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Nan Goldin nace en Washington en 1953. Tras
el suicidio de su hermana mayor, abandona la
casa paterna, instalándose en Boston
ciudad en la que, con dieciséis años,
comienza a hacer fotografías. Considerada
actualmente una de las fotógrafas contemporáneas
más influyentes y provocadoras de Estados
Unidos, la artista lleva más de treinta
años plasmando con su cámara lo
que ella llama "su extensa familia":
artistas, drag queens, amigos, amantes... Su
obra no es otra cosa que un diario íntimo
monumental, en el que la artista está
obsesionada en retener el tiempo. Sus fotografías
son duras y tiernas a la vez, reales como la
vida misma.
Esta es la primera gran retrospectiva realizada
en Estocolmo sobre la obra de la norteamericana
Nan Goldin, considerada como una de las fotógrafas
contemporáneas más famosas de
Estados Unidos. Tenido frecuentemente como
provocador o escandaloso, su trabajo nos cuenta,
a modo de un diario íntimo, la historia
de su vida, inmersa en el corazón de
la contracultura norteamericana.
La muestra que se presenta en Estocolmo es
extensa. La exposición se divide en
diferentes secciones, que abarcan desde las
series en blanco y negro de las “Drag
queens”, realizadas en los años
70 en Boston, pasando por las fotografías
realizadas posteriormente en color del “Cookie
Muelles Portfolio” (1976-1989) o las
proyecciones de diapositivas “The ballad
of Sexual Dependency” (1982-1995), “Self-Portrait
(All By Myself)” (1995), hasta los trabajos
más recientes e inéditos, entre
ellos la proyección de diapositivas
“Heart Beat” (2001), que cuenta
con una banda sonora interpetada por Björk,
y que fue producida para la primera presentación
en el Centre Pompidou de París. En
una de las salas de la exposición se
muestra la película “I´ll
be your mirror” y un documental narrado
por la artista, que ofrece un recorrido por
su obra.
La artista lleva treinta años fotografiando
sin descanso a los miembros de lo que ella
denomina su “extensa familia”:
artistas, drag queens, amantes de todos los
sexos... Su obra se presenta, por tanto, como
un cúmulo de instantáneas que
descubren sin tabúes sus amistades,
sus amores, pero también su soledad
y fragilidad. Sus imágenes, tremendamente
personales, encierran una innegable fuerza
emocional y visual. La mayoría de las
veces ofrecen la visión de una escena
privada, de un realismo brutal, que se desarrolla
en interiores. El propio “estilo”
de Goldin acentúa la intensidad de
esos momentos: los primeros planos, la mezcla
de colores saturados y de luz artificial,
confieren a sus imágenes una gran sensualidad.
Como Diane Arbus o Larry Clark, con quienes
se la suele comparar, ha contribuido en gran
medida a redefinir el estatus de la fotografía,
entre fotografía documental -cada imagen
constituye un “retrato social”-
y fotografía artística, dejando
a un lado el distanciamiento de la mirada
objetiva para optar por una dimensión
narrativa y una intimidad “envolvente”.