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LAS CÁRCELES DE MÁXIMA SEGURIDAD EN MÉXICO.
Por José Santana Prado
Agosto 2007
El atormentado pueblo mexicano puede constatar hoy en día que todo el país está inmerso en el desván del desorden: los políticos amañados con sus partidos amañados de igual forma, se tiran bravatas e insultos, lavándose las manos los unos con los otros, y éstos últimos no se quedan atrás, respondiendo con cualquier estupidez a la agresión que ambos efectúan dentro del marco del ridículo y de la irresponsabilidad política nacional.
 
 
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Hace un tiempo se supo en todo el país, la noticia un tanto amordazada, de la muerte de Arturo Guzmán Loera alías el "Pollo", hermano del "Chapo," a manos de José Ramírez Villanueva interno del mismo centro penitenciario La Palma.

La pregunta del público mexicano es ¿cómo fue a parar un arma mortífera al centro carcelario y quién la introdujo sin pasar el chequeo riguroso que se debe practicar en ese lugar de máxima seguridad? Pregunta que todos los mexicanos y hasta los que no lo son, intuimos de antemano que esto es debido a la corrupción y al soborno.

Los móviles del crimen también pueden ser varios: venganza, amenaza hacia el ejecutor del asesinato de llevarlo a cabo o en su defecto, habría represalias contra su familia. Otro móvil pudiera ser el control de territorio de los cárteles actuales, en fin, los motivos pueden ser muchos.
La irrisoria frase de "cárcel de máxima seguridad," en verdad causa risa, pero también incluye rabia, impotencia, negligencia, inseguridad para los internos que purgan diferentes condenas, porque pueden no amanecer al día siguiente aun con la rimbombante frase antes mencionada. De igual manera las cárceles, en este preciso caso, de "máxima seguridad", son poco seguras para los familiares o amigos de los internos que visitan periódicamente estos reclusorios.

Las cárceles de máxima seguridad, nunca serán ni tan siquiera de mediana seguridad por más sofisticados que sean los sistemas que se implanten para la evasión de los reos o para su comodidad dentro de su diario vivir, debido a que existe un problema mayor hasta ahora insalvable: el elemento humano, el personal que labora para estos centros de readaptación social. La idiosincrasia mexicana, de raza, de pensamiento, de actitud, sin olvidar la perenne amenaza que es la corrupción, hacen inservibles en cuanto a la seguridad, estas cárceles mal llamadas de alta seguridad.

El atormentado pueblo mexicano puede constatar hoy en día que todo el país está inmerso en el desván del desorden: los políticos amañados con sus partidos amañados de igual forma, se tiran bravatas e insultos, lavándose las manos los unos con los otros, y éstos últimos no se quedan atrás, respondiendo con cualquier estupidez a la agresión que ambos efectúan dentro del marco del ridículo y de la irresponsabilidad política nacional.

Estos dos últimos sexenios ultraderechistas, se han caracterizado por la ineficacia e incongruencia entre el dicho y el hecho, sin olvidar a la antigua maquinaria de imposición priísta que también incurrió en tremendas arbitrariedades e irresponsabilidades para con el pueblo de México.
Tratándose de corrupción, ésta se puede observar hasta en la calle, campea a la orden del día con el transportista, el policía, en migración, en las aduanas, con el cuida coche, los medios de comunicación, y por supuesto que incluimos a las iglesias de cualquier fe, las discotecas, dentro del ejército (que afortunadamente no es la mayoría), en fin, la corrupción siempre ha existido pero, en la actualidad, ha rebasado los límites de la credibilidad.

La vida en los reclusorios es de por sí pesada, turbulenta y a la vez tediosa hasta el grado en que muchos de los internos necesitan vivir en estado bruto, drogados para evadir la realidad del diario sufrir, y a esto se añade, decíamos, la terrible inseguridad. Los Ceferesos dejan de ser centros de readaptación social convirtiéndose en infiernos para sus moradores.

Es muy lamentable que estas colonias de internos, hablando exclusivamente de nuestro país, sean dirigidas u operadas por gente no calificada que, al menor soborno, echan por tierra la seguridad de las mismas, y la frase de "prisión de máxima seguridad" sea sólo una burla para el país y sus procedimientos penitenciarios. Por estas y otras cosas más no dejaremos de ser habitantes del tercer mundo.

Observamos, pues, con un dejo de tristeza que, las prisiones en nuestro país no serán jamás de máxima seguridad hasta que se tomen en cuenta otras medidas, pero no en cuanto a la supuesta seguridad, sino que la máxima seguridad exista dentro de cada uno de los trabajadores sean éstos celadores, custodios, guardias o como se les quiera llamar, para que la corrupción, madre y compañera del soborno, no viole y envenene aún más la vida de estas colonias de personas en cautiverio y en verdad sean seguras tanto para los internos como para la sociedad en general.

José Santana Prado >>
 
 

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