Por:
José Santana Prado
México/estocolmo
¡México, México,
ra, ra, ra! Grito de guerra que
se escuchó durante un par
de meses a lo largo del norsur
y a lo ancho del pacifitlántico.
La fanaticada lo proyectó
por la atmósfera llegando
a incitar, incluso, a los presidenciables,
quienes al parecer, también
se ponían la verde (la
camiseta de la selección
nacional de fútbol), aunque,
a decir verdad, poco les duró
el gusto pues México, para
no variar, fue eliminado en los
octavos de final volviendo a los
seguidores a la cotidiana realidad.
En el presente, nuestro país
ha adoptado una corriente llamada
originalmente Soccer, el fútbol,
practicado en Gran Bretaña
desde el siglo XIX, como remedio
y paliativo de las penas y carencias
que a la mayoría de los
mexicanos aqueja, no importando
su condición social. Es
necesario señalar que,
los mexicanos somos seres ávidos
de aceptar naturalmente todo lo
que provenga del extranjero sea
religión, moda, deporte,
autos, música, cine, filosofía,
incluyendo cualquier farsa bien
presentada a nuestros ojos, sin
ser capaces de producir lo nuestro
o de reconocer en lo nuestro lo
mejor de nosotros. O sea que,
tendemos a adjudicarnos con propiedad
la palabra malinchismo, venido
de donde todos sabemos, la Malintzin,
quien se unió a Cortés
para vencer a los de su propia
raza, dentro de la invasión
ibérica llamada conquista
de México.
Nuestro país saturado de
belleza y colorido en relación
a costumbres, dichos, rituales
y festividades, sin omitir la
fabulosa gastronomía y
lo variado de sus mezcales, ponches,
pulques y tequilas; también
está colmado de las siguientes
palabras: secuestros, ejecuciones,
narcomoda, corrupción,
terror, pobreza de ideales, delincuencia
desenfrenada, desempleo, migración,
hambre y sed de justicia, piratería,
irresponsabilidad, gandallismo,
miseria extrema, riqueza máxima,
muerte, política y nepotismo,
partidos baratos y farsantes,
ladrones de cuello blanco, impunidad,
fanatismo religioso, culturas
indígenas no integradas
al país, culto a la muerte,
abundante pesca y minería,
petróleo y agricultura,
santuarios de la fauna y flora,
apatía nacional, incluyendo
las corridas de toros.
SECUESTRO. Secuestrar, es igual
a aprehender indebidamente a una
persona para exigir dinero por
su rescate o para otros fines.
Así, en nuestro país
existe toda clase de secuestros
como los del narco, los cuales
han tenido por desenlace la decapitación
de los involucrados, ya sea por
venganza o por traición
del narco y hacia él mismo.
¿Dónde?, en el Estado
de México, Guerrero, etc.
sin olvidar la última moda
del secuestro express o secuestro
rápido. Te encañonan
dos individuos a la salida del
cajero automático, acto
seguido te suben a un carro, te
quitan tu dinero y te obligan
a ir a otro cajero para que saques
el dinero que los maleantes te
piden y se van tranquilos a perpetrar
el siguiente secuestro- asalto-
express.
EJECUCIONES. Ejecutar, realizar
una obra o cosa. Ejecutor, que
ejecuta como el verdugo, el sicario,
últimamente llamado en
nuestro país este tipo
de sanguinarios, los Zetas. Dedicados
a eliminar toda clase de personas
que interfieran dentro de su coto
de poder; asesinos inmisericordes,
mercenarios del narco.
De igual manera están las
ejecuciones enfermizas de la gente
común; así tenemos
a las muertas de Juárez,
el asesino infanticida de Cumbres,
los tipos de ejecuciones como
el caso Nareso Loyola, los asesinatos
en serie hacia las personas de
la tercera edad etc.
NARCOMODA. Ha tenido un desarrollo
preponderante dentro de este vasto
cuerno de la abundancia, y ha
alcanzado a la parte más
vulnerable de la sociedad, la
niñez. Los narcocorridos
que incitan al populacho a seguir
por la senda de Camelia la Tejana
o cualquier otro ampón
de moda. La venta de droga ya
existe en las escuelas para menores
o lo que es lo mismo, denles una
probadita para que se hagan dependientes
y sean nuestros; así piensan
los vendedores del narco que tienen
a sus esbirros vendiendo narcomenudeo,
esto es sin descontar las toneladas
que se manejan de droga dentro
y hacia fuera de la república.
Hoy, muchos desean seguir la senda
del narco, por las cantidades
de dinero que manejan y por el
poder que da para comprar lo que
se quiera. Esta multiorganización
criminal, ha infiltrado todos
los estratos sociales, políticos
y económicos del México
adormecido.
CORRUPCIÓN. Es la acción
y efecto de corromper o corromperse.
Igual que la moda del narco, aunque
más antigua que ésta,
la corrupción es un cáncer
de los más lacerantes que
aquejan al entorno patrio; hay
alguien que opina que la corrupción
nos llegó en barco de la
madre España, y desde entonces,
se ha quedado como herencia nefasta
en la conciencia nacional mexicana.
En México, la generalidad
de sus habitantes, tenemos la
oculta pero a veces aflorada tendencia
de corromper y de estar expuestos
a ser corrompidos. ¿Quién
no ha dado un billetito al agente
de tránsito para que no
le ponga una multa, pues ésta
conlleva a ir a la oficina burocrática,
hacer una larguísima fila,
perder un tiempo valioso de trabajo,
siendo mucho más fácil
dar la corrupta “mordida”? Acercándonos
al refrán popular de que
“todo hombre tiene su precio”.
Las oficinas burocráticas
por lo común, están
infectadas por la discreta o indiscriminada
corrupción o por el tráfico
de influencias, sin importar a
qué dependencia pertenezca.
Bien nos damos cuenta que el Corruptife
(IFE- Instituto Federal Electoral),
entre más spots publicitarios
nos muestra en la televisión
acerca de su pureza, más
nos hace inclinarnos a creer en
su falsa diafanidad, sobre todo
después de las elecciones
del pasado dos de julio de este
año 2006, en que el candidato
a la presidencia de México
del Partido Acción Nacional,
Felipe Calderón, hoy llamado
Felife por su cercana relación
con dicha institución,
se proclamó vencedor desde
antes de haber terminado las votaciones.
¿Por qué la alta
jerarquía católica
apoyó ahora, anunciando
por los medios de difusión
masivos, que estas elecciones
fueron limpias como jamás
lo habían sido? ¿O
es que Fox dejó el camino
más abierto aún
para que la “Iglesia verdadera”
se inmiscuya en política?
¿O la ultraderecha, incluyendo
al clero político y porqué
no atrevernos a decir que la nefasta
CIA, bien pudieron meter mano
negra en este asunto, para que
Felife Calderón ganara
las elecciones “limpiamente” en
las urnas como en el salinazo,
para que después se invite
al Papa como jefe de estado y
avale con su visita al nuevo presidente?
Por ningún motivo es conveniente
que al yanqui le convenga tener
en su “patio trasero”, un gobierno
de izquierda, ¿cómo?,
si ya hay muchos en América
Latina: Cuba, Brasil, Venezuela,
Bolivia, ¿México?
¡Jamás! Así
piensa el gringo.
TERROR. Es lo que siente el pueblo
de México ante los acontecimientos
de estas últimas décadas,
acelerado por la disparada delincuencia
y la incapacidad de las autoridades
policíacas o gubernamentales.
Terror de salir a la calle porque
te pueden robar, secuestrar o
asesinar, aun por no traer dinero
contigo en medio de un asalto
y el ladrón te liquidará
de igual manera, si opones resistencia.
DELINCUENCIA DESENFRENADA. Incluye
lo que se ha mencionado y lo que
se explicará después.
DESAPARICIÓN DE NIÑOS.
Común es en nuestro entorno,
la desaparición frecuente
de menores que pueden ir a parar
a las garras de la prostitución
o vendidos en el extranjero a
matrimonios sin hijos. Otra macabra
situación de estos indefensos
niños es sufrir la extracción
de sus órganos para el
mercado negro de trasplantes.
POBREZA DE IDEALES. Una inmensa
mayoría de ciudadanos carece
de ideales que le hagan salir
a luchar por sus derechos elementales.
DESEMPLEO. He aquí uno
de los elementos que más
agravian al estado mexicano de
hoy. El robo, el secuestro, la
migración y otros derivados
del desempleo, hacen de nuestra
patria presa fácil y campo
de cultivo para todo tipo de delincuencia.
Huir del terruño es lo
más conveniente, piensan
unos, y se lanzan a la aventura
de la muerte al cruzar la frontera
norte, van en pos del “american
dream” que al final, se convierte
en la peor pesadilla tanto para
el migrante y de igual forma para
su familia, pues regresan a su
tierra mutilados o transformados
en inquilinos del panteón.
LA MIGRACIÓN. México
es el primer lugar mundial en
exportar mano de obra al extranjero,
en particular, hacia el país
sin nombre, a los Estados Unidos
mal llamado de América,
alias “the no name country”.
La mayoría que logra cruzar
el muro de la vergüenza,
es un ciudadano de cuarta categoría
que desarrolla, como todos sabemos,
los trabajos que el rubio anglosajón
no desea; y es vejado por ilegal,
por ser indeseable y de raza inferior,
sin dejar de mencionar que igualmente,
el color de su piel lo delata
para ser carne apetitosa de deportación
o en el último de los casos,
pasa a ser ciudadano estadounidense
y como tal, demostrará
su lealtad a su nuevo país,
formando parte del frente de batalla
para combatir en Viet-Nam, Afganistán,
Irak o contra cualquier “Eje del
Mal”. Si el nuevo ciudadano mercenario
muere en batalla, retorna no al
país gringo sino a su país
de origen, pero eso sí,
su ataúd lucirá
las barras y las estrellas dentro
de una contradicción de
ideales, credos y costumbres;
será enterrado en suelo
mexicano con el sueño fenecido
y su ataúd made in USA.
HAMBRE Y SED DE JUSTICIA. Pueblo
mexicano, nacido con una enorme
capacidad para aguantar hambre
e injusticia, por más que
se le oprime es capaz de morirse
en la raya y poco protesta, muchos
dicen que porque diosito así
lo quiere. Y te pisa el vecino
(incluyendo el vecino del norte)
y te suben los impuestos, la “iglesia
universal” te obliga con diezmos
que ningún dios o santo
se gastará en los cielos,
derrochando tu dinero en limosnas,
en cohetes para el santito, en
mandas y peregrinaciones que sólo
hinchan las talegas de las parásitas
castas sacerdotales. Y el pueblo
de México, sobre todo el
más pobre e ignorante,
callado, sumiso, aguantando como
vulgarmente se dice, la vara.
Sin embargo los que están
en vigilia que en verdad luchan
y tienen hambre y sed de justicia,
pronto son eliminados por levantar
la voz y alebrestar a la gallada.
PIRATERÍA. Al mexicano
le encanta comprar cosas piratas,
de imitación, hechas en
Taiwán, China o en Tepito,
pero que sean accesibles al bolsillo,
aunque el cliente en cuestión
posea el dinero suficiente para
adquirir algo mejor. Los que compran
artículos originales, de
marca, son las clases privilegiadas
que, a pesar de que son pocas,
se dan el lujo de ir a comprar
al país de origen o en
su defecto, con tal de presumir
traen ropa o artículos
conseguidos (allá), que
son hechos en México, exclusivamente
de exportación para venderse
en el extranjero.
IRRESPONSABILIDAD. ¿Qué
porcentaje de los habitantes de
nuestro inolvidable México
son asiduos a la irresponsabilidad?
Con exactitud no lo sabemos, pero
al vuelo nos enteramos que el
porcentaje es elevado. Estamos
acostumbrados a ejecutar las cosas
al “hay se va”, como salga. Llegamos
tarde al trabajo y a las citas
sin tomar en cuenta el tiempo
y el respeto de los demás,
por lo tanto, es necesario poner
reloj checador en las fábricas,
compañías, escuelas
y oficinas, obligando así
a los empleados a ser más
responsables.
GANDALLISMO. Palabra mexicana
que se puede aplicar para la prepotencia,
la voracidad y a todo aquel connacional
que se quiere pasar de listo con
los demás. Por supuesto
que habrá funcionarios
y policías gandallas, alumnos
y profesores unidos en armónico
gandallismo, sin descontar a uno
de los máximos lideres
de esta activa palabra: el chilango
o sea el habitante del Distrito
Federal. El mexicano es en sí,
en un buen porcentaje, tendiente
a la práctica de este deporte
nacional, llamado gandallismo.
MISERIA EXTREMA. Este es un caso
terriblemente verídico,
porque las estadísticas
suelen ser frías, sin sentimientos,
así son, demuestran algo.
Debemos tomar en consideración
que existen dos clases de miseria
o pobreza extrema: La primera,
es la de pensamiento; existe en
México por desgracia, un
pensar que se refleja en nuestra
actitud cotidiana cargado de miseria,
en consecuencia viene la pobreza
física y material. El porcentaje
de pobreza real es alarmante,
puesto que de los más de
cien millones de habitantes que
conforman este bastión
patrio, más de la mitad
no tiene acceso a vivir como mejor
lo desea, sino como puede y ese
poder no llega lejos, porque se
traduce en vivir bajo techos de
cartón y lamina, comiendo
algo de chatarra, bebiendo agua
con malaria y medio trabajando.
El trabajo de cualquier índole
escasea; el robo, la extorsión
y el gandallismo están
a la orden del día, la
migración hace acto de
presencia, de igual manera, es
resultado de esta pobreza extrema,
y como estadística, lacera
y extermina lenta pero segura
a nuestra raza de bronce.
RIQUEZA MÁXIMA. Un antónimo
de la pobreza extrema, sin embargo
su porcentaje es mínimo.
La riqueza máxima se concentra
en un ínfimo número
de familias y empresas, que aprovechan
su poder adquisitivo y absorben
con sus meganegocios a los pequeños
comerciantes, causando quiebras
y daño económico
a las mayorías. Otro monstruo
con mucha riqueza es el capital
extranjero, por lo regular exento
de impuestos, pues el gobierno
le da “chance” para que capitalice
a nuestro país, y hay que
reconocer que, sí emplea
a nuestros paisanos, pero el grueso
de la ganancia se va al extranjero
y a la patria sólo le queda
el pago de la mano de obra.
LA POLÍTICA. La política
en México es de causar
risa, coraje, tristeza o verdadera
decepción. Los partidos
políticos mexicanos son
una vil y miserable imitación
de la tan vituperada y jamás
bien aplicada “democracia”. Los
partidos, con sus políticos
parásitos, viven del presupuesto
del gobierno y éste lo
obtiene del pueblo. De las dos
formas de democracia, nos toca
vivir con la peor, la que se maneja
por intermediarios, por los partidos
con sus nefastos representantes
que, por lo regular, poseen entre
sus habilidades el famoso gandallismo,
o sea, llegar al poder para servirse
con la cuchara grande en vez de
servir al pueblo. El colmo de
la política del siglo XXI
es que, los actuales representantes,
hoy mejor que nunca, se han dedicado
al arte de la bufonada hasta lograr
sus egoístas propósitos
y, una vez realizados, su secuencia
política se ve manchada
por más gandallismo, nepotismo
e ineficacia en manejos y relaciones
internacionales, amén de
los manejos domésticos.
Y qué hay de la frase que
reza “todo pueblo tiene el gobierno
que se merece”, ¿nos queda
como traje a la medida?
LADRONES DE CUELLO BLANCO. Éstos
sólo se dan en la clase
alta, los pobres jamás
accesan a este peldaño
por la simple razón de
que, para llegar a un estrato
de esta naturaleza, se necesita
capital, mucho dinero y así
poder perpetrar los mega-atracos,
los maxi-fraudes, los robos multimillonarios
y lo que es mejor, salir bien
librados y sin mancha de los cargos
que se les imputen. Si esta élite
de cleptómanos llega a
pisar la cárcel es solamente
para su protección y seguridad
mientras baja la marea. Pero ¿y
qué tal si alguno de la
prole, del México necesitado
comete un robo por mínimo
que sea, por ejemplo cazar un
par de iguanas o de pericos para
alimentarse y llevar algún
aliciente a la familia? Se le
aplica la ley ipso facto, no importa
que no hable español, porque
bien sabemos que hay muchos nativos
americanos, mal llamados indios,
que están en la cárcel
por haber cometido el horrendo
delito de cazar un par de iguanas,
propiedad de su misma y legitima
tierra ancestral. Mientras que
los cuellos blancos ni siquiera
se ensucian, sean éstos,
señores de la política
o de la alta sociedad con o sin
apellido extranjero rimbombante.
IMPUNIDAD. Todo delito en México
es impune si se tiene dinero para
pagar la impunidad, aunque a veces,
se es también impune, cuando
se posee un puesto dentro del
aparato burocrático, prueba
de ello están los escándalos
de la pareja presidencial casi
saliente, Fox-Sahagún,
¿y el escandalito del poblano
Gober precioso y de Kamel Nazif?
¿Y cuando se les pasa la
mano a los policías energúmenos
que apalean o asesinan a sus víctimas
por el “exceso de justicia”, qué?
FANATISMO RELIGIOSO. México
lindo y querido, campo inmejorable
y fértil para la siembra
de nuevas ideas, corrientes fuereñas
y religiones importadas. ¿Ejemplos?
La antigua religión oficial
de México fue el catolicismo,
la que no acepta jamás
otra corriente de competencia,
o estás conmigo o estás
contra mí. Religión
intolerante que por desgracia,
aniquiló en siglos pasados
a miles y miles de seres por el
solo hecho de diferir en creencias.
Fueron eliminados en el nombre
de dios y la fe.
La guerra cristera fue un producto
del fanatismo e intolerancia religiosas,
entre los años de 1926
a 1929, cuando la propia iglesia
católica cerró sus
templos e hizo creer al pueblo
mexicano que el gobierno de Plutarco
Elías Calles era el culpable.
La fanaticada enfureció,
azuzada por la jerarquía
católica y el acuerdo del
Vaticano de Pio XI; al final el
movimiento enfermizo fue traicionado
por el alto clero. Ganancia total:
muchos muertos, traición
religiosa, recelo de los cristeros,
múltiples canonizaciones
y santificaciones que fueron otorgadas
al fanaticatólico pueblo
mexicano en compensación
por lo ocurrido. Y del lado del
gobierno qué sucedió,
si también hubo sacerdotes
muertos cumpliendo su deber. La
iglesia los ignoró, no
hubo santos ni mártires
porque estaban del lado contrario
al movimiento cristero.
Las demás sectas derivadas
del cristianismo que pululan en
el país de la Serpiente
Emplumada, han quitado una parte
importante del pastel a la voraz
“Universal”, sin embargo, de igual
o peor manera, son instituciones
esclavizantes de conciencias que
permiten e incitan a caer de forma
fácil dentro del fanatismo
religioso. Es cierto también
que son una opción, pero
por lo que se ve, no son la mejor
de las alternativas, siguen siendo
fórmulas humanas para control
de los propios humanos.
CULTURAS INDÍGENAS. Estas
culturas que en otros tiempos
llegaron a superar en algunas
áreas a la cultura europea,
hoy son ciudadanos del submundo,
es decir, no son tomados en cuenta
a excepción de la época
de campañas políticas
o por las religiones importadas,
ávidas de feligreses y
de conquista de nuevas tierras.
El indígena no es respetado
como ciudadano del planeta, como
miembro activo con personalidad,
cultura y normas sociales propias
de su estilo de vida; con otras
tradiciones tan diferentes a las
del hombre híbrido, a las
del ladino.
Es incongruente el observar la
publicidad que se da a México
en el extranjero, llena de estatuas,
pirámides, templos y logotipos
indígenas, que entregan
al turista la impresión
de que en México, estamos
muy orgullosos de nuestras culturas
y de nuestros ciudadanos indígenas
de ayer y de hoy, pero la verdad
es otra y muy cruel: el indígena
es un ser marginado, relegado,
carente de servicios médicos,
de educación, de oportunidades
como ciudadano; no ha sido tomado
en cuenta ni en serio por los
gobiernos que han transitado a
lo largo del México republicano,
a lo ancho del México “democrático”.
El indígena no ha sido
integrado con respeto a su forma
de vida, no es ayudado por los
diferentes gobiernos sino con
las sobras del presupuesto; como
ser inferior, como objeto de curiosidad.
Por estas razones y otras más,
Rigoberta Menchú, premio
Nóbel de la paz y orgullosamente
indígena, exteriorizó
en una ocasión: “porqué
dicen los blancos, nuestros indios,
si no somos de ustedes, sólo
cuando les conviene”. Con toda
la razón que le asiste
a la Menchú, yo confirmo
que, el día que se dé
un trato justo al nativo y las
mismas oportunidades como ciudadano,
estaremos haciendo lo correcto,
superando la barrera del racismo
LA FIESTA BRAVA. Con relación
a lo que aún se practica
en nuestro país, y a mi
juicio, sin importar la ardua
defensa que puedan proyectar los
taurófilos, las corridas
de toros deberían de abolirse
para siempre. Es lamentable que
en México, perteneciente
al Tratado de Libre Comercio,
el llamado gigante de América
Latina y casi miembro del Grupo
de los 7, etc, etc, se permita
tener actividades seudo deportivas
o espectáculos que se llevaron
a cabo en la Roma de los césares
hace dos mil años. Por
lo contrario, en otros países
ya se ha superado esta etapa circense
de dolor, sin embargo en México
no.
Al igual que otras plagas infiltradas
en suelo azteca desde hace quinientos
años, aunque a decir verdad,
la tauromaquia fue introducida
en América en el siglo
XIX, no se ha querido y, por consecuencia,
no se ha podido erradicar esta
costumbre, bella para los taurinos,
execrable para el resto, pues
permite el sacrificio premeditado
de nobles animales, con el fin
de dar un espectáculo,
sin importar los litros de sangre
que se puedan derramar en la arena,
en nombre del entretenimiento,
en el nombre de la estupidez humana.
Es cierto que la tauromaquia ya
se practicaba en España
desde la edad media, como culto
dedicado al toro, y aún
existen varios países latinos
en donde este ritual sangriento
es un gran espectáculo
de la Fiesta Brava: como en Colombia,
Perú, Ecuador, Venezuela,
Portugal y el sur de Francia,
incluyendo a México. Sin
embargo, la falta de conciencia
personal, regional o colectiva,
impide que se erradique este vicio
inhumano, sin descontar el motivo
comercial que los toros conllevan
a los criadores de ganado, toreros
y aficionados.
¿Sabrá el toro que
la primera y única vez
que saldrá al ruedo, será
la última de su vida, porque
un hombre vanidoso de su figura,
de su traje de luces y de su gloria,
“hecho a la imagen y semejanza
de dios”, con toda premeditación,
alevosía y ventaja; armado
con una espada, le dará
muerte en nombre del espectáculo,
no sin antes ser castigado con
lancetas hasta sangrar, para que
libere su furia natural y dé
óptimos resultados a la
afición? ¿Tendrán
las corridas de toros algo que
ver en cuanto a su formula de
causar dolor, con la nefasta Inquisición?
Porque la Inquisición asesinaba
en nombre de dios, en el nombre
de la fe. El torero, el matador
o asesino de toros, de igual manera
se encomienda a dios, o a cualquiera
de las tantas vírgenes
para que lo bendigan en su asesinato
y para que el noble animal no
le vaya a dar una cogida. ¿No
es esto incongruente, poco civilizado
y lamentable que suceda aún
sobre los pueblos llamados cultos
del planeta y en particular en
México, a estas alturas
de la historia?
Somos conscientes de que la naturaleza
indica que el animal mayor viva
de la carne del menor, y que sea
necesario el sacrificio de aves,
cerdos y vacas para el alimento
del ser humano, sin embargo, lo
que se reprueba es la forma cruel
de ejecución.
Lo que aquí externo no
es con el afán de ser pesimista
o negativo con respecto de México
al Desnudo, sino que, son realidades
que se viven a diario, amén
de otras tantas que sería
demasiado extenso mencionar en
este ensayo.
Al fin de cuentas, así
es el México del siglo
XXI, pletórico de contrastes,
bellos paisajes, gente de todo
tipo, riqueza abundante mezclada
con la pobreza extrema, sin perder
la dualidad que caracteriza al
ser humano, pues al lado del buen
vecino puede vivir el feroz secuestrador.
El delito puede ir acompañado
de la sonrisa, y sin embargo,
la señora del puesto de
tacos no deja nunca de alimentar
al hambriento traiga o no dinero.
Los ladrones comunes, los gandallas
y algunos bandidos con placa,
continúan robando y extorsionando
a nuestros hermanos de Centro
América, que también
intentan llegar al País
sin Nombre a realizar su sueño
americano y que por desgracia,
en su paso por este México
al desnudo, la violencia los retorna
a la cruda realidad.
Amaneceres espectaculares al desnudo;
mexicanos altruistas y nobles
que desnudan su alma al entregar
su amistad. Narcos y maleantes
igualmente desnudos, carentes
de escrúpulos, de amor
y de sentido común, quienes
delinquen únicamente en
favor de su dios personal: el
dinero.
Monumentos, estelas y pirámides
de nuestros ancestros, mostrándonos
al desnudo su vasto conocimiento,
así es el país de
la Serpiente Emplumada, así
de bello y contradictorio es México
en sus extrañas, México
al desnudo.
|