La
preocupación por el ambiente posee
una larga historia relacionada con la ciencia
ecológica, ya que fueron los ecólogos
los que primero dieron la voz de alerta
con relación a un industrialismo
contaminante y destructivo del planeta.
• Frente
a un panorama que se encuentra desolador
¿Quiénes comienzan a tomar
al toro por las astas?... Un rol fundamental
les cupo a las Naciones Unidas, quienes
realizaron en 1972 la Primera Conferencia
sobre el Ambiente, en el cual se creó
PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para
el Ambiente), y se identificó a la
educación ambiental como una de las
armas más importantes para la preservación
de la Tierra.
Por otro lado se financiaban estudios como
los del Club de Roma, quien les decía
a los banqueros y economistas que la naturaleza
posee claramente un límite. La UNESCO
y el PNUMA organizaron en 1977 la Conferencia
Intergubernamental en Educación Ambiental,
en Tbilisi (Rusia), y aquí nació
formalmente la educación ambiental
como una disciplina cuyos objetivos son:
"Generar una conciencia clara de la
independencia económica, social y
ambiental y proveer a cada ser humano con
las oportunidades para adquirir conocimientos,
valores y actitudes que les permitan modificar
sus patrones de comportamiento para proteger
y mejorar su ambiente".
De acuerdo a la propia definición
de la Organización de las Naciones
Unidas para la educación ambiental:
Esta educación permite reconocer
valores y conceptos para crear habilidades
y actitudes necesarias para comprender y
apreciar la relación natural y social
entre el hombre y su medio biofísico
circundante, al tiempo que le da posibilidades
de crear normas y códigos de comportamiento
para lograr el mejoramiento de la calidad
ambiental.
Para lograr esto, es necesario seguir los
siguientes pasos: Dar a conocer a un público
cada vez más amplio las causas principales
del problema y lograr en él la comprensión
y concientización hacia éste,
conocer, comprender, tomar conciencia y
actuar, esa debe ser la dinámica
y finalmente, formar una Asociación
no gubernamental que congregue a todos los
participantes activos en el proceso, con
el objeto de organizar a profesores y estudiantes
del sistema educativo nacional desde los
niveles elementales hasta los posgrados,
a todas las asociaciones civiles no gubernamentales
y en fin a toda persona que responsable
y organizadamente, basada en su propia experiencia
o en la de los demás, desee actuar
para ofrecer un proyecto alternativo y fundamentado
que pueda dotar a los gobiernos de mecanismos
de acción cuya propuesta emane de
la sociedad civil organizada.
Esta asociación debe ser de cobertura
nacional y debe contemplar redes de intercomunicación
regional, de cooperación, capacitación
e intercambio, para lograr trabajar en modificaciones
y reforzamientos de la educación
ambiental escolar (curricular y no curricular).
Hoy por hoy, mucho de los que se llama educación
ambiental no tiene nada de educación
ni de ambiental. Simplemente se la puede
considerar propaganda verde, debido a la
banalización de los conceptos ambientales
en muchos ámbitos educativos.
A todos los que salimos a buscar una escuela
o un jardín de infantes para nuestros
hijos nos han ofrecido servicios como: "Minihuerto
Ecológico", "Clases de
Reciclado" y "Salas de Ecología".
Al entrar, el minihuerto era una maceta
con un tomate y una jaula con cotorritas
al lado... Nadie niega lo emocionante que
puede ser ver crecer una planta de tomate,
pero la ecología y la educación
ambiental son otra cosa, no necesariamente
serias y aburridas, pero requiere una cierta
metodología y especialmente un cierto
cúmulo de información ecológica
básica, y que si se considera a la
educación ambiental como algo descolgado,
automáticamente pasa a convertirse
en un opción, que compite con las
áreas de mayor importancia: matemática,
lengua y ciencias, lo cual termina siendo
contraproducente.
La clave está en la inserción
en el sistema formal de educación
oficial complementándose con la educación
informal.
Las organizaciones ambientalistas no deben
establecer programas o actividades alternativas
de ningún tipo, porque en general
los conservacionistas originan el peor material
educativo del mundo, simplemente porque
no son docentes. Además aun en los
países donde la educación
no es prioritaria y recibe magros fondos,
el sistema oficial siempre cuenta con más
posibilidades y recursos que las entidades
de bien público.
De otra forma, se están generando
chicos con angustia sobre el futuro de la
naturaleza que asusta, chicos que le dicen
a su padre que es un asesino porque fuma,
chicos que cambian lamparitas de su casa
a una de menor voltaje y no soportan la
paradoja de los carteles luminosos de las
calles; se generan chicos que consumen "antiecológicamente"
latas de gaseosas, porque en la escuela,
en las clases de ecología, éstas
se reciclan. Cuando el mensaje correcto
sería el siguiente: La naturaleza
es como un enfermo; las generaciones precedentes
lo enfermaron voluntariamente y a este enfermo
terminal ellos deben cuidar para que mejore
y no se muera. Este enfermo todavía
está vivo y vale la pena ayudarlo
a mejorar. La naturaleza, ante todo, nos
da la oportunidad de disfrutar y de ser
más felices de una manera generosa.
La educación ambiental en la Argentina
está poco más que en pañales,
pese a los esfuerzos y los planes oficiales
que se están tratando de implementar,
tanto en el Ministerio de Educación
de la Nación como en los organismos
equivalentes de las provincias, debido a:
La falta de conexión entre las medidas
individuales que se implementan y la problemática
social, el carácter temporal de las
acciones propuestas (no conducen a la formación
de hábitos), no se permite desarrollar
la creatividad de los sujetos, ya que no
hay continuidad entre el contenido que se
transmite y las concepciones y representaciones
de los sujetos y para finalizar, la falta
de la información sobre los problemas
locales en conjunción con la problemática
nacional. La asistencia oficial es escasa
o prácticamente nula. Esto se debe,
principalmente, a la precaria importancia
que frecuentemente se da a la educación,
tanto desde el estado como otros sectores
de la sociedad, se traduce como una contracción
del sistema educativo público, como
efecto de un presupuesto bajo y la ausencia
de un debate acerca de la calidad y beneficios
de la educación impartida.
La mayoría de los problemas de conservación
siguen siendo los mismos que a fines de
la década del 60 y principios del
70: la contaminación, la deforestación,
la desaparición de especies. Estos
problemas no sólo continúan
sino que se han agravado. Este hecho contrasta
con la creciente preocupación del
público, que peticiona por una mayor
regulación por parte de los gobiernos,
que presiona para promulgar nuevas leyes
y que ha motivado la creación de
organismos específicos que atiendan
estas cuestiones. Si gran parte de estos
problemas son antiguos, entonces se puede
inferir que los éxitos de la educación
tradicional en materia ambiental deben ser
muy pocos.
A la buena predisposición de los
docentes, que roban horas de sueño
a su descanso para capacitarse en los a
menudos espinosos temas ambientales, hay
que sumarle que muchas de las direcciones
educativas existen, pero no funcionan.
Los fascículos "Nueva Escuela"
no llegan, los recursos económicos
no alcanzan o sencillamente no existen y
para terminar las instituciones terciarias
no ofrecen carreras o posgrados para todas
las especialidades que se necesitan cubrir.
Para conservar nuestros ambientes, necesitamos
un sistema educativo dinámico, que
tenga una clara relación con la realidad
y con las necesidades de la sociedad. Dentro
de dicho sistema hay tres aspectos críticos,
íntimamente relacionados: el currículum
vitae, la capacitación docente y
los recursos didácticos. Ninguno
de estos aspectos se están desarrollando
adecuadamente.
Para subsanar estos problemas, la idea es
proponer, con base a un conocimiento científico
real, a través de una sociedad promotora
del cambio ambiental autónoma, libre
de presiones políticas, un plan de
acción que el gobierno federal impulse
en el país conjuntamente con la sociedad
civil, a través de la consulta sistemática
y abierta, para implementar en la práctica
un proyecto alternativo comunitario, que
tendrá auspiciado su propio éxito,
por haber surgido en forma conjunta, después
de escuchar los planteamientos organizados
de una sociedad civil cada vez más
capacitada, conciente y dispuesta a actuar.
Para encontrar una vida en armonía
con el ambiente, lo primero que debe realizarse
es obtener una población consciente
de su pertenencia al todo que lo rodea.
Se debe educar a las personas desde la infancia
para que aprendan el cuidado necesario para
no malgastar los recursos del planeta, para
no ensuciar su entorno y para convivir con
su vecino.
*Cristian Frers
– Técnico Superior en Gestión
Ambiental y Técnico Superior en Comunicación
Social – E-mail: cristianfrers@hotmail.com
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From:
Ricardo Traub
To: redaccion@estocolmo.se
Sent: Monday, February 23, 2009 2:13 PM
Subject: ambiente
Comparto plenamente con Frers sus comentarios
en cuanto a educación y los obstáculos
que plantea los he sufrido en carne propia
y dolorosamente de los mismos
docentes y a todo nivel pedagógico
pues me ha tocado por muchos años
trabajar en el tema y creo la única
fórmula posible para cambiar el
rumbo del desastre globalizado es “AMBIENTALIZAR
“ todo, cada paso y cada idea , cada actitud
y proyecto y lo didáctico es fundamental
pero obligatorio para todo tipo de actividades
humanas y eso sólo se logra con
real voluntad y que sea holístico
como la naturaleza , que no segrega nada
pues busca básicamente armonizar
el medio y nuestra tarea es disponer el
privilegio de pensar hacia ese derrotero
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