En las primeras religiones, en los
cultos a la diosa Madre y a la tierra
fértil, en las sociedades agrícolas
y en las primeras ciudades, en Babilonia,
la castidad era considerada un pecado.
Y la esterilidad una maldición.
Luego esas consideraciones cambiaron;
es obvio, fueron invertidas. ¿Cuándo
y por qué el espíritu
religioso comenzó a condenar
el sexo con tanta furia? ¿Por
qué María era virgen si
estaba casada? Todos los líderes
espirituales fueron a su tiempo considerados
hijos de madres vírgenes, desde
Krishna hasta Confucio, desde Buda hasta
Jesús. (Algunos blasfemos pretenden
explicar este hecho considerando que
solo un espíritu santo puede
embarazar a una mujer sin penetrarla;
y que éste era el recurrido argumento
de las adúlteras. Pero veamos
que hay otras historias, tan vulgares
como ésta, que nunca ingresaron
en la celebridad mitológica.)
Las santas se suponen vírgenes,
los santos deben ser castos, and so
on. Ejemplos concretos sobran y algunos
de ellos son caricaturescos. Algunos
han atribuido la austeridad sexual del
cristianismo a su reacción original
contra la cultura pagana de Roma. Otros
han apuntado motivos económicos
para la imposición de medidas
castradoras como el celibato. Por ejemplo,
los sacerdotes solteros son más
económicos, ya que una familia
implicaría un presupuesto mayor
para la Iglesia o, de lo contrario,
la distracción del sacerdote
en la producción civil. Por otro
lado, por lo menos en tiempos más
religiosos, los sacerdotes podían
heredar bienes de sus familias pero
al morir debían donarlos a las
arcas del Papa, ya que no tenían
descendencia.
Sin embargo, podemos decir que la austeridad
cristiana es común a casi todas
las religiones, si cometiésemos
la imprecisión de llamar religión
al tantra. El espíritu religioso
antes que nada es renunciante, y pocas
renuncias hay más valiosas y
significativas que la renuncia al sexo.
La renuncia al sexo posee un doble significado,
uno religioso y el otro social: la renuncia
del presente en favor del devenir, y
la renuncia de la promiscuidad a favor
del orden. Ambas suponen una victoria
sobre los instintos más básicos.
Un divorcio ya irreversible de la creatura
con el resto del reino animal. Si el
hombre primitivo renunció a una
mujer en el sacrificio ritual porque
era el símbolo preciado de la
vida, el hombre religioso renunció
a la mujer, símbolo despreciado
de la vida precaria, como tributo a
una cantidad mayor de lo que se renunciaba:
la vida eterna. Pero como es una renuncia
demasiado cara para una creatura que
fue animal, el renunciante debe protegerse
de la tentación. Unos se defienden
de los demonios, otros se autoflajelan.
Otros, como el monje Pedro Abelardo,
recurren a una especie de alter ego:
la razón. Con ella el escolástico
justifica el condenable deseo hacia
las mujeres. "Pongamos el caso
de un religioso —escribió— atado
con cadenas y obligado a yacer entre
mujeres. La blandura del lecho y el
contacto con las mujeres que le rodean
lo arrastran a la delectación,
no al consentimiento. ¿Se atrevería
alguien de calificar de culpa esta delectación
nacida de la naturaleza?" —La historia
de las religiones enlista no solo ascetas
y mártires voluntarios; también
creaturas con la costumbre de arrancarse
cosas: ojos, lenguas, testículos.
Orígenes de Alejandría,
por ejemplo, no conforme con el ascetismo
que practicaba, se castró a sí
mismo como forma de interpretar correctamente
los Evangelios.
* * *
La insistente preposición no
indica la preexistencia de su contrario.
Porque, como decía Freud refiriéndose
al tabú, "no vemos qué
necesidad habría de prohibir
algo que nadie desea realizar; aquello
que se haya prohibido tiene que ser
objeto de un deseo". Exactamente
lo mismo dice Lévi-Strauss en
Las estructuras elementales del parentesco:
"No habría razón
alguna para prohibir lo que, sin prohibición,
no correría el riesgo de ejecutarse".
El origen de la prohibición (dice)
debe buscarse en la existencia de un
peligro que amenaza al grupo. "...Aún
debemos descubrir las razones por la
cual el incesto implica un perjuicio
para el orden social". Precisamente,
el psicoanálisis nos dice que
este tipo de prohibiciones se hayan
interiorizadas en forma de horror al
acto que se prohíbe. Pensamos
que en las profundidades de la prehistoria
las creaturas vivían en permanente
conflicto con la naturaleza y consigo
mismas —aún en tiempos de paz,
la seguridad y el conflicto debieron
estar presentes como preocupación.
Como aún lo hacen el resto de
los animales y algunas creaturas, los
machos luchaban entre sí respondiendo
a los instintos más básicos
y por respeto a las leyes de Darwin.
El macho vencedor asesinaba (6) al vencido,
fornicaba (7) con sus hembras y tomaba
(8) lo que dejaba su adversario o su
vecino. Más tarde, las creaturas
más evolucionadas e inteligentes
se valieron para esto mismo de instrumentos
más sutiles: codiciaron (10)
y mintieron (9) en beneficio propio.
—Queda otra cuestión: ¿por
qué la prohibición más
universal de todas (según los
etnólogos), el incesto, no aparece
referida de forma explícita en
el Decálogo? Ni en el Decálogo
ni en ninguna otra Ley extranjera. ¿Tal
vez porque lo está de forma implícita?
* * *
Según el Antiguo Testamento,
Moisés escribió el Decálogo
en el monte Sinaí; probablemente
1450 años antes de Cristo. Con
la Ley se realizó para los hebreos
el frustrado esfuerzo de Amenofis IV:
el monoteismo. Sin embargo, los últimos
cinco mandamientos (no asesines, no
cometas adulterio, no robes, no mientas,
no codicies) son anteriores a los primeros
y anteriores al faraón hereje.
Los mismos ya eran conocidos entre los
hindúes como "Deberes de
orden general". También
el budismo posee cinco preceptos, cuatro
de los cuales coinciden con los últimos
de Moisés. No hace mucho, el
teólogo alemán Hans Küng
escribió que mucho antes de lo
que en la Biblia se anuncia como Mandamiento
de Dios ya estaba escrito en el código
de Hammurabi, en el Irak de hace 3.800
años.
Se las mire por donde se las mire,
salta a la vista que la Primer tabla
y la Segunda poseen orígenes
y significados diferentes. Seguramente,
si abandonásemos a una pareja
de niños en un planeta distante
y semejante a Gea, con el tiempo las
nuevas generaciones de creaturas repetirían
todos nuestros mitos, fundarían
religiones semejantes a las nuestras,
ideologías y muertes de ideologías.
Pero antes que nada volverían
a comenzar por el dictado de los últimos
cinco Mandamientos. En la actualidad,
no son pocas las autoridades religiosas
que reconocen que una creatura sin religión
puede vivir según una "ética
humana", y en ellas están
concentradas las esperanzas de un fin
de las "guerras santas".
* * *
El que no crea en las paradojas corre
el riesgo de caer atrapado en la lógica
engañosa de las cosas obvias.
Por ejemplo: no hay nada más
peligroso que la seguridad. Esta paradoja
fue sucesivamente confirmada por la
epistemología, por las ideologías
políticas y científicas,
por los gobiernos militares de los países
pobres y por las democracias de los
países ricos.
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