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La segunda mitad del siglo XIX
La segunda mitad del siglo XIX
supone el comienzo de la era industrial
y de la emigración masiva
del campo a la ciudad. En tan
sólo 50 años, entre
1850 y 1900 la población
de Estocolmo creció de
93.000 a 300.000 habitantes. Esto
supone que los dos suburbios de
la ciudad, de una amplitud varias
veces mayor que la Isla de la
Ciudad Vieja, también llamada
Ciudad entre los Puentes, pasan
a ser las dos zonas de ensanche.
En el Suburbio o Ensanche Norte
se establece la burguesía,
lo que se echa de ver en sus edificaciones,
mientras que el Ensanche Sur es
el asentamiento de la clase trabajadora.
En esa época se inicia
un debate en toda Europa que recuerda
bastante nuestras discusiones
actuales sobre el Medio Ambiente,
aunque ese término no se
use. La preocupación por
combatir el hacinamiento humano
y mejorar la calidad del aire
y el agua son los tópicos
del momento, cuyo paradigma se
encuentra en la evolución
de la sociedad industrial en Inglaterra.
En Estocolmo los obreros inmigrados
viven en zonas elevadas y aireadas
del Ensanche meridional y si algo
abunda en esos momentos es el
espacio. La necesidad de sostener
un debate que se haga eco de los
temas actuales del continente
no encuentra otro chivo expiatorio
que la Ciudad Vieja. Es ahí
donde las críticas encuentran
un objeto adecuado. El resultado
es una serie reiterada de planes
que pretenden deshacerse de la
Ciudad Vieja, con excepción
claro está del Palacio
Real y los dos o tres palacios
principales, para dar paso a un
casco administrativo y comercial
de calles bien trazadas y manzanas
de planta cuadrada y con casas
nuevas de cinco pisos. Se trata,
dicen, de dar a Estocolmo un centro
comercial, adminitrativo y político
digno de su capital. La construcción
de un nuevo Ayuntamiento y de
un Parlamento eran dos de los
proyectos más acuciantes.
Las propuestas al Concejo Municipal,
los debates en el seno de éste
y en la prensa, los planes presentados
por ingenieros y arquitectos municipales
se suceden durante toda la mitad
del XIX y comienzos del X. Alguno
de esos planes originó
10 años de debate municipal.
Un problema fundamental en la
reconstrucción de la Isla
de la Ciudad eran los gastos que
ello supondría. Hay que
recordar que muchas casas se habían
levantado sobre terreno creado
a base de restos orgánicos
y escombros. El cimiento de muchos
edificios se hallaba apoyado en
pilares de madera que habían
quedado, con el tiempo, en parte
por encima del nivel del agua,
estando en estado de deterioro.
El subsuelo de la Ciudad Vieja
es inseguro y se halla afectado
por desplazamientos que afectan
tanto a las casas como a las calzadas
de las calles. Esos movimientos
subterráneos, casi imperceptibles,
son hoy controlados por aparatos
de precisión instalados
en la Isla del Barco, en frente
de la Ciudad Vieja.
Una renovación de la Ciudad
entre los Puentes de Estocolmo
implicaba en cualquier caso, tanto
si se renovaba lo antiguo como
si se construía de nuevo,
enormes gastos. Una condición
sine qua non era la expropiación
de fincas. Varios proyectos pretendían
dar manos libres a las empresas
privadas con mayor o menor participación
del ayuntamiento. Un nivel de
5 pisos sería necesario
para compensar los gastos de renovación.
La realidad cambia, a menudo,
más rápidamente
que las ideas. Mientras se discutía
el futuro de la Ciudad Vieja,
se iba poniendo de manifiesto
que el verdadero centro administrativo
y comercial de Estocolmo ya no
gravitaba sobre esa isla, sino
sobre la gran zona de expansión
del Norte. La decisión
a comienzos de siglo de construir
un nuevo y suntuoso Ayuntamiento
en el Ensanche Norte, a orillas
del Mälar y enfrente de la
Ciudad Vieja, marcó un
cambio de dirección en
el debate acerca de la transformación
de ésta. Ya no era preciso
seguir considerando a la Ciudad
entre los Puentes como el Centro
Urbano. Mientras esto sucedía,
el debate por la conservación
de la ciudad antigua, mejorando
sus condiciones sin destruir su
historia, se había empezado
a dejar oir con autoridad, también
inspirándose en ideas procedentres
del continente.
Peor suerte le cupo a la pequeña
Isla del Santo Espíritu.
Esta Isla siempre había
sido una preocupación,
porque creaba un ambiente caótico
y poco ajustado a la estética
del poder en las inmediaciones
del Palacio Real. El viejo hospicio
y su cementerio se habían
trasladado al viejo monasterio
de los franciscanos y después
al Ensanche Meridional. Ya en
el siglo XVII se había
construido un puente entre la
Ciudad Vieja y el Ensanche Norte
que pasaba por el Isla del Santo
Espíritu y contribuía
a la fusión de los dos
islotes anteriores. Este puente
sería modernizado más
tarde y era a comienzos del siglo
XIX un lugar preferente de paseo.
En 1837 se construyó sobre
él un bazar. A finales
de siglo se decidió derribar
todo y convertir el Islote del
Santo Espíritu (que por
lo menos ha conservado su antiguo
nombre) en el lugar de edificación
del nuevo Palacio del Parlamento
bicameral y del Banco Nacional.
Este proyecto que ha transformado
la utilización de esta
zona del viejo Estocolmo, se llevó
a cabo no sin protestas de los
que habían deseado que
la destrucción de los viejos
edificios, cosa que no se puso
en tela de juicio con la suficiente
fuerza, dejaran paso a un parque
sin edificación alguna.
Todavía en los años
60, cuando el parlamento unicameral
se había trasladado provisionalmente
a otro lugar, se alzaron voces
en pro de derribar el edificio
del Parlamento y hacer un parque.
Pero lo que se hizo fue renovarlo
y ampliarlo para sevir de parlamento
bicameral. Esto conllevaba la
necesidad de aparcamientos subterráneos,
lo cual implicó la excavación
del gran patio de entrada. Como
suele suceder en estos casos,
la excavación puso al descubierto
restos arqueológicos, entre
otras cosas la base de la muralla
medieval construída en
este islote, y el compromiso "a
la sueca" resultó
en que la mitad de lo que iba
a haber sido aparcamiento, se
ha convertido en Museo Medieval
subterráneo.
No hemos dicho demasiado de la
evolución del otro islote,
el occidental, en el que los monjes
franciscanos se asentaron en 1270.
Después de la introducción
del protestantismo, el convento
desapareció, pero no su
iglesia que hoy es uno de los
puntos más visibles de
la ciudad y ya no realiza funciones
de culto sino que es panteón
de reyes. En la isla se conserva
una de las torres de defensa del
siglo XIII, incorporada a uno
de los palacios de la aristocracia,
que fue residencia real después
del incendio del viejo castillo
y hoy se ha convertido en Tribunal.
El resto de la isla fue convertido
en zona residencial de familias
pertenecientes a la nobleza durante
el siglo XVII, de ahí el
nombre de la Isla como Isla de
la Nobleza. En la zona Norte de
la Isla de la Ciudad se encuentra
el magnífico palacio de
los nobles, que recuerda la época
de los tres estados, precedente
al parlamentarismo de partidos.
El espacio que separa la Isla
de la Nobleza de la Isla de la
Ciudad Vieja está hoy ocupado
por una vía de tráfico
tanto para autos como para el
Metro y el Ferrocarril, que comunica
el Ensanche Norte, donde se halla
la Estación Central, con
la zona sur de Estocolmo y de
su región. Pero lo que
nunca se llevó a cabo fue
el proyecto de una avenida que
uniera el Ensanche Septentrional
con el Meridional, pasando junto
al Palacio Real y destruyendo
la estructura del casco antiguo.
Mientras la conservación
de la Ciudad Vieja fue convirtiéndose
en la nueva ideología,
creándose centros de estudio,
asociaciones y proyctos de renovación
cuidadosa de las viejas calles,
la atención del urbanismo
se concentró en la "ordenación"
del Ensanche Norte. La planificación
de este ensanche está unida
al nombre de Alberto Lindhagen,
miembro de la junta municipal
de Estocolmo, diputado al parlamento
y alto funcionario del Ministerio
del Interior. Lindhagen introdujo
en Suecia las ideas urbanísticas
de Haussman que tuvo ocasión
de estudiar en París y
llevó a la práctica,
con ciertas modificaciones, la
idea de Jean de la Vallée
de crear una vía monumental,
la avenida de Svea, que atravesara
la ciudad de Norte a Sur. Fue
esta idea la que volvió
a debatirse a partir de 1923,
afortunadamente sin éxito.
Hay un plan especulativo para
la ordenación de Estocolmo
hecho por Le Corbusier en época
posterior, pero esto pertenece
al artículo de curiosidades
sin conexión con la realidad.
El deseo de aplicar las nuevas
filosofías del urbanismo
moderno y racional que no habían
logrado destruir la Ciudad Vieja
de Estocolmo, se ensañaron
en cambio con una zona amplia
del Ensanche Septentrional, el
barrio de Santa Clara y otros
adyacentes, en el que hoy se asienta
el Centro comercial y de negocios
de Estocolmo. Esta remodelación
traumática de uno de los
barrios que tenían más
arraigo en el alma popular, se
llevó a cabo con mano firme
en los años 60. Sobre este
tema se ha debatido y se sigue
debatiendo mucho. El optimismo
urbanista destructor de la historia
fue frenado en 1967 por la confrontación
entre los grupos activistas y
los obreros municipales que, armados
de sierras eléctricas estaban
a punto de deshacerse de los álamos
que adornan el llamado Jardín
del Rey, lugar de asueto y festejo
del pueblo de Estocolmo.
Aquí termino yo también
mi rápida y rapsódica
presentación de la evolución
del Estocolmo histórico.
Termino cuando en realidad debía
empezar.
La
evolución de la Ciudad
de Estocolmo muestra cómo
la naturaleza y la causalidad
a veces hacen más por la
bondad y la belleza que la planificación
basada en las ideas y las obras
del hombre. Estocolmo es, según
muchos, una de las ciudades más
atractivas del mundo. Yo llevo
35 años aquí y cada
vez me gusta más. El entorno
natural que envuelve a Estocolmo
y la devoción que la cultura
sueca, a pesar de todo, ha mantenido
en torno a la naturaleza intocada
(el concepto de parque en Escandinavia
y en el Sur de Europa son cosas
totalmente distintas) han creado
una ciudad rebosante de armonía
y belleza y ha sabido encajar
sus obras de ingeniería
como un juego en medio de lo natural.
En su tesis del factum verum distinguía
Giambattista Vico entre dos tipos
de hechos, los hechos de la naturaleza
o de Dios y los hechos del hombre.
La naturaleza nos asombra por
su belleza porque no la comprendemos.
Vico decía que los hombres
sólo entienden lo que ellos
han hecho, lo demás sólo
lo entiende Dios. Yo añadiría
que muchas de las obras del hombre
moderno no las entiende ni Dios.
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