Suecia - Estocolmo


Desde méxico
LA DUDA
Por: José Santana Prado.
Dudar es saludable como acicate para la investigación.
Hace un tiempo escribió con certeza un buen amigo mío: “La duda trae como consecuencia innata, la búsqueda infatigable y apasionante de la verdad” que cada voluntario encontrará según su grado evolutivo y su interés por indagar.
 
 
 
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Dudar es saludable como acicate para la investigación.
Hace un tiempo escribió con certeza un buen amigo mío: “La duda trae como consecuencia innata, la búsqueda infatigable y apasionante de la verdad” que cada voluntario encontrará según su grado evolutivo y su interés por indagar.

La verdad sobre la cosa que se esté investigando se muestra diferente para cada ser humano, bien lo sabemos, por las múltiples formas en la misma investigación y de las percepciones distintas de los interesados.

El ser humano está acostumbrado a creer a ciegas todo lo que se le inculca dentro del aspecto religioso, familiar o institucional, sin tomarse la molestia de llevar a cabo un proceso de investigación. Teniendo por base que si nuestros padres aceptan algo supuestamente verídico, nosotros de igual forma tendremos que hacerlo y no es así. Nuestra obligación de Homo Sapiens es llegar a la comprobación de la teoría o de la práctica que efectuamos dentro de la familia, sociedad o religión donde tenemos nuestro hábitat.

Es por todos conocido que el engaño y la mentira en sus múltiples expresiones, son algunos de los males que cada quien aplica cuándo, cómo y dónde le son necesarios, causando trastornos a la veracidad de cualquier tema en cuestión; trátese de temas históricos, culturales o religiosos. Si los afectados no estamos atentos para detectar el error u omisión, la investigación, es uno de los factores que nos puede ayudar con propiedad a tener un mejor conocimiento y percepción de la vida y sus bemoles, evitando así el maligno engaño y la denigrante mentira.

La historia de la humanidad está plagada de farsas universales dependiendo de quién las formula, sobre todo, de quién es el ganador o el controlador de la situación, en la época en que se desarrollan los hechos y que son acomodados a conveniencia. Por tal razón, es muy importante investigar a fondo hasta descubrir la esencia de la verdad que muchas veces yace oculta, o sepultada malévolamente, en la sima del océano del tiempo.

Es lamentable escuchar a supuestos eruditos, cacarear frases y teorías un tanto ingenuas, pero visiblemente falsas u obsoletas; demostrando con lo dicho, su grado de incapacidad para la investigación y su falta de preparación para descubrir la verdad, que aunque haga daño, por el momento, los curará en lo futuro de la ignorancia.

La investigación, aunada al riguroso análisis, preparan el camino para emitir un juicio mejor en aserción en cuanto a lo investigado, sin menospreciar la duda que es la punta de lanza que nos estimula a formular todo un proceso investigativo, apasionante por demás, el cual alienta a usar nuestro cerebro de una forma apropiada y poder decirnos con propiedad, seres pensantes; pienso, luego existo, no solamente existir sin pensar.

Ahora bien, dudar, decía al inicio de este texto, es saludable; siempre y cuando esa duda venga acompañada del deseo de descubrir aquello de lo cual dudamos y pongamos a trabajar nuestras capacidades de investigación. Al poner en marcha el deseo de averiguar el tema a que nos avoquemos, de igual manera comienza la maquinaria universal a ponernos ideas, trabas y acertijos que tendremos que vencer sin desmayar, hasta ver coronado nuestro esfuerzo con la luz de la verdad del tema en investigación. De una cosa sí puedo estar seguro: la verdad llega y con ella, la satisfacción enorme de haber resuelto la duda.

Como se podrá observar, el ser humano que está acostumbrado a no investigar, a tan solo creer aquello que se le dice o que lee sin digerir, es por consecuencia, un ser masiforme; uno más del gremio de los inducidos por los que sí piensan, no importando que lo hagan para sus diferentes conveniencias. Por el contrario, el analista, el investigador, el que duda y actúa, será siempre el auténtico habitante de las esferas superiores de la conciencia humana.

Tomemos la duda como la oportunidad de llegar a la verdad por medio de la investigación concienzuda, sin abandonar el trabajo hasta lograr nuestro objetivo, no escatimando esfuerzos ni sistema o método alguno.

La tranquilidad de llegar al fondo o a la cima de lo buscado, ofrece al investigador una seguridad interior y a la vez, demostrable, del magnífico beneficio que trae como consecuencia la duda. Entonces bien, dudar es descubrir, es satisfacer la curiosidad de investigar y es también el avance que necesita todo ser humano para trascender, aun después de la muerte.

José Santana Prado >>
 
 

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