Por
Guillermo Ortiz-Venegas
Estocolmo/2007
(Acto en tres obras)
I
En
la esquina de la habitación
hay una cama, una ventana, un
escritorio, una radio y una silla.
Del techo cuelga una lámpara
sin brazos, y en la pared de enfrente
distingo una puerta. Sobre la
cama estoy yo, y en la ventana
hay unas flores marchitas por
el descuido. Sobre el escritorio
hay un computador y un teléfono
que no cumple ninguna función,
y a su lado unos cuantos libros
que hace tiempo me hice la promesa
de leér, pero que nunca
he cumplido. La radio esta silente
y sobre la silla cuelga mi ropa.
Todo está obscuro y tras
la oscuridad acecha la noche,
y en la noche mis fantasmas dejan
de pernoctar y salen a jugar.
Sigo tendido y entiendo que estoy
durmiendo. Pero tras el dormir
estan mis sueños y en esos,
mis demonios. Y la puerta se abre
y entra un montón de gente.
La gente es como una nebulosa
negra, pero el silencio de su
color no me amedrenta. Un suspiro
la hace mas visible y distingo
rostros. No hay sonrisas en sus
muecas, pero si algo de esperanzas
sin violencia. Tras la violencia
hay siempre odio, pienso. Y demasiadas
mañanas en mi vida han
logrado con éxito secár
el pozo de mis aversiónes
como para odiar a alguien, agrego
sin toser. Y un sociólogo
documentado me dió unos
golpecitos en la espalda de aprobación
autoritaria, mas se queda sin
respuesta ya que un argumento
de ese calibre nunca habia escuchado.
Pero claro; primero vivió
cuarenta años en los terruños
católicos de Franco y cuando
se decidió a volver a sus
colonias, se encontró con
diecisiete años de oscurantismo
moderno en Chile.
La gente se mueve y yo me muevo
en la cama, tratando de entender
que hacen en mi habitación.
No hay miedo sino curiosidad,
e intento descifrar el mensáje
de sus rostros pero no hay pinceladas
claras en sus muecas y sus ojos
miran al oeste. Vuelvo mi tronco
a sus miradas y distingo una sombra
más nitida que otras. Tambien
es negra, pero su pelo es blanco.
Como un tablero de ajedrez en
donde yo no soy más que
una pieza, sin poder decidir la
próxima movida. Sigo con
mi mirada la de todos, y veo que
el contorno de un perfil me sonrie
con ironia evidente. Porqué
lo hace? me pregunto y agudizo
mi atención. La cama sigue
siendo tibia, la noche negra y
mis visitantes inesperados. Sin
temor pero si con sorpresa, observo
que el del pelo blanco acerca
su presencia a mi curiosidad,
y la sonrisa irónica en
su rostro se transforma a cada
vez más en mueca amenazante.
No siento miedo! Porque tras el
miedo está lo desconocido
y yo conozco esta figura y no
me amedrenta. Pero cuando su cara
roza la mia, despierto agitado
y descubro que el telón
de fondo de aquel sueño,
es exactamente igual al lugar
en donde me encuentro.
II
En la esquina de la habitación
hay una cama, una ventana, un
escritorio, una radio y una silla.
Del techo cuelga una lámpara
con varios brazos, y en la pared
de enfrente distingo una puerta.
Sobre la cama estoy yo, y en la
ventana hay unas flores artificiales.
Sobre el escritorio hay un computador
y un teléfono que a veces
cumple funciónes administrativas,
y a su lado unos cuantos libros
que ya he comenzado a leér
más por obligación
que por placer. La radio esta
prendida pero nadie la escucha
y sobre la silla cuelga mi ropa.
Todo está obscuro y tras
la oscuridad acecha la noche y
en la noche mis fantasmas dejan
de pernoctar y salen a jugar.
Sigo tendido y entiendo que estoy
durmiendo. Pero tras el dormir
estan mis sueños y en esos
tambien mis demonios. Y la puerta
se abre y en su marco veo la silueta
de mi madre. Me sorprende verla
vestida con coloridas ropas juveniles,
y desde mi cama frunzo el ceño
ya que mi madre murió hace
un par de años atras y
me parece algo extraño
que esté aqui. No siento
miedo, pero si curiosidad. Qué
está haciendo aqui? me
pregunto con sorpresa y no sé
con certeza como reaccionar. Distingo
una pasiva multitud detrás
de ella y algunos son conocidos
y otros no. No hacen más
que observar y ella también.
Todos parecen esperar mi reacción.
Me semi incorporo en la cama,
y deduzco que está en su
lugar abrazarla. Me levanto, me
acerco a ella y la estrecho con
suavidad, pero no hago más
que cruzar al aire, pues su figura
se me escurre entre los brazos.
Corté su silueta justo
por la mitad y me pregunto con
algo de desilusión, que
por qué habia venido a
visitarme si no la puedo tocar?
No siento miedo, porque tras el
miedo está lo desonocido.
Y a ella la conozco y su figura
no me amedrenta. Mas cuando traspaso
el dibujo de las líneas
que forman sus límites,
despierto agitado y descubro que
el telón de fondo de aquel
sueño, es exactamente igual
al lugar en donde me encuentro.
III
En la esquina de mi habitación
hay una cama, una ventana, un
escritorio, una radio y una silla.
Del techo cuelga una bombilla
sin pantalla, y en la pared de
enfrente hay una puerta. Sobre
la cama estoy yo, y en la ventana
descansa un reloj de arena cuyos
granos hace mucho tiempo ya, dejaron
de contar las horas de mi vida.
Sobre mi escritorio se dibuja
la solitaria presencia de una
pantalla sin computador, y de
un teléfono que chilla
cuando mi mujer me lláma
para recordarme que debo ir a
trabajár. En la estanteria
hay unos cuantos libros que hace
tiempo dejé de leér,
pues sus desenlaces ya pertenecen
a mis pequeñas mentiras
cotidianas y a todas las del mundo
también. La radio esta
silente y sobre la silla falta
la ropa de mi amante. Me habrá
abandonado? Todo está obscuro
y tras la oscuridad acecha la
noche, hora en que mis fantasmas
dejan de dormir y leén
el matinal periódico de
mañana. Sigo tendido y
entiendo que estoy durmiendo.
Pero tras el dormir estan mis
sueños, y en esos tambien
mis demonios. Y la puerta se abre
y ahora entiendo que mi tiempo
ya llegó. La tercera es
la vencida! dice alguien riendo
a carcajadas y no entiendo porque
tanto regocijo en esa estúpida
constatación. Y cuando
la multitud entró a mi
habitación, entendí
por fin que buscaban mi cabeza
y no la del vecino del frente!
Y descubro además, que
el telón de fondo de mi
vida es exactamente igual al lugar
en donde me encuentro ahora.
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