Así
dicen por allí, que yo,
el indio, no tengo alma y que
apenas merezco vivir, porque soy
analfabeta, no cristiano y nacido
en América morena. ¡Y
qué! Si yo nací
aquí no en la fanática
España o en la afeminada
Europa. Nativo de América
y con orgullo mexicano, pues soy
de sangre y alma de águila
que me remonto a las alturas para
observar mis tierras, y regar
desde las nubes la milpa. Fui
hecho de maíz con chile,
de fríjol y nopal mezclado
con pulque pa’ tener más
valor.
¿Y tú piensas que
porque soy corto y taimado al
hablar, soy tonto, inconsciente,
vendido y cobarde, a pesar de
que no tengo ropas finas, no me
baño seguido y camino descalzo,
no me entero que abusas de mí,
sólo porque vivo lejos
allá en la montaña
o en la selva o escondido en el
río para evitar tu roce?
Yo no nací cuando las campanas
repican sino cuando el tecolote
canta. Ni nací cuando te
llevan con el hombre de blanco,
que te forza a salir de tu madre
con fierros y sopores para que
no sienta dolor de parto la mujer
que te parió. Y con algodones
perfumados me limpien la sangre
y la placenta que me dio la vida
por vez primera allí dentro
de la panza de mi nana.
Mírame, soy moreno de pelo
largo y camino con los pies a
ráiz, Soy indio ¿y
qué? parido en América
latina, aquí en mi México
querido, en la selva Lacandona
o en el Nayar, o hijo del yaki
y del mayo o del tarahumara y
del huichol que me vieron aquí
nacer.
¿Por qué tengo que
soportar la codicia, traición
y egoísmo de los que invadieron
a mis antepasados y aún
persisten en pisarme, tan sólo
porque nací en mi tierra
india, al natural? ¿Porque
no hablo tu idioma, ni voy a fiestas
para lucir mis joyas, ni tengo
títulos que me abran las
puertas, ni uso dinero para comprarte
y hacer que me beses los pies
como lo haces tú conmigo
y con mi gente?
Yo no necesité nunca de
ti, porque era libre y disfrutaba
de mis jardines y ríos,
de mis cosechas y mis cacerías
por los montes y valles, por sierras
y cañadas y tomaba agua
de la roca naciente y pura, sin
la contaminación de tu
maldita bendición y que
en el nombre de tu dios me mataste,
me humillaste y destripaste a
mis mujeres embarazadas, porque
según tú, estúpido
gachupín, expresidiario,
pensabas que yo ignoraba más
que tú las cosas del bien
y del mal.
Qué equivocado estabas
y lo sigues aún en creer
que imponiéndome leyes
obsoletas, religiones caducas
y nefastas que sólo trataron
con la muerte a aquellos que te
contradecían, lograrás
en mí hacer un adepto.
Qué equivocado estás,
y sigues manteniendo el yugo sobre
mi cuello y mi sangre regada por
toda esta tierra americana, tan
sólo porque no me doblego
y te sirvo, porque te sientes
grande cuando en realidad eres
inferior a mí. Por tu falta
de amor y conciencia hacia tus
semejantes. Y no te sientas grande
por tu estatura y tus ojos de
color o por tu capacidad bélica
o económica que para mí,
tú eres el ignorante, por
no saber compartir la tierra y
el agua que nos rodea, y de esta
naturaleza que nos ha sido regalada
a ti blanco pelo amarillo y a
mi indio moreno callado.
¡Y qué! El mundo
es tan tuyo como mío pues
respiramos el mismo aire y nos
alumbra el único y mismo
sol. Y te morirás en tu
palacio y yo en la selva y tú,
ataviado con finos ropajes, y
yo... desnudo quedaré al
filo del río, así
comprenderás que terminamos
iguales nuestra jornada. ¿Cuál
fue la diferencia? Entonces, ¿por
qué me hieres con imposiciones
tontas y controlas mis fronteras
con reglas a tu conveniencia a
costa de mi sufrimiento?
Sigues pisando mi suelo que nunca
ha sido tuyo y burlándote
de mis creencias que te han superado,
porque te lo he demostrado con
los monumentos y pirámides
que construí haciendo gala
de geometría y perfección,
y que tu eclesiástica ignorancia
nunca comprendió.
Déjame ya en paz para vivir
en mejor contacto con mis ancestros.
Sálte de mis tierras chiapanecas
y terminemos de una vez con la
farsa “enmarcada” que el sistema
de la época salinista nos
legó y que por sexenios
hemos tenido que soportar.
Déjame ser libre como el
ave, sutil como soy, al igual
que el viento lo es al despeinar
mi largo cabello. Déjame
vivir en la inmensidad de mi pasado
lleno de gloria que una vez destrozaste,
y con la sangre derramada has
cultivado el odio que antes era
amor y que profesan en silencio
mis templos y pirámides,
mis estelas y juegos de pelota
que yacen en espera de nueva vida.
¡Oh Kukulcán corazón
del cielo! Rescata a esta tu tierra
nativa hecha de lodo y maíz
de la infamia europea que continúa
acechándonos; comunícale
al blanco de los ojos claros y
de amarillo pelambre que nos deje
en paz, que respete a nuestra
gente y regrese en sus barcos
por donde llegó, pero que
también se lleve todo lo
malo que nos trajo y que tanto
dolor nos ha causado. ¿El
oro y la plata? ¡Se los
regalamos!
Dile al gringo imperialista y
entrometido que no joda más,
y al gobierno que nos respete
por lo menos, si no ayuda, y a
todas las religioncitas importadas
con sello transnacional, que no
nos molesten más, pues
ya no podrán reparar tantos
siglos de amargura y que al comienzo
de este milenio queremos vivir
en paz.
Lo digo yo, el indio, que soy
un volcán y escupe fuego
para así calcinar las impurezas
que existen en mi pueblo.
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