Suecia - Estocolmo


Estocolmo
Foto: Estocolmo.seLa ciudad de Estocolmo se funda a mediados del siglo XIII por decisión del Conde Birger (Birger Jarl), en una isla aparentemente insignificante de la zona en que el Mälaren se une al Báltico, en el momento en que Suecia se está constituyendo como estado nacional, iniciando su hegemonía en el Báltico. Finlandia, convertida en provincia de Suecia, seguirá siéndolo hasta comienzos del siglo XIX. Durante el siglo XVII y comienzos del XVIII, Suecia llegó a ser, en pugna con Rusia, la gran potencia del Norte, dominando toda la costa del Báltico desde Finlandia hasta Riga, además de la Pomerania y otras zonas del norte de Alemania. El papel de gran potencia de Suecia queda confirmado por la Paz de Westfalia de 1648. Mas volvamos al nacimiento de Estocolmo.

La segunda mitad del siglo XIX

La segunda mitad del siglo XIX supone el comienzo de la era industrial y de la emigración masiva del campo a la ciudad. En tan sólo 50 años, entre 1850 y 1900 la población de Estocolmo creció de 93.000 a 300.000 habitantes. Esto supone que los dos suburbios de la ciudad, de una amplitud varias veces mayor que la Isla de la Ciudad Vieja, también llamada Ciudad entre los Puentes, pasan a ser las dos zonas de ensanche. En el Suburbio o Ensanche Norte se establece la burguesía, lo que se echa de ver en sus edificaciones, mientras que el Ensanche Sur es el asentamiento de la clase trabajadora. En esa época se inicia un debate en toda Europa que recuerda bastante nuestras discusiones actuales sobre el Medio Ambiente, aunque ese término no se use. La preocupación por combatir el hacinamiento humano y mejorar la calidad del aire y el agua son los tópicos del momento, cuyo paradigma se encuentra en la evolución de la sociedad industrial en Inglaterra. En Estocolmo los obreros inmigrados viven en zonas elevadas y aireadas del Ensanche meridional y si algo abunda en esos momentos es el espacio. La necesidad de sostener un debate que se haga eco de los temas actuales del continente no encuentra otro chivo expiatorio que la Ciudad Vieja. Es ahí donde las críticas encuentran un objeto adecuado. El resultado es una serie reiterada de planes que pretenden deshacerse de la Ciudad Vieja, con excepción claro está del Palacio Real y los dos o tres palacios principales, para dar paso a un casco administrativo y comercial de calles bien trazadas y manzanas de planta cuadrada y con casas nuevas de cinco pisos. Se trata, dicen, de dar a Estocolmo un centro comercial, adminitrativo y político digno de su capital. La construcción de un nuevo Ayuntamiento y de un Parlamento eran dos de los proyectos más acuciantes. Las propuestas al Concejo Municipal, los debates en el seno de éste y en la prensa, los planes presentados por ingenieros y arquitectos municipales se suceden durante toda la mitad del XIX y comienzos del X. Alguno de esos planes originó 10 años de debate municipal.

Un problema fundamental en la reconstrucción de la Isla de la Ciudad eran los gastos que ello supondría. Hay que recordar que muchas casas se habían levantado sobre terreno creado a base de restos orgánicos y escombros. El cimiento de muchos edificios se hallaba apoyado en pilares de madera que habían quedado, con el tiempo, en parte por encima del nivel del agua, estando en estado de deterioro. El subsuelo de la Ciudad Vieja es inseguro y se halla afectado por desplazamientos que afectan tanto a las casas como a las calzadas de las calles. Esos movimientos subterráneos, casi imperceptibles, son hoy controlados por aparatos de precisión instalados en la Isla del Barco, en frente de la Ciudad Vieja.

Una renovación de la Ciudad entre los Puentes de Estocolmo implicaba en cualquier caso, tanto si se renovaba lo antiguo como si se construía de nuevo, enormes gastos. Una condición sine qua non era la expropiación de fincas. Varios proyectos pretendían dar manos libres a las empresas privadas con mayor o menor participación del ayuntamiento. Un nivel de 5 pisos sería necesario para compensar los gastos de renovación.

La realidad cambia, a menudo, más rápidamente que las ideas. Mientras se discutía el futuro de la Ciudad Vieja, se iba poniendo de manifiesto que el verdadero centro administrativo y comercial de Estocolmo ya no gravitaba sobre esa isla, sino sobre la gran zona de expansión del Norte. La decisión a comienzos de siglo de construir un nuevo y suntuoso Ayuntamiento en el Ensanche Norte, a orillas del Mälar y enfrente de la Ciudad Vieja, marcó un cambio de dirección en el debate acerca de la transformación de ésta. Ya no era preciso seguir considerando a la Ciudad entre los Puentes como el Centro Urbano. Mientras esto sucedía, el debate por la conservación de la ciudad antigua, mejorando sus condiciones sin destruir su historia, se había empezado a dejar oir con autoridad, también inspirándose en ideas procedentres del continente.

Peor suerte le cupo a la pequeña Isla del Santo Espíritu. Esta Isla siempre había sido una preocupación, porque creaba un ambiente caótico y poco ajustado a la estética del poder en las inmediaciones del Palacio Real. El viejo hospicio y su cementerio se habían trasladado al viejo monasterio de los franciscanos y después al Ensanche Meridional. Ya en el siglo XVII se había construido un puente entre la Ciudad Vieja y el Ensanche Norte que pasaba por el Isla del Santo Espíritu y contribuía a la fusión de los dos islotes anteriores. Este puente sería modernizado más tarde y era a comienzos del siglo XIX un lugar preferente de paseo. En 1837 se construyó sobre él un bazar. A finales de siglo se decidió derribar todo y convertir el Islote del Santo Espíritu (que por lo menos ha conservado su antiguo nombre) en el lugar de edificación del nuevo Palacio del Parlamento bicameral y del Banco Nacional. Este proyecto que ha transformado la utilización de esta zona del viejo Estocolmo, se llevó a cabo no sin protestas de los que habían deseado que la destrucción de los viejos edificios, cosa que no se puso en tela de juicio con la suficiente fuerza, dejaran paso a un parque sin edificación alguna. Todavía en los años 60, cuando el parlamento unicameral se había trasladado provisionalmente a otro lugar, se alzaron voces en pro de derribar el edificio del Parlamento y hacer un parque. Pero lo que se hizo fue renovarlo y ampliarlo para sevir de parlamento bicameral. Esto conllevaba la necesidad de aparcamientos subterráneos, lo cual implicó la excavación del gran patio de entrada. Como suele suceder en estos casos, la excavación puso al descubierto restos arqueológicos, entre otras cosas la base de la muralla medieval construída en este islote, y el compromiso "a la sueca" resultó en que la mitad de lo que iba a haber sido aparcamiento, se ha convertido en Museo Medieval subterráneo.

No hemos dicho demasiado de la evolución del otro islote, el occidental, en el que los monjes franciscanos se asentaron en 1270. Después de la introducción del protestantismo, el convento desapareció, pero no su iglesia que hoy es uno de los puntos más visibles de la ciudad y ya no realiza funciones de culto sino que es panteón de reyes. En la isla se conserva una de las torres de defensa del siglo XIII, incorporada a uno de los palacios de la aristocracia, que fue residencia real después del incendio del viejo castillo y hoy se ha convertido en Tribunal. El resto de la isla fue convertido en zona residencial de familias pertenecientes a la nobleza durante el siglo XVII, de ahí el nombre de la Isla como Isla de la Nobleza. En la zona Norte de la Isla de la Ciudad se encuentra el magnífico palacio de los nobles, que recuerda la época de los tres estados, precedente al parlamentarismo de partidos.

El espacio que separa la Isla de la Nobleza de la Isla de la Ciudad Vieja está hoy ocupado por una vía de tráfico tanto para autos como para el Metro y el Ferrocarril, que comunica el Ensanche Norte, donde se halla la Estación Central, con la zona sur de Estocolmo y de su región. Pero lo que nunca se llevó a cabo fue el proyecto de una avenida que uniera el Ensanche Septentrional con el Meridional, pasando junto al Palacio Real y destruyendo la estructura del casco antiguo.

Mientras la conservación de la Ciudad Vieja fue convirtiéndose en la nueva ideología, creándose centros de estudio, asociaciones y proyctos de renovación cuidadosa de las viejas calles, la atención del urbanismo se concentró en la "ordenación" del Ensanche Norte. La planificación de este ensanche está unida al nombre de Alberto Lindhagen, miembro de la junta municipal de Estocolmo, diputado al parlamento y alto funcionario del Ministerio del Interior. Lindhagen introdujo en Suecia las ideas urbanísticas de Haussman que tuvo ocasión de estudiar en París y llevó a la práctica, con ciertas modificaciones, la idea de Jean de la Vallée de crear una vía monumental, la avenida de Svea, que atravesara la ciudad de Norte a Sur. Fue esta idea la que volvió a debatirse a partir de 1923, afortunadamente sin éxito. Hay un plan especulativo para la ordenación de Estocolmo hecho por Le Corbusier en época posterior, pero esto pertenece al artículo de curiosidades sin conexión con la realidad.

El deseo de aplicar las nuevas filosofías del urbanismo moderno y racional que no habían logrado destruir la Ciudad Vieja de Estocolmo, se ensañaron en cambio con una zona amplia del Ensanche Septentrional, el barrio de Santa Clara y otros adyacentes, en el que hoy se asienta el Centro comercial y de negocios de Estocolmo. Esta remodelación traumática de uno de los barrios que tenían más arraigo en el alma popular, se llevó a cabo con mano firme en los años 60. Sobre este tema se ha debatido y se sigue debatiendo mucho. El optimismo urbanista destructor de la historia fue frenado en 1967 por la confrontación entre los grupos activistas y los obreros municipales que, armados de sierras eléctricas estaban a punto de deshacerse de los álamos que adornan el llamado Jardín del Rey, lugar de asueto y festejo del pueblo de Estocolmo.

Aquí termino yo también mi rápida y rapsódica presentación de la evolución del Estocolmo histórico. Termino cuando en realidad debía empezar.


Foto:Estocolmo.seLa evolución de la Ciudad de Estocolmo muestra cómo la naturaleza y la causalidad a veces hacen más por la bondad y la belleza que la planificación basada en las ideas y las obras del hombre. Estocolmo es, según muchos, una de las ciudades más atractivas del mundo. Yo llevo 35 años aquí y cada vez me gusta más. El entorno natural que envuelve a Estocolmo y la devoción que la cultura sueca, a pesar de todo, ha mantenido en torno a la naturaleza intocada (el concepto de parque en Escandinavia y en el Sur de Europa son cosas totalmente distintas) han creado una ciudad rebosante de armonía y belleza y ha sabido encajar sus obras de ingeniería como un juego en medio de lo natural. En su tesis del factum verum distinguía Giambattista Vico entre dos tipos de hechos, los hechos de la naturaleza o de Dios y los hechos del hombre. La naturaleza nos asombra por su belleza porque no la comprendemos. Vico decía que los hombres sólo entienden lo que ellos han hecho, lo demás sólo lo entiende Dios. Yo añadiría que muchas de las obras del hombre moderno no las entiende ni Dios.

 

Estocolmo y sus habitantes

En corazón de Estocolmo viven 760 000 personas apróximadamente. Con el área metropolitana,ésta cifra asciende a 1.900 000. La población total de Suecia es de 9 000 000 habitantes.
El estocolmés medio tiene 39 años, unos ingresos mensuales aproximados de 2.500 euros y 1,36 hijos.

Estocolmo es la capital con más viviendas unipersonales del mundo. La mayor proporción de solteros se encuentran en el barrio de Kungsholmen, con más del 80% de los apartamentos habitados por sólo una persona. El barrio de Södermalm se sitúa en segundo lugar, con un 60%.

La estocolmensa media tiene su primer hijo a los 30,5 años y vive hasta los 81. La esperanza de vida de los varones es de 75 años.

Un 87% de los estocolmenses utilizan teléfono móvil y el 80% tienen acceso a Internet en casa.

Historia de Estocolmo
Estocolmo en La segunda mitad del siglo XIX

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