• Reconocido
mundialmente como un intrépido reportero
de guerra, realizó su primer reportaje
en la guerra civil española para
la revista Life, en esta guerra realizó
una de sus más reconocidas imágenes
“Miliciano Herido de Muerte”.
A partir de ahí, su carrera como
reportero fue imparable, nadie hasta él
se había acercado tanto a la acción
en el campo de batalla, Capa solía
decir: “Si tus fotografías no son
lo suficientemente buenas es por que no
estás lo suficientemente cerca”.
En sus imágenes captó algunos
de los grandes momentos de la historia
moderna como el desembarco de Normandía
en la II guerra mundial, el nacimiento
de Israel en 1949 o la guerra de indochina
en la que murió en 1954 al pisar
una mina a la edad de 40 años.
En 1947 había fundado la prestigiosa
agencia Magnum Photos con sus amigos Henri
Cartier-Bresson, David Seymour y George
Rodger. Rober Capa era también
amigo de Picasso, Henri Matisse, Ingrid
Bergman y Ernest Hemingway a los cuales
también retrató.
Algo de Historia
Robert Capa, obra fotográfica (Oceano/
Turner, 2001): 937 fotos, cinco centímetros
de grueso, 572 páginas y cerca
de dos kilos de peso, ciertamente puros
datos externos aunque en ellos está
contenida la portentosa obra del maestro
Endre o André Friedmann, mejor
conocido como Robert Capa, y en lo que
ahora es una de las mejores novedades
fotográficas con que comienza a
terminar el invierno.
Conocido originalmente en inglés
casi simultáneamente fue lanzado
en español la extensa recopilación
que conforma Robert Capa, obra fotográfica,
que abarca un poco más de 20 años
de un fotógrafo que forjó
a sí mismo su leyenda. Nacido en
Budapest, Endre Friedmann, también
conocido como Bandi, muy joven salió
exiliado de Hungría hacia Berlín
en donde trabajaría en la célebre
agencia fotográfica Dephot. Ahí
el director de la misma, Simon Guttman,
le ofreció su primera oportunidad
a quien hasta entonces era un recadero
y ayudante de cuarto oscuro de 18 años.
Su primer trabajo: realizar un reportaje
en Copenhage sobre
el exiliado ruso Leon Trotsky ofreciendo
un discurso a estudiantes daneses. A partir
de ahí las cosas ya no volverían
a ser las mismas, Guttman reconoció
su talento. Pero para 1934 las cosas se
comenzaban a poner feas para Europa. De
ascendencia judía, Endre tuvo que
salir en dirección a París
al arribo de Hitler como canciller alemán.
En esta ciudad conocería a otras
celebridades
fotográficas: André Kertész,
quien lo ayudó a sobrevivir, y
al joven rico Henri Cartier-Bresson. Aunque
también hizo algo más. Ante
tantas carencias económicas y la
imposibilidad de vender su obra fotográfica,
Gerda Taro, esa bellísima mujer
a quien conocería en París
y quien se convertiría en su amante,
le ayuda a inventarse otra personalidad:
la de un fotógrafo norteamericano,
que respondía al breve y sonoro
nombre de Robert Capa (que era una unión
cinematográfica proveniente de
Robert Taylor y Frank Capra) con reconocida
fama y prestigio pero que nunca se dejaba
ver. Gerda se volvió su agente,
lo promocionó entre los diarios
y revistas franceses que comenzaron a
comprarles sus imágenes, y le inventaría
su propia historia a este huidizo y enigmático
fotógrafo. Hasta que se descubrió
que aquel fotorreportero de apellido Friedmann,
al que pocos tomaban en cuenta, era el
tal Robert Capa.
Por ahí comenzó su leyenda,
aunque también por su capacidad
de registro de los sucesos que comenzaban
a conmocionar Europa.
En 1936, Capa cubre la guerra civil española
y las imágenes de este suceso aparecen
simultáneamente en la francesa
Vu, la londinense Weekly Ilustrated y
la revista norteamericana Life, lo que
pocos habían logrado para entonces.
Aunque ciertamente para esos años
pretelevisivos las revistas ilustradas
se habían vuelto en el gran medio
gráfico de información visual,
lo que favorecería la labor de
este reportero que apenas rebazaba los
20 años y que ahora se encontraba
estrenando nuevo nombre.
Pero ahí también había
un ejercicio de eficacia visual. Evidentemente,
Capa se había convertido en heredero
inmediato de las vanguardias europeas
pero ahora aplicadas éstas a la
práctica fotodocumentalista: contrapicados
con los que exaltaba la figura (que aplicados
a los escenarios obreros emparentaban
sus imágenes con el constructivismo
ruso), barridos con los que
obtenía dinamismo o geometrizaciones
que le ofrecían dirección
a la escena, todo con lo cual obtenía
una visión heroica de los hechos.
La guerra civil de España sin
duda determinaría las capacidades
de Capa en su movilidad (esa manera de
trabajar con la que logra deslizarse y
aplicar distintos puntos de vista) dentro
de los conflictos y le daría a
su trabajo una especial implicación
hacia la circunstancia humana. Después
vendrían los conflictos en París,
la guerra chino-japonesa, el
avance nazi en europa y la ocupación
alemana en francia. Dentro de todo ello,
también estaría México
y sus conflictos electorales de 1940.
Un pasaje, de apenas seis meses, casi
borrado dentro de su trabajo acaso porque
no tuvo las dimensiones épicas
que le precedieron pero que, como se verá,
también tuvo lo suyo.