Suecia - Estocolmo


Desde México
EL LAICISMO EN MÉXICO

Por: José Santana Prado
México/estocolmo

Es interesante y a la vez necesario, analizar e investigar acerca del laicismo en México, país con un porcentaje mayoritario con relación al catolicismo que se vive en nuestro cuerpo patrio.

Desde mi punto de observación, el laicismo dentro del gobierno y dentro de la educación nacional, sobre todo hablando de la educación oficial o del estado, ha disminuido en las últimas décadas por la apertura que ha tenido la religión casi oficial de la República Mexicana y que presidentes entreguistas han dado en charola de plata al otro poder, al poder vaticano y al clero de México que nunca han dejado de roerle las entrañas a esta madre patria.

Es cierto y meritorio, que debemos el laicismo educacional de nuestro artículo tercero constitucional, a los gigantes hombres de la época reformista y a su titánico esfuerzo por llevarlo a efecto. Sin embargo, hoy, ya entrado este siglo veintiuno, es lamentable en grado extremo, el que se esté dando marcha atrás a tanto sacrificio de hombres verdaderos como Ramírez, Juárez, Lerdo de Tejada, Prieto, Zarco; sin terminar de mencionar a la pléyade de hombres-esfuerzo que dieron todo, incluyendo su valiosa vida, como para que en este siglo cibernético, algunos ciudadanos traidores a la patria y al trabajo de los caídos, borren de un plumazo, de la carta magna mexicana, lo establecido con sangre.

Es verdad también que ha sido casi imposible -por la influencia clerical-, el llevar a efecto una educación completamente laica dentro de la nación, pues la Iglesia católica jamás ha renunciado al poder temporal, y tuerce, de modos diversos, los destinos y la historia de este país lacerado por toda clase de parásitos; llámense transnacionales, imperialismo gringo y europeo, traidores, vende patrias, y, sin dejar atrás al principal actor del oscurantismo y del retroceso nacional: la Iglesia mal llamada católica.

Bien sabemos, porque la voz de la verdadera historia o la historia no manipulada nos lo ha platicado personalmente que, el catolicismo nihilista, siempre ha interferido donde quiera que éste resida y ante cualquier gobierno, sobre todo en el orbe tercer mundista, para coartar los avances de la democracia, de la ciencia y, en el caso aquí tratado, del laicismo en la educación.

También nos hemos enterado por medio de pláticas con la señora Historia que, en la guerra de 1847 contra el expansionismo yanqui, el protervo clero católico, amenazó con la excomunión y con mandar al infierno, a todo aquel mexicano que matase un gringo invasor (porque ellos, los gringos tienen el derecho divino de anexarse todo lo que se les antoja), y el colmo, al vencedor de esa invasión sin nombre; al comandante en jefe del ejército yanqui, general Winfield Scott, le ofrecieron la presidencia de México o en su defecto, el imperio mexicano. ¡Uff! Qué manera de amar a la patria de parte de los propios hijos de ésta. Si le hacemos caso a nuestra Constitución, la traición en México está penalizada con la muerte y sin embargo, ¿se ha penalizado a las lacras sociales como a Santa Anna, al genocida Echeverría, a un negro Durazo, al nefasto y voraz Salinas de Gortari, etc.? O ¿A aquellos que de mil formas venden y traicionan a la patria?

El caso de la Iglesia católica es una situación un tanto extraña y diferente, debido a que sus pastores, sean éstos de tercera o primera clase, con palacios o con simples sacristías no pueden llamarse ciudadanos comunes. ¿Por qué? Simple, porque esta clase de individuos no obedece a un gobierno legalmente constituido, dentro de la civilidad de los pueblos democráticos, sino que, obedece al único dios llamado poder, al control terrenal. Su interés es el económico y cuidado con aquel que se lo pise o restrinja, desatan a la furia demoníaca de los infiernos para castigar la afrenta. Preguntemos a los hombres de la Reforma cómo les fue en su época. Por eso es lamentable y con olor a nauseabundo retroceso, el que hoy borremos lo que ha sido escrito con valor, honor y sangre en ciclos pasados.

Sí, estamos hablando del laicismo, aunque suene a catilinaria anticlerical, porque es necesario decir que, el atraso o la no-aplicación del laicismo en nuestro país, se debe justamente a la intromisión perenne del clero católico de todos los tiempos, en las cosas del estado.

Ahora, si nos avocamos al concepto de laicismo, según el diccionario Larousse, nos dice que “es la doctrina que defiende la independencia del estado de toda influencia eclesiástica”.

Hagamos una comparación por demás histórica. El vecino país del norte, sí, me refiero al país sin nombre USA. Tuvo un período de once o más presidentes, iniciando con Washington en el que no tuvo una sola interrupción, quiero decir: no hubo violencia de parte de la sociedad o de parte de las múltiples religiones, en un término aproximado de cincuenta o más años. En realidad el gobierno yanqui jamás ha tenido problema con las religiones, por eso éstas son ante todo, ojos y oídos del amo estado, porque se alinean frente a las leyes establecidas. Sin embargo, en México, la “Universal” es el enemigo número uno a vencer por parte del estado que, se supone, también debe ser laico y que últimamente, ha desprestigiado al laicismo reformista, debido y para no variar, a la influencia obstructora y oscurantista clerical de todos los tiempos.

Tomando en cuenta estos comentarios como referencia, podremos opinar si nuestro estado mexicano, hoy en día, es laico o no. Lo que podemos afirmar con certidumbre es que el himno nacional (laico) ya se canta dentro de los templos, pululan las universidades y colegios de lujo (no laicos), sino con olor a incienso. La Constitución ahora parece haber sido tocada por la pluma de la escolástica medieval y la vaticana actual, Fox se arrodilla ante el púrpura capelo y proclama la “democracia” con pendones guadalupanos, se coarta a escritores y a sus obras como “Aura”, y para rematar, se hace pública la vida licenciosa y faltante del amor predicado, mas no así practicado, de un sacerdote católico, quien abandonó a la suerte a su “esposa” y a su hija, por haber tenido ésta la desgracia de estar enferma. Pero, eso no es importante para la jerarquía católica, pues un obispo absolvió a este cura galán y recomienda no hacer caso de lo que se vea u oiga, son chismes de la gente.

Deseo finalizar mi escrito, con la opción de dejar la respuesta sobre si opera o no el laicismo dentro de este bastión patrio, a la sociedad que tiene la palabra y la disposición de leer este texto, laico de principio a fin.

 


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