El
atormentado pueblo mexicano puede constatar
hoy en día que todo el país
está inmerso en el desván
del desorden: los políticos amañados
con sus partidos amañados de igual
forma, se tiran bravatas e insultos, lavándose
las manos los unos con los otros, y éstos
últimos no se quedan atrás,
respondiendo con cualquier estupidez a la
agresión que ambos efectúan
dentro del marco del ridículo y de
la irresponsabilidad política nacional.
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Hace un
tiempo se supo en todo el país, la
noticia un tanto amordazada, de la muerte
de Arturo Guzmán Loera alías
el "Pollo", hermano del "Chapo,"
a manos de José Ramírez Villanueva
interno del mismo centro penitenciario La
Palma.
La pregunta del público mexicano
es ¿cómo fue a parar un arma
mortífera al centro carcelario y
quién la introdujo sin pasar el chequeo
riguroso que se debe practicar en ese lugar
de máxima seguridad? Pregunta que
todos los mexicanos y hasta los que no lo
son, intuimos de antemano que esto es debido
a la corrupción y al soborno.
Los móviles del crimen también
pueden ser varios: venganza, amenaza hacia
el ejecutor del asesinato de llevarlo a
cabo o en su defecto, habría represalias
contra su familia. Otro móvil pudiera
ser el control de territorio de los cárteles
actuales, en fin, los motivos pueden ser
muchos.
La irrisoria frase de "cárcel
de máxima seguridad," en verdad
causa risa, pero también incluye
rabia, impotencia, negligencia, inseguridad
para los internos que purgan diferentes
condenas, porque pueden no amanecer al día
siguiente aun con la rimbombante frase antes
mencionada. De igual manera las cárceles,
en este preciso caso, de "máxima
seguridad", son poco seguras para los
familiares o amigos de los internos que
visitan periódicamente estos reclusorios.
Las cárceles de máxima seguridad,
nunca serán ni tan siquiera de mediana
seguridad por más sofisticados que
sean los sistemas que se implanten para
la evasión de los reos o para su
comodidad dentro de su diario vivir, debido
a que existe un problema mayor hasta ahora
insalvable: el elemento humano, el personal
que labora para estos centros de readaptación
social. La idiosincrasia mexicana, de raza,
de pensamiento, de actitud, sin olvidar
la perenne amenaza que es la corrupción,
hacen inservibles en cuanto a la seguridad,
estas cárceles mal llamadas de alta
seguridad.
El atormentado pueblo mexicano puede constatar
hoy en día que todo el país
está inmerso en el desván
del desorden: los políticos amañados
con sus partidos amañados de igual
forma, se tiran bravatas e insultos, lavándose
las manos los unos con los otros, y éstos
últimos no se quedan atrás,
respondiendo con cualquier estupidez a la
agresión que ambos efectúan
dentro del marco del ridículo y de
la irresponsabilidad política nacional.
Estos dos últimos sexenios ultraderechistas,
se han caracterizado por la ineficacia e
incongruencia entre el dicho y el hecho,
sin olvidar a la antigua maquinaria de imposición
priísta que también incurrió
en tremendas arbitrariedades e irresponsabilidades
para con el pueblo de México.
Tratándose de corrupción,
ésta se puede observar hasta en la
calle, campea a la orden del día
con el transportista, el policía,
en migración, en las aduanas, con
el cuida coche, los medios de comunicación,
y por supuesto que incluimos a las iglesias
de cualquier fe, las discotecas, dentro
del ejército (que afortunadamente
no es la mayoría), en fin, la corrupción
siempre ha existido pero, en la actualidad,
ha rebasado los límites de la credibilidad.
La vida en los reclusorios es de por sí
pesada, turbulenta y a la vez tediosa hasta
el grado en que muchos de los internos necesitan
vivir en estado bruto, drogados para evadir
la realidad del diario sufrir, y a esto
se añade, decíamos, la terrible
inseguridad. Los Ceferesos dejan de ser
centros de readaptación social convirtiéndose
en infiernos para sus moradores.
Es muy lamentable que estas colonias de
internos, hablando exclusivamente de nuestro
país, sean dirigidas u operadas por
gente no calificada que, al menor soborno,
echan por tierra la seguridad de las mismas,
y la frase de "prisión de máxima
seguridad" sea sólo una burla
para el país y sus procedimientos
penitenciarios. Por estas y otras cosas
más no dejaremos de ser habitantes
del tercer mundo.
Observamos, pues, con un dejo de tristeza
que, las prisiones en nuestro país
no serán jamás de máxima
seguridad hasta que se tomen en cuenta otras
medidas, pero no en cuanto a la supuesta
seguridad, sino que la máxima seguridad
exista dentro de cada uno de los trabajadores
sean éstos celadores, custodios,
guardias o como se les quiera llamar, para
que la corrupción, madre y compañera
del soborno, no viole y envenene aún
más la vida de estas colonias de
personas en cautiverio y en verdad sean
seguras tanto para los internos como para
la sociedad en general.