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¿ES LA APATÍA EXCLUSIVA DEL SIGLO XXI?
Por José Santana Prado
Septiembre 2007
¿Cómo atacar la apatía y lograr un estatus que lleve a buen término la convivencia universal de las familias, de las regiones y los países, para obtener al fin, la buena ganancia por medio de la experiencia acumulada de los siglos y elevar la categoría humana de la sociedad terrestre, sin pretender ser moralistas? ¿Estamos dispuestos a dar la batalla contra la apatía mediocrizante de todos los tiempos?
 
 
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Una vez ya iniciado el siglo XXI y casi en los albores del año 2005, continuamos con la problemática de comportamiento indolente a nivel personal, regional y de país así como mundial, con relación a la actitud del ser humano ante sus semejantes.

Actuamos sólo y a favor de nuestros intereses particulares la mayor parte del tiempo, echando a la basura en múltiples ocasiones la oportunidad de ayudar, de servir y cooperar con el resto de los habitantes que nos rodean, todo por el personalismo egoísta que late desenfrenado en nuestras entrañas. Bien sabemos que el proporcionar algún servicio a nuestros coetáneos, nos permite ser, de una forma honrosa, mejores ciudadanos del orbe terrígeno.

Si hablamos a nivel regional o de países, sucede lo mismo, pero los resultados son superiores, puesto que los beneficiados serán unos cuantos y el resto, las multitudes, serán marginadas como siempre a sufrir el abandono de los que tienen y no quieren, no desean brindar un poco de ayuda a sus congéneres en desgracia. Como resultado de esta actitud tenemos que, la sociedad va degenerando y aparecen la esclavitud, el feudalismo, la imposición del fuerte o del rico sobre el marginado e indefenso que por desgracia, forma el bloque mayor de ciudadanos con esa etiqueta a nivel mundial.

En y dentro de la historia universal de los pueblos, incluyendo la época actual cibernética, encontramos la misma problemática dándonos a entender, la incapacidad humana, aun con asociaciones y grupos humanitarios de ayuda que se esfuerzan al máximo por equilibrar, por dar un mejor balance a las necesidades existenciales de primer orden. El fuerte continúa abusando del débil y el rico explotando al subordinado, así como el poderoso en economía y armamento bélico, somete por la ley de la fuerza al endeble. Caso concreto ¿qué hace el yanki en Irak?

No se trata de que la religión fulana o zutana nos conmine a hacer el bien, a proporcionar la ayuda al necesitado, no, más bien se trata de que los seres humanos seamos por nosotros mismos un poco más humanos y obsequiemos, pero sin quitar, pues la única religión debiera ser la de fraternizar, que la armonía universal impregne la conciencia planetaria para hacer de la fraternidad la mejor ley. Sólo en los grandes desastres desaparece un poco la apatía dando paso al altruismo, como en el reciente maremoto en el océano Índico del 26 de diciembre del año en curso, para luego volver a sonreír ante la desgracia rutinaria del diario vivir en la mayoría de los países de este apático planeta.

Es triste comprobar, regresando al título de este escrito que, la apatía es en realidad una característica no sólo del siglo XXI, sino de todas las páginas del tiempo que forman el libro de los pueblos, llamado Historia Universal. Lamentable es en sumo grado saber que los siglos de experiencia que la humanidad ha desarrollado, entre comillas, no le han servido de nada, pues hoy en día se actúa peor en muchos lugares y circunstancias que hace quinientos o mil años atrás. ¿Cuándo se decidirá el Homo Sapiens a poner en práctica su buena experiencia? ¿Hasta que el cuerpo planetario esté en coma, dando sus estertores de muerte?

A pesar de la alta tecnología y del modernismo en muchos campos de las ciencias y de las artes, para proporcionar mayor comodidad y placer al hombre, no hemos podido deshacernos de la nefasta apatía. Las religiones son ineficaces ante esta lacra, las leyes de los países así como sus dirigentes son un tanto incompetentes frente a la apática realidad. Es poco el avance que ha tenido la humanidad en cuanto a convivir en armonía, a concientizarse de cuidar el planeta aún habitable, para los que nos sucedan, para los que vendrán, sean éstos familiares o simplemente ciudadanos.

La apatía, la dejadez, la indiferencia, la falta de interés, la displicencia, la flema, la indolencia, el desgano, la pereza, la inactividad, la insensibilidad, el valemadrismo; son sinónimos para interpretar la no acción mundial de todos los tiempos que, sin embargo, en esta etapa de la vida planetaria, ya se deberían haber transcendido, pero seguimos en pañales dando así, con nuestra actitud, una puñalada mortal al planeta, a la casa habitación que nos contiene; en consecuencia, nos herimos de muerte nosotros mismos, como ciudadanos del mundo.

¿Cómo atacar la apatía y lograr un estatus que lleve a buen término la convivencia universal de las familias, de las regiones y los países, para obtener al fin, la buena ganancia por medio de la experiencia acumulada de los siglos y elevar la categoría humana de la sociedad terrestre, sin pretender ser moralistas? ¿Estamos dispuestos a dar la batalla contra la apatía mediocrizante de todos los tiempos?

Si tomamos el reto debemos concientizarnos que el esfuerzo será titánico y primero personal, comenzando con las cosas pequeñas por hacer. Que no nos de pereza hacer o dejar de hacer lo que debemos, pues la conciencia aunada a la razón dicta, y la voluntad ejecuta. Si actuamos hoy, atacamos por inercia a muchos otros malos hábitos que irán desapareciendo a medida que la voluntad se fortalezca por medio de la buena práctica perseverante. En razón del cambio personal de actitud, nuestros allegados y vecinos se contagiarán, obteniendo con el tiempo resultados asombrosos, sin olvidar y sin perder la noción de que el problema de apatía no es de aptitud, sino de actitud.

Entonces, una vez tomado el reto, ¡cambiemos de inmediato las actitudes dañinas para optimizar nuestras aptitudes!

José Santana Prado >>
 
 

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