Dudar
es saludable como acicate para la investigación.
Hace un tiempo escribió con certeza
un buen amigo mío: “La duda trae
como consecuencia innata, la búsqueda
infatigable y apasionante de la verdad”
que cada voluntario encontrará según
su grado evolutivo y su interés por
indagar.
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Dudar
es saludable como acicate para la investigación.
Hace un tiempo escribió con certeza
un buen amigo mío: “La duda trae
como consecuencia innata, la búsqueda
infatigable y apasionante de la verdad”
que cada voluntario encontrará
según su grado evolutivo y su interés
por indagar.
La verdad sobre la cosa que se esté
investigando se muestra diferente para
cada ser humano, bien lo sabemos, por
las múltiples formas en la misma
investigación y de las percepciones
distintas de los interesados.
El ser humano está acostumbrado
a creer a ciegas todo lo que se le inculca
dentro del aspecto religioso, familiar
o institucional, sin tomarse la molestia
de llevar a cabo un proceso de investigación.
Teniendo por base que si nuestros padres
aceptan algo supuestamente verídico,
nosotros de igual forma tendremos que
hacerlo y no es así. Nuestra obligación
de Homo Sapiens es llegar a la comprobación
de la teoría o de la práctica
que efectuamos dentro de la familia, sociedad
o religión donde tenemos nuestro
hábitat.
Es por todos conocido que el engaño
y la mentira en sus múltiples expresiones,
son algunos de los males que cada quien
aplica cuándo, cómo y dónde
le son necesarios, causando trastornos
a la veracidad de cualquier tema en cuestión;
trátese de temas históricos,
culturales o religiosos. Si los afectados
no estamos atentos para detectar el error
u omisión, la investigación,
es uno de los factores que nos puede ayudar
con propiedad a tener un mejor conocimiento
y percepción de la vida y sus bemoles,
evitando así el maligno engaño
y la denigrante mentira.
La historia de la humanidad está
plagada de farsas universales dependiendo
de quién las formula, sobre todo,
de quién es el ganador o el controlador
de la situación, en la época
en que se desarrollan los hechos y que
son acomodados a conveniencia. Por tal
razón, es muy importante investigar
a fondo hasta descubrir la esencia de
la verdad que muchas veces yace oculta,
o sepultada malévolamente, en la
sima del océano del tiempo.
Es lamentable escuchar a supuestos eruditos,
cacarear frases y teorías un tanto
ingenuas, pero visiblemente falsas u obsoletas;
demostrando con lo dicho, su grado de
incapacidad para la investigación
y su falta de preparación para
descubrir la verdad, que aunque haga daño,
por el momento, los curará en lo
futuro de la ignorancia.
La investigación, aunada al riguroso
análisis, preparan el camino para
emitir un juicio mejor en aserción
en cuanto a lo investigado, sin menospreciar
la duda que es la punta de lanza que nos
estimula a formular todo un proceso investigativo,
apasionante por demás, el cual
alienta a usar nuestro cerebro de una
forma apropiada y poder decirnos con propiedad,
seres pensantes; pienso, luego existo,
no solamente existir sin pensar.
Ahora bien, dudar, decía al inicio
de este texto, es saludable; siempre y
cuando esa duda venga acompañada
del deseo de descubrir aquello de lo cual
dudamos y pongamos a trabajar nuestras
capacidades de investigación. Al
poner en marcha el deseo de averiguar
el tema a que nos avoquemos, de igual
manera comienza la maquinaria universal
a ponernos ideas, trabas y acertijos que
tendremos que vencer sin desmayar, hasta
ver coronado nuestro esfuerzo con la luz
de la verdad del tema en investigación.
De una cosa sí puedo estar seguro:
la verdad llega y con ella, la satisfacción
enorme de haber resuelto la duda.
Como se podrá observar, el ser
humano que está acostumbrado a
no investigar, a tan solo creer aquello
que se le dice o que lee sin digerir,
es por consecuencia, un ser masiforme;
uno más del gremio de los inducidos
por los que sí piensan, no importando
que lo hagan para sus diferentes conveniencias.
Por el contrario, el analista, el investigador,
el que duda y actúa, será
siempre el auténtico habitante
de las esferas superiores de la conciencia
humana.
Tomemos la duda como la oportunidad de
llegar a la verdad por medio de la investigación
concienzuda, sin abandonar el trabajo
hasta lograr nuestro objetivo, no escatimando
esfuerzos ni sistema o método alguno.
La tranquilidad de llegar al fondo o a
la cima de lo buscado, ofrece al investigador
una seguridad interior y a la vez, demostrable,
del magnífico beneficio que trae
como consecuencia la duda. Entonces bien,
dudar es descubrir, es satisfacer la curiosidad
de investigar y es también el avance
que necesita todo ser humano para trascender,
aun después de la muerte.