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Hoy, desde hoy
las estrellas están de
huelga.
Las estrellas de nuestra tierra
no alumbrarán la noche
de los mares,
ni chocarán con los picos
nevados
de las montañas altísimas
que dejan pasar al sol
despertando a los cóndores
americanos,
dejando contar las olas tranquilas,
acurrucadas en las arenas mansas
que se dejan labrar el lomo,
esperando el pie descalzo
de un inocente niño,
que , en la brisa, observa
la libertad de las mariposas.
Hoy no habrá día,
ni pie descalzo,
ni ojo en busca del horizonte,
ni pescadores, ni redes,
ni mariposas de lenguas largas,
ni novias, ni amor, ni gaviotas
en círculos concéntricos,
sobre el tranquilo mar.
No habrá cuentos de niños,
ni se verán los gatos,
ni perros aulladores
provocando a la estañada
luna.
El trigo de los campos
no romperá de rojo el horizonte
con su espera de harina
para darnos el pan.
Los dioses todos, los dioses uno
guardarán su silencio
lo único posible, incaducable
que se puede guardar.
Huelga por cielo indeterminado,
por el tiempo perenne de lo humano,
por miedo ancestral, hereditario
y la tendencia, la triste irremediable
tendencia hacia la muerte,
que llevamos adentro.
Las estrellas harán su
última guiñada
a las tres de la tarde.
Veremos el reloj
una última vez.
Yo besaré a mi madre
y seremos olvido
de un tiempo que quizás
no volverá a nacer.
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