Suecia - Estocolmo


(22 junio 1818 – 15 julio 1879)
IGNACIO RAMIREZ CALZADA UN SANTO LAICO DE LA REFORMA
 
El Indio Ramírez decía que los medios más eficaces para alcanzar el conocimiento son: La Razón y la Intuición, lo cual con esto se ponía a la par de la filosofía moderna, (según Sierra Partida), sin dejar de admitir que su lema “No Hay Dios” con el que se anunció ante una sociedad poco ilustrada y fanatizada, haya desbordado un torrente de ciencia que causó asombro a sus oyentes, “pensadores que en su fuero interno aceptaron algunas ideas del Indio Ramírez, aunque no se atrevieron a hacer pública su aceptación”.
 
 
 
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Por: José Santana Prado.


“En Indio ser mi vanidad se funda
porque el indio socorre en su desgracia
a los vasallos de Isabel Segunda”.
Decía con sorna y un dejo de sarcasmo en los labios, aquel hombre que siempre despreció lo convencional, lo ya establecido como verdad, en sus gloriosos tiempos: la época de la Reforma.
Este Indio blasfemo e indómito, pero de una inteligencia y sentido analítico incomparables; es aquel que nació en San Miguel El Grande (hoy San Miguel de Allende) Guanajuato, un 22 de junio de 1818. Hijo auténtico de dos indígenas puros; Don Lino, tarasco; la madre, Sinforosa, Azteca de cepa. Y como nos informa el significado de Ignacio, filológicamente hablando, “Sol de Fuego”, Así incendiaría las conciencias de los mexicanos a la luz de sus verdades abrasadoras.
Sí, éste es Ignacio Ramírez Calzada, el hombre que surgió del maíz y de la tierra morena de la América al natural, para traer la guerra a los espíritus de su era, de su siglo.
“El Apóstol de la Reforma”, y uno de los más talentosos de la misma, trajo en su nombre, el fuego devorador de pensamientos y de pensadores caducos, obsoletos de la liturgia del México colonizado por la madre Ignorancia, venida de la fanática España.
Ignacio, fue aclamado hasta la fama y brillantez de las estrellas y los soles, pero también sufrió el escarnio, la envidia lacerante de los mediocres; la picota, la persecución, el abandono, la pobreza extrema, porque jamás tomó un céntimo de las arcas del pueblo cuando fue su representante; la soledad indescriptible del que ha probado la libertad pura y que se posee cuando se habla y escribe con la espada de la verdad hiriendo a la Ignorancia hasta el fondo de sus entrañas.
El Indio, también fue acreedor de una tristeza honda, tan profunda, capaz de llegar a la sima de los mares; sufrió los encarcelamientos que junto con su tristeza le hacían llorar por la incomprensión de su espíritu elevado. Sus coterráneos fueron incapaces de entender que este indio era el ángel de Armagedón, que con su espada flamígera, cercenaría las creencias retrógradas dando paso a teorías tan atrevidas como cuando hizo su presentación en la Academia de San Juan de Letrán, máximo aposento de la cultura mexicana, al exponer su teoría de que “No hay dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”, teoría que le valió como ya se ha dicho, la gloria y el escarnio; pero, jamás claudicó, nunca traicionó sus creencias y jamás traicionó a la patria, esa patria orgullosa y maternal que lo vio nacer, que lo vio salir de sus entrañas para observarlo crecer como espiga de oro, del oro aquilatado que sólo poseen los predestinados, ése fue Ignacio, Sol de Fuego, Ramírez Calzada, el más santo de los laicos del México reformista.

El Indio Ramírez decía que los medios más eficaces para alcanzar el conocimiento son: La Razón y la Intuición, lo cual con esto se ponía a la par de la filosofía moderna, (según Sierra Partida), sin dejar de admitir que su lema “No Hay Dios” con el que se anunció ante una sociedad poco ilustrada y fanatizada, haya desbordado un torrente de ciencia que causó asombro a sus oyentes, “pensadores que en su fuero interno aceptaron algunas ideas del Indio Ramírez, aunque no se atrevieron a hacer pública su aceptación”.

En su biografía acerca del Indio Ramírez, Alfonso Sierra Partida nos deleita el corazón y el conocimiento, diciendo de Ignacio, acerca de su natalicio, lo siguiente:
“Su nacimiento, señalado por el destino, hizo sin duda agitarse, conmovido, el oro de las mazorcas y la esmeralda de las siembras, por un viento suave, precursor de tempestades; y las tierra fecundas del Bajío se iluminaron bajo un cielo más claro, más azul, como de anunciación. La noche, para significar su advenimiento tornó más puras y más altas las constelaciones estelares”.

Bien, pues este “Voltaire” mexicano, como le decía Lacunza (no se cual de los dos hermanos, si Juan o José María) por su bravura en las tribunas contra todo lo caduco y, decíamos, retrogrado, poseía entre sus actividades los títulos de: Poeta – Abogado - Orador – Polemista – Político – Reformador – Periodista – Antropólogo – Naturalista – Historiador – Filósofo – Filólogo – Pedagogo – Pensador – Visionario – Escritor – Innovador – Humanista – Sociólogo – Economista – Taumaturgo – Educador y el de Maestro, porque todo lo ejecutaba con maestría.

¿Se podría pedir algo más que decore la destreza, inteligencia y grandeza de un Indio, probablemente el más pobre de su época, aun cuando tuvo posiciones políticas de relevancia y que sin embargo, jamás se enriqueció del erario público? Repito, jamás traicionó su pobreza material, tampoco así sus principios, por tal motivo, este actuar así de su parte, lo posicionó en un alto y merecido altar de los hombres más puros de la Reforma de México y, porqué no decirlo, del mundo. ¡Venerado sea siempre!


( E P I T A F I O )

“AQUÍ YACE EL SUSURRO DEL VIENTO”


Autor: José Santana Prado

Sol de fuego rugiente
nacido para calcinar blasfemos,
aniquilando con la fuerza de tu voz alzada
ignorancias premeditadas,
construidas ex profeso para dominar las masas.

Ignacio, Sol, Indio, Ramírez;
elaborado en las entrañas de una madre azteca
que parió la patria de nuestra América morena.

Eres, aunque nacido en verano de una época pasada,
la pluma que corta con los filos de la espada
las conciencias que han traicionado a la nación,
y desbocada en letras hirientes hacia el infractor,
eliminas para siempre su ignorancia.

Ignacio, Sol que acarreas fuego, Ramírez,
honda es la sublime huella
que has impreso en los campos de esta tierra,
sedienta de almas nobles
que la salven, que la quieran.

Elocuencia desbordada
de indomable espíritu lo fuiste,
mejor decirlo, continúas
con la bravura defendiendo en la tribuna

la palabra clave ¡Libertad!
siempre ansiada en los eternos tiempos.

Encarnas hasta el presente,
la libertad desconocida
que el ignorante anhela en vano
sin lograr donde encontrarla,
pues no es dada gratuita a los mortales,
se conquista con las armas del saber.

Del saber que fue tu gloria
y al final de tu obra modelada en las estrellas
con la conciencia de un destino cumplido manifiesto,
éste tu pueblo, Ignacio, Sol, Indio, Destino, Ramírez,
desea guardar en la patria para siempre
el susurro sobre tu lápida del viento.

José Santana Prado >>
 
 
 
 
 

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