Suecia - Estocolmo


Desde México
LA CROIX


LA CROIX
(La Cruz)
Por: José Santana Prado
México/estocolmo

Desde tiempos inmemoriales, antes de que la vida se comenzara a medir por etapas, días, minutos y segundos por los habitantes de este planeta, la cruz ya pisaba la tierra como símbolo de existencia, como símbolo de vida. Tenemos la cruz griega de lados iguales, tan antigua como lo es nuestra civilización llamada occidental, mucho antes de la era cristiana y sin tomar en cuenta a la cruz en donde se supone murió el hombre-dios de los occidentales de hoy en día llamados cristianos, la verdadera y genuina cruz ya era parte del contexto cósmico. La cruz siempre ha existido, es eterna.

El cristianismo no vino a inventar ninguna cruz, porque, cómo se puede crear algo que ya existe. Bien sabemos que desde el siglo IV de nuestra era o más exactamente, a partir del año 325, el genio e ingenio creador y dador de vida del actual cristianismo, transformado en catolicismo, fue Constantino, hijo de Constancio Cloro y de Elena su concubina, después transformada en santa Elena. Supongo que no hay necesidad de dar explicaciones históricas de cómo y porqué el cristianismo de ser judío, pues Jesús lo era, pasó a ser romano, con su cuartel general dentro de los ciento ocho acres de terreno que hoy se llama Vaticano. La historia fantástica de que Jesús, (mejor conocido como guerrillero zelota) fue hijo de Dios, es tan ingenua como tan irreal e infantil lo es la teoría judía de la creación de Eva.
Siglos antes de la existencia del cristianismo los indostanos hindúes tuvieron a un dios-hombre: Krishna, la séptima reencarnación de Vishnú el cual tuvo doce apóstoles, murió asaeteado y resucitó al tercer día; sin contar las múltiples religiones que se adelantaron al cristianismo con las mismas formas de vida y muerte de otros dioses mitológicos más originales, en cuanto a su antigüedad.

La cruz es entonces, la unión, la cruza de dos energías llámense físicas, humanas o naturales: así tenemos que el hombre y la mujer cuando unen sus sexos cruzan sus energías dadoras de vida para generar otro ser humano.

La semilla es depositada en la tierra, para que por un proceso natural y con la ayuda del sol y el agua, nazca la planta. En nuestra época moderna sucede lo mismo con la electricidad y con otras fuerzas y energías; así la unión de dos polos el uno positivo y el otro negativo, nos producirán la electricidad tan necesaria en la actualidad cibernética.

La cruz, en un concepto generador de vida, es toda una realidad cósmica, no es ningún invento del dios-hombre Jesús mal llamado hijo de Dios, el cual tampoco ha salvado a la humanidad de ninguna falta o de pecado alguno, esta es una fantasía de los controladores de conciencias. Sólo hay que adentrarse en la historia, (no la manipulada) y se descubrirá la bella farsa del Nuevo Testamento en toda su intensidad. Hay que leer el Talmud, a Flavio Josefo y a otros tantos escritores latinos de la época cercana a Jesús, para poder opinar diferente al resto masiforme.

Entonces bien, la cruz es completamente sexual, es la unión de dos fuerzas diferentes en cuanto a signos se refiere, para que la vida continúe y no perezca en un par de décadas o de siglos. Es por ello que nuestros ancestros, desde el origen de la vida, por lo menos la terrígena, hicieron rituales con relación a los dadores de vida, al falo y a la vagina exaltando la virtud natural, por supuesto, de la generación, de la generación de la existencia.
Toda la historia de la especie humana está dirigida al sexo, a la vida y a los creadores de ella, pero por desgracia, algunas religiones o corrientes retrógradas se asustan del sexo y lo proscriben como si éste fuera un crimen o como ellos dicen, un pecado. Por esta razón y otras más, el cristianismo es nihilista, es decir, niega la felicidad humana en esta vida y se contrapone al deseo natural y carnal de la especie, argumentando prohibiciones, anatemas y ridículos castigos en contra de los transgresores. El problema es que en verdad creen los infractores, o mejor expresado, los adeptos a estas corrientes religiosas semejantes fantasías. Reza el dicho popular que “con su pan se lo coman”.

Continuando con el tema de la cruz, existen veintenas de variadas cruces: la cruz teutónica, la cruz templaria, la huichola, la swástica, la cruz gamada, la cruz de Caravaca y otras tantas, pero la única y auténtica que existe por siempre es la cruz de vida; la cruz eterna del sexo. Aunque le pese a las religiones.

Bien nos acordamos de la tragedia de Isis y Osiris y del malvado Tifón, hermano celoso de ambos, igualmente de la reconstrucción de Osiris así como del rescate del miembro viril y la fecundación de Horus, producto del amor y de la unión de dos polos, de la ancestral cruz generadora de vida de todos los tiempos y todos los mundos: la cruz bendita del sexo. No más ejemplos, dos o tres son suficientes, y, aquellos de nosotros que queramos escarbar y no dejar frustrada a la curiosidad, a la duda, tan necesarias para el progreso personal y del género humano; lo mejor será ir a la fuente y beber, con paciencia, del único elíxir y verdadero poder que otorga el conocimiento.

 

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