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Cuando se dice que la maleta encontrada
con los negativos de Robert Capa trae
más interrogantes que respuestas,
hay parte de razón, sobre todo
en lo que concierne a hacer justicia a
la fotógrafa Gerda Taro y a su
obra. Partamos de la base de que ni Robert
Capa se llamaba Robert Capa ni el verdadero
nombre de su novia y compañera
en la guerra de España era Gerda
Taro, sino Gerda Pohorylle.
Empecemos por el principio. Gerda Pohorylle
nace en 1910 en Alemania en una familia
judía de origen polaco. Desde muy
joven milita en organizaciones de izquierdas
hasta que en 1933 es arrestada por participar
en una manifestación contra el
nazismo. Consciente del peligro que corre
en su país decide trasladarse a
París. Un año más
tarde empieza su romance con el también
fotógrafo André Friedmann.
Un húngaro perfectamente desconocido
que soporta la desgracia de apellidarse
igual que un reputado fotógrafo
parisino. Gerda se convierte en la agente
comercial de su novio, que a cambio, comienza
a enseñarle a usar las cámaras.
Pohorylle y Friedmann tienen muchos problemas
para vender sus fotografías. Nadie
está dispuesto a lidiar con el
equívoco de publicar las fotos
de un tal Friedmann que no sean del gran
Georges Friedmann y a ella su condición
de mujer y de judía alemana no
le facilita mucho las cosas. Así
que en febrero de 1936 deciden inventarse
el personaje de Robert Capa, un fotógrafo
ficticio, un millonario americano bajo
cuya identidad piensan que pueden vender
mejor su trabajo. Lo bordaron. Las fotografías
con la firma de ese tal Capa triplicaron
el precio de las suyas.
Admirada por el mágico efecto
que los nombres sonoros tienen a la hora
de vender, Gerda decide cambiar de apellido
y desde ese momento se hace llamar Taro,
Gerda Taro. Un nombre que le recuerda
al de la actriz Greta Garbo y que toma
del artista japones Taro Okamoto. Demasiado
tarde. El ficticio Robert Capa terminó
por suplantarles a los dos. La confusión
llega a tal extremo, que hoy se alzan
voces que cuestionan, incluso, la autoría
de la fotografía mas famosa de
Capa, 'Muerte de un miliciano', que, como
muchas otras, siempre se atribuyó
a André.
Gerda Taro, tuvo la mala suerte de elegir
un alias masculino para firmar sus fotos
de guerra. Y la malísima suerte
de morir muy joven lo que favoreció
que desde entonces Robert Capa dejase
de ser una marca comercial para convertirse
en el pseudónimo de André
Friedmann.
Se sabe que 'los Capa' hicieron dos viajes
juntos a España durante la guerra:
En cuanto empezó la contienda,
en julio de 1936, Taro y Capa viajaron
por primera vez a Barcelona. Ambos querían
fotografiar los combates de cerca y de
paso colaborar con la causa republicana
con la que simpatizaban. Después
de Barcelona, fueron al frente de Córdoba,
donde, presuntamente, Capa hizo la famosa
foto. A pesar de que en esta primer época
los dos fotografiaban codo con codo las
mismas escenas, y de que ambos firmaban
como Robert Capa, los negativos se distinguen
fácilmente ya que Gerda usaba una
cámara Rolleiflex, de negativo
cuadrado mientras que Capa usó
siempre una Leica de 35 mm. Al menos esta
es la versión oficial, ya que por
otro lado, viendo las publicaciones de
la época, se sabe que para ellos,
en esos días, la autoría
de las fotos era lo de menos ya que ambos
intercambiaban sus cámaras continuamente.
Los dos fotografiaban codo con codo las
mismas escenas y ambos firmaban como Robert
Capa.
De hecho, en la maleta mexicana recientemente
reaparecida y cuyo material se está
catalogando actualmente en el Centro Internacional
de la Fotografía de Nueva York,
los negativos del frente de Córdoba
aparecen firmados con el sello rojo 'TARO'.
Lo cierto es que la autoría de
las fotografías de este primer
viaje es realmente un misterio que tal
vez se resuelva en parte al estudiar el
nuevo material.
La pareja hizo un segundo viaje a España
en febrero de 1937. Estas fotografías
son aún más difíciles
de distinguir ya que para entonces ambos
fotografiaban con el mismo formato rectangular
de 35mm. Su firma en las revistas pasó
entonces a ser Capa & Taro. Después
de fotografiar la defensa de Madrid, Capa
volvió a París mientras
que Taro permaneció en España.
El romance entre ambos había terminado.
Gerda era ya una fotógrafa reconocida
en Francia y empezó a firmar sus
fotos como Photo Taro. En julio de 1937,
después de varias semanas cubriendo
la batalla de Brunete, Gerda muere al
ser atropellada por un tanque republicano.
Estaba a punto de cumplir 27 años.
Hoy se la considera la primera reportera
gráfica que trabajó desde
el frente y la primera que muere en un
campo de batalla. Su carrera fue corta
y sus fotos tan impactantes como desconocidas.
Siempre estuvo a la sombra del hombre
al que ella misma puso nombre. Fue eclipsada
por la gran fuerza artística y
documental del legado de Capa, del que
es muy posible que ella sea más
autora de lo que nunca se pensó.
Esperemos que parte del misterio pueda
ser ahora aclarado y se haga justicia
a la obra de esta excelente fotógrafa.
*Sofía Moro es nuestra colaboradora
de fotografía
'Ligeramente desenfocado'
Robert Capa, quien se inventó
su nombre artístico, huyó
con su familia de los nazis cuando estos
dominaban media Europa. Muy joven llegó
a España para fotografiar la Guerra
Civil. En el Cerro Muriano (Córdoba)
hizo la foto del miliciano a punto de
morir, doblado por un disparo, que se
convirtió en un icono de la guerra
española. Aunque hay quien asegura
que aquella foto estaba preparada, lo
cierto es que aquel día y en aquel
sitio murió el miliciano de la
foto, Francisco Borrell.
Bebedor, mujeriego, siempre con un cigarrillo
en la mano, Capa se encumbró como
el mejor fotoperiodista del momento con
sus imágenes del Día D,
el desembarco de Normandía que
supuso el principio del fin de la Segunda
Guerra Mundial. Aquellas fotos, ligeramente
desenfocadas por un error en el revelado,
le dieron un gran disgusto y, a la vez,
el título de su autobiografía:
Robert Capa: ligeramente desenfocado.
Después de la guerra, en 1947,
Capa fundó con Henri Cartier-Bresson,
entre otros, la agencia Magnum, la que
convirtió a los fotógrafos
en dueños de su trabajo, con mayor
independencia y marcándose sus
objetivos.
A Capa lo mató una mina en la
guerra de Indochina en 1954, cuando cubría
un reportaje que no le hacía especial
ilusión pero al que se vio arrastrado
por la insistencia de su editor.