(CAPÍTULO XXXIII)
Autor: José Santana Prado
¿Qué tanto podemos
decir acerca de nuestros pies?
La función de los pies
es caminar, transportarnos a donde
lo deseamos en cualquier momento
y sin decir que no.
Pero si nuestros pies hablaran,
tendrían que decir tantísimas
cosas hacia dónde nos han
llevado. ¿Qué hemos
hecho sin la autorización
de ellos? ¿En qué
camas hemos dormido o hecho el
amor? Y Cuántos otros pares
de pies han compartido a los nuestros.
Los pies, esas partes del cuerpo
que nos han soportado, que han
llevado a cuestas cuerpos gordos,
flacos, enfermos, sanos, cargados
de costales y mochilas. Que han
sustentado por las buenas y por
las malas a cuerpos miserables
de vidas intoxicadas de tabaco,
alcohol, drogas, degenerados por
sus pensamientos pobres y mediocres.
Pies, sufridos y altruistas, pies
hechos exprofeso para cuerpos
de ricos, de pobres o de militares
que caminan leguas sin objetar
nada, sólo caminan y cargan
míseros seres humanos.
Pies para indigentes, ulcerosos
y llagados. Así como pies
con pedigree para los reyes y
los potentados; pies de atletas,
extremadamente cansados por las
tremendas corridas a las que son
expuestos por los maratonistas;
¿y qué diremos de
los golpeados pies de los futbolistas?
Pies beodos cuando éstos
son usados para pisar la uva fermentada
de los buenos vinos, con sabor
a pie. Pies delicados para dar
masaje en la espalda o sobre las
nalgas del masajeado, que por
lo regular será rico o,
pudiente pues deberán pagar
un precio alto, pactado con la
geisha. Pies creyentes y ateos.
Beatos y timoratos.
Pies que transportan a los seres
más opulentos, pero también
a los miserables; a los cobardes
y hasta los curas de iglesias
de rancho, pies para los avaros
e inmisericordes; pies para los
piadosos y compasivos.
Pies que han tenido por dueños
a criminales, y también
a heroicos libertadores. Pies
para Hidalgo, para O’Higgins,
igualmente para el sueño
americano de Bolívar y
de Artigas.
Pies por las Américas y
Europa; pies con sus respectivos
“guantes” que se han posado en
la luna si es que los gringos
no nos engañaron. Pies
para los infelices y desgraciados;
pies que salen al balcón
a recibir una serenata; también
están los pies hediondos,
no porque ellos lo deseen sino
porque su amo es sucio y valemadrista.
¿Y los pies del cartero?
Ni qué decir de los pies
de Karol Wojtyla que pisaron tantas
tierras y países y que
supieron, (sus pies) de los sabores
que tiene el chicle mexicano cuando
es sacado de la boca de tantos
peregrinos enajenados que visitan
el Tepeyac y luego lo arrojan
al piso una vez que se les terminó
el dulce y el sabor a uva, a plátano
o a menta. Prueben el Trident
de hierbabuena. Free advertisement.
Pies de pecadores y también
de aquellos que pecarán
en la menor oportunidad; pies
quebrados por las patadas que
propinan los karatecas al costal
o al contrincante.
Los pies fueron hechos para los
chóferes y hasta para los
que meten la pata muy a menudo,
no se descarta la posibilidad
de que los pies, de igual manera,
fueron creados para los “güevones”
y los mediocres, y continuando
en esa escala, los apáticos
también los llevan; los
ignorantes con buena voluntad
usan foxibotas en los pies para
pisar el estiércol de las
vacas del rancho San Cristóbal,
allá en el estado de Guanajuato
y no ensuciarse. ¿Y las
faldas de Martita? Además
de sus faldas, Martita Sahagún
usa zapatos especiales en sus
pies para que no se le noten los
Testi...gos de Jehová,
tiene cada cual su par de pies.
¿Por qué Dios no
le quitó uno de los pies
a Adán para fabricar a
la mujer llamada Eva? ¿Será
porque sabía que iba a
oler mal y patearía al
hombre hasta el cansancio una
vez que ésta se sintiera
emancipada?
Si yo fuera los pies de Pinochet
le patearía el trasero
al amo odioso tantas veces como
fuera posible, hasta que confesara
sus horrendos e impunes crímenes,
porque su conciencia no se atreve
a acusarlo (pues carece de ella)
y las leyes de su país
tampoco, simplemente porque él
se las ingenió para su
futura protección.
¿Y qué harías
tú si fueras los pies de
la ahora bestia más sanguinaria
del planeta, Jorgito el Caminante
del Arbusto? (George Walker Bush)
Con perdón de los pies.
¿No hubiera sido mejor
que naciera sin pies, para que
nunca hubiera pisado Irak, ni
el oro negro por el cual ha derramado
tanta sangre ni nos pise al resto
del mundo?
¡Ah, los pies de Amalia
García! Fueron hechos en
Tacoaleche a la espera de que
el pueblo zacatecano no se muera
de hambre, pues lo que necesita
es comer, aunque sea taco y leche.
Y no se nos vayan los paisas al
norte, eso si logran pasar el
nuevo muro de Berlín ahora
importado y muy bien cimentado
con materiales de indestructible
calidad Acme para nuestra frontera
norte, made in USA.
Pero hablábamos de los
pies. ¿Te hubiera gustado
haber sido los pies de Marilyn
Morroe, para verle a todas horas
sus divinas y naturales joyas?
Solamente por treinta y seis deliciosos
años. Fue una lástima
haber perdido esos pies y lo que
éstos cargaron, supongo
que, con placer, durante su estancia
por el globo terráqueo.
Pies, pies, pies por todos lados
y en todo el orbe: pies dignos
de su patrón y patrones
indignos de sus pies existen por
montones. ¿Quieres escuchar
algunos casos? Alejandro Magno
tapaba con simples sandalias sus
pies, y éstos lo llevaron
por la senda de grandes victorias;
eran unos pies orgullosos de su
amo, de su general, del guerrero
osado y conquistador. Y los pies
de Ignacio Ramírez (el
nigromante) lo llevaron a la tribuna
donde dijo “no hay Dios, los cuerpos
se mueven por sí mismos.”
Gandhi de igual forma, protegía
a sus pies con la sencilla voluntad,
no usaba zapatos, y ellos jamás
se quejaron de las largas travesías
que el Mahatma hacía para
llevar la bandera de la paz.
¿Y los pies que hicieron
famosos a Edson Arantes Do Nacimento
y a Maradona? ¿Y los pies
del caudillo guerrillero americano
del siglo XX, Ernesto Che Guevara?
Son de tomarse muy en cuenta.
Los pies embotados de los soldados
de Napoleón pisaron nuestro
suelo para llenarse de infamia,
y en defensa de la patria americana,
nuestros ancestros tuvieron que
sangrar sus pies, para echar fuera
a los pies invasores franceses
y lavar con sangre la ignominia
nacional. Por eso el Quinceuñas
(Antonio de Padua María
Severino López de Santa
Anna y Pérez Lebrón)
fue traidor, porque no se pudo
sostener en un solo pie.
Creo que no es muy importante
si nuestros pies son largos, cortos,
delgados o regordetes; lo que
se debe de tomar en cuenta es
que nos han soportado durante
los años que tenemos hasta
hoy en día, pues han nacido
como parte necesaria de nosotros,
de nuestro larguirucho, gordo,
deformado, bello, atlético
o paupérrimo cuerpo. Podríamos
decir que nosotros somos los pies
y ellos son nosotros, porque ¿qué
seríamos sin nuestros pies?
¿O no te han rescatado
decididos, en más de alguna
ocasión del inminente peligro,
cuando te sacaron corriendo para
salvar el pellejo?
A mirada fija, pie firme.
En pie y al orden.
De pie que honraremos a nuestra
bandera.
De pie hasta lograr nuestros objetivos.
De pie sobre nuestros pies, aunque
estén cansados o heridos
que la vida es para los hombres
de pie, no para los que viven
siempre arrodillados.
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