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Y colorín colorado, el cuento del
señor colorín que intentó
comerse a la caperucita peluda se ha acabado.
Con los laureles del desprecio se le
niega de una plumada la calidad (calidad
que ignoro si tendrá mucho valor
en los mercados bursátiles de la
corrompida política chilena) de
una militancia de cuarenta años,
se le borra de todos los registros y de
una forma poco gentil se le hace entrar
al vapuleado campo de los ex. Él
alega que ha estado cuarenta años
en la lucha, No conoce la letra del tango
que dice: Veinte años no es nada.
Para el actual grupo que controla la DC:
cuarenta años son simplemente dos
veces nada.
Y colorín colorado, el senador
nos anuncia, con todas sus pies de persona
patuda, la solución a su problemita,
la solución al enigma llamado Chile,
fundará otro “referente político”
lo que en jerga de buen cristiano significa:
fundar otro partido. El cuento que pasó
por un zapatito roto se ha transformado
en un cuento de nunca acabar.
Aquí me pierdo un poco, no sé
si por mala memoria de él o por
mala memoria mía, el asunto es
que nos habla como su fuera el más
grande paladín de la lucha por
los intereses de quienes no están
en las manijas del poder. Me puede recordar
alguien si el ilustre senador desmemoriado
fue ministro, fue presidente del partido
que le da hoy la “patá”. La pregunta
que en este momento me asalta es ¿en
qué mundo estaba cuando desde esas
instancias y autoridades y recursos pudo
hacer algo por la gente que hoy dice defender?.
Nadie en su sano juicio puede argumentar
que el señor del puro cuento fue
en esos momentos de gloria y poder un
defensor del discurso y el hacer, que
hoy esgrime como su mejor defensa. Desde
El Señor de los anillos: el de
la sangre, el de los desaparecidos, el
de la corrupción, el de los robos,
hasta nuestros días hay una continuidad:
el poder ha cambiado de administradores,
pero las ganancias siguen aumentando las
mismas cuentas o lo que viene ser lo mismo,
los pobres siguen en su penoso oficio
de pobres sin que paladín o colorín
alguno se haya atrincherado en los bosques
o en los pasillos del congreso.
Lo intrincado del cuento me ha dejado
en un mar de cavilaciones. Decía
el más grande filósofo de
toda la historia humana, que había
que poner todo bajo la lupa de la duda.
Y en esto estuve toda la noche de anoche,
ahora pongo en el papel el resumen:
Uno. Lo que sucede en
la DC no es exclusivo de ellos, antes
se decía que sucedía hasta
en las mejores familias, ahora debo decir
de que sucede en todas las familias, también
es cierto que tener la exclusividad en
este tipo de enredos no es ningún
mérito. Pero que estos mismos existan
puede significar que algo mayor no anda
en el país de las maravillas.
Dos. El personaje principal
del cuento ha dado muestras de ser bastante
inepto para poner sus telas de araña,
para mover sus piezas incondicionales
y para mover la sinhueso. Para colmo,
no cuenta con la astucia de una esclava
como la de Ali Baba que lo guie en todo
momento. Entonces no necesito ser brujo
para adelantar que el circo continuará
y las soluciones quedaran para las calendas
griegas.
Tres. Ahora nos quiere
hacer pasar gato por conejo. Nos habla
de seguir en la senda de defender a los
que no tienen voz y otras frases para
el bronce, en el teórico caso de
que a su muerte se la ocurriera a alguien
hacerle un pequeño monumento de
bronce. Sin embargo, en los dominos de
la realidad real, estas fraseas están
a años luz de corresponder a lo
concreto.
Cuatro. Anuncia el terrible
propósito (¿o debiera decir
despropósito?) de trabajar por
la creación de un nuevo referente
político. Triste conclusión
para quien tiene estudios de algo, para
quien tiene la herencia de los Larrain
(estar siempre en el poder). Pobrecito,
no se ha dado cuenta de que en el país
real los partidos son ceros a la izquierda.
El gobierno lo administra, en el papel,
una coalición de partidos. Mientras
no exista una constitución discutida
por todos, aprobada en referendo, mientras
no se termine con el engendro trágico
llamado binominalismo, ningún partido
está en condiciones de implementar
sus metas en el país.
Cinco. Agregar otro
partido o es un acto puro cuento o hay
la voluntad en quien lo dice de ir más
allá. Lo más cercano a ir
más allá es la continuidad
de lo que se propuso Allende y francamente,
me parece, creo, humildemente, que el
honorable senador Colorín está
bastante lejos de tales propuestas.
Seis. Lo peludo del
caso es que esta comedia, que algunos
quieren presentar como drama, nos demuestra
que en el país lo que faltan son
políticos que luchen no por sus
egos, sino por los intereses de las grandes
mayorías; los pobres que trabajan
y trabajan son salir nunca de pobres.
Se necesitan políticos que luchen
por los intereses del país y no
los que hay luego del nefasto periodo
de dictadura militar.
Hay momentos en la historia de cualquier
país en que los gobernantes asumen
la tarea de ir adelante y hay otros momentos
en que estos van a la deriva y son barridos
por los acontecimientos.
En el país actual donde impera
la ley de hacer lo que sea posible y nunca
lo que sea necesario, en el país
donde los de arriba actúan desde
el total desprecio por los de abajo, en
el país donde hay dos caminos para
la justicia y hay dos formas de castigar
delitos según sea el poder del
delincuente, en el país donde las
diferencias entre las dos coaliciones
que se reparten el poder no son muchas,
en el país en donde muchos se creen
llamados a controlar la manija del gobierno
sin tener las mínimas condiciones,
en el país donde hay enormes recursos,
pero estos no se emplean en implementar
soluciones, en el país donde son
cada día más los que no
pueden vivir de su trabajo y donde la
educación no te asegura futuro
alguno, se necesita con suma urgencia
un extraordinario salto de calidad y este
solamente es posible desde quienes sufren
el circo y las faltas del sistema.