Suecia - Estocolmo


Desde México
LA INVASIÓN O LA GUERRA ABSURDA

Por: José Santana Prado
México/estocolmo


(Aniversario de aquel martes 25 de marzo de 2003, 7° día en la bitácora de guerra)


Sin mirar la televisión, escuché sobre el ataque cerca del río Tigris, entonces puse atención a las imágenes y me llené de emociones compartidas, pues la rabia aunada a la melancolía invadieron mi pensamiento.
Precisamente en esos instantes recordé mis clases de Historia Universal al situarme como por encanto entre dos de los ríos más famosos de la antigüedad: el Éufrates y el Tigris.
Dentro de esta milenaria región fue construida la gran Babilonia, ciudad encantadora, culta y enigmática; portadora de mitos y fantasías que el Conocimiento Universal nos entrega a manos llenas y nos sitúa dentro de la alborada del mundo.
La ignorancia bruta de dos países mal llamados primer mundistas, Estados Unidos, el país sin nombre y poca historia por un lado, y por el otro, Gran Bretaña la antigua Albión, han dado al traste con una parte del patrimonio planetario, sobre todo Estados Unidos país poco culto al que no le importa destruir siglos de esfuerzo, siglos de existencia y milenios de cultura concentrados en tan sólo esa región; se aferra con un egoísmo blasfemo en no dejar piedra sobre piedra de la estirpe de la civilización.
La antigua Mesopotámia o gran parte de ella, está siendo devastada por la maligna alianza de todos conocida, desperdiciando en consecuencia la friolera inicial de 200 mil millones de dólares en una invasión por demás estúpida y ridícula llamada guerra. El capricho de un borracho fundamentalista en su manera de pensar y metodista de nacimiento, ha puesto al planeta a temblar de rabia por su actitud reprobable.
Bagdad, ciudad hermosa y progresista, hoy parece morir de instante en instante pues cada bomba que cumple con su objetivo destruye una parte de su belleza. Bagdad perece inexorablemente.
Las maléficas aves de acero de la Coalición lanzan desde el aire sus heces fecales de muerte, diseminando el terror por doquiera. Al parecer, Bagdad no es suficiente; otras ciudades también pagan el precio como Basora, Kirkuk, Karbala, Mosul, Nasiriya. Y por supuesto, Tikrit, lugar donde nació Hussein.
Georgie Walker Bush parece no escuchar los lamentos de los desprotegidos, los lastimeros ayes de los niños mutilados, los brazos y piernas separados bruscamente por los metales de las bombas, la sangre, esencia universal mezclada con la arena del desierto, proclama el nacimiento del odio. Esa sangre de vida confundida con las aguas del río Tigris brota, mientras el dios cristiano del comandante Bush y de su alfil Blair ríe magnánimo, porque el dios del desierto de Saddam Hussein yace impotente, aunque orgulloso, con su cimitarra tirada, rota sobre la cálida arena de la legendaria Mesopotámia.
A qué nos llevan las guerras fundamentalistas, a dónde pretenden conducirnos las guerras mesiánicas. Bien dice un amigo mío que: “La paz a veces necesita de la sangre de los inocentes para reclamar su sitio”.
Podemos observar con el mínimo sentido común que existen varias guerras en una, sin descartar la que se desarrolla entre el norte de Irak y Turquía, porque los gringos ya prometieron un nuevo país a los Kurdos.
De una de ellas brota sangre, fuego, ruina y desolación sin menospreciar a la señora muerte que viene como resultado natural del nacimiento de la vida.
La otra guerra es la ideológica, entrelazada con la religión, tanto la del agredido como la del flagrante agresor. Después tenemos la guerra de propaganda: le aumento, le quito, le invento, es verdad, no lo es, yo digo lo mío, tú dices lo tuyo, Bush niega, Saddam afirma. La batalla de la desinformación está hoy en la antesala de la guerra, una de las más incongruentes que haya tenido la humanidad, pues debido a ella, las penúltimas páginas de la historia, (digo penúltimas porque las últimas serán cuando la vida en este planeta termine) están manchadas, como siempre, de la sangre más sagrada porque es la sangre de los inocentes.
Es muy lamentable que el poder traiga como consecuencia la violencia, el prepotente asesinato en esta ocasión, de la madre tierra, la madre Mesopotámia, cuna de la actual civilización, masacrada por la ignorancia del poderoso, del primer mundista irresponsable.
Hoy, por desgracia, (marzo de 2006) Bagdad es un infierno en la arena, debido a la intromisión del más aciago de los imperialismos, el yanqui, que con su cáncer ha infectado a la tierra de las mil y una noches y al mundo entero.
Las dos bes, Bush y Blair, pasarán a formar parte de la Historia Universal, es cierto, pero con la marca de dirigentes nefastos que no supieron y no quisieron salvaguardar al origen de la civilización, Irak.


 

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