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En este texto se intenta esclarecer
el significado lo más cercano
posible con relación al
terrorismo, y ejemplificar con
evidencias pasadas o actuales,
la palabra en cuestión,
porque al parecer muchas pueden
ser sus interpretaciones a través
del cristal con que se le mire.
El diccionario Larousse nos informa
que terror es un miedo grande
o pavor de algo que se teme. Persona
o cosa que infunde este sentimiento.
El terror de un país. Violencias
y crímenes ejercidos contra
un grupo para infundirles miedo.
Gobernar por el terror, como el
practicado durante la Revolución
francesa entre el 5 de septiembre
de 1893 hasta el 9 Termidor (o
28 de julio de 1794) en el que
imperó una gran represión
en contra de aquellos que amenazaban
las nuevas instituciones.
Ahora examinemos la palabra terrorismo.
Es el intento de dominación
por el terror o conjunto de actos
de violencia cometidos por grupos
revolucionarios. Igualmente la
palabra terrorista, como adjetivo,
nos informa algo relativo al terrorismo,
en su defecto, será aquella
persona partidaria o participante
en actos de terrorismo.
Como bien sabemos, los llamados
terroristas y sus grupos exterminadores
existen por cientos o por millares
a través del orbe, también
hallamos grupos que luchan por
la liberación de sus países
y que son señalados como
terroristas, así encontramos
a Al-Qaeda (de extracción
islámica), ETA (Euskadi
ta Askatasuna) organización
vasca revolucionaria nacida en
1959, Sendero Luminoso en el Perú,
liderado por Abimael Guzmán.
Los grupos insurgentes o de liberación
son tantos que resulta casi imposible
mencionarlos en este texto.
Si el diccionario, cualesquiera
que éste sea, nos informa
acerca del significado de la palabra
Terrorismo que ya se ha desglosado,
también tenemos otras percepciones
con respecto al terrorismo, por
ejemplo el terrorismo económico
practicado por los países
voraces primer- mundistas y por
el imperialismo transnacionalista
de los yanquis, de igual manera
conocemos el terrorismo religioso
llevado con eficacia por las absorbentes
religiones, no importando su denominación.
El terrorismo psicológico
empleado por el fuerte sobre el
débil, entre una pareja,
familia o institución.
Todo terrorismo no importando
su clasificación, es dañino
y hasta mortal según su
grado de aplicación.
Pongamos al terrorismo violento
y armamentista bajo la lupa para
su examinación. ¿Es
lícito que la insurrección
irakí reviente las cabezas
de los coalicionistas que invaden
por la ley de la fuerza su territorio?
¿Es correcto que la coalición
elimine sin piedad y de igual
manera, todo brote de insurgencia
dentro de un lugar al cual no
pertenecen? ¿Será
necesario que los soldados de
la coalición sigan muriendo
en emboscadas, y dejen tras de
sí una ola de lamentos
y de incertidumbre para sus familias
a miles de kilómetros de
distancia? ¿Qué
importancia tiene para los etarras
explotar trenes con carga humana
y regar el suelo del toro con
la sangre de los inocentes? ¿Hacen
bien los palestinos en autoinmolarse
para acrecentar el odio de los
judíos y, éstos,
a su vez, disparar sus bocas de
fuego lacerando las vidas de sus
vecinos en disputa en una forma
de venganza?
El imperialismo, sobre todo el
dominante actual: el yanqui, ha
experimentado contra el tercer
mundo y contra el que no comulga
con su expansionismo, toda clase
de terrorismos; no escatima esfuerzo,
dinero ni método para efectuarlo,
con tal de lograr sus objetivos.
La globalización y el neoliberalismo
como se están llevando
a la práctica es una forma
de terrorismo de consecuencias
nefastas para el tercer mundo.
El terrorismo yanqui de la deuda
externa que literalmente mata
a los pueblos económicamente
pobres, en verdad los extermina,
y aunado a eso existen las transnacionales,
pulpos que extraen el oro, la
plata y los metales, sin olvidar
los productos del campo y la energía
de los trabajadores explotados
al máximo para provecho
del imperialismo gringo.
El yanqui lanza al tercer mundo
a su ejército no de guerreros
mercenarios, pero sí de
misioneros imperialistas y nos
satura de religiones absorbentes,
ya lo he dicho en otra ocasión,
castrantes de voluntades, al grado
de hacer perder el patriotismo
y la realidad del mundo en que
vivimos.
Y qué hay del terrorismo
de la certificación hacia
nuestros gobiernos si no estamos
bien alineados, lustrándole
las botas al comandante Bush,
para que nos haga el favor de
tomarnos en cuenta y no muramos
de inanición económica,
porque bien sabemos que nuestro
país depende de la compra
y venta que el yanqui nos imponga,
siempre a su conveniencia.
El terrorismo gringo huele a santidad,
pues aparece sin llamarlo y sin
ruido en todo el planeta, como
por arte de magia, traído
por su instinto de intereses que
olfatea y domina a la perfección
porque lo ha ejercitado a través
de la historia, desde antes de
que apareciera la doctrina Monroe,
el expansionismo yanqui ya existía,
como una "predestinación
de dios a apropiarse de todo lo
útil que llamara su atención",
por lo tanto, la frase “América
para los americanos” es solamente
un slogan para los gringos.
Los Estados Unidos mal llamados
de América se han adjudicado
el título de juez planetario,
puesto que su imperio decide a
quien certificar, a quien ataca
o perdona y, lo más grave,
no hay quien lo detenga, ni poder
o coalición que lo conmine
a respetar la carta magna de las
Naciones Unidas, de no entrometerse
en los asuntos domésticos
de los países.
Bien nos damos cuenta, el resto
del mundo que, el auténtico
y verdadero terrorista, es el
que tiene su silla de mando en
Washington D.C., porque este imperio
insaciable, pisotea pueblos para
imponer su hegemonía, viola
reglas impuestas por él
o por acuerdos tomados, decidiendo
por otros sin tomar en cuenta
que aterroriza al resto del mundo
con su violencia expandida de
múltiples formas.
Entonces nos preguntamos por qué
el terrorista más grande
del mundo reincide en señalar
como terrorista a los palestinos,
irakíes, afganos, vietcongs,
cubanos, norcoreanos, etc., todo
porque no están de acuerdo
con su política, y no quiere
aceptar que su proceder es el
que lo convierte en el verdadero
y peor terrorista del planeta.
Al parecer, la palabra terrorismo
que nos ofrece el diccionario
Larousse al inicio de este texto
en cuestión, empequeñece
ante la pluralidad que proporciona
el país del norte y que,
para colmo de las desgracias nacionales,
es nuestro vecino.
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