Suecia - Estocolmo


Desde México
LA OTRA ESTIRPE

Por: José Santana Prado
México/estocolmo



Las personas que piensan diferente de sus congéneres a través de la historia, comúnmente se las tiene en la categoría de temerarias, dementes, fuera del contexto llamado “normal” que posee el resto de individuos, pobladores de esta esfera aún habitable. A éstos, a los atrevidos se les margina, se les juzga de desequilibrados, sin embargo, la realidad puede ser otra que a continuación explicaré.
Los pocos, pero atrevidos, a pesar de que sean juzgados con dureza dentro de su grupo social, ciudad o país; están en mejor posición de ser libres, porque el ser despierto, te dota de valor y temeridad al exponer tus “raras” teorías a los demás con honestidad y sin inhibición de ninguna clase.
Ejemplos temerarios y sublimes lo son Galileo Galilei (1564- 1642), Leonardo da Vinci (1452 – 1519), Nicolo Maquiavelo (1469 –1527), en México José Revueltas (1914- 1976), Ignacio M. Altamirano (1834 – 1893) e Ignacio Ramírez (1818- 1879), entre otros.
Es correcto que se deberá pagar el precio, no importando a la altura que se llegue ni sus consecuencias, pues es conocido que esta estirpe, defenderá sus teorías hasta con la vida si es posible, mientras alguien no demuestre que se está equivocado. Porque rectificar, también es de seres temerarios.
El resto de pobladores terrígenos, la enorme masa ovejuna, continúa comiendo basurita de la mano de los controladores universales sean éstos curas, pastores, rabinos, ministros, líderes o gente enferma de poder y de vanidad.
Entonces bien, los que piensan diferente, y a aquí me incluyo, los que ya no comulgamos con teorías preestablecidas, sino que, utilizamos las nuestras propias, en efecto, somos “anormales”, por el sencillo hecho de que los llamados “normales”, son hoy, ayer y siempre, todas esas masas acobardadas y conformistas que no tendrán acceso jamás, debido a su condición, a disfrutar de lo más sagrado y anhelado como lo es la libertad de conciencia, don supremo que se obtiene por medio del conocimiento, el esfuerzo y la investigación.
Podemos observar a pobres e ilusos ricos, con una fe ciega en tratándose de sus dogmas que, les empobrece su riqueza material e intelectual, arrojándolos hacia el lodo putrefacto de la ignorancia. De igual manera y es muy triste así como lamentable, constatar que los profesionistas, doctores, abogados, maestros, los mismos filósofos y pensadores, los analistas (¿de qué?), reyes, presidentes y, para rematarla, incluyo también a los llamados liberales (¿entenderán siquiera el concepto de esta palabra?), siguen y seguirán siendo seres arrastrados por la corriente infinita del común denominador, hasta que más de alguno logre saltar con determinación la valla de los guiados y conducidos, tanto por ideas antiguas y obsoletas, como por normas impuestas a conveniencia de los controladores universales antes mencionados.
Hablaré ahora del ser atrevido y del atrevimiento. Primero, cuando el ignorante se atreve, lo hace sin fundamentos de ninguna especie, sólo lo que sabe y oye a través del diario vivir y que le han metido hasta el tuétano de su conciencia sus ancestros y la gente común. Pero como ignora que ignora, siempre estará viviendo en el calabozo de sus ideas impuestas, de antemano, por los de su clase ovejuna.
La otra corriente que nos desglosa el atrevimiento contiene a los pocos, y es aquella en la que el sujeto defensor de sus teorías e ideas, las ha comprobado por medio de la investigación y del análisis desapasionado, fuera de todo fanatismo y dogma, obstructores éstos de la verdad que cada cual interpreta según el grado evolutivo conciencial.
La otra estirpe, entonces, es la que no se limita la mente, la conciencia y la libertad de transgredir lo ya establecido como auténtico, igualmente sagrado o verdadero que, por lo regular resulta ser completamente falso y utópico. El atrevido consciente, siempre estará fuera del círculo moral y espiritual incluyendo el social, pues se da cuenta a tiempo, de la manipulación a que ha sido sometida la raza humana masiforme, por los controladores voraces de la situación.
Ahora bien, el hecho de que las enormes y manipuladas masas comulguen con teorías y esquemas tanto morales como religiosos o sociales alrededor del mundo, no indica que tengan la razón o posean la verdad absoluta, por el contrario, existen casos en el que una sola persona se ha enfrentado con su verdad, pero comprobada, al resto de la humanidad y ha triunfado. ¿De quién se trata? Tenemos para las páginas y las calles embellecidas con el poder de la verdad y la razón dentro de la historia universal, y para el triunfo de la verdad misma así como para el progreso del género humano, apoyado en la ciencia, al temerario y “demente” (lo de demente no hay que olvidar que es orgullo de razón), Galileo Galilei, quien vivió setenta y ocho largos años al servicio de la ciencia verdadera aunada a la experimental. Ése que inventó el anteojo binocular allá por 1617, el mismo que descubrió la ley del isocronismo del péndulo en 1583, a sus 19 años de edad, que a su vez descubrió y construyó la balanza hidrostática en 1586 y no terminaría de describir todo su potencial científico. Este mismo personaje valeroso les demostró a los controladores universales, obstructores de la ciencia y la razón, con sus millones de seguidores, su enorme engaño, equívoco posiblemente premeditado para el control masiforme y el dominio obligado de sus conciencias. En 1615 fue llamado por la Inquisición y no fue sino hasta el segundo proceso inquisitorial en el que tuvo que retractarse en el año 1632, so pena de perder la vida. Epur si muve! (¡sin embargo se mueve!)
Bien, con este super ejemplo basta y sobra para darnos cuenta de que la raza humana siempre ha sido controlada y guiada por la falsa verdad que proporcionan las religiones oscurantistas y por costumbres o tradiciones sin fundamento, como que la tierra era cuadrada, que se han venido practicando desde hace siglos o desde hace milenios.
No por la circunstancia de que en una región o más allá de ésta, todos tengan el mismo modo de creer y actuar, y uno o dos no, quiere decir que la mayoría está dentro de lo correcto o dentro de la verdad, ¡no! Me remito al ejemplo anterior. Es por ello que la otra estirpe, la emancipada, la que no puede ser engañada, la libre y soberana, es asediada y vituperada por la ignorancia de las masas y por sus guías, entorpecedores de que la verdad sea una y transparente al alcance de todos, para bien de la humanidad.

Dedicado a Don Luis Bustamante Franco,
ahora habitante del Oriente Infinito.
(17 de julio de 2005)


 

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