Uno vive rodeado de personas y animales
y en ellos va depositando sentimientos;
se asocia emocionalmente con ellos para
espantar la irremediable soledad cósmica
a la que fuimos condenados. Pero luego
esos seres van desapareciendo, uno a uno.
Porque los que se mueren son siempre los
otros. Entonces la sociedad se disuelve,
los antiguos pilares que sostenían
al mundo se derrumban y caemos al vacío
donde los recuerdos son inútiles
espejismos de agua para el que agoniza
en el desierto. Luego traemos hijos al
mundo con la esperanza de que los nuevos
pilares nos sobrevivan. Porque el destino
de la creatura metafísica no es
del todo terrible.
* * *
Es en la infancia el único momento
en que la creatura es capaz de vivir
plenamente el presente. Más tarde,
en la madurez, ya no podrá hacerlo,
porque el futuro irrumpirá siempre
sin una forma definida. Hasta que sea
hecho y, entonces, en la vejez, será
el pasado el que reclame su derecho:
completar la obra del tiempo; que la
creatura nunca muera satisfecha. —Se
podría decir que muchas creaturas
sólo se preocuparon por el presente,
como Omar Khayyam. Pero no fueron esta
clase de creaturas las responsables
de casi toda nuestra historia metafísica
y material. Para bien o para mal, toda
la acción de la creatura tiene
su motivación en el futuro. En
ese tiempo está depositado todo
"porque", todo sentido, material
o metafísico. La muerte no solamente
significa, en principio, la negación
de todo futuro; también es la
negación de todo pasado, porque
con ella todo logro anterior se opaca
y se derrumba. Un poema del siglo XII
lo expresa así:
Dónde está tu gloria,
Babilonia? dónde el terrible
Nabugodonosor, y el poderoso Darío,
y el famoso Ciro?
Dónde está Régulo,
dónde Rómulo, dónde
Remo?
La antigua rosa es sólo un nombre,
solo nombres nos quedan.
¿Cómo no entender, entonces,
la respuesta religiosa? La exploración
metafísica puede levantar a la
creatura vencida por su propia conciencia,
por el poderoso poder interrogativo
de su memoria. Pero ¿todo eso
significa que la creatura inventó
a Dios para llenar sus carencias o que,
simplemente, lo descubrió al
transitar por la experiencia de su destino
metafísico? De igual forma, ¿inventó
las matemáticas para comprender
el mundo o las descubrió después
de una experiencia milenaria?
* * *
Supongo que ente la muerte ni Demócrito
ni Lucreciano debieron experimentar
angustia alguna. Por lógica,
cerebros como los suyos (casi digo "espíritus")
deberían registrar este suceso
como uno más: con la muerte de
un hermano un nuevo orden molecular
se ha establecido en el Cosmos, semejante
a una piedra que se parte o un árbol
que se incendia. Y sin embargo…
* * *
La muerte de una persona célebre
o simplemente famosa, conocida como
un familiar pero sin serlo, replantea
en la creatura el misterio de la desaparición,
de la partida, del abandono. Pero sin
el dolor irreflexivo que acompaña
la muerte de un amigo o de un familiar.
Por ello es vivida por el pueblo como
una tragedia griega.
* * *
Pero, ¿acaso hay respuestas
para la incomprensible muerte? Es decir,
¿acaso hay respuestas para el
misterio de la vida? Bien, si alguna
respuesta hay, demos por seguro de que
las creaturas ya las han explorado después
de enfrentarse durante milenios a la
misma experiencia. Porque, vaya casualidad,
estos seres se vienen muriendo desde
hace mucho tiempo, y desde hace casi
tanto que se angustian por ello. Esas
instituciones contestatarias son, sin
duda, las religiones. Respuestas imprecisas,
instituciones para la liberación
y para la opresión, para el altruismo
y para la explotación y el martirio
del prójimo, es cierto. Pero
qué más se puede esperar
de unos seres precarios e imperfectos
que son deglutidos cada día por
el insondable abismo? El cuerpo nunca
puede negar la muerte; el espíritu,
en cambio, aunque equivocado, es el
único capaz de semejante osadía.
Y es allí donde radica su grandeza.
La creatura, ante la vida y la muerte,
es un ser dubitativo. Por lo menos en
comparación a un tigre o a un
rinoceronte. Qué hacer, qué
sentir? Cuando uno de esos pobres seres
deciden ser guiados por un determinado
credo religioso, delega la responsabilidad
de equivocarse a un líder; o,
mejor aún, a todo un pueblo y
a toda una tradición milenaria.
Aún advirtiendo que otros millones
de creaturas se guían por credos
diferentes y hasta opuestos, al individuo
ya no le angustia la idea de equivocarse
en soledad. Si Buda, Cristo o Mahoma
lo dijeron, qué Juez los condenaría?
* * *
Todas las religiones significan un
rechazo a la muerte. Todas suponen el
dualismo cuerpo-alma. El primero está
destinado a la vejez y a la corrupción;
eso lo sabemos. Por lo tanto, nada bueno
puede esperarse de él a largo
plazo. El alma, siempre perfeccionable,
puede llegar a ser virtuosa, tanto en
el cuerpo de un enano como en el cuerpo
de un gigante. Desde los tiempos en
que los hombres escrutaban el silencio
y la oscuridad de las cavernas, el alma
ha sido eso que está presente
en un cuerpo vivo pero que no modifica
su peso cuando lo abandona. Por lo tanto,
es una cualidad sin peso; o pesaba lo
que el aire, según el griego.
Y como el aire o como todo lo que no
tiene peso, su destino es el alto cielo.
Pero claro, había algo que no
estaba bien: el hecho de que las creaturas
continuaran naciendo significaba que,
por algún motivo, las almas volvían
a caer. Porque esa es su naturaleza,
según los indianos, o porque
ese es su castigo divino, según
los otros. De cualquier forma, el alma
es "un extraño en la Tierra",
y solo puede liberarse o regresar a
su estado original a través del
conocimiento de su condición
actual, no por la simple muerte. Según
casi todas las filosofías y casi
todas las religiones.
* * *
¿Acaso es necesario ser ateo
o blasfemo para reconocer el carácter
neurótico de la renuncia religiosa,
la eterna mentira política de
sus sermones y sus inmaculadas prácticas
apolíticas? ¿No será
que al hacerlo estamos dando un paso
hacia una espiritualidad más
auténtica? ¿No es ese
paso el paso más importante en
la evolución humana? ¿No
es la evolución espiritual la
única con algún sentido?
¿No es ese, acaso, el mayor objetivo
de un Dios que aún se preocupa
por sus creaturas?
* * *
Ya Darwin había observado que
la lucha por la sobrevivencia es más
intensa entre los individuos de una
misma especie. La creatura humana no
podía ser una excepción
y vivió este problema como individuo,
familia, clan, tribu, raza y, finalmente,
como nación. En toda la historia
civilizada, y desde mucho antes, la
creatura se ha enfrentado, con obsesión,
a una única amenaza exterior:
las otras creaturas.
* * *
(*) Del libro Crítica de la
pasión pura (Jorge Majfud, 1998)