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Por Héctor Díaz
Estocolmo
En
el día de hoy (2006-05-04)
me dirigí hacia Estocolmo
con la intención de juntarme
con algún recuerdo. Todo
estaba en su sitio, embellecido
por la salida del sol, el ascenso
de la temperatura y el advenimiento
global de una primavera remolona.
Hace años que siento una
especie de sensación frustrante
en este Estocolmo que nunca fue
del todo mío. De todos
modos, la belleza particular de
esta geografía, cruzada
por puentes, con edificios de
embelezos renacentistas donde
una arquitectura veneziana reflejaba
en las aguas de los canales del
Mälaren, me depararon un
sentimiento de bienestar. En este
paseo sin destino decidí
hacer un alto en la plaza ciudadana.
Busqué un sitio libre en
los ocupados asientos del lugar
y procuré sentarme de frente
a los rayos del astro-rey. Ubicado
en la mejor platea, pude observar
el despertar casi explosivo de
la juventud, la vida con sus sagrados
misterios, los arrumacos de las
hormonas, el bamboleo inocente,
largoplacista, inconsciente, natural,
de las caderas femeninas en sus
largo juego con la sana intención
de reproducir y perpetuar a la
especie. Hoy andamos de caza,
salió el sol y el juego
de la vida se hace incontrolable.
Los que andamos en estos paseos
que ya no tienen otro objetivo
que andar desesperadamente buscando
recuerdos y que no nos queda otro
espejismo que ver pasar la vida,
aprendemos a disfrutar con la
fantasía que nos depara
el ojo. A la bestia primitiva
se le acabó la energía
y en este durar hasta el final
no queda otra satisfacción
que la meditación sana
y consecuente. En el medio de
estas menudencias abrí
la carpeta con las fotocopias
de artículos de la prensa
latinoamericana que mi compañera
había extraído la
noche anterior de la computadora
. Y heme aquí que me encuentro
con unas reflexiones de Mijael
Gorbachov impresas en La Tercera
de Chile del 25 de abril del 2006.
Naturalmente aflora la idea del
“tiempo histórico” que
el Partido Comunista le ha hecho
perder al proletariado mundial
y a la idea de justicia y redención
social que el socialismo tenía
en sus orígenes. En manos
de qué irreponsables disfrazados
con el traje de la seriedad estaban
y están los movimientos
llamados “revolucionarios ”. Hasta
ahora no he encontrado ningún
aporte sociológico serio
que explique o intente explicar
seriamente los talones de Aquiles
del sistema bolchevique.
El porqué de su rápida
caída en manos del capitalismo
neo-liberal.
La explicación de Gorbachov
es estrictamente económica,
centrando los costos que produjera
la catástrofe producida
en Chernobyl y las connotaciones
que tuvo en las economías
de Ucrania, la Bielorusia y Rusia.
El estancamiento de la industria
de armamentos y una crisis generalizada
a través de este suceso
puntual. Esta ausencia de análisis
de los verdaderos porqué
de la caída de esa forma
de capitalismo de estado tiene
más que ver con sentimientos
de poder-religioso que con la
busca de verdades históricas.
Existió y existe algo que
se llama burocracia. Este estamento
crea su propia cultura y mantuvo
la cultura del régimen
zarista anterior en esa autocracia
que se formo desde y con el partido
desde la toma del poder político.
No nos olvidemos lo pequeño
que era el bocheviquismo en los
días de la revolución
y en lo grande que se convirtió
a los pocos meses del mismo. Burócratas,
técnicos, militares, directores
de industrias, profesores , etc,
no bolcheviques, pasaron a convertirse
en el tejido social de ese partido.
Este desarrollo es contradictorio
con la idea de soviets, que eran
organizaciones obreras y campesinas
que pretendían solucionar
los problemas regionales en el
orden económico, social
y cultural de esa Rusia post-
medieval en forma protagónica
directa y bastante democraticamente,
ya que muchos de ellos en esos
periodos álgidos estaban
en asambleas casi permanentes.
La caída de la Unión
Soviética no se produjo
por la catástrofe de Chernobyl
como aduce Gorbachov, ésta
se produjo porque el Partido comunista
se convirtió en el Partido
único de Rusia. El partido
“absorvió ” al resto del
movimiento, partidos de izquierdas
y a esas unidades vivas de organización
natural que nacen de la gente
(los soviets) en el entorno histórico
llamado Guerra Civil. Lenín
de espalda a su partido tuvo visión
e intuición política,
muchas veces en minoria en el
contexto de su propio partido.
Llevó adelante un “izquierdismo
de hechos” que fueron respaldados
desde el primer momento por Trosky.
Muchas industrias fueron ocupadas
y llevadas bajo control obrero
antes de que Lenin obligara a
su Partido a promover la toma
del poder político. Con
la caída de Kerenski, que
sobre todo cayó por su
actitud belicosa de seguir guerreando
en contra de Alemania, cuando
los campesinos-soldados estaban
más que agotados por los
fracasos anteriores del zarismo.
La tesis de Lenin era promover
la paz con Alemania, tesis minoritaria
en el seno de su propio partido,
sacar al país de la guerra
capitalista para llevarlo a una
guerra dentro de su interpretación
de la lucha de clase. Lenin aprovechó
la avanzada natural que produjo
el desgaste social, de insurrecciones
campesinas, (en las cuales Lenin
nunca creyó como inductoras
de un proceso revolucionario)
y en el izquierdismo del relativo
movimiento obrero (recordar que
el número de obreros “industriales”
giraba alrededor de un millón
de integrantes, mientras que la
población total de Rusia
andaba en los 157 millones de
habitantes).
Gorbachov no menciona que el
sovietismo no alineado, fue destruído
por la fuerza militar conducida
por Trotsky y ordenada y firmada
por Lenin . Kronstad fue aplastada
a sangre y fuego al poco tiempo
de haber sido vanguardia insurreccional
contra el zarismo. Fueron fusilados
2300 insurrectos sovietistas aparte
de unos cuantos miles de muertos
esparcidos por los hielos del
Báltico. Los asesinatos
de los obreros de Astracán,
el arrasamiento de pueblos campesinos
que se negaban a entregar el trigo
en las requisas forzadas que llevaba
adelante la Checa. El juicio contra
los socialistas revolucionarios
que devinieron en rehenes. El
exilio de miles de probados revolucionarios
que no coincidían con la
disciplina del partido único
y fueron concentrados en campos
de concentración o expulsados
del país. Es el caso del
socialista Marto y otros políticos
del partido Socialista. Recordar
la expulsión de revolucionarios
como Néstor Mackno que
salvó al poder central
en dos opotunidades, a pesar de
que no creía en él.
El odio contra el anarquismo,
los socialistas revolucionarios,
la oposición obrera, son
el talón de Aquiles de
la “revolución Rusa”. La
lista y los hechos a señalar
serían interminables (hoy
ya no cabe la posibilidad de ser
agente de la CIA por decir estas
cosas).
“El Estado y la Revolución”
debería ser leído
con sentido verdaderamente crítico.
Pensar que el marxismo es estrictamente
infalible para la interpretación
de los hechos sociales es acercarse
a desvaneos del misticismo religioso,
donde el que se desalineó
con la ortodoxia lo pagó
con el campo de concentración
y la muerte. Todo el antikausquismo
de Lenin, todo su coqueteo con
las ideas anarquistas para terminar
detractándolos como pequeños
burgueses oportunistas, todas
sus tesis sobre que “el fin justifica
los medios” o sus ataques a los
izquierdistas no importa de que
pelaje como “enfermedad infantil
del comunismo”, su elitísta
“centralismo democrático”
etc, etc, están puestas
a prueba a la luz de los hechos
históricos.
El partido de Lenin perdió.
Pero no fue derrotado en la tragedia
de Chernobyl como aduce Gorbachov,
éste ya perdió en
sus desacuerdos con Zinoviev y
Radek cuando en Octubre de 1917
argumentaba que el momento no
era el oportuno para que el Partido
se convirtiera en vanguardia.
Murió cuando la pronosticada
revolución que (según
Marx) debería darse en
los países industriales
como Inglaterra o Alemania, se
dió en la desolada Rusia
de economia medieval y mundo campesino.
El invento del partido para obviar
la etapa burguesa poco tiene que
ver con la idea de soviet , inspirada
entre otros incentivos por la
Comuna de París con la
cual en parte también coqueteó
Marx. Hay algo en cualquier exceso
de poder, y en el poder mismo
que nos lleva a creernos dueños
de la verdad, y cuando tenemos
el garrote levantado nuestra verdad
se convierte en la verdad de todos.
La lucha entre Stalin y Trotsky,
repetida hasta el cansancio entre
otros burócratas del Partido,
fue permitida y fomentada por
Lenin. Todo un juego político
de caras largas y purgas que encubrían
una dura realidad. El testamento
de Lenin tuvo luz pública
recién en el año
1956, el golpe de mano que pegara
el camarada Stalin se parece un
poco al que le pegara Lenin al
resto del mundo con iniciativa
revolucionaria en esa Rusia tan
compungida. Sin desconocer aciertos
y desaciertos, sin dejar de reconocer
la llamada Guerra Civil y los
intentos de la Triple Alianza,
sin dejar de saber que los destinos
de Rusia querían ser determinados
desde París o Londres,
sin desconocer los vericuetos
del pactismo Brest-Litovsk deberíamos
desapasionarnos y empezar a explicar
los verdaderos porqués
de la desaparición de la
mal llamada Unión Soviética.
Muchos nostálgicos de la
cultura “comunista” en los países
occidentales todavía añoran
un espejismo verbal que nada tenía
que ver con la dictadura de un
partido sobre el proletariado.
Guardé el artículo
de este diario chileno que más
que informar desinforma y emite
la opinión de quien fuera
quizás el último
máximo integrante de una
burocracia en decadencia. Creo
que se ha perdido totalmente el
objetivo del pensamiento marxista
y no marxista dentro de la familia
socialista. Se me ocurre que sería
importante retomar las fuentes
originales y procurar hacer luz
sobre los objetivos de la utopia
comunista. Para esto extraigo
de el libro de Lenin : “El Estado
y la Revolución” el siguiente
parrafo, en su polémica
con Kautsky citando a Pannekoet.
“La lucha del proletariado – escribió
– no es secillamente una lucha
contra la burguesía por
el Poder Estatal, sino una lucha
contra el Poder Estatal. El contenido
de la revolución proletaria
es la destrucción y eliminación
(literalmente: disolución
Auflösung) de los medios
de fuerza del estado por los medios
de fuerza del proletariado. La
lucha cesa únicamente cuando
se produce, como resultado final,
la destrucción completa
de la organización estatal.
La organización de la mayoría
desmuestra su superioridad al
destruir la organización
de la minoría dominante.”
Cuanto de esto es actual o posible
escapa a mi desapasionada incursión
en el tema, pero sirve a los efectos
de analisar cuales eran los objetivos
iniciales a realizar por el proletariado
como “motor de la historia” según
el pensamiento marxista y como
la historica social, nos mostró
otras realidades. Para informarse
sobre la problemática que
intento abordar recomiendo la
lectura sobre Lenin de Stefan
Lindgren, al mismo Lenin en el
“Estado y la Revolución”,
a Archinof y Volin con sus trabajos
sobre “La revolución Desconocida”,
a Jacques Baynac en “El terror
bajo Lenin”, a Anton Pannekoek
en “Los Consejos Obreros” y a
Gerald Walter, “Biografia de Lenin”.
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