
un proyecto semejante y no habría
forma alguna de financiarlo.
Tampoco importa ya la discusión
sobre si la historia debe quedar como
está o es lícito modificarla.
Pero esto último es, en todo caso,
peligroso, ya que es imposible prever
los cambios resultantes que produciría
cualquier alteración. Sabemos que
cualquier cambio podría no ser
catastrófico para la especie humana,
pero sería catastrófico
para los individuos: no seriamos nosotros
los que estaríamos vivos ahora,
sino cualquier otro.
En una posición contraria se encuentran
los grupos religiosos más radicales.
Los servicios de información de
Barbaria han descubierto recientemente
que un grupo de evangelistas, pertenecientes
a la Iglesia Verdadera de Dios, de Sao
Pablo, hará el viaje al año
treinta y tres. Gracias a la limosna de
sus fieles, el grupo ha logrado reunir
la suma varias veces millonaria que cobra
Axa por el ticket. Lo que aún no
se ha podido confirmar son las intenciones
del grupo. Se dice que pretenden hacer
volar el Gólgota e incendiar Jerusalén
en el momento de la Crucifixión,
para que de esa forma lleguemos al tan
ansiado Fin de los tiempos. Toda la historia
desaparecería; todo el mundo, incluidos
los judíos, reconocerían
el error, se volverían al cristianismo
en el año treinta y tres y el mundo
entero viviría bajo el Reino de
Dios, tal como estaba descrito en los
Evangelios. Lo cual es discutido por otra
gente.
Otros no se explican cómo los
viajantes pueden presenciar la crucifixión
sin tratar de evitarla. La respuesta teológica
es obvia, por lo cual los menos interesados
en evitar el martirio del Mesías
son sus propios seguidores. Pero para
los demás, que son la mayoría,
Axa ha decretado sus propias reglas éticas:
"De la misma forma que no evitamos
la muerte de un siervo entre las garras
de un león, cuando viajamos al
África, tampoco debemos evitar
las aparentes injusticias que se comenten
con el Nazareno. Nuestro deber moral es
conservar la naturaleza y la historia
como están". La crucifixión
es patrimonio de la Humanidad, pero, sobre
todo, sus derechos han sido adquiridos
totalmente por Axa.
De hecho, los cambios serán cada
vez más inevitables. Después
de seis años de viajes al año
treinta y tres, se pueden ver, a los pies
de la cruz, tapas de refrescos y escrituras
con lápiz químico en el
palo mayor, algunas de las cuales rezan:
"tengo fe en mi señor",
y otras sólo se limitan a poner
el nombre de quien estuvo por allí,
junto con la fecha de partida, para que
las futuras generaciones de viajantes
lo recuerden. Por supuesto, también
la empresa comienza a ceder ante la presión
de los clientes insatisfechos, apuntando
a un mejoramiento radical en los servicios.
Por ejemplo, Barbaria acaba de enviar
un representante técnico al año
veintiséis para que logre la producción
de cinco mil metros cúbicos de
asfalto y negocie con Pilatos la construcción
de un corredor más confortable
para vía Dolorosa, lo que hará
menos fatigosa la recorrida de los viajantes
y, además, sería un gesto
misericordioso con el Nazareno que más
de una vez se rompió los pies con
las piedras que no veía en su camino.
Se ha calculado que la mejora no significará
cambios en las Sagradas Escrituras, ya
que allí no se demuestra preocupación
especial por el urbanismo de la ciudad.
Con estas medidas, Axa pretende ponerse
a salvo de la lluvia de reclamos que viene
sufriendo por supuestas insuficiencias
del servicio, teniendo que enfrentar últimamente
juicios muy costosos de clientes que han
gastado una fortuna y no han regresado
complacidos. El motivo de los reclamos
no siempre es causado por el fuerte calor
de Jerusalén, o por la congestión
en la que se encuentra atrapada la ciudad
el día de la crucifixión.
Sobre todo se debe a las expectativas
no satisfechas de los viajantes. La empresa
se defiende diciendo que las Sagradas
Escrituras no fueron escritas bajo su
control de calidad, sino que son solo
documentos históricos y, por lo
tanto, exagerados. Allí donde muere
el Nazareno, en lugar de haber una noche
profunda y estremecedora apenas se oscurece
el cielo por una concentración
excesiva de nubes, y nada más.
Los católicos han declarado que
este hecho, como todos los referidos en
los Evangelios, debe tomarse en su valor
simbólico y no meramente descriptivo.
Pero a la mayor parte de la gente no satisfizo
la respuesta de Axa ni la del Papa Juan
XXV, que salió en defensa de la
multinacional, gracias a la cual la gente
ahora puede estar más cerca de
Dios.